Las mujeres de la Casa Imperial japonesa: la popularidad de la princesa Kako
Belleza e inteligencia para el futuro

Watanabe Midori [Perfil]

[03.06.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

La princesa Kako, segunda hija del príncipe Akishino, goza de una popularidad tal que se ha llegado a hablar incluso de un boom en torno a su figura. Este fenómeno tendría su explicación en su belleza, pero también en la elegancia que inspira, heredada de la mentalidad de otras mujeres pertenecientes a la Casa Imperial nipona, empezando por la emperatriz Michiko.

Un fervor semejante al despertado por la emperatriz Michiko

El fervor que despierta entre el pueblo japonés la figura de la princesa Kako recuerda al boom surgido en 1958, año en que se anunció el compromiso entre los actuales emperadores, Akihito y Michiko. La emperatriz, que de soltera se apellidaba Shōda, se convirtió en la primera persona de origen no noble en entrar en la Casa del Trono del Crisantemo, algo que dio una brisa de aire fresco a la Familia Imperial. En aquel entonces, los medios de comunicación concentraron sus esfuerzos en elaborar programas especiales sobre su persona, y muchas mujeres japonesas albergaban esperanzas de futuro en la belleza e inteligencia de la emperatriz.

Personalmente, considero que en la época actual, las palabras y las acciones de la princesa Kako vuelven a aportar frescura, al tiempo que reflejan el respeto por la tradición. El pueblo japonés tiene grandes expectativas puestas en su elegancia, cuyo valor es equiparable al de un patrimonio cultural.

Su primer saludo de Año Nuevo en el Palacio Imperial

El 2 de enero de 2015, la princesa Kako, que acababa de cumplir 20 años, participó por primera vez en las celebraciones de Año Nuevo para el público general en el Palacio Imperial. Su presencia –la princesa ya se había preparado para la ocasión el año pasado– despertó interés entre muchos ciudadanos, y ese día acudieron al recinto palacial más de 80.000 personas. Esta cifra es la tercera más alta desde que Japón entró en la era Heisei (8 de enero de 1989- ).

Las hijas del príncipe Akishino saludan a los visitantes durante las celebraciones de Año Nuevo para el público general en el Palacio Imperial. A la izquierda, la mayor, la princesa Mako. A la derecha, la princesa Kako (cortesía de Jiji Press).

En su primera aparición oficial en calidad de miembro adulto de la Familia Imperial, la princesa Kako transmitió una elegancia marcada por un maquillaje muy natural. Su hermana mayor, la princesa Mako, regresó temporalmente del extranjero, donde se encontraba cursando estudios, y se las pudo ver juntas, y vestidas de forma muy similar, en el balcón del pabellón Chōwa. Esta imagen representaría idóneamente el papel de apoyo a la Familia Imperial que desempeñan las jóvenes, hermanas mayores del príncipe que se convertirá algún día en emperador, y habría servido para mostrar a los asistentes la esperanza de cara al futuro.

En mi opinión, la Familia Imperial, la más antigua de Japón, representa un patrimonio cultural que todos debemos proteger. A este respecto, se me ocurre, por ejemplo, la costumbre que tienen sus miembros de asistir a un acto, celebrado a principios de año en el pabellón Matsu, en el Palacio Imperial, que consiste en componer poemas junto con personas de a pie. No hay en el mundo entero una nación cuya Casa Real realice actividades de un tono tan cultural como Japón.

La princesa Kako, cuya belleza e inteligencia han conquistado al pueblo japonés, asistió también al acto de composición de poemas; lucía un vestido largo amarillo crema y un tocado a juego. El tema difiere cada año, y en esa ocasión eran los libros.

Una noche, mientras le leía a mi hermano menor, me dormí pensando en nuestra madre, que había partido en viaje.

En este poema vemos que aparecen las palabras “hermano menor” y “madre”, que evocan una vida llena de afecto. Una importante labor de la Familia Imperial consiste en transmitir al pueblo el retrato de una familia bien avenida.

La emperatriz Michiko (izda.), la princesa Kiko (centro) y la princesa Kako (dcha.) durante la composición de poemas en el pabellón Matsu del Palacio Imperial, en Tokio (cortesía de Jiji Press).

