La “Primavera Árabe” y la diplomacia japonesa
Lo que se deja ver desde el Mediterráneo

Sakai Kazunari [Perfil]

[18.01.2012] Leer en otro idioma : 日本語 | FRANÇAIS | العربية |

Europa y EE.UU. han participado en el movimiento de democratización denominado “Primavera Árabe”, que afecta a Oriente Medio y el norte de África, con diversas acciones, que van desde la diplomacia hasta la intervención militar. Japón debe aprender de la relación estratégica entre estos países a lo largo de la historia, y aplicar lo aprendido para adecuar su diplomacia.

En 2011 la región del Mar Mediterráneo (Oriente Medio y el norte de África) se vio envuelta en una gran democratización llamada “Primavera Árabe”, que se extendió por Túnez, Egipto y Libia elevando un movimiento popular que exigía democracia y que en muchos de los países terminó por crear el colapso de las autoridades de los sistemas dictatoriales. El movimiento comenzó con la “Revolución de los Jazmines” de Túnez, cuando en diciembre de 2010 un joven se quemó a lo bonzo para protestar contra el gobierno, y al transmitirse esta información por internet, la fuerte oposición al régimen autoritario del gobierno dictatorial a las órdenes del presidente Ben Ali unió los ánimos caldeados del pueblo en un levantamiento antisistema. En enero de 2011 el presidente Ben Ali se exilió, por lo que el país tuvo que formar un gobierno provisional.

En lo referente a esta “Primavera Árabe” Estados Unidos y Europa participaron en ella de muy diversas maneras, desde una intervención militar en Libia de las tropas de las principales potencias de la OTAN -Francia, Estados Unidos e Inglaterra- para enfrentarse al régimen de Gadafi (entre marzo y octubre de 2011), hasta sus esfuerzos diplomáticos que trabajaron desde dentro del sistema para conseguir la transferencia de poderes en Egipto y Túnez.

Sin limitarse a esto, en la región del Mar Mediterráneo tras la Guerra Fría se adoptó una serie de compromisos políticos amplios que mezclaban las líneas duras y blandas de EE.UU. y Europa. En especial, las acciones de la Unión Europea y otros países de Europa en general han venido utilizando ingeniosamente su influencia sobre las revoluciones socioeconómicas de la región al ofrecer las ayudas económicas al tiempo que se presentan las condiciones políticas necesarias para optar a dichas ayudas.

También para Japón, desde el punto de vista de la seguridad y aseguramiento de la energía, la pacificación de este territorio posee una importancia capital. Además, el hecho de que Japón muestre su presencia en pleno desarrollo de este movimiento mediante una ayuda y apoyo dirigidos con precisión a los procesos subyacentes de democratización y pacificación resulta beneficioso en el sentido de que está directamente relacionado con la mayor participación japonesa en la comunidad internacional.

La participación japonesa en la región del Mar Mediterráneo

¿Qué tipo de presencia está mostrando Japón de cara a estos países que han ido uniéndose a la oleada de grandes revoluciones en la región del Mar Mediterráneo?

Japón, con miras a la estabilización política y económica, y la materialización de una buena gobernabilidad en la región, concede una gran importancia a lograr una política, administración y gerencia justas, a la formación de recursos humanos, a la creación de empleo y el fomento de la industria. Además, Japón invierte esfuerzos en la diplomacia económica, aportando beneficios para ambas partes, para contribuir al final a una revolución pacífica del sistema político y económico de estos países. En ese sentido, teniendo en cuenta el hecho de que la mayoría de estos países poseen petróleo y otras riquezas, Japón está reforzando su participación en áreas como la cooperación energética, y en especial los avances en la cooperación en campos como la política, las ciencias y la tecnología, o la educación, para poder construir una relación multifacética basada en la cooperación y la confianza.

Según el Ministerio de Relaciones Exteriores, para conseguir materializar esa política y administración justas hay una ayuda en marcha (consistente en envíos de especialistas y otros) para las elecciones en Túnez y Egipto, que se encuentran en un periodo de transición como resultado de la “Primavera Árabe”. Del lado de la administración se pretende aumentar el apoyo a la gobernabilidad, y en cuanto al gobierno se está impulsando cursos impartidos por la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA, por sus siglas en inglés) a los oficiales administrativos de estos países, así como el envío de grupos de especialistas sobre administración desde Japón. Además en Túnez se está llevando a cabo el apoyo en forma de materiales para la emisora nacional de televisión, y de capacitación para los trabajadores, y se está reforzando la participación de cara a la formación de los ciudadanos y los medios de comunicación. En cuanto a la formación de recursos humanos, se avanza en los preparativos y la gerencia de la Universidad Técnica de Ciencias Egipcio-japonesa, en Egipto, o el Technopark de Túnez. Y por lo que respecta a la generación de empleo y el fomento de la industria, con los preparativos para infraestructura como punto focal, en los últimos cinco años la media anual de los préstamos realizados se ha elevado hasta los 122 mil millones de yenes, y lo que es más, se esperan aún más préstamos. Además, según la Organización de Desarrollo Tecnológico, Industrial y de Nuevas Energías (NEDO, por sus siglas en inglés) del Ministerio de Economía, Comercio e Industria, se están promocionando proyectos de generación de energía solar en lugares como Marruecos o Túnez.

