Enfoques Reflexiones sobre la política exterior de Japón tras la Guerra Fría
Japón en busca de una nueva identidad internacional

Hosoya Yuichi [Perfil]

[12.10.2011] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

Han pasado veinte años desde la desaparición de la Unión Soviética. Para Japón, un importante cambio durante estas dos décadas ha sido su búsqueda de una nueva identidad diplomática. Este artículo es el primero de una serie que reexamina la política exterior de Japón tras la Guerra Fría.

El primer ministro Miyazawa Kiichi (último a la izquierda) en una reunión del Gabinete para resolver el reconocimiento de la nueva Federación Rusa por parte del Gobierno.

Han pasado dos décadas desde la desaparición de la Unión Soviética en 1991. Entre los enormes cambios que han ocurrido desde entonces, Japón ha ido buscando forjar una nueva identidad para su política exterior. Este artículo es el primero de una serie que analizará la actuación de la diplomacia japonesa durante la era posterior a la Guerra Fría.

Este año se celebra el vigésimo aniversario de la desaparición de la Unión Soviética en 1991 y el décimo aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. En los Estados Unidos de América (EE.UU.) de hoy, bajo el mandato del presidente Barack Obama, el término “guerra contra el terrorismo” ha dejado de utilizarse ampliamente, y ahora la preocupación principal de los gobiernos de la mayoría de países occidentales es la economía, como las crisis de la deuda en EE.UU. y Europa. Mucho ha cambiado durante estas dos décadas, y la Guerra Fría ha pasado a un distante segundo plano.

Cuando la Unión Soviética se desmembró en 1991, el primer ministro japonés era Miyazawa Kiichi, y el Partido Liberal Democrático (PLD) llevaba controlando el gobierno del país más de treinta años. No obstante, dos años después el PLD perdió el poder por vez primera desde su formación en 1955. Hosokawa Morihiro se convirtió en primer ministro en agosto de 1993, encabezando un gobierno de coalición del que se excluyó al PLD. Este hecho marcó el inicio de un periodo de gran inestabilidad en la política interior japonesa. Desde entonces, los primer ministros han cambiado con una frecuencia mareante: Kan Naoto es el duodécimo hombre que ocupa este cargo desde que se votó la expulsión de Miyazawa en 1993. Y la economía japonesa, que iba creciendo a un gran ritmo desde finales de la década de los ochenta, ha visto como su fortaleza se erosionaba sin pausa durante las dos décadas posteriores. Durante este periodo, en el que los japoneses han estado en su mayor parte ocupados en problemas internos, el panorama mundial ha experimentado cambios drásticos.

¿Cómo ha respondido la diplomacia japonesa a estos cambios internacionales? ¿Qué ha cambiado en su proceder y qué no? Este es el primero de una serie de artículos en los que presentaremos una visión global de la actuación diplomática de Japón desde el fin de la Guerra Fría, aportando luz desde varios ángulos. Creo que debemos detenernos en esta coyuntura para analizar los enormes cambios que se han producido en los últimos veinte años y reflexionar sobre el futuro de Japón. Esto pondrá de relieve la búsqueda de una nueva identidad del país que sirva de base para su política exterior.

Ya no es la segunda economía del mundo

En su discurso de diciembre de 1962, Dean Acheson (secretario de Estado de EE.UU. desde 1949 a 1953) citó sarcásticamente la falta de dirección de la política exterior británica tras la Segunda Guerra Mundial con estas palabras: “Gran Bretaña ha perdido un imperio y todavía no ha encontrado un rol”. De modo parecido, el Japón de post-Guerra Fría ha perdido su anterior identidad internacional. Tal vez podríamos decirlo de esta manera: Japón ha perdido su estatus de superpotencia económica y todavía no ha encontrado un rol que lo sustituya.

En 2010, tras más de cuarenta años como la segunda economía del mundo, Japón fue superado por China en cuanto a producto interno bruto (PIB). Con su asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, su gran poder militar, su arsenal nuclear y su largo historial de potencial imperial, China es una presencia apabullante en Asia. Japón, por el contrario, ha confiado en la potencia económica como medio para ejercer influencia internacional, dadas las limitaciones de su política de seguridad, como una Constitución que le obliga a la renuncia a la guerra y un sentido de responsabilidad por beligerancias pasadas. La pérdida del segundo puesto en la economía mundial, una situación a la que la mayoría de japoneses ya se habían acostumbrado, significa claramente un empeoramiento de la influencia internacional del país.

