Lo que desveló una jugada sucia de fútbol americano
Una tragedia deportiva causada por la falta de autonomía real

Uchida Ryō [Perfil]

[09.08.2018] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

Las directrices emitidas por el Ministerio de Educación dicen que la participación en los clubes donde se realizan las actividades extraescolares debe ser voluntaria y espontánea. Sin embargo, ¿no estaremos obligando a nuestros estudiantes a ser “voluntarios”, privándoles así de la oportunidad de juzgar y actuar con autonomía? Una reflexión sobre el caso de comportamiento antideportivo ocurrido recientemente desde la perspectiva de los clubes deportivos escolares.

“Aplástalo a la primera”

¿Habrá recibido tanta atención como la que recibe ahora en Japón el fútbol americano, un deporte minoritario incluso a nivel universitario? Todo empezó con el partido disputado el 6 de mayo de 2018 entre la Universidad Nihon y la Kansei Gakuin, cuando un jugador de la línea defensiva del primer equipo le hizo una dura entrada por la espalda y fuera de lugar a un quarterback del segundo equipo, causándole una lesión. El hecho recibió una gran cobertura informativa.

El problema, sin embargo, no vino tanto de la malintencionada entrada como del modo en que las personas implicadas llevaron el caso. El autor de la entrada afirmó que el director deportivo y su entrenador le habían dado instrucciones para que “aplastara en la primera jugada” al quarterback contrario, pero estos se excusaron diciendo que el jugador había tomado sus instrucciones demasiado al pie de la letra. Esta actitud evasiva de los responsables levantó muchas críticas.

Dejando los detalles del caso para otra ocasión, en este artículo quisiera tratar el problema de los clubes deportivos universitarios y la forma en que los responsables deportivos hacen su labor.

“No supe juzgar por mí mismo”

Del referido caso, fue la rueda de prensa convocada por el jugador que hizo la entrada lo que causó una impresión más fuerte. Era un universitario de apenas 20 años, que aparecía a rostro descubierto y con su nombre por delante, y que reconocía sin tapujos que había hecho la entrada con la intención de lesionar al rival.

De haberlo querido, podría haber recurrido al socorrido argumento de que la entrada ocurrió en el calor del partido y que no había podido refrenarse. Pero no se excusó de ninguna forma y confesó con sinceridad que la entrada había sido intencionada, lo cual podría significar para él tener que afrontar responsabilidades penales. Dio la impresión de estar hablando guiado por un firme convencimiento.

Su actitud quedó condensada en la parte final de la declaración que leyó ante los informadores: “La causa de lo ocurrido está en que yo, al margen de cuáles hayan sido las instrucciones que recibí del director deportivo o del entrenador, fui incapaz de negarme a cumplirlas y por cumplir dichas instrucciones incurrí en un acto antirreglamentario, a consecuencia de lo cual terminé lesionando al contrincante de una forma indigna. Esto me ha causado grandes remordimientos desde el momento en que fui expulsado y hasta el presente. Y finalmente me he decidido a escribir esta declaración porque pienso que decir la verdad es el primer paso hacia la reparación del daño causado”.

Dicho en otras palabras, el joven no se dio cuenta del problema que entrañaba la orden de su director deportivo o de su entrenador de “aplastar” al contrario. Y, tal como se le había instruido, procedió a hacer una entrada muy peligrosa. En su disculpa pública, el deportista reconoció que el mayor problema estribaba en no haber sido capaz de juzgar y obrar de forma autónoma.

La educación no es posible en un ambiente de miedo

En la rueda de prensa que convocó cuatro días después, la Universidad de Kansei Gakuin dejó entrever que comprendía el doloroso dilema que había tenido que afrontar el jugador de la Universidad Nihon. Preguntado por los informadores sobre el deporte universitario, el director deportivo de fútbol americano Toriuchi Hideaki respondió lo siguiente: “Aunque hablemos de deporte universitario, por principio el deporte es algo que hay que practicar siguiendo un criterio propio para, ejercitándolo, ir forjando una personalidad (…), y no puede pretenderse de ningún modo educar sobre la base del miedo o del castigo físico. Si es que, entre los muchos deportes que se practican, todavía hay algún lugar donde se pretende educar así, yo creo que es el momento de hacer una reforma, y creo que es aplicable también a la primaria, la secundaria y el bachillerato.

Actuar no siguiendo al pie de la letra las instrucciones de un director deportivo al que se teme, sino juzgando cada hecho por sí mismo. Ahí estaría el sentido, según entiende Toriuchi, de la práctica del deporte en la escuela, desde la primaria hasta la universidad.

Una autonomía solo nominal

Es muy significativo que el director deportivo Toriuchi dijese que su pensamiento se aplica por igual a los niveles de primaria, secundaria y bachillerato.

La universidad no deja de ser un nivel educativo más y, al igual que en la primaria, la secundaria y el bachillerato, la práctica de actividades deportivas representa una magnífica forma de educarse. Hay que preguntarse si en los clubes deportivos de las escuelas el proceso mental autónomo en el estudiante recibe la importancia que merece.

Las Directrices del Currículo Básico emitidas por el Ministerio de Educación establecen que las actividades deportivas en los niveles escolares de secundaria y bachillerato se realizarán sobre la base de la participación voluntaria y espontánea de los alumnos. En la normativa, estas actividades se presentan como una oportunidad para materializar los ideales de autonomía y espontaneidad. Sin embargo, en muchos casos se fuerza a los alumnos a participar en dichas actividades e incluso hay muchos alumnos que ni siquiera saben que dichas actividades son voluntarias.

