La utopía de la tranquilidad: el Gran Terremoto de Hanshin-Awaji y los ataques con gas sarín en el metro de Tokio
La construcción de la confianza en los demás ante una realidad compleja

Takeda Tōru [Perfil]

[04.02.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Han pasado más de dos décadas del Gran Terremoto de Hanshin-Awaji y de los ataques con gas sarín en el metro de Tokio por parte de la secta Aum Shinrikyō (Verdad Suprema). ¿Qué ha cambiado en el corazón de los japoneses en estas últimas dos décadas? Takeda Tōru analiza en el siguiente artículo cómo no es deseable que Japón vuelva a ser una comunidad basada en la tranquilidad que ignora la complejidad de la sociedad.

La pérdida de la confianza en la cotidianidad

El 17 de enero de 1995, murieron 6.343 personas en un terremoto, en Kōbe. Dos meses después, el 20 de marzo, los miembros de la secta Aum dispersaron gas sarín en el interior de un vagón del metro de Tokio, matando a trece personas, y causando todo tipo de perjuicios a más de 6.000. Se podría decir que el año 1995, con su sucesión de desastres, trajo consigo la destrucción de la confianza para la sociedad japonesa.

En este artículo usaremos la definición de confianza que nos da el sociólogo Niklas Luhmann como aquello que disminuye la complejidad. En un pueblo medieval, por ejemplo, las personas con las que uno se cruzaba eran conocidos desde la infancia, podíamos suponer qué pensaban, y casi todas sus respuestas se podían dar por sentadas debido a la costumbre. Sin embargo hoy día, con el avance de esta sociedad urbana en la que aumenta sin cesar el número de veces que nos cruzamos con desconocidos así como la diversidad de valores, resulta cada vez más difícil imaginar qué piensa la persona que tenemos delante. Si nos animamos a preguntarle su opinión quizá no hable nuestro idioma, o si lo hace tampoco sabemos si le da a las palabras el mismo significado que nosotros. El número de interpretaciones que podemos hacer sin investigar sobre nuestro interlocutor se expande, y llega un momento en el que ya no podemos dar nada por supuesto.

Al aumentar así la complejidad en una situación que podríamos definir como una “burbuja de posibilidades”, en la sociedad actual, se hace necesaria la confianza. Si somos capaces de confiar en que la otra persona tenga una forma de pensar similar a la nuestra podremos elegir comportamientos adecuados. De este modo se crea un sistema por el que resulta posible desenvolverse en el mundo, un sistema basado en la confianza y la contingencia.

Dicha confianza se vio quebrantada en los desastres ya mencionados. Cuando los recuerdos del Gran Terremoto de Kantō (1923) ya iban perdiendo nitidez un nuevo temblor sacudió la zona de Kōbe y demostró que incluso una ciudad que había existido en paz hasta la fecha podía ver su día a día reducido a escombros. El atentado del gas sarín hizo pensar a los japoneses que la persona sentada a su lado en el transporte público, aparentemente alguien normal, podía ser un asesino fanático, con lo que se perdió la confianza en el día a día que había estado firmemente arraigada en la sociedad hasta entonces.

Principales incidentes y eventos de 1995

1 de enero Creación de la Organización Mundial del Comercio
17 de enero Gran Terremoto de Hanshin-Awaji
26 de febrero Bancarrota del Barings Bank
20 de marzo Atentado con gas sarín en el metro de Tokio
22 de marzo El Departamento de Policía Metropolitana abre una investigación contra la secta Aum
9 de abril Aoshima Yukio es elegido gobernador de Tokio
19 de abril Atentado contra un edificio federal en Oklahoma City
7 de mayo Jacques Chirac es elegido presidente de Francia
8 de mayo Fallece la cantante taiwanesa Teresa Teng
16 de mayo Arresto del líder de la secta Aum, Matsumoto Chizuo, alias Asahara Shōkō
21 de junio Secuestro de un avión en el aeropuerto de Hakodate
29 de junio Derrumbe del edificio Sampoong en Seúl, con más de 500 muertos
15 de agosto El primer ministro Murayama Tomiichi se disculpa por la ocupación y las agresiones de Japón hacia otros países de Asia
25 de agosto Microsoft lanza su sistema operativo Windows 95
5 de septiembre Francia realiza pruebas nucleares en el Atolón de Mururoa
1 de noviembre Se abre la nueva línea de transporte Yurikamome en Tokio
9 de noviembre Nomo Hideo, lanzador de los Dodgers, de la liga de béisbol estadounidense, recibe el premio al Novato del año
19 de noviembre Cumbre de la APEC en Osaka
23 de noviembre Lanzamiento del Windows 95 en japonés

Una confianza perdida en los desastres, y una complejidad autoevidente

Los años de malestar económico que siguieron a la explosión de la burbuja financiera se suelen denominar “la década perdida”; personalmente creo que la pérdida de confianza causó una influencia sobre la sociedad japonesa mucho más grave que la situación económica. No solo desaparecía el optimismo con el que los japoneses, durante la época de rápido crecimiento económico, se decían a sí mismos que cada día iba a ser mejor que el anterior, sino que fue un periodo en el que la gente empezó a pensar que no sabía lo que podría pasar, y se pasó de un estado de constante derroche a un punto en el que las personas se encerraban en sí mismas para protegerse.

