La libertad de expresar la orientación sexual, un derecho humano del siglo XXI
El colectivo LGBT en Japón

Sechiyama Kaku [Perfil]

[05.06.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

En Japón el tema de los derechos de las minorías sexuales está adquiriendo cada vez más relevancia, como demuestra la ordenanza aprobada en el barrio tokiota de Shibuya en abril de 2015 para reconocer públicamente como “equivalente al matrimonio” la relación de las parejas homosexuales estables.

Las minorías sexuales representan el 5 % de la población

Empecemos por explicar qué significa la palabra LGBT. Que tengamos que explicarlo ya es una prueba de que Japón es un país atrasado, pero no nos queda más remedio porque es una palabra generalmente desconocida. El término LGBT se utiliza para designar a las minorías sexuales, y sus siglas significan ‘lesbianas’ (L), ‘gais’ (G), ‘bisexuales’ (B) y ‘transexuales o personas con disforia de género o trastorno de la identidad sexual’ (T). En cuanto a la denominación trastorno de la identidad sexual, en los últimos tiempos ha caído en desuso por considerarse inadecuada la definición como trastorno y se ha sustituido por la expresión disforia de género.

Aunque no existen estadísticas precisas sobre la proporción demográfica del colectivo LGBT, los estudios indican que representa el 5 % del total de la población, es decir una persona por cada clase escolar. Y, sin embargo, Japón anda retrasado en el reconocimiento de este colectivo, ignorando puntos tan básicos como la diferencia entre la homosexualidad y la disforia de género.

Cabe apuntar que este retraso no es exclusivo de la sociedad japonesa. Al analizar la discriminación para con las minorías sexuales y la orientación sexual se observa que, a diferencia de lo que sucede con la discriminación racial o la de género, no hay casi ningún país del mundo cuya Constitución indique explícitamente el derecho al trato igualitario para las personas de cualquier orientación sexual.(*1)

Ni siquiera en la ONU existe consenso sobre el tema, y es que todavía hay países donde la conducta homosexual consentida se castiga con la pena de muerte. Si la libertad de pensamiento se considera un derecho humano del siglo XIX, y el derecho a una cierta calidad de vida que establece el artículo 25 de la Constitución japonesa (“derecho a un nivel mínimo de vida saludable y culturizada”) es un derecho del siglo XX, el derecho a la libertad de expresar la orientación sexual debería calificarse como un nuevo derecho del siglo XXI.

Japón toleraba la homosexualidad entre hombres

Lo cierto es que hasta mediados de la era Meiji la sociedad nipona era notablemente tolerante con la homosexualidad masculina, y la conducta homosexual, por ejemplo entre samuráis o monjes, se admitía como un hecho corriente. Era una situación radicalmente distinta a la de Europa, donde tradicionalmente la homosexualidad se ha considerado pecado por influencia del cristianismo y se ha tratado como un delito desde el punto de vista legal. La novela Vita sexualis del escritor Mori Ōgai también retrata la homosexualidad en una residencia de estudiantes de la era Meiji. No obstante, el proceso modernizador iniciado en la segunda mitad de Meiji trajo el concepto europeo de la homosexualidad como “enfermedad” e hizo arraigar el prejuicio contra dicha orientación sexual.

El primer movimiento del mundo para reclamar los derechos de las personas homosexuales arrancó a partir de un incidente sucedido en el barrio neoyorkino de Manhattan en 1969. Como por aquel entonces la homosexualidad era ilegal, la policía hacía redadas constantes en los bares gais. En una de esas redadas los clientes del bar se atrincheraron para resistirse a la policía, y el incidente pasó a conocerse como “los disturbios de Stonewall” en honor al nombre del establecimiento. Hoy en día cada año en junio —mes en que se produjo el incidente— Manhattan se viste con la bandera del arcoíris que simboliza la diversidad sexual.