Así pues, ¿qué debe hacer Japón? Tras el fin de la Guerra Fría y la desaparición de la burbuja económica de finales de la década de los ochenta, Japón entró en un largo túnel de estancamiento económico y ha estado cuestionando su propia identidad nacional desde entonces. Durante varias décadas después de la Segunda Guerra Mundial, Japón siguió la denominada Doctrina Yoshida, centrándose principalmente en el crecimiento económico para dejar la cuestión militar como un aspecto marginal. Sin embargo, esta línea política básica, cuya validez se había considerado evidente desde los días del primer ministro Yoshida Shigeru (1946–47, 1948–54), empezó a ponerse en tela de juicio a mediados de la década de los noventa. La economía había perdido fuelle y la violación de una niña japonesa en Okinawa por un soldado estadounidense en septiembre de 1995 encendió la mecha de un generalizado debate sobre la alianza de seguridad entre Japón y EE.UU.. Algunos argumentaron que Japón debía rebajar su dependencia de EE.UU. y reivindicar una política exterior orientada hacia Asia. Otros hicieron un llamamiento al nacionalismo japonés y abogaron por que Japón se convirtiese en una gran potencia militar. Parece justo decir que Japón en este momento había perdido de vista su camino en el mundo que surgió tras la Guerra Fría.

Todas las miradas sobre Yoshida Shigeru, el primer mandatario japonés tras la Segunda Guerra Mundial. La Doctrina Yoshida, denominada así por su nombre, fue la política de posicionamiento del crecimiento económico como principal prioridad del país, deajando a la política exterior en un segundo plano.

Las Naciones Unidas, Asia y EE.UU.

Un análisis a la diplomacia nipona durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial revela que de hecho se basó en una identidad más amplia de la que forjó la Doctrina Yoshida. El Libro Azul de la Diplomacia publicado por el Ministerio de Relaciones Exteriores en septiembre de 1957 identificaba tres principios de la política exterior japonesa: diplomacia centrada en las Naciones Unidas, mantenimiento de la posición de Japón como miembro de Asia y cooperación con el mundo libre. Estos principios fueron continuaciones parciales de las tres principales corrientes de la política exterior de preguerra de Japón, es decir: internacionalismo, panasianismo y cooperación con Gran Bretaña y EE.UU.. Y puede decirse que se reflejaban en las tres principales unidades organizativas del Ministerio de Relaciones Exteriores y sus posicionamientos respectivos: el Departamento de Asuntos Judiciales Internacionales, el Departamento de Asuntos de Asia y Oceanía, y el Departamento de Asuntos Norteamericanos. Durante muchos años en el periodo de posguerra, la postura diplomática de Japón se identificó en gran medida por estos tres elementos, y se dedicaron esfuerzos considerables para que fuesen compatibles entre sí.

Estos tres principios reflejaban la situación en que se había encontrado el país en 1957. Japón había conseguido ser admitido como miembro de las Naciones Unidas en diciembre de 1956 y el año anterior había sellado su retorno a la comunidad asiática con su participación en la Conferencia Asia-África (Conferencia de Bandung, abril de 1955). También en 1955, el ministro de Relaciones Exteriores Shigemitsu Mamoru visitó EE.UU. e inició el proceso de renegociación del Tratado de Seguridad entre Japón y EE.UU.. Japón recuperó su soberanía e independencia en 1952, y a mediados de esa misma década, su política exterior empezó a ampliarse con la inclusión de elementos aparte de la consabida cooperación con EE.UU.. Los líderes políticos que sucedieron a Yoshida Shigeru tras su dimisión como primer ministro en 1954 trabajaron para ampliar el ámbito de la política exterior nipona, y esto generó los tres principios arriba mencionados. En resumen, la identidad de la política exterior japonesa de posguerra se expresó en la Doctrina Yoshida y estos tres principios.

Con el fin de la Guerra Fría, Japón se enfrentó a la necesidad de idear nuevos enfoques para implementar cada uno de estos tres principios. Con respecto a las Naciones Unidas, Japón tuvo que involucrarse más activamente en temas de seguridad global. Cuando se produjo la Guerra del Golfo en 1991, Japón donó la considerable suma de tres mil millones de dólares para apoyar a la coalición que liberó Kuwait de la ocupación iraquí, pero aún así le llovieron críticas a nivel internacional por no haber contribuído con efectivos humanos a esa campaña. Esta respuesta fue un duro golpe para los políticos y diplomáticos japonesess, y les hizo ser conscientes de que Japón debía contribuir de una forma más amplia en los temas de seguridad internacional. Bajo esta premisa, el Gobierno japonés envió buques de la Fuerza Marítima de Autodefensa para que ayudasen a limpiar de minas el Golfo Pérsico una vez finalizada la guerra, y al año siguiente envió contingentes de las Fuerzas de Autodefensa (FAD) para que participasen en las operaciones de pacificación de Camboya auspiciadas por la ONU. Desde entonces, Japón ha continuado enviando contingentes de las FAD y otras organizaciones para actividades de pacificación y otras operaciones de seguridad internacional en todo el mundo, pero su nivel de implicación en tales empresas sigue siendo la más reducida entre los principales países desarrollados. Aunque el pago de cuotas y otras contribuciones financieras de Japón a las Naciones Unidas es relativamente grande, sigue quedándose atrás tanto en la escala de su asistencia oficial para el desarrollo (en comparación con el PIB) como en el número de efectivos que ha enviado a las Operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU, y esto no deja traslucir su noble compromiso con el ideal de una política exterior centrada en las Naciones Unidas.

