La trayectoria de la Emperatriz Michiko, la devota consorte del Emperador

Sociedad

“Sorpresa y dolor” ante la noticia de la abdicación

El 8 de agosto de 2016 el Emperador de Japón anunció su intención de abdicar al trono. En la grabación del mensaje de vídeo dirigido a la ciudadanía la Emperatriz Michiko acompañó a su marido guardando silencio. La Emperatriz, que cumplió 82 años en octubre del mismo año, respondió a las preguntas la prensa en el Palacio Imperial con un escrito que incluía el siguiente fragmento: “Al leer las palabras ‘abdicación al trono’ en grandes letras cubriendo las portadas de los periódicos sentí una gran conmoción. Quizá porque nunca antes me había encontrado con tal expresión por escrito, ni siquiera en los libros de historia, junto con la sorpresa me sobrevino un instante de dolor. Tal vez reaccioné con demasiada sensibilidad”.(*1)

Princesa en la era Shōwa y emperatriz en la actual era Heisei, la Emperatriz Michiko ha acompañado al Emperador mostrando siempre un gran vigor en la ejecución de las ceremonias rituales de la corte imperial y en sus obligaciones oficiales dentro y fuera de Japón. Seguramente en todos estos años habrá vivido experiencias de índole muy diversa. Aunque ahora goza del respeto y la admiración del pueblo, el suyo no ha sido siempre un camino de rosas. Como coetánea de la Emperatriz y periodista que ha seguido su trayectoria durante décadas, quisiera hacer un repaso de las dificultades a las que se ha enfrentado a lo largo de la vida.

La reacción ante el ataque mediático

Sucedió el 20 de octubre de 1993, el día en que la Emperatriz Michiko cumplía los 59 años. Yo acababa de impartir una clase titulada “La autorrealización de la Emperatriz Michiko” en la universidad, y al llegar a casa pasadas las 11 de la mañana, me encontré con casi diez mensajes en el contestador automático: la Emperatriz acababa de sufrir un desmayo, y todos me pedían que comentase la noticia o que participase en programas para informar. Recuerdo que prioricé mi aparición en Nippon Television Network, donde había trabajado antes, y que fui rápidamente hasta los estudios para quedar a la espera de cualquier novedad.

Aquellos días los semanarios se hacían eco de una noticia sobre la tala de árboles del jardín Fukiage Gyōen para la construcción de una nueva residencia imperial, con titulares del estilo “El bosquecillo del Palacio que el emperador Shōwa adoraba será totalmente arrasado por deseo de la Emperatriz Michiko”. Al enterarme de la crisis de salud de la Emperatriz, lo primero que me vino a la mente fue el linchamiento mediático que estaba sufriendo.

La Emperatriz había reaccionado a la noticia de un modo inaudito, respondiendo por escrito a las preguntas de la prensa:
“Creo que debo prestar atención a todo tipo de críticas para reflexionar sobre mis propios actos. Pido perdón si hasta la fecha he pecado de falta de consideración o si mis palabras han herido a alguien. Sin embargo, las noticias que no se basan en hechos verídicos me provocan una enorme tristeza y confusión. No debemos construir una sociedad que sancione las críticas, pero tampoco deseo una sociedad en la que se permita emitir repetidas críticas que carecen de veracidad.”(*2)

La familia imperial suele abstenerse de expresar públicamente aprobación o desaprobación como parte de su protocolo. Por eso la emisión de una respuesta pública a los ataques de los medios de comunicación por parte de la Emperatriz fue un hecho sin precedentes. A mí me conmovió la actitud positiva que demostró al responder a la pregunta acerca de los artículos que criticaban a su familia, involucrándose de lleno en una cuestión que anteriormente las mujeres de la familia imperial hubieran decidido ignorar. A la Emperatriz Michiko, licenciada en Literatura Internacional por la Universidad del Sagrado Corazón en 1957 y miembro de la primera generación que se educó en la democracia después de la guerra, debió resultarle lógico pronunciarse ante la difusión de información falsa.

La Emperatriz perdió la voz

Tras el desmayo de 1993, la Emperatriz Michiko perdió la voz. En la minuciosa exploración cerebral a la que la sometieron no se detectó ninguna anomalía física, pero el equipo médico que la trataba explicó que la pérdida temporal de la capacidad de hablar es un síntoma que puede manifestarse cuando alguien experimenta una aflicción muy intensa.

Tres días después del sufrir el colapso, el 23 de octubre de 1993, la Emperatriz acompañó al Emperador en una visita a las prefecturas de Tokushima y Kagawa para la sesión otoñal del Festival Nacional de Deporte, y posteriormente continuó con sus compromisos sin tomarse descanso alguno.

La Emperatriz, sin embargo, tardó mucho en recuperar la voz. Su hija, la princesa Sayako, la acompañaba constantemente y la ayudaba en el día a día. También recibió un alud de cartas de apoyo y senbazuru —ristras de mil grullas de papel dobladas a mano— procedentes de todo el país.

