Los numerosos problemas del Nuevo Estadio Nacional
Opacidad, irresponsabilidad y anacronismo

Katō Hideki [Perfil]

[11.09.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

El primer ministro Abe ha retirado el plan original del polémico Nuevo Estadio Nacional, de escandaloso presupuesto. El autor menciona varios de los problemas del proyecto, y señala las deficiencias del sistema político y administrativo que revelan dichos problemas.

Existe una buena cantidad de problemas en torno al diseño, las instalaciones a incluir, el presupuesto, el calendario y otros aspectos del nuevo estadio que será construido en Tokio como sede principal de los eventos de los Juegos Olímpicos de 2020. El primer ministro Abe Shinzō, el 17 de julio, declaró oficialmente que el Gobierno iba a “abandonar por completo el proyecto original y empezar otra vez de cero”. Con anterioridad había declarado precisamente que no iban a hacerlo, pero al parecer el descenso en la popularidad del Gobierno y las críticas dentro de su partido no le han dejado alternativa.

El comienzo de los problemas fueron unas declaraciones realizadas en mayo de este año por Shimomura Hakubun, ministro de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología (MEXT, por sus siglas en inglés). Según Shimomura, dadas las limitaciones en los costes y la duración del proyecto, no se puede construir el techo que cubriría el centro del estadio ni los asientos móviles para los espectadores, y por otro lado el coste total del proyecto sería 100.000 millones de yenes superior a lo planeado, alcanzando un total de 260.000 millones.

A partir del momento en que se decidió el diseño del nuevo estadio estos problemas se han visto identificados una y otra vez por expertos, e incluso han llegado a ser debate en la Dieta. Y sin embargo en estos dos años ni el ministro ni la administración del MEXT han hecho nada al respecto. Los arquitectos han sugerido remodelar el Estadio Nacional (construido para las Olimpiadas de Tokio 1964), pero lejos de deliberar sobre esa posibilidad, el Gobierno decidió demoler el edificio. En este tiempo, la mayoría de los medios de comunicación y el mundo del deporte han guardado silencio.

Es evidente que este tema no se limita a las Olimpiadas, sino que refleja problemas que existen en el conjunto político y administrativo de Japón.

El antiguo Estadio Nacional, antes de ser demolido (centro derecha), y las instalaciones deportivas de la zona Jingu Gaien. Arriba a la derecha se puede apreciar el recinto del Santuario Meiji (Imagen tomada el 25 de mayo de 2014, cortesía de Jiji Press)

¿No basta con un presupuesto de 300.000 millones de yenes?

Concentrémonos en el presupuesto para la construcción. Cuando se abrió la convocatoria para los diseños, en julio de 2012, el presupuesto total era de 130.000 millones de yenes, una cifra que ya era el doble de los 64.000 millones de Sidney o los 76.000 millones de Londres. En mayo del año pasado el plan general revisado elevó el presupuesto hasta los 162.500 millones; en él se cambiaba bastante el diseño de la fachada y se reducía el suelo total empleado. Un año después, el ministro dejaba claro que aunque se abandonara el diseño del techo retráctil, la obra iba a costar 260.000 millones de yenes.

¿Cómo puede cambiar de esa forma el presupuesto para la construcción? La razón más importante hay que buscarla en el diseño. El nuevo estadio cuenta, sobre el terreno de juego, con dos arcos en forma de puente colgante de 400 metros de longitud. Y esto hay que construirlo en el centro de Tokio, en un terreno muy limitado. Si además sumamos las dificultades técnicas de los trabajos subterráneos, veremos lo complicado de lograr un presupuesto fiable.

El Consejo de Deportes de Japón (JSC, por sus siglas en inglés) menciona el rápido encarecimiento de la mano de obra y los materiales, pero con esto no se explica todo. Si añadimos las bases subterráneas no incluidas en el presupuesto de los arcos del techo en el proyecto, el coste final podría alcanzar, dicen, los 400.000 millones de yenes.

