La seguridad nacional frente a la expansión de China en el mar del sur

Kōda Yōji [Perfil]

[22.09.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | العربية | Русский |

Las construcciones que China está levantando en algunos atolones del mar de la China Meridional están causando intranquilidad en la región. ¿Cómo debe reaccionar Japón para preservar su seguridad nacional ante estos movimientos de su vecino asiático?

Una dura respuesta de la comunidad internacional a los movimientos de China

Informes aseguran que China está terraplenando siete arrecifes de las islas Spratly en el mar de la China Meridional. Las primeras fotografías que mostraron evidencias de estas construcciones las tomó el Gobierno de Filipinas, y a juzgar por las mismas el proyecto ha debido desarrollarse desde la segunda mitad del año 2013. En los últimos dos años China ha continuado desarrollando este trabajo de manera subrepticia, pero las evidencias más recientes han revelado plenamente estos movimientos.

En los últimos años China ha reclamado el derecho exclusivo de la parte central del mar de la China Meridional, incluyendo la soberanía de las islas que están dentro de la “línea de nueve segmentos” que el país ha trazado en la zona.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Vietnam del Sur y China reclamaron la soberanía de las islas Paracelso en el área norte del mar, pero en 1974, cerca del final de la guerra de Vietnam, China venció a las fuerzas vietnamitas del sur en la Batalla de las Islas Paracelso y tomó control de facto de las mismas.

Años después de la reunificación del norte y el sur de Vietnam, en 1988, tuvo lugar un conflicto naval con China tras el que el gigante asiático pasó a controlar un grupo de atolones y rocas en las islas Spratly, un archipiélago en litigio al sur de las islas Paracelso. Estas rocas y atolones capturados por China quedaron sumergidos en una marea alta, y no podían ser utilizados como líneas base para establecer el espacio de las aguas territoriales según la Convención de las Naciones Unidas sobre la Ley Marítima (UNCLOS, por sus siglas en inglés). Sin embargo, para China, que no tenía ninguna base en esta área marítima, fue muy importante asegurarse un paso para avanzar en la misma zona con un total de 20.000 metros cuadrados de las 13 islas, que antes estaban controladas de facto por Vietnam, Filipinas, Taiwán y Malasia.

No obstante, al no disponer de ninguna base militar en la región, China necesitaba disponer de una isla más extensa. Pero la invasión militar de cualquiera de las cuatro islas principales, todas con pistas de aterrizaje (aunque pequeñas) controladas por Vietnam, Filipinas, Taiwán o Malasia, sería un acto inaceptable tratándose de un miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. De este modo China optó por una alternativa: construir en sus atolones islas artificiales para poder reclamar de manera legítima la soberanía sobre esas aguas.

La balanza de la superioridad militar se inclina a favor de China

Sanya en la isla de Hainan es un centro logístico ideal para la expansión de China por el mar de la China Meridional al existir en el lugar la mayor base naval de Asia que cuenta con instalaciones punteras, así como una base aérea. La isla Woody en las islas Paracelso está a unos 700 kilómetros al sureste de Sanya. Esta isla es una base avanzada con un aeropuerto y una pista de aterrizaje terraplenada de 2,5 kilómetros, así como un puerto con capacidad para atracar buques de guerra. En el centro y el sur del mar de la China Meridional, no obstante, China no tiene ninguna instalación como esta, y su presencia militar se restringe actualmente al despliegue de barcos.

China está concluyendo su avance en la reclamación de territorio para controlar las islas Spratly. Sus esfuerzos para ganar terreno al mar avanzan en los siete arrecifes entre los que se incluye el de Fiery Cross y el centro en un radio de 200 kilómetros. Es muy probable que China construya una base aérea con una pista de aterrizaje de 3 kilómetros, una pista de rodaje y una plataforma de estacionamiento, y almacenes para combustible y armamento en el arrecife de Fiery Cross, así como un puerto. Los otros seis arrecifes de alrededor servirán para proteger el de Fiery Cross mediante la vigilancia de las aguas y cielos cercanos, pudiendo establecer alertas tempranas y siendo puntos claves para el apoyo defensivo.