El 12 de febrero de 1994, año previo al cincuenta aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, los Emperadores visitaron la isla de Iōtō, escenario de una cruenta batalla, donde ofrendaron flores en memoria de los 30.000 soldados japoneses y estadounidenses que perdieron la vida allí y rezaron por el reposo de sus almas. Al día siguiente la pareja imperial estuvo en Chichijima (isla del archipiélago Ogasawara) y, mientras observaban a unos niños que liberaban tortugas marinas en la playa, la Emperatriz dijo a uno de los niños “la próxima ola que llegue se llevará a las tortugas de vuelta al mar”. Según anunció la Agencia de la Casa Imperial, estas palabras dieron inicio a la recuperación paulatina del habla.

Al límite del esfuerzo

¿Por qué enmudeció la Emperatriz? Desde mi punto de vista como coetánea suya y productora de un programa que siguió a la familia imperial durante años, creo que su pérdida de voz no se debió solo a motivos psicológicos, sino también a un nivel de agotamiento extremo.

Las exigentes obligaciones que la Emperatriz, nacida en 1934, desempeñaba con tanta discreción debían de conllevarle unos nervios, un estrés y una extenuación difíciles de imaginar. Solo en los dos meses que precedieron al desmayo había viajado a Europa en dos ocasiones, una para asistir al funeral del rey Balduino de Bélgica y otra para visitar Italia, Bélgica y Alemania.

En sus actos oficiales los Emperadores llegan a verse rodeados por decenas de miles de personas, y en ocasiones son objeto de incidentes inesperados motivados por ideas antimonárquicas. El día de su boda, 10 de abril de 1959, un joven les tiró una piedra. En la Exposición de Okinawa de 1975 les arrojaron un cóctel Molotov. Y en otoño de 1992, un año antes de enfermar la Emperatriz, sufrieron un incidente con una bengala en el Festival Nacional de Deporte que se celebró en Yamagata; de repente un hombre empezó a correr por la pista de atletismo gritando “¡No a la visita del Emperador a China!” y lanzó una bengala encendida a la tribuna real. El Emperador logró mantener la compostura y siguió con su discurso, pero la reacción de la Emperatriz captó la atención pública: al ver la bengala inmediatamente hizo el gesto de cubrir al Emperador para protegerlo. Vi las imágenes de aquel momento incontables veces para incluirlo en un programa especial que producía, y debo decir que, además del impacto que me causó, me reveló lo duro que debe de ser para la Emperatriz tener que mantenerse siempre alerta física y mentalmente en los actos públicos.

Las penurias de la princesa plebeya

Como primera princesa de origen plebeyo de la historia de Japón, la Emperatriz Michiko tuvo que lidiar con un continuo de dificultades desde los inicios de su matrimonio. Según el diario de Irie Sukemasa, que sirvió como chambelán al emperador Shōwa durante medio siglo, la Emperatriz Kōjun estuvo disconforme con el matrimonio de su hijo con Shōda Michiko desde el principio.

Los entonces príncipes se casaron en abril de 1959, pero pocos meses antes, el 11 de octubre de 1958, Irie había escrito en el diario lo siguiente: “La Emperatriz ha convocado a doña Setsuko [princesa Chichibu] y a doña Kikuko [princesa Takamatsu] para hablar sobre la futura esposa del príncipe heredero, y ha declarado que su matrimonio con una plebeya es una deshonra”.

Parece ser que la princesa Michiko seguía teniendo dificultades con la Emperatriz Kōjun casi un decenio después de celebrar su enlace con el príncipe. En la entrada del diario del 13 de noviembre de 1967, Irie cuenta que la princesa le confesó sus inquietudes: “Audiencia con la princesa durante más de dos horas, de las 3:30 a las 5:40 (…) Terminó preguntándome qué opinaba la Emperatriz de ella realmente y si tenía algo en su contra aparte del hecho de que fuera plebeya. Respondí a sus preguntas y me retiré”.

Un matrimonio unido renovando las viejas costumbres

A pesar de toparse con numerosas barreras, la princesa Michiko logró la colaboración del príncipe para cambiar algunos puntos de la tradición imperial, aboliendo el sistema de las amas de cría, estableciendo la convivencia de los padres con los hijos y escolarizando a los menores de la familia fuera de palacio. Asimismo, como apuntábamos arriba, desde que se convirtió en Emperatriz ha llevado a cabo sus obligaciones oficiales codo a codo con el Emperador, acompañándolo incansablemente en sus periplos dentro y fuera de Japón.

Dicen que el 1 de enero de 2019 estrenaremos una nueva era imperial. Puede que, a causa de sus problemas de salud, la princesa Masako tenga dificultades para cumplir sus misiones como emperatriz. Sin embargo, espero de todo corazón que tome el ejemplo de su predecesora, que ha ido superando los obstáculos de la vida contando siempre con la colaboración y el apoyo del Emperador.

(Traducido del original japonés, redactado el 17 de febrero de 2017)

Fotografía del encabezado: El Emperador Akihito y la Emperatriz Michiko pasean a orillas del mar cerca de la residencia imperial de Hayama (prefectura de Kanagawa) el 31 de enero de 2017 (Jiji Press).

(*1) ^ (Citado de la web oficial de la Agencia de la Casa Imperial)

(*2) ^ (Citado de la web oficial de la Agencia de la Casa Imperial)

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