La Casa Imperial japonesa: presente y retos de futuro

Kasahara Hidehiko [Perfil]

[02.03.2012] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | Русский |

El gobierno tiene previsto plantearse la posibilidad de reformar la Ley de la Casa Imperial, entre otras cosas, para hacer posible que los miembros femeninos de la Familia Imperial que contraigan matrimonio no se vean obligados a abandonarla, como sucede hasta ahora. ¿Por qué se plantea tal reforma en estos momentos?

El gabinete del primer ministro Noda Yoshihiko hizo pública en noviembre de 2011 su intención de estudiar la posibilidad de crear, dentro de la Casa Imperial, una nueva institución, que sería llamada josei miyake, y que permitiría a los miembros femeninos de la Familia Imperial conservar su estatus aun después de casarse. La Ley de la Casa Imperial actualmente vigente estipula que al contraer matrimonio un miembro femenino con alguien no perteneciente a la Familia Imperial, aquel pierde su estatus. Actualmente la Familia Imperial cuenta con nueve miembros menores de 30 años, pero solo el más joven de ellos, el príncipe Hisahito, de cinco años, es varón. En su composición hay, por lo tanto, muchas más mujeres que varones. Además, seis de esos ocho miembros femeninos han llegado ya a la mayoría de edad y podrían, en un futuro próximo, sufrir la pérdida de su estatus como miembros de la Familia Imperial que implica su matrimonio. Ante la posibilidad de que esta reducción numérica de la Familia Imperial se constituya en un impedimento para el cumplimiento de sus funciones públicas, la Agencia de la Casa Imperial, que se encarga de atenderla, ha solicitado al gobierno que tome medidas ante lo que considera un asunto de la máxima urgencia.

El actual sistema que rige la Casa Imperial

Hoy en día la Casa Imperial está formada por 23 miembros: el Emperador y la Emperatriz, la familia del Príncipe Heredero, la del príncipe Akishino y otros núcleos familiares. La Constitución establece el carácter simbólico de la institución imperial, con un Emperador que es símbolo del Estado japonés y de la unidad de su pueblo, y cuya dignidad se fundamenta en la voluntad nacional del pueblo, en la que reside la soberanía. Estipula, además, que la sucesión en el trono será hereditaria, dentro del linaje imperial. La Constitución se limita a disponer estos principios básicos, dejando su desarrollo legislativo a la Ley de la Casa Imperial.

Mediante esta ley se determinan sistemas e instituciones como la sucesión en el trono, el concepto de Familia Imperial, la regencia, la Asamblea de la Casa Imperial, etcétera. Solo están legitimados a heredar el trono los varones, que además han de ser descendientes del Emperador por línea masculina, no teniendo las mujeres de la familia ese derecho. Se dispone que, en el orden sucesorio, se dará prioridad a la primogenitura y a la línea directa, en virtud de lo cual actualmente el primer puesto en el orden sucesorio corresponde al Príncipe Heredero, el segundo al príncipe Akishino, su hermano menor; el tercero al hijo de este, el príncipe Hisahito; el cuarto al príncipe Hitachi, hermano menor del Emperador; el quinto al príncipe Mikasa, tío del Emperador, el sexto al príncipe Tomohito de Mikasa, hijo del anterior, y el séptimo al príncipe Katsura, hermano menor de este. En la Familia Imperial quedan incluidos, en el caso de los varones, los hijos y nietos del Emperador, que reciben el título de shinnō, los biznietos y sucesivas generaciones, con el título de ō, y en el caso de las mujeres, las hijas y nietas del Emperador, con el título de naishinnō y las biznietas y sucesivas generaciones, con el de joō. Estos títulos se aplican igualmente a sus cónyuges y viudos o viudas.