Cuando el proyecto se haya completado, China contará con importantes instalaciones navales y aéreas en las islas Spratly, a 900 kilómetros al sur de la isla Woody, y ello convertirá el dominio chino en este mar de un punto en la isla Woody a una línea que une esta isla y el arrecife de Fiery Cross. Solo esto es suficiente para inclinar la balanza de poder en el mar de la China Meridional a favor de China, algo que preocupa a los Estados Unidos como quedó demostrado en la declaración antes mencionada.

Si la comunidad internacional no puede detener la construcción de islas por parte de China, el próximo paso podría ser la demanda y construcción de bases en el arrecife Scarborough, a unos 200 kilómetros de la costa oeste de Filipinas, que ha estado controlado de facto por China desde 2012. De llevarse a cabo este proyecto, China tomará control efectivo sobre un área triangular con lados de entre 650 y 900 kilómetros entre la isla Woody, el arrecife de Fiery Cross y el arrecife Scarborough, algo que preocupa a los Estados Unidos, que no cuenta con bases estratégicas en las amplias aguas al oeste de Okinawa.

Un gran cambio para el equilibrio nuclear estratégico entre EE. UU. y China

Además de alterar el equilibrio de poder entre China y los Estados Unidos en el mar de la China Meridional, la construcción de islas y bases militares amenaza con ampliar el área estratégica de acción de los submarinos nucleares chinos desplegados entre Sanya y el océano Pacífico e Índico, un cambio en el equilibrio nuclear que puede tener un significativo impacto en cuestiones de seguridad global.

Además, en el plano político y económico esto tendría unas consecuencias nefastas:

1- Si la comunidad internacional permite que China reclame unilateralmente la soberanía sobre la región dentro de la línea de nueve segmentos, desafiando las normas internacionales, esto supondría un debilitamiento del orden marítimo internacional que ha permitido la prosperidad global.

2- Podría desestabilizar la región al reforzar la propensión aventurera de China de “modificar el statu quo a través de la fuerza”.

3- Esto podría dejar paso a China para limitar y controlar la libertad de navegación en el mar de la China Meridional, violando un derecho universal.

Las medidas que Japón debe tomar

La aparición de bases militares chinas en el mar de la China Meridional tiene implicaciones para Japón que van más allá del terreno de la seguridad e influyen en todas las cuestiones nacionales. Aunque Japón debería poner todos los medios para detener estas acciones que China lleva a cabo ignorando las normas internacionales, dada la importancia estratégica del mar de la China Meridional para el país asiático y los beneficios que obtiene con ello, es muy fácil imaginar que Pekín no aceptará renunciar a la creación de islas artificiales.

Para poner freno a las actividades unilaterales de China y contener su aventurismo serán necesarias medidas políticas y diplomáticas en consonancia con la ampliación de las capacidades militares y defensivas. Los dos pilares fundamentales para conseguir esto son la presencia militar de los Estados Unidos en la región y el apoyo de Japón al ejército estadounidense.

El ejército de los Estados Unidos está reequilibrando su política en torno a Asia-Pacífico mediante el refuerzo de su presencia militar y de sus estructuras operativas en la región al mismo tiempo que refuerza sus lazos de seguridad con otros países asiáticos. Además, si se producen cambios en el mar de la China Meridional no serán las tropas estadounidenses destacadas en la península coreana las que reaccionen, que deben estar listas para cualquier circunstancia allí, sino las tropas estacionadas en Japón o el propio ejército de los Estados Unidos. Además de apoyar la presencia del ejército estadounidense, Japón debe construir un marco institucional que permita a las Fuerzas de Autodefensa colaborar plenamente con las fuerzas armadas de los Estados Unidos para llevar a cabo acciones estratégicas en caso de una crisis o una emergencia.

