Café e identidad en Starbucks Japón: una cuestión de cultura

Pablo Figueroa [Perfil]

[22.07.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | العربية | Русский |

En su ingenioso artículo “El nombre de mi taza de café”, publicado en la revista The New Yorker, Saïd Sayrafiezadeh relata cómo en la cadena estadounidense de cafeterías Starbucks escriben su nombre de forma sistemáticamente incorrecta cuando pide un café: “Zal,” “Sowl,” “Sagi,” “Shi.” En Estados Unidos, los empleados de Starbucks escriben el nombre del cliente en la taza de café. A mí nunca se me había ocurrido; cada vez que voy a un Starbucks en Seattle o Los Angeles o San Diego, mi nombre ‘Pablo’ aparece escrito de forma correcta en la taza. Pero la etiqueta japonesa dicta que en Starbucks escriban en la taza lo que ha pedido los clientes, y no su nombre. Aquí en Japón usted es “el cliente que ha pedido un café con leche largo” o “el cliente del Frappuccino”.

Tiene sentido. Imaginemos que el encargado escribe el nombre de un cliente japonés en la taza: Tanaka, o Suzuki, por ejemplo. Podría haber varios Tanaka o Suzuki esperando, y esto podría provocar confusión (en la vida diaria, a los japoneses se les interpela por su apellido). Además, la privacidad es un tema delicado. A la mayoría de personas les incomodaría revelar su nombre en público. Por razones culturales, es probable que preguntar el nombre del cliente que ha pedido un café no sea un gesto bien recibido en el archipiélago japonés.

Cabría pensar que los japoneses son un pueblo rígido en lo que respecta a las normas sociales, pero Japón no es el único país donde incomoda una excesiva informalidad. Un artículo de BBC News de 2012 titulado “¿Revelaría usted su nombre a Starbucks?” ya argumentaba que los británicos deplorarían ser tratados en un tono demasiado informal en una cafetería. Sólo se trata de tomar un café; para ellos, Starbucks no es ningún club social.

La dificultad de los nombres

Por la razón que sea, los camareros te tratan de forma neutral en los establecimientos Starbucks de Japón y te llaman por tu pedido y no por tu nombre. Esto es tal vez una bendición para los extranjeros. No es inusual que los japoneses malinterpreten los nombres extranjeros. Normalmente, las palabras que no son nativas de Japón se transcriben mediante un silabario conocido como katakana. Las palabras extranjeras se convierten en sonidos que los japoneses pueden reconocer: los sonidos no japoneses se japonizan. Esta práctica ha sido una fuente inagotable de anécdotas estrafalarias. Limitémonos tan solo a decir que algunos nombres extranjeros se transcriben de forma bastante decente, mientras que los menos afortunados pueden acabar siendo mutilados sin piedad.

Intentar que un barista japonés use el sistema estadounidense por el que se escribe el nombre del cliente tiene como resultado un simpático saludo y un nombre destrozado: “Taburo”.

Durante años ha habido una circunstancia por la que siempre me preguntaban mi nombre. Cada vez que llevaba un carrete de fotos a revelar, el encargado de la tienda me pedía mi nombre y mi teléfono. En mi caso, aunque el nombre español Pablo es relativamente fácil de pronunciar en su versión katakana, “Paburo”, he topado con dependientes que destacaban por no entenderlo. Porqué sucede esto sigue siendo un misterio. No es que yo lo pronunciase mal; sé muy bien que no tengo ningún acento raro cuando lo digo en japonés. Es más bien que algunas personas tienen una facilidad especial para deformarlo.

Recuerdo con mucha claridad una ocasión concreta en que el dependiente de una gran cadena de fotografía del barrio de Shinjuku de Tokio me preguntó mi nombre cuando le entregué un carrete para revelar. “Paburo”, respondí con seguridad pronunciando los sonidos que forman la versión japonesa de mi nombre.

“Pabelo?” me respondió, un poco confundido.

“Pa-bu-ro,” repetí yo pacientemente.

Pero él prosiguió: “Pabaro?” . Yo pensé que tal vez no había vocalizado las sílabas adecuadamente, así que volví a repetir mi nombre, esta vez muy lentamente, modulando el sonido. Pa. Bu. Ro.

“Babro? Ah, ya lo entiendo, Babelo!” me espetó, con una carcajada explosiva acompañada de sonoras palmadas.

Maneras de evitar confusiones

Hace años esto solía irritarme, y puse en práctica distintas estrategias para evitar malinterpretaciones ofensivas. Cuando me preguntaban el nombre, les contestaba Peter o John. A veces llegué a decir que me llamaba Tanaka (lo que confundía a los dependientes todavía más: prácticamente nadie en Japón creerá que tu apellido es japonés si tu cara tiene aspecto occidental). Sin embargo, aunque estas estratagemas solían funcionar, yo no me sentía completamente cómodo al facilitar un nombre que no era el mío. Así que opté por escribirlo sobre papel, en katakana, y eso resultó eficaz. También descubrí que la gente entendía el nombre Pablo más fácilmente si lo asociaba con alguien famoso: “Pablo, como Pablo Picasso”. Y esto tenía la ventaja de añadir un toque artístico a mi identidad, circunstancia que me complacía enormemente.

Hoy en día no me importa demasiado si entienden mi nombre correctamente, y eso resulta liberador. Y no hay tantos lugares públicos donde me pregunten cómo me llamo. Si es necesario, normalmente te piden rellenar un formulario, por ejemplo cuando encargas que te entreguen algo en casa, y los empleados pueden leer tu nombre en el papel. Así que no hay problema.

En cualquier caso, sigo siendo cliente regular de Starbucks, y normalmente todo funciona bastante bien. No me imagino que la práctica de escribir el nombre de la gente en las tazas de Starbucks vaya a implantarse en Japón próximamente, pero ¿quién sabe? Con el auge del turismo, algunas zonas de Tokio son cada vez más internacionales, hasta el punto en que puedes entrar en un Starbucks en Shinjuku y ser atendido por una persona no japonesa, algo impensable hasta hace poco tiempo. Llegará un día en que la gente podrá encargar su café en Starbucks a través del teléfono móvil, pagar electrónicamente y recogerlo en un mostrador exprés sin tener que hablar con ningún encargado en ningún momento. Si esto ocurre, es probable que los números tengan más utilidad que los nombres.

Pero por ahora yo sigo disfrutando de la interacción humana en Starbucks, a la japonesa. ¿Mi nombre? Soy el “cliente Venti latte”.

(Escrito originalmente en inglés. Foto principal gentileza de Sekido Ryōsuke)

  • [22.07.2015]

Antropólogo cultural y profesor adjunto del Centro de Educación Internacional de la Universidad de Waseda. Está interesado en los temas contemporáneos de la sociedad y la política japonesas, como la gobernanza, las catástrofes naturales o las provocadas por el hombre y las percepciones de riesgos. En la actualidad, su trabajo de investigación se centra en las comunicaciones de riesgo, los modelos culturales y la gobernanza de la salud tras el accidente nuclear de Fukushima.

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