Rikuzentakata rescata su cultura y su identidad

Kumagai Masaru [Perfil]

[25.03.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | FRANÇAIS |

El gran terremoto con tsunami de marzo de 2011 diezmó la población del municipio de Rikuzentakata (prefectura de Iwate), que entonces ascendía a 23.000 habitantes. El curador de uno de los museos de la ciudad narra en primera persona su lucha por recuperar el patrimonio cultural dañado por el desastre, un patrimonio que sirve de nexo con la historia y a la memoria.

11 de marzo de 2011: un vívido recuerdo

Aquel día yo estaba trabajando en la base de datos donde llevamos el control de los especímenes conservados en el Museo del Océano y las Conchas (municipal) de Rikuzentakata. A las 2.46 de la tarde sentí el temblor más fuerte que había experimentado en mi vida. El temblor se prolongó más de seis minutos. Cuando por fin terminó, di una vuelta por el museo para comprobar su estado y vi la magnitud de los daños.

Por suerte, en ese momento no había ningún visitante. Los especímenes expuestos estaban desperdigados por todos los sitios y los grandes acuarios llenos de criaturas marinas vivas se habían roto, inundando las salas. Después de dar instrucciones a las personas que trabajaban aquel día en el museo para que fueran a refugiarse al edificio del ayuntamiento, di una segunda vuelta de reconocimiento por la instalación y me dirigí yo también hacia allí.

Al llegar, vi que los funcionarios municipales y los vecinos que habían llegado buscando refugio ocupaban el aparcamiento y en el parque situado al otro lado de la carretera.

Tras una serie de fuertes réplicas, hubo un último aviso por megafonía: el nivel del mar sobrepasaba ya los diques del puerto y teníamos que dirigirnos hacia algún lugar más alto para ponernos a salvo. Oído el anuncio, yo subí a la azotea del edificio. Muchas de las personas que estaban conmigo optaron por refugiarse en el salón de actos municipal, donde ocurrirían muchas de las muertes.

El tsunami llegó hasta el edificio, arrasando las casas vecinas y empujando los escombros con fuerza. El agua del mar no la vimos al principio, solo vimos escombros que avanzaban hacia nosotros. Después una gran corriente de agua marina penetró en el edificio. El nivel del agua subía a ojos vistas. El salón de actos, un edificio de tres pisos situado en frente del ayuntamiento, quedó totalmente cubierto por las aguas, que llegaban ya a nuestros pies. La altura alcanzada por las aguas debió de ser de más de 15 metros. Unas personas quedaban atrapadas bajo las ruinas de las casas, otras eran engullidas por el tsunami durante su inútil huida, había niños en los tejados de algunas de las casas que eran ahora arrastradas mar adentro cuando el sentido de la corriente se invirtió. Asistíamos con impotencia a estas terribles escenas que se desarrollaban ante nuestros ojos.

El patrimonio en un lodazal y un único curador superviviente

Tras una noche de insomnio en ese mismo edificio, al día siguiente tuve que ponerme a trabajar para hacer frente al desastre sin saber siquiera si mi familia estaba viva. Mi casa había sido arrastrada por la corriente, pero al tercer día por fin llegó el reencuentro y pude corroborar que, afortunadamente, todos (mis padres, mi esposa, y mi hijo, que entonces estaba en la primaria) se habían salvado. Habían ido a refugiarse a la residencia de cuidados especiales para ancianos en la que trabajaba mi esposa, que está situada en una elevación. Yo tuve que separarme otra vez de ellos e ir al Centro Comunitario de Yonesaki, para integrarme en el equipo de los funcionarios que trataban de hacer frente a la situación. Así estuve hasta finales de marzo, encargándome de la recepción, clasificación y distribución de los víveres y materiales que se hacían llegar a los refugios situados en nuestra área, coordinando esfuerzos con las Fuerzas de Autodefensa y tratando de saber cuáles eran las necesidades de la gente. Dormía entre las cajas de cartón con los víveres y materiales.