Un estudio sobre las actividades deportivas en las escuelas llevado a cabo por la gubernamental Agencia del Deporte de Japón en 2017 reveló que en un 32,5 % de las escuelas públicas de secundaria todos los alumnos participan en alguna de estas actividades, es decir, que en un tercio de todas las escuelas públicas de ese ciclo se obliga a los alumnos a participar en ellas. La tan proclamada autonomía no pasa de ser, pues, un principio teórico.

Por otra parte, al margen de que lo hagan por obligación o no, se sabe que nueve de cada 10 estudiantes de secundaria y bachillerato participan en algún club deportivo escolar. Que esta participación es semiobligatoria si no totalmente obligatoria se refleja en el hecho de que entre el 60 % y el 70 % de los estudiantes que habían hecho algún deporte en los clubes de los institutos de bachillerato abandonen su práctica al ingresar en una universidad (véase mi libro Burakku bukatsudō).

Presiones para no abandonar los clubes

Además, para mayor confusión, en estos clubes que deberían ser de participación voluntaria existen los llamados “entrenamientos voluntarios”. Así es como se llaman a veces los que se realizan antes de las clases, o los domingos. Sin embargo, a dichos “entrenamientos voluntarios” acude también el profesor que actúa como monitor, como si se tratase de actividades obligatorias, y así es como lo entienden los alumnos, que en su mayoría acuden también.

La voluntariedad no solo se menosprecia a la hora del ingreso en estos clubes. También a la hora de dejarlos podemos encontrar situaciones parecidas. Si un alumno manifiesta su intención de dejar la actividad, el profesor-monitor tratará de convencerlo por todos los medios de que no lo haga.

Conozco el caso de un estudiante de bachillerato al que, cuando quiso dejar el club deportivo, su monitor le espetó cosas como “¡pero por qué no piensas un poco en tus compañeros!” o “¡eres una basura!”.

Nos preguntamos si el monitor dijo aquello pensando realmente en los otros muchachos. Cuando existe tal apego por parte de los profesores a los clubes deportivos y un alumno decide salir del club, este suele ser visto como un elemento rebelde que opone resistencia al monitor. Y convencerlo o hacerlo entrar en vereda se considera parte del deber del monitor y una forma de manifestar su autoridad y capacidad de liderazgo.

Por supuesto, dejarlo todo a criterio del alumnado tampoco es recomendable. Pero las actividades extraescolares deben basarse siempre en la voluntariedad. No hay ninguna razón para que un monitor se enfade porque uno de los alumnos pretenda abandonar su club.

Lo que nos enseñó el alumno de la Universidad Nihon que hizo la entrada antirreglamentaria

No es mi intención denostar las actividades extraescolares. Lo que quiero decir es que, si realmente son actividades voluntarias, en dichos clubes debería potenciarse la libertad.

No se trata de producir personas que cumplan sumisamente las órdenes de sus superiores, sino de formarlas para que sean capaces de sopesar en su fuero interno esas órdenes. Si lo de promover la autonomía se queda en meras palabras y estas actividades se convierten en excusa para atar a los alumnos, y privarles de su libertad y de su capacidad de pensar y juzgar por sí mismos, entonces habrá que concluir que como actividades educativas están desencaminadas.

Y la entrada malintencionada protagonizada por el joven de la Universidad Nihon ocurrió como consecuencia de toda una acumulación de actividades extraescolares equivocadas.

Pero hay un aspecto que deja un cierto margen a la esperanza.

La acción realizada por el jugador durante el partido no puede ser excusada. Pero inmediatamente después de perpetrarla, el jugador se dio cuenta de lo que había hecho y sin dilación manifestó la necesidad de presentar sus disculpas a la parte afectada. Además, reconoció públicamente su falta con toda sinceridad.

La caballerosa actitud de este jugador, actitud a la que ha llegado por razonamientos propios, ha surtido el efecto de hacernos pensar en los problemas que presentan las actividades extraescolares.

La opinión pública ha encontrado más problemática la actuación del director deportivo y del entrenador que la acción antideportiva del jugador. Eso quiere decir que esta sociedad es todavía capaz de hacer algo para que estas actividades extraescolares se orienten de otra forma diferente.

Creo que debería prestarse la debida consideración a la corriente de opinión pública desencadenada por este caso.

Fotografía del encabezado: integrantes del club de fútbol americano de la Universidad Nihon, que reanudó sus actividades el 29 de junio de 2018, en Setagaya-ku (Tokio). (Jiji Press)

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  • [09.08.2018]

Profesor de la Escuela de Posgrado de Educación y Desarrollo Humano de la Universidad de Nagoya. Nacido en 1976, es doctor en Pedagogía. Especializado en sociología de la educación, viene interesándose por los riesgos derivados de la vida escolar (accidentes deportivos, en torres humanas formadas como ejercicios gimnásticos, caídas o castigos físicos, los suicidios, la nibun-no-ichi seijinshiki o ceremonia de los 10 años, la carga que supone para los profesores las actividades bukatsudō, etc). En 2015 recibió el premio Yahoo Author Award. Es autor de Kyōiku to iu yamai (“Una enfermedad llamada educación”; Kōbunsha Shinsho), Jūdō jiko (“Accidentes del judo”; Kawade Shobō Shinsho), Jidō gyakutai e no manazashi (“Cómo mirar el maltrato infantil”; Sekai Shisōsha, Premio de Fomento de la Sociedad Japonesa de la Sociología de la Educación).

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