¿Qué hay tras el enredo de las células STAP?
Demasiada pasión por Obokata Haruko

Takeda Tōru [Perfil]

[14.05.2014] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية |

El escándalo de las células STAP ha superado ya las fronteras de la ciencia y está poniendo de relieve ciertas tendencias que subyacen en el ambiente social japonés. Takeda Tōru, experto en Sociología de los Medios de Comunicación y profesor de la Universidad Keisen, aborda los temas que se han perfilado como puntos centrales en este debate.

La investigadora y su personaje

La primera noticia del supuesto éxito obtenido por el Centro de Biología del Desarrollo del Instituto de Investigaciones Científicas RIKEN en la creación de células STAP (del inglés stimulus-triggered acquisition of pluripotency, adquisición de pluripotencia por estimulación) saltó a los medios el 29 de enero de 2014. Anunciaba la aparición un día después en la prestigiosa revista científica Nature de un artículo relacionado, y presentaban a Obokata Haruko, líder del grupo de científicos y principal autora del artículo, así como un avance de su investigación.

Si en las células iPS, por cuya creación el profesor de la Universidad de Kioto Yamanaka Shin´ya obtuvo el Premio Nobel, la pluripotencia era inducida mediante complicadas manipulaciones genéticas, en este caso un simple tratamiento de ácido convertía las células del organismo en células omnipotentes, lo cual causó una fuerte conmoción entre los expertos en medicina y biología. Pero entre el público en general lo que realmente suscitaba interés era el personaje de la joven investigadora.  

El laboratorio que veíamos a través de las imágenes informativas presentaba coloristas paredes en rosa y amarillo, con profusión de figuritas y adornos de la serie de dibujos animados de los Mumins, que Obokata decía coleccionar compulsivamente. Había adhesivos decorativos por todas partes. Nos enteramos también de que la joven investigadora no vestía en sus horas de trabajo la típica bata blanca, sino un delantal para kimono heredado de su abuela, y que en sus horas libres cuidaba con esmero a su mascota, una tortuguita que había sido acomodada en el mismo laboratorio. Allí pasaba Obokata un promedio de más de 12 horas diarias, incluyendo domingos y festivos. Ese era el tipo de informes que nos llegaba de muchos medios.

Obokata Haruko, jefa del equipo científico, muestra su laboratorio a los informadores tras la rueda de prensa de presentación de las células STAP (28 de enero de 2014, Chūō-ku, Kōbe, agencia Jiji).

La estrategia de relaciones públicas del instituto RIKEN

Posteriormente se supo que las informaciones ofrecidas al recibir a los informadores habían sido perfectamente calibradas por otros investigadores del entorno de Obokata y por los responsables de relaciones públicas del instituto RIKEN. Esta forma de ofrecer información podría ser atípica en el mundo de la investigación, pero se ha convertido en un estilo de relaciones públicas ampliamente utilizado. 

En la Guerra del Golfo, que se inició con los bombardeos aéreos sobre Irak del 17 de enero de 1991, el Gobierno y el ejército de Estados Unidos desplegaron al unísono una guerra informativa. Se adoptó entonces la metodología propuesta por Michael Deaver, un hombre que había trabajado como adjunto de Ronald Reagan durante su presidencia. Escarmentados tras la experiencia de la Guerra de Vietnam, cuando la difusión de imágenes de soldados americanos muertos hizo que cundiera un sentimiento antibélico y se hizo muy difícil seguir adelante con la contienda, el Gobierno y el ejército de Estados Unidos dirigieron sus esfuerzos al desarrollo de técnicas de control informativo más efectivas. Para conseguirlo se contrataron los servicios de Deaver, que había trabajado en una agencia publicitaria, quien, basándose en su experiencia en la elaboración de anuncios de alto índice de audiencia, llegó a la conclusión de que sería posible manejar a los medios de comunicación con dos métodos.

El primero consistía en elegir cosas que despiertan un gran interés y formar con ellas paquetes visuales que resulten irresistibles, de modo que pueda garantizarse un alto índice de audiencia. Por poner un ejemplo, se trataba de que el ejército o el gobierno preparase un material visual que pudiera pasar por una de esas historias cortas efectivas y de buen gusto que suelen usarse en los anuncios publicitarios. Luego, ese material sería servido a los medios en cantidades que excedieran totalmente los límites temporales de emisión. Deaver sabía perfectamente que las cadenas de televisión, en encarnizada competencia unas con otras, no podrían permitirse dejar de emitir materiales capaces de conseguir altos índices de audiencia mientras los tuvieran a su disposición. Y si se preparaban estos atractivos materiales en cantidad suficiente para inundar los espacios informativos, incluso sin ejercer ningún tipo de coacción, las televisiones acabarían por no utilizar más que esos materiales.

