La “zombificación” de la agricultura japonesa

Gōdo Yoshihisa [Perfil]

[24.03.2014] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

La agricultura es uno de los pilares de la nueva política económica del gobierno japonés. Sin embargo, el descenso en las técnicas de labranza y la dependencia que los nuevos agricultores tienen de los subsidios están arrastrando al sector agrario a un fenómeno de “zombificación”. El profesor de la Universidad Meijigakuin, Gōdo Yoshihisa, nos ofrece algunas claves.

De un tiempo a esta parte entre la sociedad japonesa ha surgido un fenómeno extraordinario llamado el “boom agrícola”, que glorifica la agricultura nacional. Si uno entra en cualquier librería verá fácilmente que hay una sección de agricultura donde pueden encontrarse un sinfín de libros con títulos llamativos del estilo Agricultura rentable o El milagro de la agricultura. Igualmente, se producen y distribuyen películas sobre este mismo tema.

En el mundo rural la realidad es bien distinta y está produciéndose un fenómeno que no podemos más que llamar “zombificación” de la agricultura japonesa. Es decir, ha aumentado el número de agricultores que no disponen de habilidades adecuadas para la labranza, que no piensan en armonía con el entorno natural y que por consiguiente solo consiguen productos de baja calidad. Al parecer, para ser agricultor basta con tener un conjunto de maquinaria agrícola, colaborar con los profesionales de la industria y el comercio, y profesar la agricultura orgánica. La realidad es que estos nuevos agricultores no albergan la esencia de la agricultura. Irónicamente, además, la desacertada reforma de la política agrícola del gobierno está espoleando la “zombificación” del sector. En el siguiente artículo me gustaría ofrecer una visión de esta “zombificación” que está avanzando en la cara oculta del “cuento de hadas” de la agricultura japonesa, y sobre los problemas estructurales de la sociedad japonesa que subyacen a esto.

El declive en las técnicas para el cultivo

En los últimos años han proliferado los planteamientos sobre la agricultura desde diversos ámbitos. Sin embargo, el contenido de estos planteamientos versa sobre la apuesta por la gestión agrícola a gran escala, entre otras cuestiones, donde sale a la luz la confusión que existe entre la industria manufacturera y la agricultura. La industria fabril depende de la producción artificial de energía mediante combustibles fósiles como el petróleo, y la actividad productora se controla en espacios construidos como las fábricas. En estos casos, es adecuado describir el proceso de cada tarea en un manual, y producir a gran escala para optimizar el uso de la maquinaria.

En la agricultura, en cambio, la principal fuente de energía es la luz del sol, que se extiende por toda la superficie de cultivo de forma homogénea. Es una actividad productiva que se realiza siempre en un entorno natural, el terreno agrícola, y por tanto está sometida a los efectos de la climatología y la configuración del campo cultivable. Por este motivo, la producción a gran escala no siempre resulta beneficiosa. A decir verdad, en distintas partes de Japón se están sucediendo problemas administrativos en las grandes explotaciones agrarias tanto de particulares como de corporaciones agrícolas. Las economías de escala son aplicables a la agricultura basada en la explotación del entorno natural y a aquella que requiere de la producción intensiva de energía con combustibles fósiles, pero estos tipos de actividad son propias del Nuevo Continente y no son adecuadas para Japón.

Si queremos discutir sobre la agricultura de manera realista, es necesario que conozcamos sus principios más básicos. Pese a que la agricultura significa cultivar alimentos para el consumo, los agricultores no hacen más que disponer las condiciones propicias para favorecer que los alimentos crezcan de manera natural mediante la fotosíntesis. Dicho de otra forma, es comparable al papel que desempeña un profesor de escuela que mira por el desarrollo de los alumnos: del mismo modo que una educación rígida y uniformada podría cohibir al menor y tornarlo violento, si se abusa de la “agricultura de manual”, esta no podrá adaptarse a las variaciones en el entorno natural, y probablemente la calidad del cultivo termine por deteriorarse. La industria es un mundo de tecnología, que depende de la estandarización del proceso de producción mediante manuales. La agricultura, en cambio, es un mundo de complicadas habilidades que no pueden ser simplificadas en directrices de manual.

