¿Tiene futuro el judo japonés?

Matsubara Ryūichirō [Perfil]

[10.05.2013] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | العربية |

El mundo del judo japonés se ve sacudido por problemas como el debilitamiento físico y los castigos corporales. El articulista, un socioeconomista que se enorgullece de ser judoca de toda la vida y de ostentar el cinturón negro de tercer grado de judo, nos describe de cerca los problemas profundamente arraigados del judo japonés.

Las cuatro crisis en el mundo del judo japonés

Hoy en día, el judo japonés se encuentra en estado crítico. La crisis tiene cuatro facetas: la competitividad, la selección nacional femenina de judo, los castigos corporales y la seguridad.

En cuanto a la crisis de la competitividad, cada vez es más difícil decir que Japón es el competidor de judo más fuerte del mundo. El hecho de que la competición femenina de judo se desarrollara en Europa mucho antes de su introducción como disciplina olímpica (esto ocurrió en las Olimpiadas de Barcelona de 1992) provocó que en su debut olímpico las judocas japonesas no conquistaran ninguna medalla de oro en sus diferentes categorías. Sin embargo, actualmente están consiguiendo ganar medallas de oro en varias categorías tanto en el Campeonato del Mundo como en las Olimpiadas. Por otra parte, se consideró al equipo masculino japonés como el rival más fuerte desde su participación en las Olimpiadas de Tokio de 1964. Ganaron medallas de oro tanto en las Olimpiadas como en el Campeonato Mundial de Judo. Aunque los judocas no tuviesen suficiente capacidad, todo el mundo estaba acostumbrado a que si entraban dentro de la selección nacional lo lógico era que consiguiesen el primer puesto del podio.

No obstante, fue en el Campeonato del Mundo de 2009 (Róterdam, Países Bajos) cuando por primera vez la selección masculina no cosechó ninguna medalla de oro; suceso que se volvió a repetir en las Olimpiadas de Londres en 2012 (en ambos casos el entrenador nacional era Shinohara Shin’ichi).

La cultura de los castigos corporales

En diciembre de 2012, quince judocas seleccionadas del equipo femenino, varias de las cuales habían competido en los Juegos Olímpicos de Londres, acusaron ante el Comité Olímpico Japonés (COJ) al entrenador de la selección femenina japonesa Sonoda Ryūji, de haber tratado a sus compañeras con violencia. El seleccionador Sonoda renunció a su cargo, y ahora un comité de terceros, tras realizar entrevistas para profundizar en la investigación, ha presentado una propuesta para reformar drásticamente la Federación Japonesa de Judo. Los tratos violentos han sido exclusivamente castigos corporales. En Japón, desde la escuela secundaria hasta llegar a la universidad hay una gran variedad de actividades extracurriculares, entre las que se encuentran los clubs deportivos. Especialmente en el caso del judo, casi no existen competidores que se hayan formado fuera de los clubs deportivos del colegio o de la universidad. En las escuelas que son muy potentes en judo, se ve como algo normal que sus instructores empleen los castigos corporales. Si algún alumno pierde, se le abofetea, o se le agrede verbalmente diciéndole que deje el judo. Incluso se llega al extremo de interferir en su vida privada presionándole para que no estudie.

Desafortunadamente, muchos instructores creen que mediante los castigos corporales se fortalece el club. Asimismo, los competidores que han sufrido castigos corporales, una vez que se retiran y se convierten en instructores, llevan a cabo castigos corporales contra sus alumnos para justificar de alguna manera lo que les sucedió en su época de competidores. Se ha establecido así un círculo vicioso. El entrenador de la selección femenina japonesa Sonoda entrenó de este modo al equipo de la selección.

