La reactivación de la central de Sendai y el futuro de la energía nuclear en Japón

Kikkawa Takeo [Perfil]

[27.10.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

Con la reactivación en agosto de 2015 de la central de Sendai (Kagoshima), Japón ha puesto fin a cerca de dos años de paralización total de las instalaciones nucleares del país. Ahora los japoneses se preguntan si las otras centrales seguirán el mismo camino.

Primera reapertura bajo las nuevas normas de seguridad

El día 11 de agosto de 2015 fue reactivado el reactor 1 de la central nuclear de Sendai (prefectura de Kagoshima), operada por la Compañía Eléctrica de Kyūshū. Esta instalación ha sido el centro de las miradas por tratarse de la primera cuya reapertura había sido decidida tras haber pasado exitosamente la inspección realizada siguiendo las nuevas normas puestas en vigor en julio de 2013 por la Autoridad Reguladora Nuclear, que fue reorganizada tras el accidente sufrido por la central Fukushima Daiichi en marzo de 2011.

La central de Sendai tiene un reactor más, que también cumple los nuevos estándares de seguridad. Y hay otras instalaciones que también han obtenido el visto bueno de la citada autoridad para reiniciar sus operaciones: los reactores 3 y 4 de la central de Takahama (Compañía Eléctrica de Kansai) y el reactor 3 de la central de Ikata (Compañía Eléctrica de Shikoku).

A principios del presente año, los medios de comunicación japoneses hablaban de 2015 como año de la reactivación nuclear, dando por supuesto que una vez reactivada la central de Sendai irían poniéndose en marcha las demás centrales del país. ¿Vamos de verdad hacia esa situación? Viéndolo con realismo, es evidente que la previsión de los medios no era correcta.

Cómo interpretar los contradictorios resultados de las encuestas

Los resultados de las encuestas dicen que quienes se oponen a la reactivación de Sendai superan en número a quienes la apoyan, aunque hay un tercer grupo también muy amplio de quienes no tienen una opinión formada. Pero no hay que pasar por alto, cuando hablamos de este tema, ciertas contradicciones que se detectan en la opinión pública.

Cuando se reclama la opinión sobre lo que debería hacerse con las centrales a medio y largo plazo, la opinión pública elige mayoritariamente la opción “prescindir en el futuro de la energía nuclear”. Las opciones “prescindir total e inmediatamente de la energía nuclear” y “seguir usándola” son minoritarias. La opción “prescindir en el futuro de la energía nuclear” equivale a “seguir usándola por ahora en alguna medida”.

Pero cuando se adopta una perspectiva a corto plazo y se pregunta por la postura a favor o en contra de la reapertura de las centrales, la mayoría dice estar en contra de la misma y no a favor. Y no reabrir las centrales equivale, en la práctica, a “prescindir total e inmediatamente de la energía nuclear”.

Así pues, las encuestas revelan una curiosa contradicción entre las posturas a medio-largo plazo y lo que debe hacerse en este momento. Hay que preguntarse, entonces, qué explicación tiene este fenómeno.

El que suscribe estas líneas piensa que lo que realmente reflejan estas encuestas es que la gente considera inevitable seguir sirviéndose durante algún tiempo y en alguna medida de la energía nuclear. Sin embargo, no le convence la forma en que el Gabinete de Abe Shinzō está tratando de reabrir las centrales. La percepción popular es que los políticos del Gobierno se limitan a seguir adelante con la reactivación, tratando siempre de no aludir a sus propias responsabilidades y pasándoles la patata caliente a la Autoridad Reguladora Nuclear y a las compañías eléctricas. Ante esta actitud gubernamental, incluso quienes piensan que por el momento es inevitable seguir utilizando la energía nuclear sienten un fuerte rechazo y, cuando se les pregunta si están a favor o en contra de la reactivación, se posicionan en contra.