Un estadio con solo medio estadio

Además de la estructura en sí, otra razón del alto presupuesto para el nuevo estadio es su escala y sus instalaciones. La superficie total de las áreas con funciones propias de un estadio es de 115.000 m2: las destinadas a los espectadores es de 85.000 m2, y las de competición y las pistas suman 24.000 m2. Por otro lado el espacio para recibir va aparte: salas de reuniones y oficinas para la gerencia, salas de equipamiento y demás suman 40.000 m2, 25.000 m2 de aparcamiento, 20.000 m2 de salas VIP, cubículos de espectadores, restaurantes y otras instalaciones destinadas a la hospitalidad, 14.000 m2 para exposiciones, biblioteca y tiendas… Desde el punto de vista del espacio, apenas la mitad del nuevo estadio está destinada para los eventos deportivos en sí.

Así, se plantea la duda de si es necesario un espacio tan grande para la zona VIP y los cubículos de espectadores, que con sus 20.000 m2 constituyen una cuarta parte del espacio total para el público.

Un error fatal es la falta de pistas secundarias para entrenar, algo que es imprescindible para competiciones atléticas, pero que no se contempla en el plan básico de la JSC. Dado que el estadio es tan grande no se pueden construir esas pistas en la zona. Durante las Olimpiadas se planeaba construir pistas temporales en una parte del distrito de Gaien, pero tras el evento no se podrían utilizar para competiciones.

Instalaciones multifuncionales en contra de las tendencias internacionales

Cada país en el que se construye un estadio nuevo para celebrar los Juegos Olímpicos considera exhaustivamente cómo emplear ese estadio en el futuro. Las Olimpiadas y Paralimpiadas duran aproximadamente un mes; hay que pensar cómo usar las instalaciones durante los siguientes cincuenta o cien años. La tendencia reciente consiste en calcular a la inversa: tras considerar ese uso posterior de las instalaciones se decide su uso durante las Olimpiadas (si es necesario añadir asientos provisionales o tomar otras medidas).

Por ejemplo, el estadio de Atlanta se usa ahora como estadio de béisbol, y el de Sidney como estadio de fútbol y otros juegos de pelota, con una superficie reducida. Por el contrario, el gigantesco estadio de Pekín, conocido como el “nido”, que se construyó en su día sin un claro uso final en mente, tras las Olimpiadas apenas se usa para nada, y se está investigando la posibilidad de demolerlo para evitar los costes de mantenimiento.

Antes de la revisión del plan de construcción el Nuevo Estadio Nacional estaba destinado a convertirse en un espacio multifuncional no solo para celebrar carreras, sino competiciones de fútbol y rugby, e incluso eventos culturales. Como resultado, tanto en escala como en prestaciones, su presupuesto aumentó en exceso. Los gastos de mantenimiento anuales previstos superaban en ocho veces a los del antiguo estadio, con una estimación de 4.000 millones de yenes, y se consideraba que tras la celebración de las Olimpiadas se convertirían en números rojos crónicos.

  • [11.09.2015]

Presidente del grupo de pensadores sin ánimo de lucro Kōsō Nippon. Tras graduarse en la facultad de Económicas de la Universidad de Kioto trabajó en el Ministerio de Finanzas. En 1997 fundó el grupo Kōsō Nippon. En 2015 comenzó a ejercer como profesor de nombramiento especial en el Departamento de Estudios Económicos de la Universidad de Kioto. Es autor, entre otras obras, de Ajia kakkoku no keizai - shakai shisutemu (Sistemas socioeconómicos de Asia; Toyo Keizai Inc., 1996), Kin’yū shijō to chikyū kankyō (Los mercados financieros y el medio ambiente global; DIAMOND Inc., 1996) y Dōro kōdan kaitai puran (El plan de desmantelamiento de la Entidad Pública de Carreteras, Bungeishunjū, 2001).

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