Una primera versión del “sistema Deaver” de control informativo fue utilizada ya durante la invasión de la isla caribeña de Granada, en 1983. Volvió a usarse en 1989, cuando Estados Unidos invadió Panamá, y nuevamente en la referida Guerra del Golfo, en que el sistema operó a pleno rendimiento.

El material utilizado en este conflicto fueron las imágenes servidas por las cámaras instaladas en los misiles de crucero de precisión utilizados en el primer bombardeo aéreo sobre Bagdad. Volaban por sí mismos en dirección a sus objetivos como si tuvieran voluntad propia, y cuando el objetivo se ponía exactamente en su punto de mira lo alcanzaban y destruían con precisión. Contemplar el ataque desde la perspectiva del misil que se dirige al objetivo era algo nunca experimentado por el telespectador, que no podía apartar la vista de la pantalla ante algo tan inusual. El “sistema Deaver” funcionó a las mil maravillas y se dio la imagen de que aquella era una “guerra limpia” en la que se destruían exclusivamente y con gran precisión instalaciones militares. El telespectador tenía la impresión de estar ante un nuevo tipo de “guerra justa”.  

Ganar es cada vez más importante… también en la ciencia

La metodología utilizada por el instituto RIKEN a la hora de ofrecer información sobre las células STAP está muy en la línea del “sistema Deaver”. Todas las imágenes de la joven y encantadora investigadora con su delantal y su laboratorio rosa eran los elementos visuales perfectos para captar la atención del telespectador. Como era de esperar, las cadenas de televisión difundieron estas imágenes una y otra vez, enfatizando siempre los rasgos del personaje llamado Obokata Haruko, y los medios escritos no hicieron más que ampliar y reformar esas imágenes con nuevos datos y anécdotas sobre su estilo de vida.

Hay que considerar, entonces, por qué el instituto RIKEN eligió esta forma de publicidad. Hoy en día la necesidad de imponerse a los rivales está calando también en el mundo de la ciencia. Las especialidades científicas de punta, que requieren enormes presupuestos, no existirían si los institutos no pudieran tener acceso a las generosas subvenciones públicas y al mercado de fondos para la investigación. Los institutos tienen que recibir la certificación oficial como centros de investigación prioritarios y recibir las debidas asignaciones presupuestarias, o bien conseguir el patrocinio de alguna empresa. Para ello, lógicamente, deben demostrar que están obteniendo grandes logros, pero también que están consiguiendo un amplio apoyo social, porque los políticos que manejan la política científica y los empresarios, que no siempre son expertos en esas áreas científicas de punta, son sensibles a las tendencias sociales más que a cualquier otra cosa.    

Durante la Guerra del Golfo el Gobierno y el ejército de Estados Unidos se esforzaron por no enemistarse con la opinión pública, y en la investigación en áreas punteras de las ciencias naturales está ocurriendo ahora un fenómeno parecido. En ambos casos el objetivo es obtener el apoyo de la sociedad, así que es inevitable que a la hora de controlar la información se recurra a metodologías similares. Además, en el caso de RIKEN, el rival es el instituto de la Universidad de Kioto dirigido por Yamanaka, un científico que además de haber conseguido el Premio Nobel tiene gran popularidad en el país. No parece incorrecto decir que los responsables de RIKEN se han precipitado en su deseo por forjar un personaje que resulte todavía más querido que Yamanaka.

La verdad sobre las células STAP, la gran relegada

Por algo se dice aquello de “quedar atrapado en sus propias redes”. Eso parece ser lo que les ha pasado. Por lo visto, Obokata ha terminado siendo demasiado querida. Después de la rueda de prensa del 28 de enero, los reportajes se centraron en la vida privada de la investigadora, que acosada por los reporteros ya no podía ir a ningún sitio. Ante la imposibilidad de entrevistarla personalmente, los semanarios iniciaron a regalarnos con los más variados artículos sobre su vida sentimental.