Una previsión gubernamental muy problemática

Esta falta de responsabilidad ante el problema nuclear del Gobierno de Japón queda claramente reflejada en la nueva previsión de oferta y demanda energética a largo plazo fijada en julio de este año. El mix energético de generación de electricidad para 2030 queda fijado por el Gobierno de la siguiente forma: nuclear, 20-22 %; renovables, 22-24 %; térmica alimentada con gas natural líquido, 27 %; térmica alimentada con carbón, 26 %; térmica alimentada con petróleo, 3 %.

A la hora de juzgar la corrección de esta previsión, el principal criterio lo aporta el Plan Básico de la Energía aprobado por el Consejo de Ministros el año pasado. Este plan especifica que el grado de dependencia de la energía atómica se mantendrá tan bajo como sea posible. Nos vemos obligados a decir que la previsión hecha pública esta vez y las directrices señaladas en el Plan Básico de la energía se contradicen.

Según la revisión efectuada en 2012 de la Ley Reguladora de Material, Combustible y Reactores Nucleares, la vida útil de los reactores nucleares se fija, en principio, en 40 años, a contar desde su puesta en marcha, transcurridos los cuales serán desechados. Este plazo podrá extenderse una sola vez otros 20 años, siempre que se cumplan determinadas condiciones, lo que equivale a establecer en 60 años el límite máximo de uso. De los 48 nucleares que existían en Japón a principios de 2015, solo 18 tendrían menos de 40 años de funcionamiento a finales de diciembre de 2030.

Es decir, que respetando estrictamente el principio de que la vida útil de un reactor es de 40 años, 30 de los 48 reactores habrían quedado fuera de funcionamiento. A los 18 todavía útiles habría que sumar los que actualmente están en fase de construcción: el reactor 3 de la central de Shimane (Compañía Eléctrica de Chūgoku) y el de la nueva central de Ōma (J-Power). La suma total no da más que 20 reactores. Operando estos 20 reactores al 70 % de su capacidad, en 2030 la energía nuclear aportaría aproximadamente el 15 % del total de la producción eléctrica, que se calcula en algo menos de un billón de kilovatios hora.

60 años de vida útil: ¿la excepción hecha regla?

Vemos, pues, que en caso de aprovechar al máximo los reactores siguiendo el principio de dejarlos fuera de funcionamiento al cumplir 40 años, para 2030 la dependencia con respecto a la energía nuclear se situará en torno al 15 %. Ese 20-22 % decidido por el Ministerio de Economía, Comercio e Industria, parte de la premisa de que habrá que prolongar la vida útil de los reactores o construir otros nuevos. Dado que el Gabinete de Abe ha manifestado que no prevé construir nuevos reactores, hemos de entender que esa diferencia de entre cinco y siete puntos porcentuales habría que cubrirla íntegramente prolongando la vida útil de los reactores de que se dispone actualmente.

Dentro de los 30 reactores que verían terminar su vida útil antes del fin de 2030 se encuentran los cinco cuyo límite de utilización se ha decidido este año, entre los cuales se halla el reactor 1 de la central de Mihama (Compañía Eléctrica de Kansai). También se incluyen los cuatro reactores de la central Fukushima Daini (Compañía Eléctrica de Tokio), cuyo cierre está siendo reclamando con fuerza por el Gobierno prefectural de Fukushima.

Si no se extiende la vida útil de una buena parte de los 21 reactores restantes (alrededor de 15), no será posible garantizar ese aumento de entre cinco y siete puntos necesarios para cumplir la previsión ministerial.

En resumidas cuentas, la previsión ministerial no parte del principio de los 40 años de vida útil, sino de esa otra cifra, 60 años, que la ley aprueba con carácter excepcional. Esta estrategia de aferrarse a los máximos admisibles con que el Gabinete de Abe aborda la interpretación de la ley reguladora no se compadece con su compromiso público de minimizar la dependencia respecto de la energía nuclear. Este 20-22 % sería, debemos concluir, un incumplimiento de tal compromiso.