En la Ley de la Casa Imperial actualmente en vigor se extiende el estatus de miembro de la Familia Imperial a lo largo de todas las generaciones subsiguientes. Al matrimonio de un miembro masculino de la familia se le exige contar con el visto bueno de la Asamblea de la Casa Imperial, formada por representantes de la propia familia, los presidentes de las dos cámaras de la Dieta, el jefe del gabinete de Gobierno (primer ministro) y el presidente del Tribunal Supremo, es decir, las máximas autoridades de los tres poderes del Estado. El cónyuge pasa a formar parte de la Familia Imperial. En cambio, para el matrimonio de un miembro femenino no se exige tener el consentimiento de la Asamblea de la Casa Imperial, lo que implica que con el actual marco jurídico, una vez estos miembros femeninos llegan a la edad núbil y contraen matrimonio con una persona ajena a la familia, no hay forma de evitar la pérdida de su estatus como miembro de la misma.

El intento del gabinete de Koizumi

Para crear esa nueva institución que actualmente estudia el gabinete de Noda y que permitiría a todos los miembros femeninos permanecer en la Familia Imperial, sería necesario reformar parcialmente la Ley de la Casa Imperial. Esta ley fue objeto de un intento de reforma de calado en 2005, durante el gobierno de Koizumi Jun’ichirō, que se propuso dotar al país de un sistema estable de sucesión en el trono. En la segunda quincena de noviembre de ese año, el Consejo de Expertos en la Ley de la Casa Imperial, un órgano consultivo privado de Koizumi, hizo público su informe definitivo, en el cual concluyó que era “necesario ampliar a los miembros femeninos o a la descendencia por línea femenina el derecho a suceder en el trono”. Frente a esto, desde grupos conservadores se alzaron voces contrarias a esta ampliación, esgrimiendo el argumento de que el método tradicional en el país ha sido la sucesión por línea masculina. Estos grupos conservadores organizaron un movimiento en contra, convocaron reuniones en diversas regiones y tras conseguir las firmas de un tercio de los miembros de las asambleas legislativas del país, solicitaron al primer ministro la máxima prudencia al respecto.

Con un alto índice de apoyo para su gabinete y una notable popularidad personal, Koizumi expresó su intención de presentar a la Dieta, durante el periodo ordinario de sesiones que iba a comenzar en enero de 2006, un proyecto de ley para reformar la Ley de la Casa Imperial a partir de las conclusiones expuestas en el informe del Consejo de Expertos. Sin embargo, a principios de febrero de ese mismo año se difundió la noticia de que la consorte del príncipe Akishino (Kiko) mostraba signos de estar embarazada, y Koizumi desistió de entregar el proyecto de reforma. En septiembre nació el esperado hijo, el príncipe Hisahito. Era primera vez que nacía un varón en la Familia Imperial desde que, 41 años antes, naciera su padre, el príncipe Akishino.

Muchos japoneses piensan que la llegada del nuevo príncipe significa que el problema de la sucesión en el trono de Japón está resuelto. Pero la Agencia de la Casa Imperial sigue sosteniendo que no se ha llegado a una solución. Actualmente, en la Casa Imperial existen seis núcleos familiares, pero es probable que en un futuro próximo algunos de ellos se extingan con el deceso de alguno de los miembros masculinos de más edad, o que el número de miembros se reduzca, por la pérdida del estatus de alguna de las mujeres como consecuencia de su matrimonio con una persona ajena a la Casa. Esto explica que a finales del año pasado el gobierno comenzase a estudiar la posibilidad de instituir el josei miyake.

¿Con qué objetivo se crearía el josei miyake?

El josei miyake sería un nuevo tipo de núcleo familiar independiente que permitiría a las féminas de la Casa Imperial permanecer en la misma después de su matrimonio. Es algo que no ha existido nunca en la historia de Japón y que supondría una gran novedad. Estas cosas hay que considerarlas muy detenidamente. Desde posiciones conservadoras que defienden la sucesión tradicional, por línea masculina, ya se han vertido opiniones como que, si tanto preocupa que la reducción del número de miembros de la Familia Imperial pueda suponer un impedimento para el correcto desarrollo de sus actividades, esto podría solucionarse reduciendo sus funciones públicas, o que antes que instituir el josei miyake debería reintegrarse a la Familia Imperial las once ramas de descendientes masculinos por línea igualmente masculina, que a instancias de la Comandancia Suprema de las Fuerzas Aliadas (cuartel general de ocupación) y en gran medida bajo coacción tuvieron que abandonar su estatus tras la Segunda Guerra Mundial. Estos mismos grupos que defienden la tradición de la sucesión por línea masculina elevan también la voz de alarma ante la sospecha de que instituir el josei miyake sea el primer paso hacia la progresiva aceptación de la sucesión también por línea femenina.