Quizá debamos analizar con mayor detalle esta destrucción de la confianza, que la sociedad japonesa experimentó en extremo. Yamagishi Toshio, por ejemplo, nos habla en su Anshin shakai kara shinrai shakai e (De una sociedad de tranquilidad a una sociedad de confianza; Chūkō shinsho) de la diferencia entre la “tranquilidad”, como estado mental en el que se olvida la complejidad, y la “confianza” como el estado en el que se reduce dicha complejidad intencionadamente ante una premisa de incertidumbre. Si volvemos al ejemplo del pueblo medieval, el Japón de la posguerra seguía contando con una población muy homogenea pese a hallarse en un estado avanzado de desarrollo, y todos los japoneses olvidaban la incertidumbre, sumidos en la ilusión de ser todos iguales. Se trataba de una “sociedad de tranquilidad”, pero a raíz de los desastres se vio forzada a darse cuenta de su creciente diversidad, y con ello perdió dicha tranquilidad.

O tal vez sea más correcto decir que la sensación de tranquilidad había comenzado a perderse antes de aquellos incidentes. Shimada Hiromi, experto en teología, ha analizado los motivos de la aparición de Aum en el paulatino colapso de las comunidades de posguerra en su obra Aum – naze shūkyō wa terorizumu wo unda no ka (Aum – las razones por las que la religión dio lugar al terrorismo; Transview). Al colapsarse la comunidad la gente se ve obligada a enfrentarse a la realidad de una sociedad compleja, y el alma del individuo, incapaz de soportar la carga emocional, no puede evitar buscar algún tipo de salvación. Según él, la secta Aum se convirtió en recipiente para este tipo de “almas perdidas”. Y sin embargo en el atentado de la secta Aum los creyentes, sensibles a esa pérdida de la tranquilidad, fueron utilizados por la secta para esparcir el gas sarín, creyendo que lo hacían para proteger la doctrina Aum y su propia comunidad, y al hacerlo la destrucción de la tranquilidad se extendió por toda la sociedad.

La diferencia fundamental entre el atentado contra Charlie Hebdo y el caso de Aum

El atentado terrorista que se cobró las vidas de doce trabajadores de la redacción de Charlie Hebdo, en París, causado también por motivos religiosos (la publicación de un cómic en el que se hacía burla del islam) es, aunque también basado en el fundamentalismo religioso, completamente diferente del incidente de la secta Aum. Ikeuchi Satoshi, profesor asociado de la Universidad de Tokio, escribió en su página de Facebook una entrada impactante, de palabras que parecían casi susurradas, en mitad de una tormenta de solicitudes de comentarios por parte de los medios de comunicación debido a su calidad de experto en el islam.

Ikeuchi cuenta que, al escuchar entre la gente la idea de que cuando en Occidente se discrimina a los musulmanes ocurren atentados terroristas, recordó algo que le dijo su padre (Ikeuchi Osamu, especialista en Literatura Germánica) siendo él adolescente. Fue algo que le contó un parque de una ciudad europea. “Al principio uno piensa que en Japón no hay parques tan bonitos, que Europa es impresionante. Pero lo cierto es que al pasear a diario por el parque veía cada día a la misma anciana sentada en el mismo banco. Y en otro banco estaba sentado un abuelo. Y todos estaban solos. Y si estaban solos y acudían al parque cada día a la misma hora, ¿por qué no charlaban unos con otros? ¿Por qué no se sentaban juntos? Pero no lo hacían; se sentaban cada uno en su banco. Y tampoco cruzaban sus miradas. Era como si no reconocieran la existencia del otro”.

La soledad representa una pieza clave de la cultura moderna de Europa Occidental. En su sociedad individualista las personas nacen solas, y aunque formen una familia al final también mueren solas; este hecho es algo que hay que aceptar. Los bancos de los parques europeos están ahí para eso: para poder aliviar un poco con la belleza y amplitud del parque la soledad que se siente. Eso es lo que le contó su padre.

La doctrina de mejoramiento gradual con la que Europa Occidental encaró su crisis

Un requisito indispensable para la soledad europea es admitir la existencia de otras personas, incompatibles con uno mismo. Los occidentales no olvidan la incertidumbre del otro. Precisamente por eso, para evitar los riesgos, prefieren la soledad antes que implicarse con él, y quizá también sea la razón por la que existen tanto intentos por construir una armonía con los demás como por discriminarlos violentamente o excluirlos. En cualquiera de los casos, se trata de estrategias para construir confianza y disminuir el grado de complejidad.