Sin embargo, es necesario señalar que la crisis de la selección nacional femenina de judo y la crisis de los castigos corporales son dos temas diferentes. Las deportistas que realizaron esta acusación son candidatas a la selección nacional y han conseguido llegar a este nivel tras un gran esfuerzo; la gran mayoría de ellas apenas ha sufrido castigos corporales. La meta final de las selecciones japonesas, tanto la masculina como la femenina, es igualar o superar a sus entrenadores en combate, como ser campeones olímpicos. En este nivel, los entrenadores respetan un acuerdo tácito para tratar a los miembros del equipo de igual a igual sin distinción de género.

A la gente le sorprendió la violencia verbal que el exentrenador Sonoda dirigía a las integrantes del equipo nacional, soltando improperios del tipo “cerda” o “estúpida”, como si estuviese riñendo a adolescentes. En los “principios fundamentales del Olimpismo”, escritos en la Carta Olímpica, está reflejado que “el objetivo del Olimpismo es poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armónico del hombre, con el fin de promover una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana”. Evidentemente, los castigos corporales entran en contradicción con el mantenimiento de la dignidad humana.

Haciendo caso omiso de las crisis

Hasta que la Asociación Japonesa de Víctimas de Accidentes de Judo no levantó la voz, no se difundió ni conoció al detalle acerca de la “seguridad” del judo. Según las indicaciones de esta asociación, han fallecido 114 niños en veintiocho años. Además, hay muchas personas que sufren trastornos severos de conciencia, es decir personas que han entrado en estado vegetativo o que sufren de serias secuelas cerebrales.

Ante estas crisis, por más que se le han señalado los problemas, la Federación Japonesa de Judo ha seguido disimulando sin verificarlos o, a lo sumo, cuando ha tomado medidas lo ha hecho a posteriori y a toda prisa. En cuanto a la “derrota aplastante” de los Juegos Olímpicos de Londres, salvo el comentario de Yoshimura Kazuo, exmiembro del comité de fortalecimiento de la Federación Japonesa de Judo, de que “la fortaleza mental de los competidores se ha debilitado”, no se han hecho públicos los resultados de ninguna investigación formal que analice las causas de la derrota.

En septiembre, después de las Olimpiadas de Londres, una competidora se puso en contacto con la Federación Japonesa de Judo para reportar sobre los abusos verbales y físicos del exentrenador Sonoda, pero la Federación anunció que mantendría a Sonoda en el cargo. Después de eso, Sonoda pidió disculpas y la Federación Japonesa de Judo pensó que el asunto quedaba resuelto. Sin embargo, cuando dicha competidora ganó un torneo, Sonoda comentó: “ha ganado gracias a que la he entrenado severamente”. Al ver que el entrenador no daba muestras de arrepentirse de sus actos violentos, quince judocas se quejaron de forma conjunta y anónima ante el COJ. Más tarde, en enero de 2013, los medios de comunicación informaron que se había presentado la queja.

Respecto a la crisis de la seguridad, antes de que la Asociación Japonesa de Víctimas de Accidentes de Judo despertase el interés de la prensa, la Federación Japonesa de Judo ya había destinado una parte de su presupuesto para apoyar a los afectados, y en teoría debía de haber comprendido bastante bien la situación. A pesar de esto, no tomó las medidas drásticas pertinentes.

Solo interesa la victoria 

Para la Federación Japonesa de Judo, que el mundo del judo esté en crisis es únicamente un alboroto que ha creado la prensa. Si la Asociación Japonesa de Víctimas de Accidentes de Judo y las competidoras no se hubiesen quejado, la Federación no habría reconocido que existía tal crisis, salvo por el problema de los resultados deportivos.

La medida más representativa que la Federación Japonesa de Judo ha tomado hasta el momento para hacer frente a esta crisis es la de “difundir un judo correcto”. Por “judo correcto” se entiende principalmente la forma de realizar el agarre en el que ambos judocas se cogen de las solapas y las mangas del uniforme (jūdōgi). En Francia y en otros países a este agarre se lo presenta como el “clásico”. Los competidores no japoneses, especialmente cuando compiten contra los japoneses, abordan y agarran a su adversario de la espalda y del puño. En el mundo del judo japonés a ese agarre se le llama “judo” (escrito en alfabeto, por oposición al arte marcial, que se escribe con kanji) y existe una tendencia generalizada a odiarlo. Además, dentro del “judo correcto” también se puede incluir la etiqueta.

