La familia japonesa: valores cambiantes en un sistema inmóvil

Senda Yuki [Perfil]

[01.11.2013] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

El sistema que envuelve la familia y la realidad familiar en Japón está firmemente arraigado en la tradición y no muestra la evolución del resto de los países desarrollados. La ley no reconoce la conservación de apellidos distintos en parejas casadas ni el matrimonio homosexual, y son pocos los hijos nacidos fuera del matrimonio. Senda Yuki, profesora de la Universidad de Musashi, analiza el porvenir del concepto de familia japonés y su incipiente transformación.

Hace poco, hablando con una amiga estadounidense, me comentó que un amigo común se acababa de casar. “¿Cómo? ¿Pero no era gay?” —le pregunté. A lo que me respondió, extrañada por mi reacción: “Claro que lo es. Por eso se ha casado con un hombre”. Esta anécdota me hizo ver que, a pesar de ser especialista en sociología de la familia, sigo atrapada en la visión japonesa tradicional de la misma.

Gracias a la investigación estoy perfectamente al tanto de la existencia del matrimonio homosexual y el sistema de unión civil. Sin embargo, en Japón el concepto del matrimonio homosexual resulta tan ajeno que ni siquiera me vino a la mente mientras hablaba con mi amiga. (A pesar de que la ley japonesa no reconoce todavía el matrimonio homosexual, algunas parejas homosexuales utilizan la adopción para obtener el reconocimiento legal de su convivencia).

El rígido sistema matrimonial como causa de la baja natalidad

El sistema familiar está profundamente arraigado en la cultura japonesa. Y el matrimonio homosexual no es lo único que queda excluido de ese sistema: la ley tampoco permite que los cónyuges tengan apellidos distintos. De hecho, el pasado mayo el Tribunal Regional de Tokio rechazó una alegación de inconstitucionalidad de esta disposición que obliga a las parejas casadas a compartir el apellido.

En Japón tan solo un 2% de los niños nacen fuera del matrimonio. Se trata de una cifra que destaca en contraste con las de Francia y el norte de Europa, que supera el 50%, o la de Estados Unidos, que alcanza un 40%. Además, el Código Civil de Japón establece que los hijos nacidos fuera del matrimonio solo tienen derecho a heredar la mitad del patrimonio al que tienen derecho los hijos nacidos dentro de la unión matrimonial.(*1)

Este sistema matrimonial tan rígido es sin duda una de las causas del descenso de la natalidad en Japón, que constituye uno de los problemas más graves a los que se enfrenta el país.

En los años ochenta la palabra “DINKs” (del inglés double-income, no-kids, ‘dos sueldos, sin niños’) tuvo una gran resonancia, pero la realidad es que en Japón la mayoría de las parejas casadas tienen hijos(*2), y son pocas las parejas que optan voluntariamente por no tenerlos. La idea de que una pareja casada pueda disfrutar de la vida conyugal nunca ha llegado a penetrar en la sociedad japonesa. Más bien al contrario: el matrimonio se considera un sistema de obligación conyugal que implica renunciar a muchos de los privilegios individuales, como el de la libertad sexual. Tener hijos es, de hecho, el único privilegio que se adquiere con el matrimonio.

Hoy en día uno de cada cuatro matrimonios en Japón se celebra por motivo de un embarazo accidental, lo que se conoce coloquialmente como dekichatta kon (matrimonio de penalti). Asimismo se puede afirmar que, para la mayoría de las parejas japonesas, tener hijos es el motivo principal para contraer matrimonio.

La pasividad del gobierno frente a la crianza de los hijos

A pesar de que tener hijos es el objetivo principal del matrimonio para la mayoría de los japoneses, el gobierno se muestra indiferente ante las necesidades que implica la crianza de los niños.

Cuando el modelo empresarial japonés empezó a derrumbarse en la década de los noventa, se vino abajo también el modelo familiar del cabeza de familia en el que el marido es el que “gana el pan” en casa y mantiene a la esposa. En la primera década de este milenio el número de familias con dos sueldos superó al de las familias con una única fuente de ingresos.

El estallido de la crisis económica mundial en 2008 hizo que el número de mujeres que se ven obligadas a trabajar se disparase, provocando a su vez un súbito aumento del número de niños en lista de espera para los jardines de infancia. Que dichas listas de espera sigan creciendo a pesar de que la tasa de natalidad sigue encogiendo año tras año es aparentemente un contrasentido.

En Japón el término shūkatsu (abreviatura de shūshokukatsudō, ‘actividades de búsqueda de empleo’) ha inspirado términos similares como konkatsu (‘actividades para encontrar pareja para casarse’) o rikatsu (‘actividades y trámites para preparar el divorcio’). Siguiendo esta tendencia de creación neológica, últimamente se ha acuñado también el término hokatsu (‘actividades para encontrar un jardín de infancia para los hijos tras dar a luz o incluso durante el embarazo’), que refleja la dificultad cada vez mayor que supone encontrar plaza en los jardines de infancia.

Críticas al sistema para la crianza de los hijos del gobierno de Abe

En vistas de las enormes dificultades para encontrar plaza en los jardines de infancia y para conciliar la vida familiar y profesional, es normal que la mayoría de las mujeres solteras japonesas no desee seguir trabajando tras casarse ni tampoco tener hijos. Además, las que deciden tener un primer hijo y comprueban el agotador esfuerzo que supone tienden a desistir de la idea de tener más. En este contexto parece improbable lograr que aumente la tasa de natalidad.