Arriba, a la izquierda, el Museo Municipal de Rikuzentakata; a la derecha, vista de conjunto del Museo de los Océanos y las Conchas. Abajo, a la izquierda, estado en el que quedó el museo municipal; a la derecha, interiores destruidos de ese mismo edificio.

Todo ocurría dentro de la mayor confusión y desconcierto, y estábamos extenuados física y mentalmente. Además de todo el trabajo que suponía hacer frente a la situación, tuve que encargarme también de averiguar si, como se temía, habían sufrido daños las otras tres instalaciones culturales del municipio (el Museo Municipal, la biblioteca y el Archivo del Patrimonio Arqueológico Subterráneo), además de nuestro Museo del Océano y las Conchas.

Los cuatro habían sido anegados por el tsunami y los materiales aparecían bañados en una mezcla de negro lodo y agua marina. La corriente se había llevado muchas cosas. De las que quedaban, muchas estaban empapadas, sucias de lodo y estropeadas. Aquellas piezas, que habían sido conservadas celosamente controlando la temperatura y el grado de humedad ambiente, eran muy frágiles ante cualquier cambio ambiental brusco. Si no eran reparadas con urgencia, era previsible que su grado de deterioro se hiciera irreversible. Pero en un momento en que la prioridad era, lógicamente, salvar vidas humanas, el personal disponible era escaso y muy poco lo que podíamos hacer.

Y así pasaron los días, trabajando para paliar las consecuencias del desastre sin poder apartar de mi cabeza los materiales de los museos. La situación de confusión continuó durante mucho tiempo, pero al cabo de algunos días empezamos a tener noticias sobre supervivientes y víctimas. Finalmente, pudimos saber que entre los empleados de los museos y otros trabajadores públicos de la ciudad las pérdidas humanas eran considerables, y que entre los curadores (conservadores) yo era el único superviviente.

Se activan las labores de rescate del patrimonio cultural

Al saber que los seis empleados de plantilla del Museo Municipal se contaban entre las víctimas mortales, me dije a mí mismo que tendría que ser yo quien se encargase de rescatar todo el patrimonio cultural. Tras reclamar la ayuda de algunas personas con experiencia de trabajo en el Museo Municipal y otras instalaciones, pusimos manos a la obra el 1 de abril, comenzando por los materiales que quedaban en las instalaciones que habían sufrido daños.

Trabajar en aquellas condiciones, con todo lleno de lodo y escombros, resultaba durísimo y hacerlo además pendientes de las continuas réplicas del terremoto no nos permitía hacer muchos avances en el rescate de las piezas.

Se trataba de retirar en primer lugar los escombros y encontrar y extraer después los materiales que habían quedado enterrados bajo una capa de más de un metro de tierra. Era una labor para especialistas, por lo que reclamamos el apoyo de los organismos prefecturales, principalmente del Consejo de Educación de Iwate y del Museo Prefectural. Poco a poco fue posible establecer una forma de trabajo. A partir de finales de abril contamos también con el apoyo de las Fuerzas de Autodefensa y las labores de desescombro tomaron un gran impulso.

Teníamos que trasladar los materiales a un lugar seguro, pero solo teníamos una camioneta, el estado de las carreteras era muy malo y nos costaba dos horas cubrir los 17 kilómetros que teníamos hasta el destino. Aun así, la operación de rescate y traslado de materiales a un lugar seguro, en concreto a un escuela situada en una zona de montaña que había sido clausurada, que habíamos iniciado el día 1 de abril, quedó completada el 17 de junio, dejando atrás solamente un cetáceo disecado (del género Berardius) de 9,7 metros de longitud y algunos otros materiales de gran tamaño.

Transporte de la ballena disecada, apodada “Tsucchy” por los niños del barrio. Es el ejemplar disecado más grande de Japón.

