La problemática del modelo de empleo japonés

Hamaguchi Keiichirō [Perfil]

[17.09.2013] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية |

El pasado 5 de junio el Comité para la Reforma Regulatoria del gobierno japonés propuso enmendar la regulación sobre contratación de empleados fijos. El experto en política laboral Hamaguchi Keiichirō analiza los problemas del modelo de empleo fijo tradicional japonés, basado en la membresía, y defiende la adopción del modelo basado en el puesto de trabajo.

Los numerosos problemas laborales que experimenta Japón en la actualidad, como el insólito proceso de búsqueda de empleo de los estudiantes universitarios, la falta de conciliación entre la vida personal y laboral de los trabajadores fijos o las dificultades de los trabajadores irregulares, son todos males endémicos del peculiar sistema de empleo japonés.

El empleo fijo se basa en la membresía

En otros países, las personas con un empleo que cumple las tres condiciones de ser a tiempo completo, de período indefinido y con contratación directa se consideran trabajadores fijos. Sin embargo, la ley japonesa dicta que un trabajador no se considera fijo a menos que “el contenido y las funciones del trabajo… estén sujetos a cambios durante todo el período de contratación, hasta la finalización de la relación laboral” (disposición número 8 de la Ley sobre el trabajo a tiempo parcial). Los contratos laborales no suelen incluir la descripción del puesto de trabajo ni de las condiciones y, aun cuando las incluyen, la normativa laboral suele permitir que el empleador las modifique.

En el sistema de empleo fijo japonés el contrato no limita las funciones, las horas ni la ubicación del trabajador, pudiendo estas modificarse a voluntad del empleador. El trabajador, por su parte, acepta estas condiciones para pasar a ser miembro de la “comunidad” que representa la empresa. En este sentido, me refiero al sistema de empleo japonés como un “sistema basado en la membresía”, en contraste con el sistema generalmente adoptado en otros países, que define por contrato las funciones, las horas y la ubicación del trabajador, al que me refiero como un “sistema basado en el puesto de trabajo”. En el sistema basado en la membresía, los trabajadores fijos no tienen derecho a limitar sus funciones, negarse a trabajar horas extras ni rechazar el traslado a lugares lejanos (los tres casos tienen precedentes dictaminados por el Tribunal Supremo).

A cambio de aceptar las condiciones expuestas arriba, los empleados fijos ganan la limitación del despido por “regulación de empleo” —cesación del empleado cuando su puesto o función deja de existir—, que en Occidente constituye la causa más legítima de despido. Si el contrato limita las funciones y la ubicación del trabajador, por un lado el empleador no puede modificarlas unilateralmente, pero por el otro, cuando la función del trabajador deja de existir, el trabajador tampoco puede exigir que se le asigne un nuevo puesto. Para que el trabajador pueda ejercer tal derecho, es necesario que el empleador tenga también el derecho de reubicarlo en cualquier otro momento. Es decir, al aceptar la falta de limitaciones de su contrato, los trabajadores del sistema japonés basado en la membresía también aumentan las posibilidades de conservar su empleo aunque su puesto deje de ser necesario, ya que tienen la posibilidad de reubicarse en otros puestos dentro de la misma empresa. Esta es la base del mundialmente famoso “sistema de empleo de por vida” japonés.

En consonancia con este sistema de empleo en el que el contrato da carta blanca al empleador, el proceso de contratación en Japón también es totalmente distinto al de los países occidentales. En lugar de contratar a personas que poseen las cualificaciones necesarias para un puesto concreto, las empresas japonesas reclutan a sus futuros empleados mientras todavía están estudiando, seleccionando a los que muestran el potencial de llevar a cabo cualquier tarea que se les encomiende y contratándolos inmediatamente después de terminar la universidad. Se trata de una práctica generalizada en Japón que no se lleva a cabo en ningún otro país.

Este sistema de contratación en masa de recién licenciados no permite a las empresas evaluar las capacidades de los empleados potenciales según sus cualificaciones como sucede en otros países, por lo que se acaban limitando a seleccionarlos por su “entusiasmo” y su “capacidad”. En los últimos años los universitarios japoneses empiezan a buscar trabajo más de un año antes de licenciarse, pero en realidad sus esfuerzos no se centran encontrar un trabajo concreto, sino en entrar como miembros en una empresa.