Pero estas medidas no están relacionadas directamente con los castigos corporales ni con la seguridad. En otras palabras, el peligro no va más allá de que no se respete el agarre de las solapas y las mangas y de que se infrinja la etiqueta. Que se tome a la ligera el tema de los castigos corporales y de la seguridad se explica porque la gente piensa que es algo natural al tratarse de un arte marcial. También tiene relación con esto qué contexto hay detrás de la formación de los competidores japoneses. En el caso del equipo de la cantera, como cobran una cuota mensual, los instructores tienen mucho cuidado con las lesiones. Además, si los padres difunden el rumor de que los instructores aplican castigos corporales, es difícil que continúen su negocio. Respecto a esto, la iniciación al judo en Japón se suele realizar en la época de la escuela primaria, bien sea en un dōjō (escuela tradicional donde se enseña artes marciales) de barrio (incluyendo el Instituto de Judo Kōdōkan) o en un club deportivo infantil local. La cuota mensual oscila entre los mil y tres mil yenes, y si se cobra más, reciben críticas desfavorables. Por lo tanto, los mejores instructores solo pueden mantener su honor haciendo que sus alumnos ganen combates, de modo que no le dan tanta importancia a la seguridad de los niños más vulnerables y les imponen castigos corporales sin dudar.

En cuanto a la Federación Japonesa de Judo, se ha convertido en una organización para formar competidores que representen a Japón en los torneos internacionales, rastreando chicos prometedores en los torneos nacionales a todos los niveles, desde la escuela primaria hasta la universidad. En definitiva, lo único que les importa es conseguir la victoria.

Los problemas estructurales del mundo de judo

De hecho, el mundo del judo japonés sufrió una crisis de división interna en la década de 1980. La Federación de Judo Estudiantil repentinamente quiso separarse de la Federación Japonesa de Judo. Finalmente, tras cuatro años de discrepancias, ambas partes llegaron a un acuerdo en el que la condición principal era que el Instituto de Judo Kōdōkan, la sede central de la comunidad mundial de judo, y la Federación Japonesa de Judo, originalmente fundada como sección de competición del Kōdōkan, se separasen en dos organizaciones diferentes. 

A pesar de esto, en el año 2009, el presidente de la Federación Japonesa de Judo, Uemura Haruki, también se hizo cargo de la dirección del Instituto Kōdōkan, de modo que la división de poderes de ambas organizaciones se convirtió en algo meramente nominal. Esta es la razón principal por la que no han respondido con prontitud a los problemas a nivel competitivo, a los accidentes, y de que no se discuta la situación con franqueza. Además, también se ha reportado la existencia de gastos no contabilizados. La supresión del monopolio del poder se considera como la clave para superar esta crisis y se está concentrando la atención en cómo se desarrolla el asunto.

Por otro lado, a pesar de la actual crisis, se siguen celebrando torneos habitualmente en todo el país. El mundo del judo japonés cuenta con muchos buenos instructores y entrenadores. Cuando se lleve a cabo decididamente la reforma de la organización, el mundo del judo japonés superará la crisis. No tengo ninguna duda.

(Escrito el 13 de marzo de 2013, y traducido al español del original en japonés)

  • [10.05.2013]

Profesor de la Escuela de Posgrado de Artes y Ciencias, Universidad de Tokio. Especialista en Socioeconomía e Historia del Pensamiento Económico. Nació en 1956. Cinturón negro de tercer grado de judo, Presidente del Club de Judo de la Universidad de Tokio. Es el autor de varios libros, entre los que destacan: Budō o ikiru (Vivir las artes marciales; NTT, 2006), Kokusai kyōsōryoku to iu gensō (La ilusión de la competitividad internacional; NHK, 2011), Keinzu to Haieku (Keynes y Hayek; Kōdansha, 2011).

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