Valoración de la “meta de estabilidad de los precios a medio y largo plazo” del Banco de Japón

Iwata Kikuo [Perfil]

[20.04.2012] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 |

El Banco de Japón anunció en febrero la “meta de estabilidad de los precios a medio y largo plazo”. Si bien el banco emisor da la impresión de haberse fijado un objetivo de inflación, quedan dudas sobre si esta “meta” será una medida monetaria efectiva para salir de la deflación.

El Banco de Japón dio a conocer el día 14 de febrero su informe “Meta de estabilidad de los precios a medio y largo plazo” (publicado también en inglés bajo el título The Price Stability Goal in the Medium to Long Term), en el cual la institución juzga que el aumento interanual de los precios al consumo debe situarse en una banda inferior al 2%, y que la meta puede situarse por el momento en el 1%.

En este espacio me propongo valorar esta meta, comparándola con el inflation targeting (inflación objetivo) que se hace público en el Reino Unido y otros países, así como con la política monetaria llevada a cabo en Estados Unidos por la Junta de Gobernadores del Sistema de la Reserva Federal (FRB, por sus siglas en inglés) y por el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, ídem).

Los siete elementos del inflation targeting

En el inflation targeting distinguimos estos siete elementos:

1) Deber de alcanzar un objetivo numérico. Se establece como objetivo de la política monetaria del Banco Central alcanzar “una meta de inflación a medio plazo” y mantenerla, plasmando en cifras claras la tasa de inflación que se ha de alcanzar.

2) Institución encargada de fijar el objetivo numérico. Será bien el gobierno, bien este y el Banco Central en cooperación. No obstante, en la fijación del objetivo numérico, la decisión definitiva corresponderá al gobierno.

3) Institución encargada de fijar las medidas para alcanzar el objetivo numérico: el Banco Central

4) Clarificación del tiempo necesario para alcanzar el objetivo. A medio plazo, en concreto entre un año y medio y dos años.

5) Estabilización simultánea de la producción y el empleo.

6) Obligación de rendir cuentas y responsabilidad en la consecución del objetivo. En caso de no haberse alcanzado, se establece la obligación de rendir cuentas ante la ciudadanía y de responsabilizarse por la no consecución.

7) Coherencia. No incumplir lo prometido una vez implementadas las medidas.

Shirakawa Masaaki, presidente del Banco de Japón, anuncia la adopción de la “meta de estabilidad de los precios a medio y largo plazo” en la rueda de prensa celebrada el 14 de febrero. Previamente, el Banco de Japón había hecho público lo que llamó “interpretación de la estabilidad de precios a medio y largo plazo”, en alusión a los límites de la tasa de inflación dentro de los cuales los miembros de la Junta Directiva consideraban que podía obtenerse la estabilidad en los precios a medio y largo plazo, pero estas manifestaciones fueron criticadas por algunos miembros de la Dieta, entre otros, que echaban en falta la claridad mostrada en el “objetivo de inflación a largo plazo” anunciado por la Junta de Gobernadores del Sistema de la Reserva Federal (FRB) de Estados Unidos. (Fotografía: Sankei Shimbun)

Valoración de la “meta” del Banco de Japón a través de los siete elementos

Si valoramos la “meta de estabilidad de los precios a medio y largo plazo” del Banco de Japón examinando los siete aspectos arriba expuestos, llegaremos a las siguientes conclusiones.

1) Valoración desde la perspectiva del deber de alcanzar un objetivo numérico

a) A diferencia del inflation targeting, ni el aumento interanual del 2% o menos en el índice de precios al consumo, ni la meta provisional del 1% son verdaderos objetivos de inflación de cuya consecución y mantenimiento el Banco de Japón, como banco central, deba responsabilizarse. Con esta “meta de estabilidad de los precios a medio y largo plazo”, de la que no se deriva ninguna responsabilidad en cuanto a su consecución y ninguna obligación de rendir cuentas, es imposible obtener la confianza de los mercados, siendo además pequeña su efectividad frente a la deflación.

