Problemas financieros de los miembros de la UE
Entre la soberanía nacional y el federalismo

Tanaka Soko [Perfil]

[25.01.2012] Leer en otro idioma : 日本語 | FRANÇAIS |

Con la extensión de la crisis financiera por la eurozona, el viejo tema, debatido desde la unificación europea, de la compatibilidad entre unidad monetaria y soberanía nacional, está siendo contemplado desde un nuevo prisma. Un experto en economía europea nos ofrece su visión sobre los problemas básicos que aquejan a la eurozona y la forma en que se podría superarlos.

En Japón también se habla mucho de la crisis de la eurozona, una crisis que en el verano de 2011 comenzó a extenderse a Italia y España, y que según parece no va a remitir en 2012. Además, la eurozona se dirige a una recesión y es muy posible que la crisis de las finanzas públicas, que está en la base del problema, se agrave todavía más.

La eurozona es un conjunto de países que comparten una misma moneda, pero cuyos intereses enfrentados son causa de que se haya retrasado la respuesta a la crisis. Y debido a las insuficientes medidas, las dificultades persisten. Por esta razón, el viejo tema europeo de promover la moneda única respetando la soberanía de cada estado está siendo contemplado bajo una nueva luz. A continuación haré una reflexión en torno a estas ideas de unidad monetaria, soberanía de los países miembros y federalismo.

La crisis de la eurozona despierta un gran interés

A finales de 2011 los semanarios económicos japoneses publicaron sus previsiones para el año siguiente. En ninguno de ellos faltaron las referencias a la crisis de la deuda de la eurozona, a la crisis europea. En una encuesta recientemente dirigida por el Nihon Keizai Shimbun (Nikkei) a 150 economistas y otros expertos japoneses, a la pregunta que cuál sería el problema más grave para la economía mundial durante 2012, la respuesta más repetida fue “el problema de la deuda nacional de los países de Europa (eurozona)”.

El problema de las finanzas públicas, en realidad, afecta también muy seriamente a Estados Unidos y al Reino Unido. Estos dos países fueron el epicentro de la crisis financiera mundial que estalló en el otoño de 2008 con ocasión de la quiebra de Lehman Brothers. Muchos bancos quebraron y el sistema financiero quedó paralizado. Si las finanzas se paralizan, la economía se desploma. Los respectivos gobiernos rescataron a los bancos gastando ingentes sumas de dinero, lo cual elevó súbitamente el déficit presupuestario, que desde 2009 y durante tres años no ha bajado de las dos cifras en su porcentaje con respecto al PIB (producto interno bruto).

En 2011 el déficit presupuestario del conjunto de la eurozona fue del 4%, una cifra mucho mejor que las de los dos referidos países. Entonces, ¿cómo se explica que los economistas japoneses vean el déficit de la eurozona como el problema más grave?

Inquietud ante la crisis en la eurozona

Por decirlo en pocas palabras, suponemos que es porque perciben que el problema de las finanzas públicas de la eurozona ha desencadenado una crisis en el conjunto del sistema financiero, y que no hay perspectivas claras de que pueda solucionarse esta situación.

Los bancos entre cuyos activos en cartera figuran grandes cantidades de deuda de los países con finanzas públicas en estado crítico ven cómo esos activos se deterioran, sus acciones bajan y tienen problemas para proveerse de capital. Ahora bien, al ocurrir la crisis financiera en Estados Unidos y en el Reino Unido los respectivos gobiernos y bancos centrales cooperaron y calmaron la situación en un corto plazo. Estos dos países disponen de su propia moneda y las vías que se siguen para responder a una crisis están perfectamente establecidas, de modo que la respuesta es rápida y se transmite confianza a los mercados financieros.

