El viaje del primer ministro Abe a los Estados Unidos de América: lo oficial y lo no oficial

Glen S. Fukushima [Perfil]

[18.06.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | العربية |

El viaje de ocho días del primer ministro Abe Shinzō a los Estados Unidos de finales de abril a principios de mayo fue, oficialmente hablando, un éxito. Abe obtuvo una calurosa acogida en las cuatro etapas que realizó: Boston/Universidad de Harvard, Washington DC, San Francisco/Universidad de Stanford y Los Ángeles por parte de sus anfitriones estadounidenses, la mayoría de los cuales lo consideraron como reformista en temas económicos y defensor de una mayor colaboración en cuestiones de seguridad entre EE. UU. y Japón.

Pero, en realidad, Abe tuvo una recepción “oficial” y otra “no oficial”. La recepción “oficial” fue positiva porque la Administración del presidente Barack Obama debe afrontar muchos problemas tanto en clave doméstica (Obamacare, política de inmigración, relaciones raciales, lenta recuperación económica, etcétera) como internacionalmente (Irán, Irak, Siria, Libia, Israel, Afganistán, Corea del Norte y Rusia, entre otros).

Calurosa bienvenida a un valioso socio

Entre todos estos problemas, la mayoría de estadounidenses ve a Japón como un valioso socio y aliado de confianza que puede aportar un apoyo necesario. En temas de seguridad nacional en particular, la Administración de Obama ha dado su beneplácito a las medidas del Gobierno de Abe, como la confección de una estrategia de seguridad nacional, el aumento del presupuesto de defensa, la creación de un Consejo de Seguridad Nacional, la aplicación de la Ley de Protección de Secretos de Estado, la flexibilización de la prohibición de la exportación de armas, el ejercicio del derecho a la autodefensa colectiva y la revisión de las directrices de seguridad EE. UU.-Japón para facilitar una cooperación de defensa bilateral más estrecha.

En cuanto a temas económicos, en EE. UU. consideran a Abe como un reformista, pero alguien que no obstante ha destinado tal vez demasiados esfuerzos a la primera flecha (la politica monetaria) y a la segunda flecha (la política fiscal) de su programa Abenomics, y no los suficientes a la tercera flecha (las reformas estructurales y la política de crecimiento), para garantizar el crecimiento sostenido a largo plazo de Japón. Aunque los resultados económicos han sido hasta ahora ambivalentes, existe todavía la esperanza de que Abe ejerza su liderazgo político para conseguir las prometidas reformas estructurales de esa tercera flecha y para alcanzar pronto un consenso sobre el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP).

Durante la visita del primer ministro a Washington DC, fui invitado a tres eventos oficiales celebrados en su honor: el almuerzo en el Departamento de Estado ofrecido por el vicepresidente Joseph Biden y el Secretario de Estado John Kerry el 28 de abril, la cena de estado oficial en la Casa Blanca ofrecida por el presidente Obama esa noche, y el discurso en la sesión conjunta del Congreso dirigida por el portavoz de la Cámara de Representantes John Boehner el 29 de abril. En todos los casos, los anfitriones estadounidenses ofrecieron una calurosa bienvenida al primer ministro Abe y apreciaron su énfasis sobre los lazos comunes de amistad, valores e intereses entre ambos países.

Respuesta más fría en otras instancias

La recepción “no oficial” del primer ministro Abe queda reflejada en la carta publicada el 4 de mayo que firmaron 187 expertos en estudios japoneses titulada ”Carta abierta en apoyo a los historiadores japoneses”.  La carta lleva la firma de algunos de los más reconocidos expertos sobre Japón en EE. UU., Europa y Australia como John Dower, Ezra Vogel, Akira Iriye, Ronald Dore y Gavan McCormack. En ella, afirman que “este año representa una oportunidad para que el Gobierno de Japón demuestre su liderazgo afrontando la historia del régimen colonial y las agresiones en tiempo de guerra de Japón tanto en palabras como en hechos”. Aunque está redactada de forma diplomática, su intención es una clara exhortación al primer ministro Abe para que vaya más allá de la Declaración de Kōno de 1993 y de la Declaración de Murayama de 1995 y adopte medidas que resuelvan la cuestión de las “mujeres de solaz”.

Esta carta fue concebida como reacción al discurso del primer ministro Abe en la sesión conjunta del Congreso celebrada el 29 de abril, que giró en torno a la reconciliación de posguerra entre Japón y EE. UU. y la sólida relación bilateral que se ha ido forjando durante los últimos 70 años. El hecho de que su discurso no abordase temas históricos más amplios, como la cuestión de las mujeres de solaz, hizo que muchos lo considerasen una oportunidad perdida. Según varios de los signatarios, la carta se escribió con la esperanza de que el primer ministro Abe abordaría estas cuestiones e intentaría resolverlas en la declaración institucional que tiene previsto realizar en el marco del septuagésimo aniversario del fin de la guerra en agosto de este año.

A la espera de la declaración de Abe en verano

Será interesante ver hasta qué punto, si sucede, esta carta tendrá incidencia sobre la declaración de Abe en agosto. Una posibilidad sería que dado su fuerte deseo de “librarse de los grilletes del régimen de posguerra”, se negase a repetir palabras como “gobierno colonial”, “agresión” y “sincera disculpa”, que fueron incluidas en la Declaración de Murayama, y que la carta, ya criticada por algunos seguidores de Abe como “intento no deseado de entrometerse en los asuntos internos de Japón”, acabe obligándole a adoptar una postura todavía más contraria a un enfoque conciliador. Otra posibilidad sería que, como político realista y pragmático, Abe utilizase la declaración de agosto para demostrar su intento de reconciliación con Corea del Sur y China sobre temas relacionados con la historia, para de este modo, al menos parcialmente, rebajar tensiones y obtener reconocimientos sobre sus acciones entre la comunidad internacional, en especial de los Estados Unidos.

Mientras tanto, en las tres cuestiones relacionadas con Japón de máxima prioridad para los Estados Unidos (seguridad nacional, economía e historia) la reciente visita del primer ministro, según numerosas conversaciones que este autor ha mantenido con estadounidenses relevantes, ha obtenido una puntuación de 8 (en una escala del 1 al 10) en seguridad nacional (el retroceso en la cuestión Futenma/Henoko en Okinawa resta), 6 en la economía (por el lento progreso de la tercera flecha y la inexistencia de un pacto bilateral sobre el TPP), y 3 en historia (no se produjo una declaración manifiesta para resolver los litigios). Si a finales de este año se consiguen progresos sobre Okinawa, el TPP y la historia, las relaciones Japón-EE. UU. deberían encontrarse en relativa buena forma cuando los Estados Unidos encaren la temporada de elecciones primarias presidenciales en 2016.

(Fotografía del encabezado: El primer ministro Abe y el presidente Obama se dirigen a la prensa tras su reunión durante la cumbre del 28 de abril de 2015. © Jiji)

  • [18.06.2015]

Miembro destacado del Centro para el Progreso Americano en Washington DC, donde se especializó en relaciones EE. UU.-Japón y EE. UU.-Asia del Este y economía política internacional. Ha sido representante adjunto comercial de los Estados Unidos para Japón y China, así como presidente de la Cámara de Comercio Americana en Japón.

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