Concederle importancia a cada una de las labores encomendadas

El 29 de diciembre de 2014 la princesa Kako cumplió 20 años, la mayoría de edad en Japón. Durante la conferencia de prensa que dio con motivo de la ocasión, comentó: “Creo que debo esforzarme concediéndole importancia a cada una de las labores que me encomienden”. Me parece que la joven es la primera mujer de la Familia Imperial que utiliza semejante expresión –”las labores que me encomienden”– para referirse a sus funciones públicas.

Ese día me dio la impresión de que esta inteligente y modesta princesa –hermana mayor del que algún día será emperador de Japón– es consciente de su papel. En cuanto a su carácter, afirmó: “Tengo el mismo defecto que mi padre; ambos tenemos poco aguante, así que en casa es normal que haya discusiones por cosas insignificantes”. Al preguntársele acerca del matrimonio, la princesa respondió que le gustaría casarse en el futuro. Cuando los periodistas le pidieron que explicara como era su hombre ideal, contestó: “Alguien con quien pueda tranquilizarme”. De estas palabras también se desprende la solidez de sus relaciones familiares y su opinión respecto a la familia.

Una bella figura fruto del patinaje artístico

Ha llegado la hora de que la princesa Kako pase a desempeñar un gran número de funciones públicas como parte de la Familia Imperial, algo mucho más difícil de lo que se imaginan los ciudadanos normales y corrientes. No obstante, desde una edad temprana, la princesa ha participado en el cultivo de arroz que los emperadores realizan en el Palacio Imperial; además, ha ayudado en la sericultura palacial, una labor que han venido realizando las distintas emperatrices.

La joven ha ido desarrollando su capacidad de concentración a través de aficiones como el baile y el patinaje sobre hielo, especialmente en este deporte, en el que en 2007 consiguió el premio en la categoría femenina de estudiantes de sexto curso de primaria o superior en el torneo Trofeo de Primavera de Patinaje Artístico sobre Hielo.

Quizás la belleza de su físico sea fruto de su afición al patinaje artístico. La princesa Kako, que preserva la tradición a la par que representa una brisa de aire fresco, tiene fama de persona muy activa; posee un dinamismo poco común. El año pasado, decidió abandonar sus estudios en la Universidad Gakushūin y entró en la Universidad Cristiana Internacional, aduciendo que quería un cambio de aires, ya que llevaba estudiando en la misma institución desde el jardín de infancia. El 2 de abril de 2015, en la conferencia de prensa previa a su ingreso en el nuevo centro, declaró: “Estoy agradecida de poder empezar una nueva vida de estudiante; deseo aprovecharla”. La princesa lucía un traje de chaqueta azul marino y una blusa blanca.

Una elegancia aprendida a partir de un ejemplo a seguir cercano

La elegancia no es algo congénito por el mero hecho de haber nacido en una buena familia, sino que se va gestando a partir de un ejemplo a seguir cercano y de una educación estricta. A finales de junio de este año, el matrimonio Akishino celebrará sus bodas de plata. La pareja anunció su compromiso en septiembre de 1989, en pleno luto por el fallecimiento del emperador Hirohito.

Recuerdo la conferencia de prensa de los padres de la princesa Kiko. Su padre, Kawashima Tatsuhiko, profesor de la Universidad Gakushūin, contó que la habían educado para que siempre sonriera y tuviera un carácter abierto. Su madre, Kazuyo, agregó: “Soy consciente de que el exceso de libertad no es bueno. Yo la he educado teniendo en cuenta ciertas reglas”. Estas palabras de su madre guardan relación con la modesta belleza que muestra en la actualidad la princesa Kiko.

La princesa Kako tiene un gran respeto por su madre, la princesa Kiko. De hecho, es posible que en aquella conferencia de prensa utilizara la expresión “las labores que me encomienden” no porque se le hubiera ocurrido a ella sola, sino porque quiso incluir en sus palabras la opinión de sus padres.

Su tía y su hermana, dos princesas que la han influido

Aunque suele decirse que “una hija es obra de su madre”, considero que en el caso de la princesa Kako, toda su elegancia no le viene dada solo de su madre, la princesa Kiko, sino de los varios ejemplos a seguir que siempre ha tenido cerca, como su abuela, la emperatriz Michiko, su tía, Kuroda Sayako, y su hermana mayor, la princesa Mako.