Por el contrario, la eurozona, como decíamos, la constituyen un cierto número de países con una moneda común. El Eurosistema, autoridad monetaria europea formada alrededor del Banco Central Europeo, que se encarga de llevar a cabo la política financiera, es un órgano federal y puede actuar de forma unificada y con celeridad. Desde la entrada en la crisis ha hecho una gran oferta de capital en euros a los bancos de la eurozona, evitando así una crisis bancaria y ha comprado la deuda de países en crisis como Italia o España, ayudando a proveerlos de capital. Sin embargo, la administración financiera recae sobre cada uno de los diecisiete países. Como cada estado miembro conserva la soberanía sobre sus finanzas públicas se adopta un esquema intergubernamental, los asuntos de mayor relevancia se deciden en las cumbres y luego se hace preciso que los respectivos parlamentos nacionales ratifiquen las decisiones o que los tratados afectados sean modificados. Todo esto requiere tiempo y el resultado es que se llega tarde cuando hay que dar respuesta a una crisis financiera, que se desencadena rápidamente. Por ejemplo, la ampliación de las funciones del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), un organismo de apoyo para la eurozona que antes se limitaba a ofrecer crédito, pero que ahora se pretende que sea también el que compre deuda de los países en crisis, abra líneas preventivas de crédito e inyecte capital en los bancos, fue acordada en la cumbre celebrada el 21 de julio de 2011, pero hubo que esperar hasta mediados de octubre para que los parlamentos de los países la ratificaran y su entrada en funcionamiento, propiamente dicha, no se hará hasta 2012. Es este problema fundamental del sistema europeo lo que está en el origen de la inquietud de la que hablábamos.

En segundo lugar, las diferencias entre países son grandes. El déficit presupuestario con respecto al PIB fue en 2011 del 1,3% en Alemania, pero en Irlanda fue del 10,3%, en Grecia del 8,9%, en España del 6,6% y en Italia del 4,0%, y es en los países donde las finanzas públicas representan un problema donde más grave es la crisis del sistema financiero. El déficit italiano es comparativamente pequeño, pero la deuda nacional es alta, del 120%, y ese es el origen de la crisis. Los países que ayudan y los que reciben la ayuda son siempre los mismos y esto ha creado en la eurozona una lucha de intereses entre sus miembros. Con frecuencia ocurre que las medidas tomadas son insuficientes y en los mercados financieros se alimenta la inquietud.

En tercer lugar está el problema estructural entre los países miembros. Con el euro, se han ido ampliando las diferencias en competitividad entre la Europa occidental y la meridional, lo cual se refleja en el déficit presupuestario y en el déficit en el balanza por cuenta corriente, lo cual no parece que pueda corregirse a corto plazo.

Por todas estas razones, últimamente en Japón cada vez son más lo que temen una prolongación de la crisis y dudan de que sea posible mantener el euro.

Japón contribuye a las medidas anticrisis en la eurozona

Todo esto no quiere decir que los japoneses asistan indiferentes a la crisis del euro.

En junio de 2010 el FEEF, creado por la eurozona, ofreció crédito a Irlanda y Portugal, que, no pudiendo solventar la crisis de sus finanzas públicas por sí mismos, habían solicitado ayuda a la eurozona. El FEEF puede emitir bonos y recaudar hasta un máximo de 440.000 millones de euros. El capital recaudado lo hace llegar, en principio cada tres meses, con un interés de entre el 5% y el 6%, al país receptor de la ayuda, a condición de que lo utilice para sanear las finanzas públicas. Grecia recibe también la ayuda del FEEF a partir de 2012.

El mayor comprador de bonos del FEEF es el gobierno de Japón, que está en posesión de cerca del 20% del volumen emitido. La situación de sus finanzas públicas es grave pero aun así, por iniciativa propia, está comprando bonos del FEEF para contribuir a la estabilidad de la eurozona. Es muy deseable que también los europeos conozcan este hecho.

El euro y el federalismo

He señalado tres problemas básicos de la eurozona. Creo personalmente que las limitaciones del sistema del euro no pueden superarse mediante el esquema intergubernamental y que será necesario adoptar el federalismo.

En la Europa de la década de 1970, muchos defendían el modelo de presupuesto federal. Era la época de la Comunidad Económica Europea (CEE), compuesta por los seis miembros originales de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, más tres nuevos: Reino Unido, Irlanda y Dinamarca. De haberse adoptado la moneda única, los países entonces periféricos (Italia, Irlanda y Reino Unido), que tenían una renta per cápita inferior a la del resto, no habrían podido compensar su inferior competitividad relativa mediante una devaluación de sus monedas. Surgió entonces la idea de crear un amplio presupuesto común, y realizar todos los años un fuerte gasto público, creando fondos para luchar contra el desempleo y para fomentar las infraestructuras en los países periféricos. En el llamado Informe McDougall, emitido en 1977 por la comisión homónima, que había sido creada por la Comisión Europea, se señalaba que si Europa dispusiera de un presupuesto equivalente al 5% de su PIB, podría compensarse la menor competitividad de los tres países periféricos y crearse una unión monetaria estable.