Boom del empleo irregular a partir de los noventa

Los que logran convertirse en trabajadores fijos en el sistema japonés están obligados a trabajar sin ninguna limitación en sus funciones, horarios y ubicación, pero a cambio tienen su empleo garantizado aunque su puesto desaparezca gracias a la reubicación dentro de la empresa. Hasta hace al menos veinte años, este intercambio de privilegios entre la empresa y el trabajador se aceptaba a nivel macro en Japón, y en general no generaba descontento. No obstante, desde la década de los noventa las empresas han ido pasando del sistema basado en la membresía a un sistema más elitista en el que la contratación de empleados fijos se ha reducido notablemente. De este modo los recién licenciados, que antaño hubiesen salido de la universidad con un empleo fijo garantizado, se han visto obligados a aceptar empleos irregulares con sueldos bajos y poca estabilidad.

El empleo irregular ya existía antes de los noventa, pero consistía sobre todo en el trabajo a tiempo parcial de las amas de casa para aportar unos ingresos extras a la familia y el trabajo temporal de los estudiantes, sin que representase ningún problema social. El problema surgió cuando los jóvenes empezaron a verse obligados a trabajar en empleos irregulares para ganarse la vida. Como la contratación de empleados fijos en Japón prácticamente se limita a la contratación en masa de recién licenciados, los que terminaron sus estudios en la actual “era glacial del empleo” y no lograron un empleo fijo al licenciarse se quedaron atrapados en empleos irregulares para toda la vida, lo que sí constituye un problema más grave. Los trabajadores irregulares, que solían representar menos del 20% de la mano de obra, son ahora casi el 40%.

Para intentar solucionar el problema, el año pasado la Ley de contratación laboral incluyó una enmienda que especifica que los trabajadores con un contrato de duración determinada que se renueve durante más de cinco años pueden pasar a tener contrato indefinido, pero eso no les garantiza convertirse en empleados fijos en el sentido japonés. Aunque su contrato tenga un período indefinido, sus funciones, horarios y ubicación siguen estando limitados. En ese sentido, adquieren una situación laboral equivalente a la de los empleados fijos de los países occidentales.

La transición del empleo basado en la membresía al empleo basado en el puesto de trabajo

Soy de la opinión de que deberíamos promover esta nueva forma de empleo “basado en el puesto de trabajo”. Así se podría garantizar un sueldo razonable y estable a la generación que quedó atrapada en el empleo irregular y se acerca a la madurez. Eso sí, como esos trabajadores no podrían beneficiarse de la reubicación dentro de la empresa, se verían expuestos al despido en caso de que su puesto dejase de ser necesario. Para amortiguar este problema a nivel macrosocial, sería imprescindible establecer un mecanismo de mercado laboral externo que está muy poco desarrollado en Japón: el mecanismo para transferir empleados entre empresas. Un primer requisito para lograr este objetivo sería desarrollar un sistema de certificación de aptitudes profesionales que sea válido en cualquier empresa.

El establecimiento del sistema de empleo basado en el puesto de trabajo ofrecería una alternativa excelente para los que hasta ahora han aceptado a regañadientes las condiciones del empleo fijo sin limitaciones porque el empleo irregular tampoco les convencía. Esta opción, que permitiría disfrutar de un empleo estable y conciliar la vida personal y la laboral, sería muy celebrada por las personas que no pueden dedicar toda su vida a la empresa, como las mujeres con hijos pequeños, que hasta ahora han tenido que elegir entre los extremos del empleo fijo basado en la membresía y el empleo irregular.

A pesar de todo, el concepto del empleo basado en la membresía está muy firmemente arraigado en el pensamiento de los japoneses, y las propuestas a favor del modelo de empleo basado en el puesto de trabajo chocan contra la férrea oposición de los sindicatos y los partidos políticos que dependen de ellos. Una parte de esta oposición nace del mero rechazo al cambio por conservadurismo, pero la otra parte se basa en argumentos sólidos.