El actual gobierno del Partido Liberal Democrático, con Abe Shinzō a la cabeza, ha anunciado que va a reforzar la educación para los niños de a partir de tres años de edad. Además, ha propuesto ampliar la baja por cuidado de hijos a tres años a través de la política llamada “de abrazos ilimitados”, para que los padres puedan cuidar de sus hijos durante esa etapa. Según el gobierno, esta medida permitiría prescindir de las ayudas públicas para el cuidado de los niños de hasta tres años, que requieren una inversión muy superior a la que se requiere para los niños a partir de esa edad.

Sin embargo, ¿sería viable la reincorporación laboral de los empleados tras un período de baja tan prolongado? Además, de buen seguro habrá quien no pueda permitirse utilizar ese período de baja y desee regresar al trabajo tras el nacimiento del hijo. Este tipo de consideraciones levantan copiosas críticas contra la política gubernamental.

Por otro lado, el gobierno ha propuesto un objetivo numérico para aumentar la presencia femenina en los altos cargos, con el que pretende que las mujeres lleguen a ocupar al menos el 30% de los puestos directivos de todos los sectores para el año 2020. Sin embargo, este objetivo no se acompaña de ningún medio concreto para alcanzarlo.

El cambio de la opinión social sobre las madres solteras

Hace poco la patinadora Andō Miki tuvo una hija estando soltera. La noticia obtuvo una gran resonancia en los medios de comunicación, generando todo tipo de especulaciones sobre la identidad del padre. La Federación de Patinaje de Japón declaró haber recibido críticas que ponían en duda que la Federación proporcionase una educación sexual adecuada a sus patinadores. Cabe apuntar que Andō Miki tiene ya 25 años.

Una revista realizó una encuesta que preguntaba a los lectores cosas como “¿Apoya la decisión de Andō Miki de ser madre?” y “¿Está de acuerdo con su intención de participar en los Juegos Olímpicos mientras cría a su hija?”. Esta encuesta atrajo numerosas críticas y terminó por cancelarse. Posteriormente un programa televisivo lanzó otra encuesta por Internet para preguntar a los telespectadores si deseaban conocer la identidad del padre.

Tal y como se intuye a partir de la polémica generada en torno a la maternidad de Andō Miki, la sociedad japonesa sigue mostrando un fuerte rechazo hacia el hecho de que una mujer soltera tenga hijos. Lo que me sorprendió, en cambio, fue que aparecieran numerosas personas críticas con ese punto de vista, que emitían opiniones del tipo “Nadie debe meter las narices en el estilo de vida de los demás”, o “El linchamiento público sin base alguna resulta deplorable. Me declaro firmemente a favor de la elección vital de Andō Miki”. Estas reacciones, que hubiesen sido impensables hace veinte años, me conmovieron profundamente.

Un cambio drástico llegará también a Japón

No cabe duda de que la conciencia social está cambiando en Japón. Aun así, la familia sigue constituyendo una institución extremadamente inflexible. Cuando los japoneses se harten de la inflexibilidad de esa institución y empiecen a convivir y tener hijos sin contraer matrimonio legalmente, la familia japonesa sufrirá una avalancha de transformaciones.

El sistema laboral de empleo vitalicio garantizado para los hombres, que se considera una característica exclusiva de la cultura japonesa, se ha venido desmoronando desde los años ochenta. Asimismo en los noventa las normas sexuales tradicionales empezaron a disolverse, hasta el punto de que en la actualidad las personas solteras gozan de una libertad sexual destacable. Estos cambios se produjeron de forma casi instantánea.

Incluso un país tradicionalmente católico como Francia ha creado alternativas al matrimonio, como el pacto civil de solidaridad o PACS, que confiere prácticamente los mismos derechos que el matrimonio legal. También en Japón, donde la religión tiene una influencia muy reducida en la vida cotidiana, la situación cambiará drásticamente cuando llegue el momento.

(Traducido al español del original japonés redactado el 6 de agosto de 2013)

Fotografía: actuación de Andō Miki en la exhibición de patinaje sobre hielo celebrada el 6 de julio de 2013 en Fukuoka (imagen cedida por Nikkan Sports/Aflo)

(*1) ^ El pasado 4 de septiembre el Tribunal Supremo de Japón sentenció la anticonstitucionalidad de esta disposición.

(*2) ^ Según el Estudio de Fertilidad Nacional realizado en 2010 por el Instituto Nacional de Población e Investigación de la Seguridad Social, solo un 6,4% de las parejas que llevan entre 15 y 19 años casadas no tienen hijos.

  • [01.11.2013]

Nacida en 1968 en Osaka. Se doctoró en la Escuela de Postgrado de Humanidades y Sociología de la Universidad de Tokio en el año 2000. Ocupó su puesto actual como profesora en la Universidad de Musashi en 2008, tras ejercer como profesora asociada en la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio. Sus publicaciones incluyen Nihongata kindai kazoku: doko kara kite doko e iku no ka (La familia japonesa contemporánea: ¿de dónde viene y hacia dónde va?; Keisōshobō, 2011) y Joseigaku / Danseigaku (Estudios de la mujer / Estudios del hombre; Iwanami Shoten, 2009). También publica sus reflexiones en su blog y en Twitter.

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