Antes del desastre, el Museo Municipal de Rikuzentakata albergaba cerca de 230.000 piezas y el Museo del Océano y las Conchas, que mantiene un convenio con el primero, otras 110.000. Sumándoles las piezas conservadas en las otras dos instituciones, dan un patrimonio total municipal de cerca de 560.000 piezas dañadas. Con grandes esfuerzos logramos reunir cerca de un 80 % de ese total. Entre ellas, hay algunos aparejos de pesca inscritos en el Registro Nacional de Propiedad Cultural Tangible. Muchas de las piezas son donaciones hechas por personas de la ciudad y constituyen un importante patrimonio cultural. Se recuperaron, para el total de las cuatro instalaciones, cerca de 460.000 piezas de muy diversos materiales, cuyo correcto tratamiento exigió consultar a muchos especialistas.

Buscando el mejor tratamiento de estabilización

Si se dejan tal como han sido extraídos, los materiales dañados van cubriéndose de moho y desintegrándose o alterándose, por lo que deben ser sometidos a un tratamiento de estabilización, mediante el cual llegan a una situación en la que pueden ser almacenados durante un largo periodo sin sufrir alteraciones. El tratamiento de estabilización se llevó a cabo comenzando por la retirada de lodos (limos), la desbacterización, desalinización, secado y observación de su evolución. Ni en Japón ni en el extranjero se tenía noticia de daños tan masivos ocasionados en el patrimonio cultural por un tsunami, por lo que en muchos casos no existía una metodología establecida, así que se pidió asesoramiento especializado a una comisión creada por la Agencia de Cultura del Ministerio de Educación, encargada de apoyar el salvamento del patrimonio cultural y otros materiales dañados por el terremoto de marzo de 2011.

Para el Museo Municipal de Rikuzentakata se decidió seguir adelante con las labores recibiendo asesoramiento especializado en conservación y restauración de materiales del Museo Nacional de Tokio y del Museo Prefectural de Iwate, pero al principio los trabajos fueron penosos, pues en las instalaciones apenas había donde poner los pies y en el húmedo ambiente típico de la temporada de lluvias los mohos proliferaban por todas partes. Los tratamientos de estabilización de los materiales dañados exigen luchar contra diferentes tipos de agentes que deterioran el estado de los mismos: agentes biológicos como el moho, químicos como la sal y físicos como el deterioro y deformaciones que causa el secado repentino tras haberse empapado los materiales, o los desperfectos causados directamente por la fuerza del tsunami. 

El tratamiento de estabilización del patrimonio cultural dañado sigue llevándose a cabo en el depósito provisional (actualmente, museo provisional) habilitado en una escuela de primaria clausurada. Arriba, a la izquierda, labores de desbacterización de materiales de papel; a la derecha, lavado; abajo, lavado de materiales arqueológicos.

Como decía más arriba, los métodos para tratar los materiales dañados por la inmersión en agua marina todavía no están perfectamente establecidos. Las instituciones asesoras tuvieron que estudiar varios, y solo aquellos sobre los que se pudo probar su seguridad fueron aplicados en las labores. Esta es la causa de que hayan quedado sin tratar grandes cantidades de materiales para los que todavía no se ha establecido una metodología, como la correspondencia en la que se usa tinta soluble que puede correrse con el lavado, los productos de piel que se ponen rígidos, los óleos, acuarelas, etcétera.

Patrimonio cultural e identidad

El Museo Municipal de Rikuzentataka fue inaugurado en 1959, siendo el primer museo público creado por un ente regional o local en la región norteña de Tōhoku. Entre sus colecciones hay objetos de gran valor científico, como aparejos de pesca encontrados entre las acumulaciones de conchas típicas de la Era Jōmon, que también están expuestos en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

Cuando iniciamos las labores de rescate del patrimonio cultural, unas tres semanas después del terremoto, entre los afectados hubo gente que nos increpó por estas rescatando objetos en vez de rescatar personas y había también quien nos decía que tirásemos de una vez todas esas cosas. Pero también hubo personas que, habiendo perdido su casa y todas sus pertenencias, se acercaba sin embargo al lugar donde trabajábamos esperando encontrar cosas nuestras, de Takata, que se habían salvado del desastre.