Si prestamos atención a Palestina, que continúa con su antagonismo y disputas con Israel, desde 1993 se han aplicado ayudas que superan los mil millones de dólares. Se han construido hospitales en Jericó, y ha habido otros resultados, como la introducción de una libreta médica para mujeres encintas. Al centrarnos en el periodo que va de 2003 a 2009, veremos que la ayuda japonesa a Palestina ocupa un 8% del total (tras el 21% de la Unión Europea y el 18% de EE.UU.). En estas circunstancias, para contribuir a la independización económica de Palestina, entre los planes originales de Japón, a medio y largo plazo, aquél que se encuentra más avanzado es el plan llamado “Corredor para la Paz y la Prosperidad”, y como parte de dicho plan se celebró la inauguración de las obras del proyecto para un parque agroindustrial en Jericó (Gaikōseisho, edición de 2011). Japón, para tratar de materializar la resolución del conflicto entre ambos países según la “Hoja de Ruta para la Paz en Oriente Medio” que lideraba el “cuarteto” compuesto por EE.UU., la Unión Europea, Rusia y las Naciones Unidas, se sumó a los esfuerzos y avances en pos de una mayor confianza en el diálogo político entre los implicados, y al continuar apoyando a Palestina de este modo planea contribuir a la paz y estabilidad de la región a medio y largo plazo.

La política de la Unión Europea hacia sus países vecinos

Por otro lado, en cuanto a la contribución del que se puede considerar el agente de mayor peso en la región del Mar Mediterráneo, la Unión Europea, ¿qué tipo de iniciativas se están llevando a cabo?

La participación de la Unión Europea en esta zona pasa principalmente por dos marcos: la Política Europea de Vecindad (ENP, por sus siglas en inglés), y la Unión para el Mediterráneo.

La ENP busca, a través de acuerdos con los países vecinos de la Unión Europea por separado, llevar a cabo diversos tipos de ayuda en muchos campos, que comprenden los ámbitos político, económico y social y urgen a la estabilidad política y económica de dichos países. Los países que el ENP contempla, además de antiguas repúblicas soviéticas como Ucrania o Bielorrusia, son los de las costas sur y este del Mediterráneo, como Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Israel, Palestina, Jordania y Siria, los principales países de Oriente Medio y el norte de África. Con el ENP se crean planes de acción entre la Unión Europea y cada uno de los países citados de forma individual, y la Unión Europea construye sus ayudas en base a esos planes. Aunque dichos planes se crean teniendo en cuenta específicamente la situación de cada país, los puntos que reciben un énfasis especial en todos los planes por igual son el refuerzo de la democracia y el estado de derecho, la protección de los derechos humanos, el diálogo político y la promoción del entendimiento mutuo para evitar el terrorismo o los conflictos, la reactivación económica y el refuerzo del comercio. Aunque la Unión Europea impone ciertas condiciones para que esos países puedan recibir las ayudas económicas, se puede decir que el mismo hecho de que se hayan formalizado aquellos planes que incorporaban tales contenidos con respecto a países árabes de sistemas no democráticos es un éxito significativo de la política exterior de la Unión Europea.

Los 27 países de la Unión Europea (en azul)
Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Inglaterra, Irlanda, Dinamarca, Grecia, España, Portugal, Austria, Suecia, Finlandia, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Estonia, Lituania, Latvia, Malta, Chipre, Bulgaria, Rumanía
Los restantes (en naranja): Argelia, Armenia, Azerbayán, Bielorrusia, Egipto, Georgia, Israel, Jordania, Líbano, Libia, Marruecos, Territorios Palestinos, Siria, Túnez, Ucrania