b) Los precios al consumo a los que se refiere el Banco de Japón corresponden al llamado “índice de precios al consumo excluyendo los alimentos frescos”. A juzgar por lo que vemos en las estadísticas de indicadores de precios al consumo del Ministerio de Interior y Comunicaciones, en la comparación interanual el índice que excluye los alimentos frescos muestra una tendencia a ser superior al real en un 0,6% como promedio. Esto significa que cuando hablamos de un aumento del 1% en las estadísticas como meta provisional, en realidad es una meta del 0,4%, lo cual nos acerca peligrosamente a la deflación.

c) La tasa de aumento interanual del índice que excluye los alimentos frescos se sitúa con gran facilidad en un 1% cuando se produce un aumento del precio de la energía. Esto puede comprobarse consultando los datos de 2008, cuando se produjo un fuerte aumento del precio del petróleo. Desde febrero, el dato interanual comenzó a aumentar por encima del 1% y durante los meses de julio, agosto y septiembre fue de entre el 2,3% y el 2,4%. Pero al llegar 2009 se produjo una súbita bajada del precio del petróleo y con ella el índice de precios al consumo que excluye los alimentos frescos invirtió su tendencia y empezó a mostrar crecimientos interanuales negativos. Vemos, pues, que con una política monetaria que tome como criterio la variación interanual de este indicativo en el que se incluye el precio de la energía, no es posible alcanzar la estabilidad de los precios.

2) Desde la perspectiva de la institución encargada de fijar el objetivo numérico

La “meta de estabilidad de precios a medio y largo plazo” ha sido establecida por el propio Banco de Japón, que ejecuta la política monetaria. El gobierno no ha intervenido. Que la propia entidad que rige la política monetaria sea la que fije el objetivo de estabilidad de los precios a medio y largo plazo es algo así como que un empleado de un departamento comercial sea el que fije su propio objetivo de ventas. Así no puede obtenerse una mínima coherencia con los objetivos gerenciales. De igual forma, siendo el Banco de Japón, ejecutor de la política monetaria, quien fija los objetivos de estabilidad de precios a medio y largo plazo, no puede obtenerse coherencia con los objetivos de la política llevada a cabo por el gobierno.

También en Estados Unidos es la institución equivalente al banco central la que fija la tasa de inflación concreta que a su juicio indica una estabilidad en los precios. Desde ese punto de vista no hay diferencias con el Banco de Japón. Sin embargo, en los informes anuales del FRB y en las intervenciones de su presidente ante el Congreso, así como en sus discursos, de todo lo cual se responsabilizan la FRB y el FOMC, siempre se sostiene que debe alcanzarse un 2% de aumento en la tasa de inflación a medio y largo plazo, medida por el índice de consumo individual (PCE por sus siglas en inglés) que ha de ser compatible con la maximización del empleo (véase, por ejemplo, el discurso titulado “The Effects of the Great Recession on Central Bank Doctrine and Practice (Los efectos de la Gran Recesión sobre la doctrina y práctica de un Banco Central)”, leído por el actual presidente de la FRB, Ben Bernanke, en el Banco de la Reserva Federal de Boston, el 18 de octubre de 2011).

En la declaración del FOMC del 25 de enero de 2012, que viene a confirmar esto, se dice que “el FOMC se compromete a cumplir el mandato legal recibido del Congreso, es decir, promover la maximización del empleo y alcanzar la estabilidad de los precios así como un tipo de interés a largo plazo moderado. Así pues, la meta de inflación a largo plazo del 2% en el PCE que se propone alcanzar el FOMC es un objetivo que implica un compromiso y, por ello, difiere radicalmente de la “meta de estabilidad de los precios a medio y largo plazo” del Banco de Japón.

4) Desde la perspectiva de la clarificación del tiempo necesario para alcanzar el objetivo

No se establece ningún plazo para alcanzarla, de forma que el Banco de Japón nunca tiene que responsabilizarse de la consecución de la meta de inflación ni de su mantenimiento.

