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Kitajima Shibori Seisakusho
Artesanos crean a mano tecnología para cohetes
[15.11.2011] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | Русский |

La reputación de Japón como “superpotencia tecnológica” se ha basado en gran parte por una mano de obra diligente y el carácter riguroso de los artesanos del país. La primera entrega de esta serie nos presenta un pequeño taller metalúrgico artesano cuyos productos han sido enviados al espacio exterior.

En el distrito de Ōta, en Tokio, se concentran alrededor de cuatro mil fábricas y talleres, lo que le ha convertido en uno de los más destacados distritos de monozukuri (artesanía manufacturera). Muchas de las excepcionales compañías instaladas aquí pueden calificarse como pequeñas y medianas empresas (PYMEs), pero sus productos resultan fundamentales para tecnologías avanzadas de primera línea mundial.

Una de estas empresas es Kitajima Shibori Seisakusho, uno de los talleres más cualificados del país en la gestión de metales mediante técnicas de repujado. Esta empresa se distingue por su capacidad de crear formas de alta precisión para su uso como piezas de aviones estadounidenses y satélites, o la punta cónica del cohete japonés H-II. Estos componentes no se fabrican con máquinas, sino que son modelados por las manos de artesanos cualificados.


Datos corporativos
Nombre: Kitajima Shibori Seisakusho Co., Ltd.
Dirección: 2-3-10 Keihinjima, Ōta-ku, Tokio 143-0003
Representante: Kitajima Minoru, Presidente
Actividad: Proceso general de plasticidad de placas de metal, repujado de metales, troquelación, repujado de formas no estándar y una amplia gama de procesos asociados y procesos sobre láminas de metal
Capital: 16 millones de yenes Empleados: 20
Sitio web:http://www.kitajimashibori.co.jp/

Metal como arcilla

El repujado es una técnica metalúrgica que empezó a utilizarse en Europa durante la Edad Media. Aprovecha la elasticidad de los metales para moldearlos. Los artesanos hacen girar una pieza de metal a gran velocidad y la presionan con una barra especial para moldear el material y conseguir la forma deseada. El proceso es similar al modelado de la arcilla en el torno de un alfarero.

El torno que sirve como “rueda” gira a gran velocidad sobre un eje horizontal. Tras instalar una lámina de metal en forma de disco sobre el torno, los artesanos modifican su forma ejerciendo una presión continua sobre la lámina, en pequeños intervalos, mientras está girando. De esta forma se consigue moldear el metal para que adquiera las características de un bloque moldeado, denominado mandril escariador, que se instala en el torno.

Los metales que pueden trabajarse de este modo son el hierro, el aluminio, el acero inoxidable, el cobre y algunos metales raros. Se trata de materiales duros, pero una vez montados en el torno su forma va cambiando a ojos vistas, como si se tratase de arcilla. Por lo general, sólo una persona trabaja en la pieza que se repuja, pero para operaciones más grandes, como por ejemplo una antena parabólica de tres metros de diámetro, dos o tres personas deben unir sus esfuerzos para ejercer la fuerza necesaria para moldear el metal con una única herramienta.

El director general de la empresa, Kitajima Takahiro, es también un artesano del repujado de metales. “Para dominar esta técnica, tienes que aprender la presión que tu cuerpo debe ejercer sobre la herramienta”, explica.

“Si ejerces demasiada presión sobre una pieza de metal que gira, puedes partirla o agrietarla. Y, al contrario, poca presión hará que no consigas la forma que deseas, o que te lleve mucho tiempo obtenerla. Los ajustes mediante toques delicados no son algo que se puede enseñar; solo se consigue trabajando con el metal todos los días”.

“Nuestros artesanos pueden distinguir cómo se está modelando una pieza de metal por la presión que utilizan, desde luego, pero también por señales tan sutiles como el sonido del metal al ser rebajado”, afirma Kitajama. “Tienen que pasar unos diez años para que puedas considerarte un artesano. Cuando adquieres las habilidades adecuadas, desarrollas una percepción profunda y exacta del material con el que estás trabajando”.

La técnica no se vende barato


Estos artesanos trabajan con una mayor precisión que las máquinas y fabrican productos que sirven para tecnología punta.

Kitajima Shibori Seisakusho no es ni mucho menos el único lugar donde se repuja el metal manualmente de forma artesanal. Entonces, ¿por qué se considera a esta empresa como una de las mejores del mundo? Kitajima dice que las capacidades de sus trabajadores han ido forjándose por la ambición y las ganas de superar retos que han ido transmitiéndose entre generaciones de artesanos.

“Mi abuelo, el fundador de la empresa, fabricaba suelos de tatami (estera gruesa de paja cubierta con un tejido de juncos japoneses) hasta antes de la Segunda Guerra Mundial”, afirma. “Pero después de la guerra vio que la cultura estadounidense penetraba cada vez más en Japón, así que cerró el negocio de tatami. Envió a su primogénito, mi tío [uno de los ex presidentes], a estudiar la ténica de repujado de metales como aprendiz y creó esta empresa”.

Durante los primeros años tras el inicio de actividades de la empresa en 1947, los trabajadores perfeccionaron su técnica de repujado fabricando utensilios de uso diario como ollas, sartenes y teteras. Eso les hizo ganar la experiencia necesaria para ir atreviéndose a modelar formas menos ortodoxas.


El director general Kitajima Takahiro habla del orgullo del artesano.

“A mi padre [el anterior presidente] nunca le oí decir: ‘No se puede hacer’. Cuando se presentaba un cliente que pedía una forma difícil que otros talleres habían rechazado, mi padre decía siempre: ‘De acuerdo, veremos lo que podemos hacer’. Incluso hubo ocasiones en que modificó su maquinaria para adaptarse a lo que el cliente le pedía. Siempre dio la cara ante el reto de nuevos encargos, y se atrevió con una amplia gama de metales y formas. Estoy convencido de que los conocimientos y la técnica de que disponemos ahora son el resultado de sus esfuerzos”.

Hoy la empresa ha incorporado máquinas de troquelación automática como ayuda en la producción en masa y ya no depende solo de artesanos para el repujado de metales. Sin embargo, para las producciones de poco volumen de pedidos de cien a doscientos unidades, el trabajo manual sigue siendo el método más rentable. Las habilidades de los trabajadores aportan más precisión que una máquina, lo que permite a la empresa proporcionar formas complejas según las necesidades de los clientes.

“La gente dice que nuestros productos son más caros que los de otras empresas, pero es así porque tenemos una confianza absoluta en las manos de nuestros artesanos”, afirma Kitajima. “Nuestras habilidades no se venden barato”. Así es como expresa el orgullo de un taller respaldado por su excelencia tecnológica.

(Escrito originalmente en japonés por Hotehama Nami, periodista independiente. Traducido al español de su versión inglesa. Fotografías de Ōkubo Keizō.)

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  • [15.11.2011]
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