Durante la primera mitad del periodo de crecimiento económico en Japón, en distintos rincones del país existían agricultores con excelentes habilidades para el cultivo. Estos se diferenciaban del tipo de agricultor de antaño que dependía de su experiencia en la búsqueda de la autosuficiencia. Al mismo tiempo, coincidiendo con la aparición de nuevas variedades de productos y de mejores herramientas para la labranza gracias al desarrollo de industrias como la bioquímica, y el mejor acceso a las zonas alejadas con la mejora del transporte y las comunicaciones, con el consecuente aumento de la demanda por parte de los consumidores, surgió la necesidad de abastecer cada vez más. Para poder cultivar eficientemente los productos agrícolas en esta dura época de cambio se hizo imprescindible tener amplios conocimientos científicos. Estos conocimientos, unidos al aprendizaje continuo por ensayo y error, permitieron a los agricultores mejorar sus habilidades.

Los agricultores con excelentes técnicas son aquellos que se asemejan a artesanos, que son flexibles en la forma en la que cultivan mientras mantienen una comunicación con los productos de la tierra. Además, pueden minimizar los costes gracias a su habilidad para saber con precisión, por ejemplo, cuándo van a eclosionar los huevos depositados por los insectos, reduciendo así la necesidad de proteger el cultivo de posibles plagas (a menudo sencillamente usando agua caliente). Estos agricultores trabajan en armonía con la naturaleza y saben afrontar con entereza las fluctuaciones del tiempo, y por ello producen alimentos saludables y con un alto contenido nutricional.

Por desgracia, la técnica de los agricultores japoneses está en pleno declive, y hay tres razones principales de que esto sea así: la primera es el caótico uso del terreno. Las comunidades agrarias japonesas utilizan sistemas de irrigación compartidos, por lo que incluso si una pequeña minoría de agricultores hace un uso inapropiado del agua, toda la comunidad se verá afectada. Además, sólo con que una pequeña fracción del área cultivada quede infestada o enferme, el daño se extenderá rápidamente. En años recientes las lagunas en las regulaciones de los terrenos agrarios se han multiplicado, y el terreno para cultivo se ha estado usando cada vez más para otros propósitos como la desgravación de impuestos o para la construcción de vivienda en el futuro. Hay asimismo cada vez más personas que comienzan en la agricultura sin tener una preparación adecuada, y que ignoran las reglas más básicas sobre el uso del terreno y del agua. Tanto los propietarios de terrenos que no los utilizan para el cultivo y los nuevos agricultores con una pobre preparación se convierten en lastres para las comunidades agrarias. La segunda razón de este declive en las habilidades para el cultivo es la creciente y cada vez más compleja red de subsidios a la agricultura. En estas circunstancias, sería más rentable para los agricultores recibir las ayudas del gobierno que cultivar mejores productos, lo que desanimaría a muchos a mejorar sus habilidades. La tercera razón es la confianza del consumidor en la publicidad. Cada vez se cocina menos en casa, y las personas tienen menor capacidad para distinguir los alimentos bien producidos de los malos. El resultado es que terminan por confiar en etiquetas del tipo “orgánico” cuando hacen la compra. La agricultura orgánica que no esté acompañada de buenas técnicas de labranza afecta al medio ambiente y el resultado son productos de mala calidad. Pero los agricultores se encuentran en una situación en la que les es más rentable mejorar sus tácticas comerciales que sus habilidades para el cultivo.

Los “cuentos de hadas” espoléan el declive de la agricultura

De esta forma, en la agricultura japonesa se está viviendo un serio deterioro de las técnicas de cultivo. Aun así, como he mencionado arriba, en medio de este boom agrícola la sociedad japonesa está ignorando los problemas reales, y el sector financiero también está encandilado con los “cuentos de hadas” de la agricultura. Ha habido un sinfín de propuestas en las que se asegura que la agricultura japonesa puede crecer ampliamente si continúa generalizándose el cultivo a gran escala, la desregulación que permite a las corporaciones participar en este sector y el refuerzo de los lazos con el comercio y la industria. Además, desde el mundo de los negocios se hacen peticiones continuamente para visitar invernaderos que utilizan alta tecnología como luz artificial o hidroponía.