Cómo garantizar la seguridad y al mismo tiempo moderar la dependencia nuclear

Si, cualquiera que sea su participación en el mix, partimos de que en el futuro vamos a seguir sirviéndonos, de una u otra forma, de la energía nuclear, esforzarnos al máximo por minimizar los riesgos se convierte en una premisa inexcusable. ¿Qué medida nos permitiría avanzar en esa dirección? Sin duda, valernos de las instalaciones más modernas y avanzadas.

Sin embargo, no cabe decir que las instalaciones nucleares de Japón estén entre las más “modernas y avanzadas”. Es cierto que entre los 22 reactores de agua en ebullición, que representan aproximadamente la mitad de los reactores nucleares de Japón, hay cuatro del tipo ABWR, que incorporan los últimos avances. Pero entre los reactores de agua presurizada (21), no hay ninguno de los modelos más novedosos, el APWE y el AP1000, pese a que un país como China está a punto de comenzar a servir de este último.

Lo más responsable en este caso sería reemplazar los viejos reactores por estos otros modelos más avanzados, colocándolos en esas mismas centrales. Pero el Gabinete de Abe evita enzarzarse en la discusión sobre el reemplazo de reactores y ha tomado la socorrida opción de prorrogar la vida útil de los existentes. Si estos son sus métodos, no podemos sino decir que la vuelta a la energía nuclear que se nos propone es de lo más irresponsable.

Por supuesto, insistir en el reemplazo de los reactores, en sí mismo, no ayudará a responder a las expectativas populares de reducir al mínimo la dependencia de la energía nuclear, y tampoco podrán cumplirse los compromisos electorales del Gabinete de Abe. Aunque se vayan a reemplazar los viejos reactores, lo mejor sería adelantar la desactivación de los viejos y reducir la previsión de dependencia nuclear para 2030 a un porcentaje cercano al 15 %. Llevar adelante ese proceso de reemplazo manteniendo la dependencia nuclear en los mínimos posibles es la única manera responsable de seguir utilizando en el futuro la energía nuclear.

Ni siquiera el 15 % es un objetivo realista para 2030

Inevitablemente, la opinión pública verá con ojos muy críticos que desde instancias políticas se apruebe una previsión de mix energético que, además de implicar un incumplimiento del compromiso público contraído de reducir al mínimo la dependencia de la energía nuclear, implique eludir el debate sobre el reemplazo de los viejos reactores y elegir la socorrida opción de prolongar la vida útil de los existentes. En tanto se siga eludiendo una discusión en regla sobre estos temas, es de todo punto imposible que en 2030 se alcance el anunciado objetivo del 20-22 % de dependencia nuclear y ni siquiera parece probable que se alcance el 15 %.

Se ha reactivado la central de Sendai, pero no por eso hay que confiar en que el resto de las centrales pueda reactivarse del mismo modo. 2015 no va a ser, como se pretendía, el año de la reactivación nuclear.

Fotografía del titular:
Central nuclear de Sendai (Kagoshima), operada por la Compañía Eléctrica de Kyūshū. (Fotografía: Jiji Press)

  • [27.10.2015]

Doctor en Economía por la Universidad de Tokio (1983) y profesor de la Escuela de Posgrado de Comercio y Administración de Empresas de la Universidad Hitotsubashi nacido en 1951 en la prefectura de Wakayama. Sus especialidades son la Historia de la Administración de Empresas en Japón, los Estudios de la Industria energética, los Estudios de las Economías regionales y los Estudios de la Industria deportiva. Tras su paso por la Universidad de Harvard como investigador visitante y tras ejercer como profesor en el Instituto de Investigación de Ciencias Sociales de la Universidad de Tokio, en 2007 accede a su puesto actual. En 2014, preside la Reunión de Tokio sobre Estrategias para la Consecución de una Sociedad basada en el Hidrógeno. Entre sus obras, destacan Denryoku kaikaku: energy seisaku no rekishiteki daitenkan (Reformas en la industria eléctrica: grandes cambios históricos en las políticas energéticas; editorial Kōdansha Gendaishinsho, 2012) y Nihon no energy mondai (El problema energético de Japón; editorial NTT, 2013).

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