Impresiones místicas: los mitos de la suerte en Japón y en el mundo

Ehab Ahmed Ebeid [Perfil]

[15.12.2017] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | العربية |

Ninguna cultura se libra de las supersticiones. Bien se trate de evitar abrir un paraguas bajo techo, de cruzarse por el camino con un gato negro, derramar café o cortarse las uñas tras anochecer, las creencias de la gente se convierten en guardianes psicológicos contra unas fuerzas maléficas invisibles.

En Occidente hay un estigma muy marcado con el número 13, aunque las raíces de esta aversión son difíciles de concretar. Algunos creen que viene de la Última Cena, siendo este número el que representa a Judas, el apóstol que traicionó a Jesucristo. Otras personas dicen que viene del número de peldaños que hay en la horca: doce de subida, y uno mortal de bajada. El origen de esta creencia, no obstante, parece no tener mucha importancia.

De hecho, pocas personas se cuestionan los orígenes de estas prácticas y sin embargo admiten acatarlas tal como lo hicieron sus ancestros por una cuestión de rutina. El resultado es que la sociedad continúa propagando estas supersticiones de buena gana.

Buenos y malos augurios

Las culturas árabes no son diferentes. Desde la antigüedad los búhos y los cuervos han sido considerados animales de mal agüero y su imagen de mensajeros del desastre es tal que sus nombres son utilizados para insultar y menospreciar. A los búhos su siniestra reputación les viene de la creencia de que estos pájaros se esconden durante las horas de luz para salir de sus solitarios escondrijos de mal augurio cuando ha llegado la noche. Otra de las supersticiones considera su hábito de anidar en cementerios como una señal de que son las encarnaciones de las almas de los muertos.

Los cuervos, por otra parte, son generalmente odiados por su supuesto papel en el asesinato de Abel a manos de Caín: varias de las antiguas escrituras mencionan que un cuervo le enseñó cómo enterrar el cadáver de su hermano. La habilidad que se le concede a este pájaro en esta tarea está relacionada con el mito de que entierra a sus compatriotas muertos, una creencia supersticiosa que ha atado a los cuervos siempre con las ideas de la muerte y los entierros.

En Japón, en cambio, los búhos disfrutan de una estupenda reputación como símbolos de la sabiduría y la fortuna. El nombre japonés para este pájaro, fukurō, tiene un sonido auspicioso que puede significar también “sin contratiempos” — el prefijo negativo fu (不) unido a kurō (苦労)—, y contiene también la palabra fuku (福), que significa “buena suerte”. Igualmente, los cuervos han disfrutado tradicionalmente de un noble estatus como mensajeros divinos, y una encarnación mitológica con tres patas de este pájaro, el Yatagarasu, aparece incluso en la camiseta de la selección nacional de fútbol.

Percepciones numéricas

En Japón, el criterio para decir que algo es de mal agüero tiende a seguir más una pauta lingüística que una religiosa. Por ejemplo, se considera que los números 4 (shi) y 9 (ku) traen mala suerte al compartir su lectura con los caracteres para muerte (死) y sufrimiento (苦) respectivamente. Muchos hospitales rehúyen estos dígitos en los números de sus habitaciones para evitar esta lamentable relación.

La misma norma se aplica a las palabras de origen extranjero. Aunque el ciclamen es adorado por su belleza, es considerado también un regalo poco apropiado para una persona convaleciente por el simple hecho de que la pronunciación de esta planta en japonés, shikuramen, comienza con las poco favorables sílabas shi y ku. Casualmente, regalar a una persona enferma una planta en una maceta es relacionado con el miedo a que se prolongue su ingreso en el hospital haciendo que el paciente “eche raíces” en la cama en la que está convaleciente.

Mientras que en las culturas islámicas normalmente no hay números que se consideren de mal agüero por sí mismos, sí existe una tendencia a preferir números impares. Los musulmanes rezan a un dios, Alá, cinco veces al día. El siete destaca especialmente: los peregrinos que van a la Gran Mezquita en la Meca dan siete vueltas alrededor de la Kaaba sagrada, Alá creó siete paraísos y tierras, y una semana tiene siete días.

Incluso hoy, cuando la ciencia está expandiendo nuestra sabiduría colectiva, las personas del siglo XXI siguen apoyándose voluntariamente en creencias y simbolismos arcaicos para dar un sentido a su mundo. Y esta fuerte inclinación hacia las interpretaciones sobrenaturales de fenómenos de la naturaleza por comprender parece que continuará en las próximas generaciones.

(Fotografía del encabezado por cortesía de Hirano Yuki.)

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  • [15.12.2017]

Nacido en Giza, Egipto, en 1970. Licenciado en 1991 en la Universidad de El Cairo, donde estudia Lengua y Literaturas de Japón. Tras licenciarse, trabaja como profesor en la Universidad de El Cairo. Desde 2011 ha sido profesor de lenguas extranjeras en el Centro de Enseñanza de la Lengua y Sociedad Mundial en la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio. Entre sus obras, se encuentran trabajos como Pasupōto Nihongo Arabiago (Pasaporte para el japonés y el árabe) y Daigaku no Arabiago hyōgen jissen (Práctica del árabe a nivel universitario).

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