La princesa Kako posa sonriente para la prensa en la Universidad Cristiana Internacional, a donde acudió para asistir a la ceremonia de ingreso (imagen cortesía de Jiji Press).

Durante sus estudios en la Universidad Cristiana Internacional, su hermana mayor ha conseguido el título de curadora de museo y está especializándose en Museología con un master en la Universidad de Leicester, en el Reino Unido. Para la princesa Kako, su hermana mayor, una joven con una fuerte voluntad, es alguien en quien confiar. De hecho, puede decirse que la actitud de la princesa Mako, una persona entregada a realizar progresos, es un ejemplo a seguir cercano para su hermana menor. 

Su tía, Kuroda Sayako, fue la primera princesa en asumir funciones públicas. Durante los 15 años que transcurrieron desde su mayoría de edad hasta que abandonó la Familia Imperial tras casarse, la entonces princesa Nori asistió 740 veces a actos celebrados en el Palacio Imperial y otras instalaciones reales en Japón, y ocho veces en el extranjero. Cuando se cumplió el sexto aniversario del Gran Terremoto de Hanshin-Awaji, se desplazó hasta la prefectura de Hyōgo para participar en una marcha conmemorativa. Una vez allí, un miembro del personal encargado de atenderla le propuso que la llevaran en coche hasta el punto de partida de la caminata, a lo que la princesa respondió: “Eso no tiene sentido alguno. He venido aquí para caminar”. La princesa caminó de noche junto a los damnificados por la catástrofe y mostró su buena fe. Las princesas Mako y Kako están muy unidas a su tía y han crecido teniéndola como ejemplo de una dedicación activa a las funciones públicas.

La herencia de la emperatriz Michiko

En 1955, durante su segundo año de estudiante en la Universidad del Sagrado Corazón, la emperatriz Michiko presentó un ensayo a un concurso organizado por el periódico Yomiuri con motivo del Día de la Mayoría de Edad; quedó segunda entre 4.185 participantes. Además, donó los 2.000 yenes del premio, una mitad para el propio diario y la otra para sor Elizabeth Britt, presidenta de su alma máter, en calidad de beca; esto ocurrió dos años antes de que Michiko apareciera en los medios de comunicación como la primera princesa de Japón de origen no noble. Esta actitud, demasiado noble, podría considerarse como el origen de la actual emperatriz. La emperatriz Michiko les ha transmitido a sus nietos ese sentimiento de preocupación por los demás. Cuando ocurrió el Gran Terremoto del Este de Japón, las princesas Mako y Kako aprovecharon sus vacaciones escolares para desplazarse a la zona afectada y realizar labores de voluntariado.

Se espera que durante los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio 2020 estas princesas con habilidades para los idiomas muestren todo su potencial. La princesa Kako, junto con su hermana mayor, la princesa Mako, podría convertirse en el motivo de una mayor felicidad para el pueblo. Tengo mis esperanzas puestas en que insuflen nuevos aires a la comunidad internacional al tiempo que conserven la tradición que supone pertenecer a la familia más antigua de Japón.

(Traducción al español del original en japonés escrito el 17 de abril de 2015)

Imagen de la cabecera: La princesa Kako (cortesía de Jiji Press)

  • [03.06.2015]

Profesora invitada de la Universidad Bunka Gakuen. Licenciada en la Universidad de Waseda, entró a trabajar en Nippon Television Network en 1957. Ha producido programas sobre la familia imperial desde que cubrió la boda del príncipe Akihito (actual emperador) en 1959. Obtuvo un premio de la Asociación Japonesa de Emisoras Comerciales por la dirección del documental televisivo Mitsugo jūgonen no seichō kiroku (Crónica: quince años en la vida de unos trillizos) en 1980. Ejerció como jefa de producción en la cobertura del fallecimiento del emperador Shōwa en 1989. Su publicación más reciente es Michiko-sama kara, Mako-sama, Kako-sama e: purinsesu no sodatekata (La educación de las princesas: de Michiko a Mako y Kako; Kōshobō, 2016).

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