Esta fábula sobre la agricultura comenzó a acaparar la atención de muchos hace aproximadamente una década, coincidiendo con el momento en el que se hizo evidente que el comercio y la industria japonesa estaban viviendo un estancamiento. Años atrás el comercio y la industria japonesa acaparaban la atención del mundo por su milagroso crecimiento. Sin embargo, al estallar la burbuja financiera al comienzo de la década de 1990, el país tuvo que afrontar una larga época de recesión. Ya en la primera década del 2000, el primer ministro Koizumi Jun’ichirō se marcó como objetivo superar esta situación mediante lo que se vino a denominar la Koizumi kaikaku (reforma Koizumi) basada en la desregulación, una política que condujo a una excesiva competitividad, entre otros problemas que llegaron para quedarse tras su renuncia en el año 2006. Por otra parte, en 2010 China, país vecino del este asiático, arrebató a Japón la segunda posición en la lista de los países con mayor PIB, comenzando a amenazar la hegemonía de Japón en el comercio y la industria. Es probable que el “boom agrícola” surgiese de una mezcla de frustración y voluntad de huir de la situación por parte de los japoneses, que deseaban encontrar algún campo de la economía japonesa del que sentirse orgullosos.

En el caso de la agricultura, al contrario que en la industria manufacturera, es complicado recurrir a la estandarización para la elaboración de productos, y añadiendo a esto los costes de transporte, es difícil que los productos nacionales sean rápidamente sustituidos por los productos importados incluso habiendo perdido competitividad. En realidad, China y otros países de Asia han aumentado su competitividad en este sector, aunque eso es aún difícil de apreciar en el mercado japonés. En la década de 1930 los japoneses idealizaron su visión de Manchuria (en el noreste de China) como la tierra prometida sin conocer realmente lo que allí estaba ocurriendo. Hoy, al igual que entonces, la población tiene una visión idealizada de la agricultura japonesa sin saber (¿o acaso sin querer saber?) la realidad de este sector.

En la actualidad el comercio y la industria han perdido la confianza en su competitividad y, contrariamente a lo que se podría pensar, no se muestran tan entusiastas del libre comercio. Más bien, las empresas que dependen de la demanda interna buscan participar en el sector agrario y crear vínculos con los agricultores para encontrar una salida al excedente de personal que ha derivado de la crisis en su actividad principal. Esa clase de “agricultura precipitada” no suele salirles rentable, pero de alguna forma estos tratan de conseguir subsidios alegando distintos pretextos. Ahora, los sectores comercial e industrial y la agricultura han caído en el mismo saco, y las cámaras de comercio e industria cuelgan a la vista de todos carteles en contra del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) y a favor de la cooperación de estos sectores con la agricultura hasta el punto que uno podría pensar que está visitando una cooperativa agrícola cuando en realidad está visitando una de sus sedes.

Un agricultor principiante puede conseguir productos aparentemente aceptables si dispone de las máquinas adecuadas, incluso si no tiene en cuenta el deterioro de la calidad y la huella ecológica. Durante algún tiempo podrá dedicarse a la actividad, por poco que sea, recibiendo subsidios, celebrando eventos para atraer a los consumidores, elaborando productos con los sabores de moda en un procesador de alimentos, o publicitándolos con distintos ganchos comerciales en la etapa de su distribución. Esto, sin embargo, sólo acelerará el deterioro de la habilidad técnica de los agricultores, haciendo que la agricultura japonesa sea cada vez más débil.

La reforma de la política agraria ignora la realidad

En otro orden de cosas, a los políticos este “boom agrícola” les parece de lo más oportuno. Además de idealizar la agricultura, al prometer una reforma agraria los políticos son capaces de captar el voto de los indecisos, que suelen sentir preferencia por la palabra “reforma”. Además, tratan de convertir en aliados a los representantes más poderosos del sector industrial y comercial para obtener financiación de cara a las elecciones y disponer de personas que puedan coordinar un voto en bloque.