Las ansias de saber más sobre ella se contagiaron a las redes, donde pudimos ver incluso cómo se diseccionaba la tesis doctoral que escribió hace años. Fue así como se descubrió que algunas de las fotografías que aparecían en el artículo publicado en Nature estaban ya en su tesis, donde aparecían en un contexto completamente diferente, y que su trabajo contenía muchas partes que habían sido extraídas de fuentes que no se especificaban y colocadas ahí sin mayor explicación. Se señaló también, acerca del artículo aparecido en Nature, que otras fotografías tenían partes de las que cabía sospechar que habían sido alteradas o manipuladas y esto obligó a RIKEN a organizar una comisión investigadora. El instituto reconoció el día 1 de abril la existencia de irregularidades y su presidente, Noyori Ryōji, anunció en rueda de prensa que se seguirían los trámites propios del caso para pedir a los autores del escrito que lo retirasen.    

En respuesta a esto, Obokata convocó a los medios a una rueda de prensa el día 9 de abril, en la que afirmó que haber usado las mismas fotografías que en su tesis doctoral había sido un simple error, y que los retoques en las fotografías los había hecho para facilitar su apreciación y no malintencionadamente, por lo que no podía consentir que su acción se calificase de manipulación o irregularidad, todo lo cual la llevaba a presentar una protesta formal contra el resultado de la investigación. Siguiendo con el paralelismo entre estos hechos y la Guerra del Golfo, la imagen de Obokata plantando cara en solitario al instituto RIKEN podría compararse con la de Peter Arnett, el único reportero que continuó transmitiendo directamente desde Bagdad para la CNN. Hay que decir, sin embargo, que los informes desde el lugar de los hechos que enviaba Arnett había pasado previamente la censura del régimen de Sadam Husein. Así pues, tanto la información servida por muchos medios controlados mediante el “sistema Deaver” como los informes de Arnett tenían algo de tendencioso y la verdad sobre la guerra se nos escurría entre los dedos.   

La tendencia a mirar desde la óptica de una “historia”

Durante su rueda de prensa, Obokata aseguró entre lágrimas que las células STAP existían, pero solo hizo alguna vaga referencia a posibilidades como la de que una tercera persona hiciera un experimento para corroborar sus tesis. Las cosas podrían cambiar según cómo se desarrollen los hechos a partir de ahora, pero después de la referida rueda de prensa del día 9 y a la vista tanto de la actitud del instituto, que parece dispuesto a cortar sus vínculos con Obokata, como de la postura de los medios, que pese a sostener por ahora su imagen podrían comenzar a tratarla como a una delincuente si se constatase que ha cometido irregularidades, muchos han empezado a compadecerse de la investigadora.

Y esto ocurre, posiblemente, porque contemplamos el asunto dentro del “paquete” de la historia del enfrentamiento entre el instituto RIKEN y Obokata, más que desde un interés específico en la verdad científica.

Ya no podemos sentir interés en la realidad si no es siguiendo el esquema de urdir una historia en torno a un personaje. Dicho de otro modo, nos conformamos con cualquier cosa que nos presenten, con tal de que tenga cierta apariencia de historia. Esto se comprobó perfectamente en el caso Samuragōchi, en el que la verdad quedó velada durante muchos años por la historia del “genial compositor sordo”. Y detrás del escándalo de las células STAP se siente esa misma tendencia mental.

Fotografía de la cubierta: Obokata Haruko, líder de una unidad de investigación del instituto RIKEN, abandona la sala tras la rueda de prensa del 9 de abril de 2014 en un hotel de Osaka (agencia Jiji).

Etiquetas:
  • [14.05.2014]

Profesor de la Universidad Keisen (Sociología de los Medios de Comunicación). Periodista y crítico. Nació en Tokio en 1958. Tras estudiar en el Colegio de Artes Liberales de la International Christian University completó un doctorado en Cultura Comparada en la misma universidad. Ha sido miembro de la Organización para la Ética de la Radiodifusión y el Mejoramiento de la Programación, así como del Comité de Derechos Humanos. Es autor de Ryūkō jinruigaku kuronikuru (Antropología de las modas, una crónica; Nikkei BP, 1999), merecedor del Premio Suntory de Ciencias Sociales y Humanidades, de Genpatsu hōdō to media (Las centrales nucleares y los medios de comunicación; Kōdansha Gendai Shinsho, 2011), etc.

Artículos relacionados
Lo más reciente

Últimos vídeos

Últimas series

バナーエリア2
  • Opinión
  • Detrás de la noticia