En la década de 1970 el mundo giró hacia el sistema de cambio de divisas flotante, que fue adoptado también por los países comunitarios del sur de Europa. Sin embargo, con la introducción del euro, se pasó a un cambio fijo y tras la crisis financiera mundial se hizo palmaria la menor competitividad de esos países meridionales, donde la subida de los precios era más acentuada, frente a los occidentales. Tampoco ahora se ve una solución del problema a corto plazo. Creo que es preciso, más que nunca en este momento, un sistema para favorecer el crecimiento económico de los países del sur y del resto de los periféricos, mediante el fortalecimiento de las funciones estatales de la Unión Europea o de la eurozona y la ampliación del presupuesto, es decir, aplicando las ideas del pensamiento federalista.

Si se crea en la eurozona un ministerio de finanzas (aunque su nombre podría ser también “gobierno económico”) y se le trasfieren las competencias para dar respuesta a una crisis financiera, será posible reaccionar con presteza. Examinar las medidas implementadas y los presupuestos sería atribución del Parlamento Europeo. Si, para obtener recursos, se impusiera un “euroimpuesto” en un determinado porcentaje sobre el PIB del conjunto de la eurozona, sería posible implementar en los países meridionales y en el resto de los periféricos importantes medidas para favorecer el crecimiento. También sería posible emitir conjuntamente deuda para conseguir nuevos fondos. Si se elevara el crecimiento, aumentarían también los ingresos procedentes de impuestos y la deuda nacional de los países comenzaría a reducirse.

Únicamente, a la vista de lo que ocurre ahora en Grecia, preocupa el moral hazard (riesgo moral) de seguir recibiendo ayuda sin avanzar en el saneamiento de las finanzas públicas. Si ocurre lo mismo también con Italia, a la eurozona le resultará imposible sostener a estos países. Es necesario que la Comisión Europea tenga atribuciones para inspeccionar las cuentas de los estados en crisis y también para intervenir en la elaboración de los presupuestos nacionales. Si ni aun así se respetan las normas, no habrá más remedio que establecer un reglamento y disponer la expulsión de ese país de la eurozona. También sería necesario hacer cumplir a rajatabla, a los candidatos a convertirse en miembros de la eurozona, las condiciones establecidas en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento: haber mantenido el déficit presupuestario por debajo del 3% y la deuda nacional por debajo del 60% del PIB durante los cinco años previos a su acceso.

La premisa incumplida de la “bondad intrínseca”

El euro era una moneda que se fundaba en una suerte de “teoría de la bondad intrínseca”, es decir, que se partía de la premisa de que los países que se adhirieran a él cumplirían estrictamente las normas. Sin embargo, tras la crisis financiera mundial, ha quedado de manifiesto que no es posible una gestión sólida del euro sobre premisas como la bondad intrínseca y la soberanía financiera de los países miembros. Haber dejado de creer en esa idea de la bondad intrínseca es lo que ha llevado a los países occidentales, como Alemania, a negarse a aumentar el volumen de la ayuda financiera. Puesto que valiéndose únicamente de los organismos de ayuda actuales es imposible superar la crisis de la eurozona, se precisa rediseñar Europa. Jean Monnet dijo que Europa iba construyéndose sobre una acumulación de soluciones para situaciones críticas. Hago votos por que 2012 sea el año en que la Unión Europea y los países de la eurozona den los pasos necesarios para transformar el sistema del euro desde una óptica federalista. (Escrito el 19 de diciembre de 2011)

(Traducido al español del original en japonés)

  • [25.01.2012]

Profesor de la Facultad de Economía de la Universidad Chūō. Nació en 1945. Especialista en Economía Europea y Finanzas Internacionales. Máster en Economía por la Escuela de Posgrado de la Universidad de Kyūshū (1971). Ha enseñado en las facultades de Economía de la Universidad Municipal de Shimonoseki y de la Universidad de Tōhoku. Fue investigador invitado, entre 1977 y 1979, del Instituto de Política Económica de la Universidad de Colonia (Alemania) y, en 1996, del European University Institute (Florencia). Llegó a su puesto actual tras enseñar, entre 2002 y 2003, en la Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de Hitotsubashi. Es presidente de la Sociedad Japonesa de Economía Internacional y ex director de la Asociación de Estudios de la Unión Europea en Japón. Entre sus obras destacan Ōshū tōgō (La unificación de Europa; Yūhikaku, 1982), Kakudai suru yūro keizaiken (Expansión de zona económica del euro; Nihon Keizai Shimbun Shuppansha, 2007), o Yūro – kiki no naka no tōitsu tsūka (El euro, la moneda única en crisis; Iwanami Shinsho, 2010).

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