Aunque los números rojos saltan a la vista en las empresas que comienzan en el mundo de la agricultura, los políticos pueden esperar ser recompensados en las elecciones si otorgan subvenciones con el pretexto de la gestión agrícola a gran escala o el impulso de la colaboración entre la agricultura, la industria y el comercio. De este modo, tanto los políticos como la industria y el comercio, además de los agricultores y los consumidores, tratan de “ignorar la herida” por el momento al estar embriagados con los cantos de sirena del “boom agrícola”. Este sería, por así decirlo, un ejemplo de cómo la sociedad japonesa huye de la realidad actualmente.

El primer ministro Abe Shinzō ha identificado las políticas de desarrollo de la agricultura como uno de los pilares básicos de su programa económico, y ha abogado por la abolición de la reducción de la superficie de terreno cultivable (ajuste en la producción de arroz) y la creación de organismos intermediarios de la administración del terreno de cultivo (cajas rurales) como platos fuertes de su reforma agrícola. No obstante, lo cierto es que la reducción de la superficie de terreno cultivable fue abolida de facto hace 10 años. Además, hay sistemas que funcionan como cajas rurales desde hace 40 años, gracias a los que es posible arrendar terrenos pertenecientes a agricultores que han abandonado su actividad o han dejado tierras desatendidas. Probablemente el gobierno escenificará que va a llevar a cabo dicha abolición y la creación de estas cajas rurales según lo que permita la legislación vigente. Esta actitud reformista será suficiente para que los habitantes de las grandes zonas urbanas sigan estando satisfechos con la ilusión del “boom agrícola” sin contrastar con el sistema existente.

Esta escenificación de la reforma agraria hará aún más complejo el sistema de subsidios y la legislación referente a las actividades agrícolas. Es igualmente preocupante que el gobierno de Abe Shinzō proponga expandir los subsidios al cultivo del arroz de baja calidad destinado a la alimentación del ganado, así como relajar la legislación contra el uso no agrícola de la tierra cultivable. Esto propiciará la llegada de personas y empresas sin habilidades para el cultivo (y que tendrán una influencia negativa en los agricultores cercanos), que no trabajan en armonía con el entorno natural, y que sólo obtendrán cultivos de baja calidad. Por el momento a la agricultura japonesa no le queda otra que continuar por la triste senda de la producción de cultivos de baja calidad, gracias al apoyo de los subsidios, y al uso de procesadores de comida y la publicidad que maquilla el aspecto del producto que llega al consumidor.

(Traducido al español del original en japonés escrito el 24 de enero de 2014)

Fuentes de referencia
En japonés:

Gōdo Yoshihisa, Shūnō sanka ga wakamono o tsubusu (Los cantos de sirena de la participación agrícola arruinarán a la juventud, septiembre de 2013, Neppū).

Gōdo Yoshihisa, Nihon nōgyō e no tadashii zetsubōhō (La manera correcta de desesperarse ante la agricultura japonesa, 2012, Shinchōshinshō).

En inglés:

Godo Yoshihisa, “Escape to Dreamland – Manchuria in the Past, Farming Today,” Japan in Their Own Words, English-Speaking Union of Japan (December 14, 2011).

Godo Yoshihisa, “Japan’s Commercial-Industrial Sector Poses Greater Obstacle to Trade Liberalization than the Agricultural Sector,” Japan in Their Own Words, English-Speaking Union of Japan (September 7, 2011).

Godo Yoshihisa, “Realistic Land Survey Must be the Basis of Agricultural Policy Reform,” Japan in Their Own Words, English-Speaking Union of Japan (June 30, 2011).

  • [24.03.2014]

Profesor de la facultad de economía en la Universidad Meijigakuin. Especializado en economía agrícola y economía del desarrollo. En 1984 obtiene la licenciatura en Agronomía en la Universidad de Kioto. Obtiene el doctorado en esta misma materia en el posgrado de la Universidad de Kioto. Entre sus obras destacan Nihon no shoku to nō – kiki no honshitsu – (La alimentación y agricultura en Japón – la esencia de la crisis. 2006, NTT, Premio Suntory y Premio Nikkei BP BizTech), Sayonara Nippon nōgyō (Adiós a la agricultura japonesa. 2010, NHK), y Nippon nōgyō e no tadashii zetsubōhō (La manera correcta de desesperarse ante la agricultura japonesa, 2012, Shinchōshinshō), entre otras.

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