Por otro lado, con el marco de la Unión para el Mediterráneo, inaugurado en 2008 se dio continuidad al Proceso de Barcelona (nombre popular del Euro-Mediterranean Partnership) comenzado en 1995. Se trataba de una estructura regional internacional que reunía a toda la zona mediterránea: los 27 países de la Unión Europea, junto a algunos países del norte de África, como Túnez o Marruecos, otros del este del Mediterráneo, como Israel y Palestina, e incluía a otros que todavía no habían sido aceptados como miembros de la Unión Europea, como Turquía o los países de la Península de los Balcanes. La secretaría se hallaba en Barcelona, y se introdujo un sistema para elegir los países que ocuparían la copresidencia, uno del “norte” -la Unión Europea- y otro del sur -los demás- (los primeros elegidos fueron Francia y Egipto). El objetivo era crear avances en el mutuo entendimiento y la cooperación para diversos campos, poder hacer avanzar esa cooperación en áreas como el intercambio cultural y educativo, la industria, la energía y el medio ambiente, teniendo siempre en mente el desarrollo del “sur”. Además, el hecho de hacer que los países participantes tengan un lugar donde reunirse tiene la función inherente de prevenir y relajar los antagonismos y las fricciones entre los países del “sur”.

Los 27 países de la Unión Europea (en azul)
Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Inglaterra, Irlanda, Dinamarca, Grecia, España, Portugal, Austria, Suecia, Finlandia, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Estonia, Lituania, Latvia, Malta, Chipre, Bulgaria, Rumanía
Los restantes (en verde): Argelia, Egipto, Marruecos, Territorios Palestinos, Túnez, Israel, Jordania, Líbano, Siria, Mauritania, Bosnia y Herzegovina, Croacia, Mónaco, Albania, Montenegro, Turquía

De este modo la Unión Europea profundizó en una participación superpuesta por toda la región del Mar Mediterráneo, a través del marco bilateral con los países individuales de Oriente Medio y el norte de África basado en el ENP, y haciendo uso a la vez del marco multilateral de deliberaciones y cooperación entre los países miembros de la Unión para el Mediterráneo. En las grandes áreas de la política, la economía, la sociedad, y también el mantenimiento de la seguridad, al tiempo que se afianzaba esa participación en los países de Oriente Medio y el norte de África también se impulsaba una revolución política orientada a la democratización, como condición política indispensable para las ayudas económicas; esto era parte de una estrategia de la Unión Europea de planear un “aterrizaje suave” para las propuestas políticas a medio y largo plazo. En el centro de esta estrategia hay un sistema de conversaciones basado en esos marcos multinacionales, que se demuestra de forma especialmente simbólica en la Unión para el Mediterráneo. Se trata precisamente de una institucionalización del sistema de diálogos con la que la propia Europa se ha esforzado para lograr estabilidad y desarrollo tras numerosas peripecias. La relación geopolítica, económica, histórica y cultural que une a Oriente Medio y el norte de África con Europa es profunda; se trata de una región que posee unas estructuras políticas débiles, con conflictos incesantes. Se podría decir que la Unión Europea refleja sus estrategias políticas internacionales, basadas en su experiencia histórica y la pericia adquirida, en su diplomacia en la parte de Oriente Medio y el norte de África que da al Mediterráneo, y apunta a la estabilidad y el desarrollo, tanto en política como en economía, en el área que se extiende desde el norte de Europa hasta la región del Mar Mediterráneo.

Reflexiones sobre la región del Mar Mediterráneo y la comparación Japón-Unión Europea

Al comparar lo que hemos visto hasta ahora sobre la diplomacia de Japón y la de la Unión Europea en la región del Mar Mediterráneo, ¿qué conclusiones podemos sacar?

Al comprobar la lista de contribuciones japonesas vemos que se trata de cosas como asistencia electoral, ayuda en infraestructuras, refuerzo del intercambio humano, etcétera. Por otro lado las principales contribuciones de la Unión Europea pasan por la materialización de una buena gobernabilidad, ayudas económicas, y su conocimiento sobre los sistemas educativos. En ambos casos participan con ayudas y contribuciones que cubren un amplio territorio político, económico y social.

Japón tiene limitaciones por su constitución, y en lugar de contribuir por medios militares hace sus contribuciones y ayudas por medios civiles. Aunque se concede una gran importancia a la “consecución de la seguridad humana”, uno de los pilares de su política de exteriores, en el caso de la diplomacia del Mediterráneo se muestra una fuerte tendencia hacia las ayudas de cara al empowerment (facultamiento y fortalecimiento) de las personas del lugar en cuestión. Este punto de la “consecución de la seguridad humana” también es algo que posee la Unión Europea; según la “Estrategia Europea de Seguridad”, publicada en diciembre de 2003, ésta se encuentra en el eje de la diplomacia y el mantenimiento de la seguridad. Los países de la Unión Europea mantienen el uso de su fuerza militar al mínimo, y se centran en ayudas civiles que contribuyan con conocimiento.