Medidas militares: la reestructuración del sistema de defensa de las Fuerzas de Autodefensa y el despliegue del ejército estadounidense

Bajo una alianza entre las Fuerzas de Autodefensa y el Ejército de los Estados Unidos, semejante a “un escudo y una lanza”, se espera de Japón que proteja su territorio contra misiles balísticos y de crucero para defender las islas, y mantenga la defensa de sus aguas territoriales para garantizar su propia seguridad y apoyar a los Estados Unidos. Si los Estados Unidos tuvieran que realizar un movimiento estratégico contra China durante el ejercicio de operaciones en el mar de la China Meridional, la coordinación de la alianza nipoestadounidense sería clave. Es esencial que Japón aumente las capacidades de sus Fuerzas de Autodefensa para proteger el territorio japonés ante una posible amenaza de China, y su habilidad para proteger sus aguas territoriales en la parte oeste del Pacífico, permitiendo al mismo tiempo al ejército estadounidense operar en una área más amplia. Esto otorgaría más flexibilidad a la estrategia del ejército de los Estados Unidos para contener a China y fortalecería la capacidad de disuasión. Recientemente se ha discutido en la Dieta y en otros foros sobre la cuestión de la vigilancia en el mar de la China Medirional, y si bien los Estados Unidos sigue siendo el principal actor en el área, en los momentos difíciles se espera que las Fuerzas de Autodefensa de Japón puedan cumplir con su papel.

Medidas diplomáticas: crear una red de cooperación entre los países del mar de la China Meridional

Uno de los factores que facilitan el avance de China en el mar de la China Meridional es que, en comparación, la capacidad marítima de otros países de la región es muy limitada. Estos países deben además incrementar urgentemente su comprensión de los dominios aéreos y marinos. Al mismo tiempo, al disponer de recursos limitados deberán contar ampliamente con la capacidad de Japón y los Estados Unidos para reunir y compartir información sobre los dominios aéreos y marinos de esta gran área.

El importante papel de Japón en el asunto del mar de la China Meridional

China es consciente de que los Estados Unidos es un contendiente de sus planes en el exterior. China no ignora el poder real de los Estados Unidos y precisamente lo reconoce como un contendiente en el futuro, refiriéndose al país como un “injerencia exterior” en la cuestión “local” del mar de la China Meridional. Los esfuerzos para resolver la cuestión de China, en la que se incluye la del mar de la China Meridional, deben ser de naturaleza no militar, mediante el uso de la política y la diplomacia, pero nuestra capacidad defensiva y bélica sigue siendo un pilar fundamental en el que se apoyan dichos esfuerzos. Solo la certeza de que el ejército de los Estados Unidos se involucrará en la cuestión y el reforzamiento de la capacidad defensiva de otros países de la región podría obligar a China a sentarse en la mesa de negociación para discutir la cuestión del mar de la China Meridional seriamente. El apoyo de Japón a los Estados Unidos y a otros países de la región es sin duda importante para alcanzar una solución a este asunto.

(Fotografía del encabezado: una isla artificial de China en construcción en el arrecife de Fiery Cross. A la izquierda se puede observar la construcción de una pista de aterrizaje. Fotografía tomada a comienzos de mayo de 2015. Cortesía del ejército de Filipinas y Jiji.)

  • [22.09.2015]

Vicealmirante retirado de las Fuerzas de Autodefensa Marítimas de Japón. Nace en la prefectura de Tokushima en 1949. Se gradúa en la Academia Nacional de Defensa y pasa a las filas de las Fuerzas de Autodefensa Marítimas en 1972. Completa su entrenamiento en la Escuela de Guerra Naval de los EE.UU. en 1992. Ha servido como director general de la Oficina del Estado Mayor, comandante del distrito de Sasebo, y comandante de la flota de Autodefensa. Se retiró del ejército en 2008. Entre 2009 y 2011 fue miembro senior del Centro de Asia de la Universidad de Harvard.

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