El primer ministro Koizumi Jun’ichirō pronuncia un discurso sobre política en Singapur.

¿Y qué decir de la diplomacia de Japón en Asia? De los tres principios, el compromiso de mantener la posición de Japón como miembro de la comunidad asiática es el que más peso ha tenido desde el fin de la Guerra Fría. Los vecinos asiáticos de Japón han conseguido un rápido crecimiento económico durante las dos ultimas décadas, empezando por los denominados tigres asiáticos de principios de los noventa, seguido por los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (en siglas del inglés, ASEAN) y, desde el inicio del nuevo siglo, China e India. Este crecimiento ha creado nuevas oportunidades para la economía japonesa y también ha dado más importancia a las iniciativas de política exterior regional y bilateral con esos países. La primera cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), celebrada en Seattle en 1993, atrajo mucha atención como punto de partida de una era Asia-Pacífico, y la crisis financiera del Este Asiático de 1997 sirvió de ímpetu para un rápido desarrollo de la cooperación regional a través del marco ASEAN+3, que pone en contacto regular a líderes veteranos como China, Japón y Corea del Sur con sus homólogos del Sudeste Asiático. En un discurso realizado en Singapur en enero de 2002, el primer ministro Koizumi Jun’ichirō hizo un llamamiento a la creación de “una comunidad que actúe conjuntamente y avance al unísono”. Esto se interpretó como un indicio del fuerte deseo del Gobierno japonés de desarrollar una comunidad del Este Asiático, postura que jugó un papel clave en el inicio de las Cumbres anuales del Este de Asia (en inglés, EAS) en 2005.

No obstante, la ascensión de China ha creado una nueva serie de inquietudes diplomáticas a Japón. El rápido crecimiento de la economía china ha ido acompañada de un alarmante aumento del poder militar de ese país, lo que ha producido cada vez más tensiones en lugares como el Mar del Este de China y el Mar del Sur de China, donde las reclamaciones territoriales de China se solapan con las de sus vecinos. Además, las fricciones con China y Corea del Sur tras las visitas del primer ministro Koizumi al santuario de Yasukuni (que honra a los caídos en combate japoneses) remarcó la gran distancia que separa a Japón de sus vecinos en su modo de recordar y confirmar su historia compartida. En su actuación diplomática con Asia, Japón también debe considerar estos temas espinosos de percepciones históricas, reclamaciones territoriales conflictivas y el equilibrio de poder, que han ido extendiendo un sentimiento nacionalista y xenófobo en los países del Este Asiático, interfiriendo en la estabilidad regional. La política exterior de Japón, aunque busque promover la cooperación regional en el Este de Asia, también debe hacer frente a estos temas como es debido y seguir trabajando para su solución.

Por último, el tema de la alianza Japón-EE.UU.. ¿Cómo han sido las relaciones entre Japón y EE.UU. durante las dos décadas posteriores al fin de la Guerra Fría? La alianza bilateral ha evolucionado considerablemente durante este periodo. Durante la Administración del presidente Bill Cliton (1993-2001), las fricciones económicas llevaron a temer que los lazos de defensa bilateral se debilitasen, y para que esto no sucediese, el secretario adjunto de Defensa Joseph Nye promovió una iniciativa para redifinir la alianza. Con la declaración conjunta hecha pública por Clinton y el primer ministro Hashimoto Ryūtarō en 1996, ambos países reafirmaron su compromiso con el fortalecimiento de su alianza bilateral también en la era posterior a la Guerra Fría. Asimismo, aplicaron una política para que la alianza sirviese, en aras de una mayor seguridad internacional, de “bien público” para la región Asia-Pacífico. Ambos países acordaron un conjunto de nuevas directrices para su cooperación en defensa, y Japón confirmó su predisposición a desempeñar un papel más importante en asuntos de seguridad. De este modo, el Gobierno japonés empezó a buscar un rumbo más activo respecto a la política de seguridad.

Así pues, podemos comprobar que durante el periodo posterior a la Guerra Fría, aunque Japón se desvió de la identidad internacional que había guiado previamente su política exterior, sí que mantuvo sus acciones para adaptarse a las nuevas realidades internacionales en su relación con los tres principios.

  • [12.10.2011]

Nació en la prefectura de Chiba en 1971. Es profesor de la Universidad de Keiō. Licenciado en Derecho por la Universidad de Rikkyō en 1994. Finalizó sus estudios doctorales en Ciencias Políticas en 2000 y recibió un doctorado por la Universidad de Keiō. También ha impartido clases en la Universidad de Hokkaidō y en Sciences-Po, París.

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