Por otro lado, en cuanto a las diferencias entre Japón y la Unión Europea, ya que los países principales, como Francia e Inglaterra, tienen vínculos históricos con algunos países de Oriente Medio y el norte de África a través de la colonización, es posible que en ocasiones se cree desconfianza en unas relaciones precisamente porque son profundas. Durante la “Primavera Árabe”, con el objetivo de derrocar el régimen de Gadafi, se llevó a cabo una intervención militar en la que se bombardeó Libia y que contó la participación de un sector de los países de la Unión Europea, como Francia e Inglaterra. Este hecho, a corto plazo, puede haber contribuido a la democratización de Libia, pero a largo plazo no son pocas las posibilidades de que acarree una reacción de rechazo y odio.

De este modo, la Unión Europea (o sus países principales) necesita manejar la situación meticulosamente, mientras que Japón es una presencia neutral en la zona, y tiene una alta confiabilidad. En este sentido, Japón tiene la ventaja de poseer una gran potencial para poder actuar como intermediario en caso de conflictos y enfrentamientos. Japón no debe perder esa ventaja.

La Unión Europea también tiene una estrategia diplomática de prevención. Se trata de un intento que parte del punto de vista de que prevenir los conflictos conduce directamente a la estabilización de la zona, y consiste en eliminar los posibles brotes de conflictos en el futuro a través de profundizar las interacciones en una amplia esfera que va desde la diplomacia hasta los intercambios particulares en el ámbito civil. Por otro lado, en la participación de Japón en la zona este elemento de la prevención no es un eje evidente de su política, aunque se ve esporádicamente. Para elevar la presencia japonesa en la zona es de esperar que se cree un eje que defina sus actividades.

El Mediterráneo como un modelo de referencia para la comunidad del Este Asiático

Por cierto, el esquema de las relaciones entre la Unión Europea y los demás países del Mediterráneo se parece mucho a la relación que tiene Japón con los países de Asia.

Por un lado están los países desarrollados, que ya gozan de estabilidad y prosperidad, tanto políticas como económicas, y por otro están los países (por ejemplo, China); la situación política en general se encuentra en una fase previa a la democratización y de la economía el desarrollo del mismo se limita a la clase privilegiada y no se ha alcanzado un nivel en el que la mayoría del pueblo goce de los beneficios. Sobre todo, las relaciones entre la Unión Europea y los países del Mediterráneo, y entre Japón y los países de Asia se parecen en que los países mencionados más arriba tienden a tener relaciones bastante inestables (a veces incluso volátiles) y conflictos con los países vecinos. Es decir, que la política exterior de la Unión Europea en el Mar Mediterráneo tiene mucho en común con la política de Japón en el Este Asiático. En cuanto al significado de la “Primavera Árabe”, en su proceso de profundización de las relaciones con los países de Asia, Japón puede aprovechar la experiencia de la Unión Europea y la región del Mar Mediterráneo como modelo: los procesos de democratización en los países del “sur” de la región del Mar Mediterráneo continúan, mientras en Asia también hay casos de países en vías de democratización.

El marco regional internacional de la Unión para el Mediterráneo puede estar mostrando el ejemplo a seguir para Japón en cuanto a la cooperación regional en la zona de Asia. El debate sobre la “Comunidad del Sudeste Asiático” muchas veces se hace en comparación con el proceso de unificación de la Unión Europea; sin embargo lo que debemos comparar no es la Unión Europea en sí, sino sus relaciones con los países vecinos. Es decir, que podemos estudiar, en el contexto de Sudeste Asiático, la validez de la sistematización del diálogo en el marco multilateral, que es el eje de las relaciones internacionales europeas.

(Escrito el 30 de noviembre de 2011; traducido al español del original japonés)

  • [18.01.2012]

Miembro del Subcomité Francés-Español de Nippon.com. Profesor titular para el curso de posgrado de Estudios Interculturales de la Universidad de Kobe. Graduado en 1992 por la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio, Departamento de Estudios Franceses. Obtuvo un Máster de Investigación en Cultura de Área, para luego doctorarse en Ciencias Sociales por la Universidad de Hitotsubashi. Entró en el Ministerio de Educación, Ciencia y Cultura en 1996 (como encargado de investigaciones extranjeras). Profesor invitado en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de París, cargo que también ha ocupado en Nanterre La Défense, París occidental. Entre sus obras destaca Yōroppa no Minzoku Tairitsu to Kyōsei (“Oposición y simbiosis de los pueblos de Europa”, Editorial Ashishobō, 2008.)

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