La idea del empleo fijo basado en el puesto de trabajo es una propuesta que ya lanzaron los burócratas laborales hace algunos años y en aquel entonces no provocó ninguna oposición. Sin embargo, poco después de que el Partido Liberal Democrático volviese al poder tras las elecciones de 2012 y el primer ministro Abe Shinzō constituyese su segunda administración, el gobierno estableció el Comité para la Reforma Regulatoria y el Comité para la Competitividad Industrial. Cuando los empresarios de estos comités, especialmente los del segundo, hicieron campaña para ampliar la libertad de despido de personal de las empresas, el modelo de empleo fijo basado en el puesto de trabajo se presentó como sustituto del modelo actual. Eso fue en parte lo que despertó la desconfianza de los sindicatos para con esta propuesta de modelo laboral.

Aunque el informe emitido por el Comité para la Reforma Regulatoria no lo mencionaba, en las notas de las reuniones del Comité aparece repetidas veces la opinión de que el mal rendimiento debería considerarse motivo de despido para los trabajadores con empleo fijo basado en el puesto de trabajo, aunque su puesto de trabajo siga existiendo. La introducción del despido por mal rendimiento es un tema aparte del de establecer un modelo de empleo fijo basado en el puesto de trabajo; resulta lógico, pues, que este tipo de modelo laboral suscite rechazo si se promueve con la intención velada de facilitar el despido a las empresas.

Por el momento, el debate sobre la reforma laboral no se ha decantado hacia la buena dirección, y la mayoría de los sindicatos y partidos políticos siguen considerando inaceptable el despido por regulación de empleo, un argumento propio de la singular lógica japonesa que en Occidente no aceptarían ni siquiera los sindicatos.

El modelo basado en la membresía, base para la mala praxis de las “empresas negras”

Me declaro abiertamente defensor del modelo de empleo fijo basado en el puesto de trabajo y, aunque me preocupa la reciente evolución de los hechos, creo que a medio o largo plazo este modelo de empleo se generalizará en Japón. Los “buenos tiempos” en que el empleo fijo basado en la membresía, sin funciones, horarios ni ubicación delimitados, era la norma constituyeron una época en la que imperaba el modelo familiar con una única fuente de ingresos, en el que el padre de familia mantenía a la mujer y los hijos, mientras que estos desempeñaban trabajos temporales o a tiempo parcial como fuente de ingresos complementaria. Han pasado ya casi treinta años desde que se aprobase la Ley para Asegurar la Igualdad de Oportunidades y de Tratamiento del Empleo entre los Hombres y las Mujeres, y Japón no puede aferrarse a su modelo tradicional para siempre.

El actual problema de las llamadas “empresas negras”, entidades que explotan a sus empleados y les obligan a hacer jornadas interminables, también tiene sus raíces en el modelo de empleo basado en la membresía. Estas empresas aplican el modelo japonés a la hora de exigir a los empleados que trabajen sin limitaciones, pero sin ofrecerles a cambio la seguridad de conservar el empleo de por vida. Considerando el contexto laboral actual, podemos aventurar que el fenómeno de las “empresas negras” se debe a la aplicación del modelo de empleo basado en la membresía en un momento en que la tendencia es contratar cada vez menos empleados fijos.

(Traducido al español del original japonés, redactado el 18 de junio de 2013)

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  • [17.09.2013]

Director de investigación del Instituto Japonés de Política Laboral y Formación. Especialista en legislación laboral. Tras licenciarse en Derecho por la Universidad de Tokio en 1983, inició su carrera en el antiguo Ministerio de Asuntos Laborales, donde ocupó cargos como el de primer secretario de la Misión de Japón en la Unión Europea y el de investigador adjunto en la Oficina de Investigación sobre Sanidad, Trabajo y Bienestar de la Cámara Baja del Parlamento. También ha ejercido como docente en la Escuela de Postgrado de Derecho de la Universidad de Tokio y en el Instituto Nacional de Postgrado de Políticas Públicas. Ocupó su puesto actual en agosto de 2008. Sus publicaciones incluyen Atarashii rōdō shakai: koyō shisutemu no saikōchiku he (La nueva sociedad laboral: hacia la reconstrucción del sistema de empleo; Iwanami Shinsho, 2009) y Nihon no koyō to rōdōhō (El sistema de empleo y la legislación laboral en Japón; Nikkei Bunko, 2011).

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