5) Desde la perspectiva de la estabilización simultánea de la producción y el empleo

Si la política monetaria se hace a partir del índice interanual de crecimiento de los precios al consumo incluyendo la energía, no es posible conseguir la estabilización de la producción y del empleo. Con el aumento del precio de la energía o del tipo del impuesto sobre el consumo, el índice de precios al consumo excluyendo alimentos frescos sube fácilmente por encima del 1% con respecto al del mismo mes del ejercicio anterior. Si, considerando que se ha superado el 1% deseado por el momento en la comparativa mensual interanual del índice de precios al consumo excluyendo alimentos frescos, se implementa una política monetaria restrictiva o se modera la política expansiva que se estaba implementando, la consecuencia puede ser una reducción de la producción y un aumento del desempleo.

¿Podemos esperar que en Japón, como en los países donde se ha adoptado el inflation targeting, se implemente una política monetaria flexible cuando el aumento de los precios al consumo incluyendo la energía y el impuesto sobre el consumo supere el 1% interanual? En vista de la política de interés cero seguida en el pasado y de la forma en que fue suprimida la expansión cuantitativa, no cabe hacerse tales esperanzas.

6) Desde la perspectiva de la obligación de rendir cuentas y de la responsabilidad en la consecución del objetivo

Tanto el Banco de Japón como el gobierno piensan que para escapar de la deflación se necesita no solo una política monetaria, sino, al mismo tiempo, una estrategia gubernamental de crecimiento y un esfuerzo, por parte de las empresas privadas, para mejorar su productividad. Los medios de comunicación y la ciudadanía son mayoritariamente de la misma opinión. Mientras predomine esta mentalidad, aunque el Banco de Japón siga sin poder alcanzar o mantener la meta de inflación del 1%, siempre podrá echársele la culpa a la inadecuada estrategia de crecimiento del gobierno o a la falta de esfuerzo por parte de las empresas privadas en la promoción de su productividad, así que el Banco de Japón no se verá obligado, por supuesto, a rendir cuentas, ni se responsabilizará de la consecución del objetivo.

Frente a esta mentalidad, los países que adoptan el inflation targeting, así como el FOMC (o la FRB), consideran que la política monetaria determina la inflación a largo plazo (declaración del FOMC del 25 de enero de 2012). Mientras no haya un consenso comparable a este en japón, por mucho que un banco central pueda anunciar su “meta” o su “objetivo de estabilidad de precios”, nunca se podrá obligar a ese banco central a que rinda cuentas ni a que se responsabilice por la consecución del objetivo. Y si a ese banco central no se le exige nada de eso, tampoco podrá pedírsele que alcance la “meta” o el “objetivo” a medio plazo (entendido esto como el valor promedio durante el año y medio o los dos años siguientes).

7) Desde la perspectiva de la coherencia

No podemos pedir coherencia a una “meta” que no implica el compromiso de alcanzar un objetivo, ya que es precisamente la existencia de un firme compromiso en cuanto a la consecución de un objetivo lo que nos permite cuestionar si realmente se ha cumplido o no ese compromiso.

Muy lejos de una política monetaria antideflacionaria

La “meta de estabilidad de los precios a medio y largo plazo” del Banco de Japón, comparada con la política monetaria que ha venido implementando la entidad hasta el momento, representa sin duda un paso adelante. Sin embargo, comparada con el inflation targeting o con la política monetaria de la FRB, es una previsión que no implica compromiso y que sigue estando muy lejos de ser una verdadera medida monetaria para escapar de la deflación.

(Escrito el 13 de marzo de 2012. Traducido al español del original japonés)

  • [20.04.2012]

Profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Gakushūin. Nacido en Osaka en 1942. Se graduó en la Facultad de Economía de la Universidad de Tokio en 1966. En 1973 concluyó un doctorado en Economía en esa misma universidad. Entre 1976 y 1978 fue investigador invitado en la Universidad de California en Berkeley. En 1983 pasó a ser profesor de la Universidad de Sophia (Tokio). Ocupa su actual cargo desde 1998. Es autor de libros como Infure to defure: fuan no keizaigaku (Inflación y deflación: economía de la inseguridad, Kōdansha Gendai Shinsho, 1990; Kōdansha Gakujutsu Bunko, 2012) o Nihon Ginkō wa shin’yō dekiru ka (¿Es de fiar el Banco de Japón?, Kōdansha Gendai Shinsho, 2009).

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