Por tanto, si la verdadera intención de instituir el josei miyake es conseguir que la Casa Imperial pueda seguir ejerciendo sus funciones de una forma estable, entonces no deberían hacerse modificaciones en lo que estipula la Ley de la Casa Imperial sobre derecho a la sucesión en el trono o sobre el orden sucesorio. La reforma debería limitarse, en todo caso, a modificar las secciones de la Ley de la Casa Imperial directamente relacionadas, principalmente el artículo 12, de forma que los miembros femeninos de la familia puedan quedarse en la Casa Imperial incluso después de casarse. El josei miyake debería instituirse por una sola generación, y sería preferible no conceder a sus titulares el derecho a la sucesión en el trono. Hay quien considera que lo mejor sería reducir las funciones públicas, pero lo cierto es que estas no tienen un fundamento legal y que en última instancia su realización depende de la voluntad del Emperador.

Como he explicado más arriba, entre los grupos conservadores se considera que antes que establecer el josei miyake debería estudiarse reintegrar a la Familia Imperial, mediante adopción, a los miembros masculinos de línea masculina que quedaron excluidos. Sin embargo, un levantamiento de la prohibición que pesa, con la vigente Ley de la Casa Imperial, sobre la adopción, traería continuas alteraciones en el orden sucesorio, según en qué núcleo familiar entrara esa persona adoptada. Lo más realista sería considerar la entrada en la Casa Imperial de un varón como cónyuge, una vez establecido el josei miyake. Lo que ocurre es que, en caso de que se opte por la adopción con el fin de asegurar la sucesión por línea masculina, cabe la posibilidad de que se infrinjan principios constitucionales como la igualdad ante la ley o la prohibición de la nobleza, o bien que se infrinja una condición para realizar el matrimonio, como es el mutuo acuerdo de los contrayentes, así que habría que ir pensando en legislar ad hoc. No hay necesidad de alterar el orden sucesorio hasta el príncipe Hisahito y no debería proyectarse la ampliación del derecho de sucesión a los descendientes por línea femenina.

Tanto las funciones públicas del Emperador como las actividades de toda la Casa Imperial están ya sistematizadas y una simple reducción podría desequilibrar el conjunto. Para asegurar el desempeño de estas actividades sería necesario mantener una Familia Imperial con unas dimensiones apropiadas. En el actual proyecto de reforma, habría que priorizar el objetivo de asegurar la continuidad de la Casa Imperial deteniendo la merma numérica de los miembros de la familia, con total independencia del problema de la sucesión en el trono. Sería necesario aligerar la carga, física y mental, que actualmente soporta su Majestad y la que en el futuro deberá soportar su Alteza el príncipe Hisahito.

(Traducido al español del original en japonés.)

  • [02.03.2012]

Profesor de la Universidad de Keiō. En 1985 completó en dicha universidad un doctorado en politología. Doctor en Derecho. Ha sido investigador invitado en la universidad norteamericana de Stanford de1988 a 1989 y de 2000 a 2001. Entre sus obras figuran Kōshitsu ga nakunaru hi: ‘seizen taii’ ga tsukitsukeru kōi keishō no kiki (El día de la desaparición de la Casa Imperial: la crisis sucesoria que acarreará la abdicación; Shinchō Sensho, 2017), Shōchō tennō-sei to kōi keishō (El Emperador como símbolo y la sucesión al trono; Chikuma Shinsho, 2008) y Rekidai tennō sōran: Kōi wa dō keishō sareta ka (Los sucesivos emperadores de Japón: cómo se ha transmitido el trono; Chūkō Shinsho, 2001)

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