La batalla judicial de los años 90

El incidente de la Casa de la Juventud de Fuchū que tuvo lugar en 1990 marcó un antes y un después en Japón; a pesar de no ser muy conocido, es el acontecimiento que puso los problemas de las minorías sexuales sobre la mesa. Todo empezó en un alojamiento público conocido como Casa de la Juventud de Fuchū, donde se instaló una organización homosexual llamada Asociación Japonesa para el Movimiento de Lesbianas y Gais (OCCUR). Aunque originalmente la asociación utilizaba el alojamiento escondiendo su talante homosexual, posteriormente consideró necesario salir a la luz para buscar la comprensión de la sociedad.

Así pues, la asociación reveló su naturaleza dentro de la Casa de la Juventud, declarándose como “un grupo de reflexión sobre los derechos humanos de las personas homosexuales”. A partir de entonces sus miembros empezaron a sufrir un trato discriminatorio: “mira, un marica”, comentaba uno al cruzarse con ellos por los pasillos, “cuidado, que esos son maricas”, espetaba otro sorprendiéndolos en el baño. Aunque los miembros de la asociación intentaron establecer un diálogo para solucionar la situación, no solo sus esfuerzos fueron en vano sino que se les prohibió seguir usando la Casa de la Juventud de Fuchū.

El motivo esgrimido por el Comité Metropolitano de Educación de Tokio para la prohibición era que la división de habitaciones por sexos establecida por el reglamento permitía a los inquilinos homosexuales mantener relaciones sexuales dentro de la casa, lo cual afectaba negativamente el buen desarrollo de los jóvenes. OCURR reaccionó llevando el caso al Tribunal del Distrito de Tokio en 1991.

En 1994 el tribunal sentenció que no se podía negar el uso de las instalaciones de no existir una probabilidad concreta de que se llevasen a cabo actividades sexuales, y como en OCCUR no existía dicha probabilidad, la sentencia supuso una victoria casi total para los demandantes. La sentencia del tribunal llamó la atención pública porque definía la homosexualidad de forma neutra como una orientación sexual en que las personas se sienten atraídas por otras del mismo sexo, y reconocía la discriminación y la opresión que sufre el colectivo homosexual en la sociedad.

La ignorancia no disculpa la discriminación

El Gobierno de Tokio apeló la sentencia alegando lo siguiente: “La prohibición fue inevitable ya que en el año noventa no disponíamos de un conocimiento adecuado”. La sentencia que emitió el Tribunal Superior de Tokio en 1997 fue el colofón del caso; no solo declaró la victoria absoluta de los demandantes, sino que además concluyó: “Como autoridad administrativa, es necesario tener una consideración meticulosa con las minorías como las personas homosexuales y tener en cuenta los derechos y el beneficio de dichas personas. La falta de interés y la ignorancia al respecto por parte de los agentes de la autoridad pública eran imperdonables cuando se produjo el incidente y lo siguen siendo ahora”.

El mensaje de la sentencia era que “la ignorancia no exime de culpa”. Por eso este incidente es algo que debería enseñarse en el plan de estudios básico de la educación obligatoria, porque demuestra que, igual que la discriminación por género o raza está mal, el “desconocimiento” tampoco exculpa la discriminación hacia las personas homosexuales. La sentencia constituye asimismo una dura crítica a la sociedad japonesa actual por parte de la justicia: si en 1997 se declaró que “la ignorancia no exime de culpa”, ¿cómo puede ser que a día de hoy la mayoría de los japoneses no hayan tenido aún la oportunidad de aprender sobre la situación de esta minoría sexual?

La disforia de género gana reconocimiento a toda velocidad

Hasta ahora hemos hablado de las personas que componen las siglas LGB. A continuación vamos a tratar sobre los que se incluyen en la letra T, las personas transexuales. En julio de 1996 el comité ético de la Universidad de Medicina de Saitama reconoció la existencia de la transexualidad y admitió tratamientos como la cirugía de reasignación de sexo como práctica médica razonable. Esto supuso un punto de inflexión a partir del cual el reconocimiento de esta condición empezó a difundirse.