El atentado de Francia se basó en estrategias así. Se supone, por ejemplo, que el concepto de libertad de expresión, que también incluye la sátira religiosa, sirve como plataforma para la convivencia. En un intercambio basado en la libertad de expresión, en la idea de que a las palabras solo se puede responder con palabras, si somos capaces de reconocer la existencia de nuestro interlocutor también podremos comprender la mejor forma de responderle.

Sin embargo, esta vez el reformismo progresivo que se basa en esa libertad de expresión ha provocado un desastre, un tiroteo que va más allá de toda refutación. El reformismo de Europa se encuentra en un momento crítico, en el que se pueden esperar todo tipo de reacciones, y la cuestión estriba en cómo recuperar la seguridad, cómo superar la situación presente y cómo mantener la libertad de expresión como pilar de la sociedad sin olvidar la premisa de la existencia del otro.

Una filosofía que enfatiza la tranquilidad más que la búsqueda de la verdad

Por oposición, el atentado de la secta Aum se dio en el corazón de una cultura que ignora la existencia del otro en favor de la tranquilidad del grupo. Y la destrucción de esa tranquilidad no hizo sino intensificar aún más los deseos por una comunidad tranquila. Por ejemplo, al aparecer el sistema operativo Windows 95 ese mismo año, el hecho de que cualquier persona pudiera acceder a Internet se convirtió en un arma de doble filo. Era una plataforma desde la que se podía presentar al público información que hasta el momento había estado exclusivamente en manos del Gobierno y las empresas y, en el sentido de que hacía la realidad más transparente y con ello reducía la incertidumbre, podía ser usada para aumentar la confianza de la sociedad.

No obstante, a partir del Gran Terremoto del Este de Japón, en marzo de 2011, resultó especialmente evidente que Internet había avanzado por otro camino en Japón. Grandes empresas y organismos públicos, como TEPCO (Tokyo Electric Power Company) se vieron desbordados por filtraciones de información que llegaron a los medios de comunicación, y si la gente se informaba sobre los efectos de una exposición excesiva a la radiación, o sacaba a la luz datos que decían que el Gobierno había estado ocultando se extendía la idea de que la zona era peligrosa, y de que las autoridades estaban mintiendo, sin que existiera un proceso real a través del cual lograr las pruebas pertinentes.

Este pensamiento es un producto psicológico curiosamente tergiversado del hecho de buscar la tranquilidad junto a los seres más cercanos, compartiendo con ellos información sobre los peligros de la exposición a la radiactividad o las prevaricaciones en la administración pública y las grandes empresas, y representa un deseo de tranquilidad, antes de tratar de buscar la verdad sobre lo ocurrido. Tras el terremoto se popularizó el término kizuna (vínculos), pero al mismo tiempo se extendió la contradicción de tratar de racionalizar el asunto con argumentos tan pobres como “ese no es sitio para vivir”, o “los productos de Fukushima son peligrosos”.

Japón no debe volver a ser una sociedad basada en la tranquilidad

Como nos muestra esta situación fragmentada, la idea de una comunidad basada en la tranquilidad no puede cubrir a la sociedad al completo. Al eliminar al otro con el único objetivo de lograr nuestra tranquilidad es inevitable que alguien resulte herido. Teniendo esto en cuenta, está claro que Japón no se encuentra en posición de volver a ser una sociedad basada en la tranquilidad. Shimada, en la obra citada, lo resume de esta forma:

“Está claro que la soledad es algo duro, pero a lo largo de nuestra larga historia hemos podido librarnos de todo tipo de ligaduras y ahora, por primera vez, hemos alcanzado esa soledad. Ahora se trata de soportarla, de ser capaces de disfrutarla y, usando la cabeza, poder pensar por nosotros mismos.”

Estas palabras cobran un valor especial incluso veinte años tras el atentado de la secta Aum. Convivir con el otro no necesariamente equivale a un camino pacífico como el que hemos visto en el incidente de Francia. Más bien hemos de avanzar, y en lugar de pedir una tranquilidad que ya no se puede lograr, debemos aspirar a construir el tipo de confianza que está en nuestra mano conseguir.

Imagen del título: Autopista Hanshin, destruida por el terremoto; 17 de enero de 1995, barrio de Higashinada, en Kōbe (Jiji)

(Artículo traducido al español del original en japonés)

  • [04.02.2015]

Profesor de la Universidad Keisen (Sociología de los Medios de Comunicación). Periodista y crítico. Nació en Tokio en 1958. Tras estudiar en el Colegio de Artes Liberales de la International Christian University completó un doctorado en Cultura Comparada en la misma universidad. Ha sido miembro de la Organización para la Ética de la Radiodifusión y el Mejoramiento de la Programación, así como del Comité de Derechos Humanos. Es autor de Ryūkō jinruigaku kuronikuru (Antropología de las modas, una crónica; Nikkei BP, 1999), merecedor del Premio Suntory de Ciencias Sociales y Humanidades, de Genpatsu hōdō to media (Las centrales nucleares y los medios de comunicación; Kōdansha Gendai Shinsho, 2011), etc.

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