El ‘castella’ de Nagasaki, un dulce auténticamente japonés

Hirano Kumiko [Perfil]

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El castella no es lo mismo que el pastel de miel

Desde hace un par de años alterno entre dos viviendas, una en Yokohama y la otra en Nagasaki. Cuando empecé a frecuentar Nagasaki, pude comprobar que el castella, símbolo de la influencia de la cultura occidental en la zona, seguía siendo un reclamo turístico destacado y una especialidad muy vendida como obsequio.

Los turistas procedentes de Taiwán, Hong Kong, China y el Sudeste Asiático son especialmente aficionados al castella. La mayoría de los visitantes chinos que llegan en grupos en grandes cruceros regresan al barco con una bolsa de alguno de los establecimientos más famosos. Los gourmets de Taiwán y Hong Kong que acuden a la tienda Iwanaga Baijuken, del barrio de Suwamachi, muestran un interés profundo en el producto, preguntando cómo pueden comprarlo desde el extranjero o si es posible adquirir huevos de la marca especial que se usa para elaborarlo.

Al parecer, en Taiwán se refieren al castella de Nagasaki como pastel de miel. Yo misma he tenido la oportunidad de probar el producto taiwanés en su lugar de origen. Allí existen cadenas de tiendas que lo comercializan y algunas incluso dicen elaborarlo “con el método japonés”. Nanbandō, en Taipéi, Wakeiya, en Taichung, y Kinkakudō, en Taoyuan, son algunos ejemplos de este tipo de negocios. En Hong Kong venden su versión del castella con el nombre Castella cake. Con variedades cercanas al suponji keeki (bizcocho esponjoso) japonés y al mushi kasutera (castella al vapor), los países de habla china cuentan con una extensísima gama de variaciones.

Hace un par de meses una amiga me preguntó si el castella de Nagasaki era lo mismo que el pastel de miel de Taiwán (蜂蜜蛋, fengmi dangao), ya que no veía ninguna diferencia entre el dulce japonés que le habían regalado y la especialidad taiwanesa que llevaba toda la vida comiendo. Cuando me mandó un correo electrónico con una foto de los ingredientes que figuraban en la caja de un pastel de miel de Taiwán, detecté un elemento que jamás se incluye en el castella de Nagasaki: la leche cruda. La conclusión fue que, a pesar de parecerse mucho, eran cosas distintas.

Los ingredientes del castella tradicional de Nagasaki son harina, huevos, azúcar, almíbar y azúcar granulado. A diferencia del pastel, no lleva nata, leche, emulgente ni levadura. Como ya sugieren sus denominaciones originales, escritas en kanji, se trata de un dulce auténticamente nipón. Al contener almíbar, la masa es húmeda y melosa en boca, con un toque crujiente del azúcar granulado que queda en la base. Los oriundos de Nagasaki aseguran que ese tacto único no puede faltar en el castella tradicional.

Entonces ¿los pasteles de miel que se elaboran también en Japón no son lo mismo que el castella original? Los de miel son una de las múltiples variaciones de distintos sabores —maccha, chocolate, pomelo chino, fresa, níspero, queso, azúcar moreno, etc.— que gozan de gran popularidad; en un sentido estricto, no son lo mismo.

Ese fenómeno de la diversificación de sabores se produjo también con los manjū, de origen chino, que en Japón dieron lugar a variedades originales como la de sake, chocolate, sakura o azúcar moreno. Apasionados de la investigación, los japoneses siempre terminan modificando las cosas para crear algo propiamente suyo. Hace unos días me volví a sorprender al ver que en un establecimiento de castella de la ciudad de Nagasaki lo vendían con polvo de colágeno, cuyas propiedades son beneficiosas para la piel.

  • [27.07.2018]

Escritora de literatura de no ficción. Empezó a escribir tras trabajar en el sector editorial. Amante del té asiático. Su obra de 2000 Tantan yūjō (Dulce y exquisito sentimiento) ganó el Gran Premio de No Ficción Shōgakukan. Además de escribir sobre varios países asiáticos, Hirano está especialmente interesada en el periodo en que Taiwán estuvo bajo control japonés. Es autora, entre otras obras, de Teresa Ten ga mita yume: kajin kasei densetsu (El sueño de Teresa Teng: una leyenda de la canción china), Chūgokucha: fūga no uragawa (El té chino: detrás de la elegancia), Tōsan no sakura: chiriyuku Taiwan no naka no Nihon (Los cerezos en flor del padre: la pérdida de la cultura japonesa en Taiwán), y Mizu no kiseki o yonda otoko (El hombre que provocó un milagro de las aguas).

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