Las personas damnificadas van al lugar donde un día se alzó su casa y buscan con ahínco entre los escombros cualquier cosa que prueba de que un día vivieron allí, algo que dé prueba de una identidad, de una historia propia. Los materiales y el patrimonio cultural que se guardaba en el museo son, igualmente, la prueba de que Rikuzentakata es lo que es. Supongo que la nueva ciudad irá formándose con el paso del tiempo. Pero en ese proceso hay incontables cosas que van perdiéndose. Por muy “bonita” que sea la ciudad reconstruida, si no es capaz de transmitir una naturaleza, una historia, una cultura, será una ciudad-objeto, una ciudad sin alma.

Una ciudad de la que estar orgullosos, se dice. Sí, pero…, ¿de qué?, deberíamos preguntarnos. De lo que podemos enorgullecernos es de nuestra identidad, de ser lo que somos. El 99,9 % de los materiales del Museo Municipal de Rikuzentakata fueron donados por la ciudadanía. Cada una de esas piezas encierra todo el sentimiento con el que el donante la confió a la institución. Nuestro deber es transmitir a la posteridad, a quienes vivan aquí dentro de 100 o 200 años, que hubo hombres y mujeres que vivieron arropados por la rica naturaleza de Rikuzentakata, que hicieron su historia y dieron forma a su cultura. Nuestros antepasados nos han legado todo esto pese a haber sufrido muchas veces tsunamis parecidos. Y eso no podemos consentir que se pierda.

“No te lleves los materiales del museo. Son un tesoro que nos ayudará a reconstruir la naturaleza, la historia y la cultura de Takata. El Consejo de Educación Municipal”, dice este papel que fue hallado en el lugar. Fue escrito por alguien que utilizó el nombre del consejo para dar más fuerza a su petición. Muchos de los miembros del consejo fueron víctimas del desastre y entre ellos no había nadie que pudiera dejar este mensaje. Pero su significación es, precisamente por eso, muy grande. (Fotografía: Maekawa Saori)

Por muy duro que sea el camino hacia la reconstrucción

Personalmente, yo también me cuento entre los desplazados por el desastre, y a finales de junio de 2011 me fui a vivir a una de las viviendas provisionales habilitadas en lo que era el patio de una escuela de secundaria del barrio de Yonesaki. Viví tres años allí con mi familia. Pensando en la salud de todos los vecinos, mi hijo Ryūnosuke iba de casa en casa animando a todos a que participasen en el ejercicio de gimnasia matinal de la radio. No dejó de hacerlo ningún día, durante tres años. En julio de 2014 por fin pudimos mudarnos a nuestra nueva casa y poner así punto final a aquella vida. Nuestra nueva casa está en el interior, ya no disfrutamos de las vistas marinas y eso nos da pena.

Pero todavía hay mucha gente que sigue en las viviendas provisionales, sufriendo porque siguen sin saber dónde van a vivir finalmente, y hay montones de problemas que quedan por solucionar. El solar del Museo Municipal va a ser objeto de obras de elevación del nivel del suelo y actualmente permanece cerrado. La ciudad pretende volver a potenciar el museo para 2018, pero hay un duro camino por delante.

Pero es en estos duros momentos cuando tenemos que recordar que una reconstrucción que no conserve el patrimonio cultural no será una verdadera reconstrucción.

(Escrito el 2 de marzo de 2015 y traducido al español del original en japonés)

Fotografía del encabezado: Vista general del Museo del Océano y las Conchas de Rikuzentakata tras sufrir el terremoto con tsunami. (Fotografía del titular y fotografías que acompañan al texto: Cortesía del Museo Municipal de Rikuzentakata)

  • [25.03.2015]

Subdirector del Museo Municipal de Rikuzentakata. Nacido en octubre de 1966. Experto en arqueozoología. Desde 1995, trabajó como curador en los dos museos de la ciudad. Ocupa su cargo desde 2012.

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