En 1997 la Asociación Japonesa de Psiquiatría y Neurología publicó unas directrices para el diagnóstico de la transexualidad. El tema obtuvo mayor resonancia en 2001 con la aparición de un personaje con disforia de género interpretado por la actriz Ueto Aya en la serie 3-nen B-gumi Kinpachi sensei (El profesor Kinpachi de la clase de 3.º B). En 2003 se aprobó la Ley Especial para Personas con Trastorno de la Identidad Sexual, que permite cambiar de sexo en el registro familiar a las personas con disforia de género que cumplan ciertas condiciones, como contar con un diagnóstico psiquiátrico, tener al menos 20 años de edad y estar solteras.

A pesar de que afirmemos que el incidente de la Casa de la Juventud de Fuchū fue un hito clave para la situación de la homosexualidad en Japón, existe conciencia del problema desde la era Meiji, y en los años setenta se fundaron revistas dirigidas a hombres homosexuales como Barazoku. En cambio, la operación de reasignación de sexo (de mujer a hombre) a la que se sometió Torai Masae en Estados Unidos en el año 1988 se toma como el primer caso que puso de manifiesto el problema de la disforia de género en Japón; se trata, por lo tanto, de un tema que ha aflorado en la conciencia pública mucho más recientemente que el de la homosexualidad.

No obstante, el problema de la disforia de género ha cosechado rápidamente un amplio reconocimiento, prácticamente rebasando la homosexualidad. Esto se debe a que la disforia de género se considera una “enfermedad” desde el punto de vista médico, y por lo tanto es susceptible de buscarle una “cura”. Dicho de otro modo, como la homosexualidad es meramente un problema de “orientación”, queda relegada a un problema personal.

Lo primero es garantizar una calidad de vida básica

La ordenanza que reconoce a las parejas de hecho homosexuales emitida en Shibuya en abril de 2015 es una medida pionera en el país. La legislación para reconocer a las parejas homosexuales como parejas de hecho es común en los países de la Europa noroccidental, y en muchos países del norte de Europa, como los Países Bajos, el matrimonio entre personas del mismo sexo goza del mismo estatus que el matrimonio heterosexual.

En Japón el artículo 24 de la Constitución, que establece que “El matrimonio debe basarse solo en el consentimiento de los miembros de ambos sexos”, se considera un obstáculo para el reconocimiento del matrimonio homosexual. Sin embargo, los juristas que están a favor del matrimonio homosexual defienden que la intención legislativa del artículo 24 es acabar con los matrimonios forzados por la voluntad de los cabezas de familia, no excluir el matrimonio entre dos hombres o dos mujeres.

Resulta difícil pensar que en Japón el matrimonio homosexual llegue a admitirse en un futuro cercano, pero por el momento urge discutir qué estándares debe otorgar el reconocimiento como pareja de hecho para garantizar una calidad de vida básica, como el derecho a dar el consentimiento para operaciones quirúrgicas o acompañar a la pareja al hospital, alquilar una vivienda, recibir herencias o beneficiarse de las pólizas de seguros contratadas.

Fotografía del titular: Las famosas Ichinose Ayaka (izquierda) y Sugimori Akane (derecha) en la conferencia de prensa que tuvo lugar en su ceremonia de boda, celebrada el 19 de abril de 2015 en el barrio tokiota de Shinjuku (cortesía de Jiji Press).

(*1) ^ En 2004 Portugal incluyó en la Constitución el derecho a un trato igualitario a las personas de cualquier orientación sexual.

  • [05.06.2015]

Especialista en estudios de género y Asia Oriental. Nacido en 1963. Se doctoró en la Escuela de Posgrado de Artes y Ciencias de la Universidad de Tokio, donde es profesor desde 2009. Antes de ocupar su cargo actual ejerció como profesor adjunto en la Facultad de Literatura de la Universidad de Hokkaidō, entre otros puestos. Ha publicado obras como Higashi-Ajia no kafuchōsei―jendā no hikaku shakaigaku (El patriarcado en Asia Oriental: sociología comparativa de género; Keisō Shobō, 1996).

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