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Diplomacia pública: por qué importa y cómo funciona
Un intento por recuperar el diálogo perdido

Kent Calder [Perfil]

[07.02.2014] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | Русский |

Los esfuerzos que realiza Japón en el área de la diplomacia pública están convirtiéndose en una parte fundamental de su despliegue diplomático, sobre todo a la luz de las fricciones que ocurren entre este país y sus vecinos al tratarse problemas territoriales e históricos. El 5 de noviembre de 2013, nippon.com fue coorganizador del simposio “The Popularity of Nations: How and Why Governments Seek Public Approval Abroad” (La popularidad de los países: Cómo y por qué buscan los gobiernos el apoyo de la opinión pública en el extranjero), cuyo objetivo era debatir cuestiones relacionadas con la diplomacia pública. Kent Calder, director del Reischauer Center for East Asian Studies de la Universidad Johns Hopkins, pronunció el discurso de apertura, que recogemos en este espacio.

Permítanme comenzar expresando lo mucho que espero de un simposio sobre un tema tan importante. Estamos hoy magníficamente acompañados. Se ha hecho para este simposio un gran acopio de conocimientos, especialmente sobre el tema de las comparaciones que pueden establecerse con las experiencias europeas. Creo que vamos a disfrutar de discusiones muy interesantes acerca del modo en que Japón es sin duda un caso único, del modo en que su situación puede ser considerada diferente de la de otros países en el contexto internacional.

En este momento, la diplomacia pública es de extrema importancia, especialmente para Japón. Llego aquí procedente de Washington D.C. y lo compruebo todos los días. Acabo de finalizar mi libro Asia in Washington: Exploring the Penumbra of Transnational Power, que estará disponible en breve plazo. Las investigaciones que he hecho para escribir este libro me han convencido de que la diplomacia pública es esencial hoy en día. Hay toda una serie de razones por las que la diplomacia pública ha alcanzado esta importancia, y hoy me gustaría abordar algunas de ellas.

La diplomacia pública es un tema que me ha interesado desde que comencé a estudiar con Edwin O. Reischauer, hace ya más de 30 años. En el otoño de 1960, el profesor Reischauer escribió para la revista Foreign Affairs un artículo que es ya un clásico, “The Broken Dialogue with Japan”. Por supuesto, se han hecho muchas cosas para solucionar esa ruptura. Lo sorprendente es que, a pesar de todos los esfuerzos realizados por tantas personas a lo largo de muchos años, este “diálogo roto” sigue siendo un problema en las relaciones de Japón con el mundo –y, sin duda, también en las relaciones interculturales entre muchos países. No creo que el problema resida solo en Japón. Si examinamos hasta qué punto han sido capaces los estadounidenses de establecer diálogos,  especialmente con el mundo islámico, durante el último decenio, o a las complejidades de los tratos entre Estados Unidos y Latinoamérica, encontramos el mismo problema. Aquí, en Asia Oriental, obviamente, tenemos una serie de asuntos regionales en los que los diversos diálogos rotos, incompletos y tortuosos son problemas perpetuos que afectan a la política exterior.

Este tema reviste especial importancia en un momento de transición como el que atravesamos. La embajadora Caroline Kennedy llegará aquí, a Tokio, quizás dentro de una semana. Presiento que las relaciones interculturales y la diplomacia pública van a estar presentes en la política americana para el Pacífico durante los próximos años, tal como lo han estado, desde los primeros discursos del presidente Obama, en Europa y en el Oriente Medio. Ha sido un tema central en la administración de Obama.

El enfoque de la diplomacia pública, un enfoque necesario

Los argumentos a favor de la diplomacia pública son incontables. Permítanme que comience tratando brevemente los más generales, que trascienden el caso japonés, para centrarme luego en la forma en que está estructurado el diálogo entre Japón y Estados Unidos, y en cómo es si lo comparamos con los diálogos entre otros muchos países y Washington, y qué puede significar esto para el futuro.

La primera es una pregunta muy básica: ¿Por qué la diplomacia pública? Está claro que produce beneficios sustanciales: un mayor grado de acuerdo internacional, que se produce como resultado de los contactos informales con personas y líderes de otros países. Esto se pone especialmente de manifiesto en situaciones de posconflicto, cuando los países han fijado ya en cierta medida sus percepciones de la contraparte. Superarlas, modificarlas y aportar nuevas informaciones son entonces tareas de vital importancia.

También la forma en que está cambiando la política en el mundo hace que la diplomacia pública cobre importancia. Las sociedades civiles de los principales países se están haciendo más activas. Creo que la llamada “tercera ola” de democratización de Samuel Huntington forma parte de todo ello, pero también la forma en que está emergiendo la sociedad de la información. La llegada de internet ha achatado el perfil de las jerarquías. Está haciendo a la gente mucho más consciente de las declaraciones que se hacen en el otro extremo del mundo. Está permitiendo que ciudadanos de todos los países del mundo participen en debates sobre un amplio espectro de temas que, en su mayoría habían sido durante mucho tiempo competencia exclusiva de los diplomáticos.

Tenemos también el poder en ascenso de los medios de comunicación: por supuesto, los medios clásicos tal y como los hemos conocido –los periódicos y las televisiones–, pero pero también toda una gama de formas de comunicación nuevas y cada vez más importantes, como el podcasting (transmisión de archivos sonoros), los vídeos de streaming en vivo y otras formas de difusión de eventos por medio de internet.

La cambiante geopolítica surgida de la Guerra Fría también está haciendo las relaciones entre los países más inestables de lo que han sido nunca. Esto hace de la diplomacia pública algo cada vez más importante. El planteamiento clásico entre muchos diplomáticos ha sido considerar que la forma ideal de proceder era mantener la diplomacia pública estrechamente ligada a la diplomacia propiamente dicha. Durante los años en que estuve en la Embajada de Estados Unidos en Tokio esta tendencia se fortaleció y se ha extendido también a algunos otros países por diversas causas. Integrando diplomacia clásica y diplomacia pública –nuestro Departamento de Estado y la Agencia de Información de Estados Unidos, por ejemplo– sirve para reducir costos, lo cual es algo muy importante hoy en día. La integración de ambas diplomacias a menudo encuentra más apoyos en casa. El Congreso de Estados Unidos, por ejemplo, no desea  que algunas partes del gobierno se desliguen del resto y vayan diciendo cosas que, en su opinión, no están coordinadas con la dirección general que el gobierno se propone adoptar. Algunos dicen que esta postura favorece la cohesión en la política exterior y permite unificar el mensaje.

Lógicamente, la otra cara de la moneda es que así se puede estar dañando la legitimidad del mensaje emitido. Podría confundirse con la propaganda, tomándola como lo opuesto a un diálogo más imparcial. Hay espacio para ambas cosas, por supuesto. Hay espacio para que los países presenten francamente sus propias estrategias y sus propias ideas sobre lo que son y sobre lo que creen que deben hacer. Pero también lo hay, en abundancia, para los esfuerzos de “vía 2” o “vía 1,5”: para organizaciones que pueden ser muy eficaces a la hora de ayudar a un país a ser mejor comprendido en el extranjero, pero que no son simples portavoces oficiales del gobierno en sí. Hoy en día, las ONG y otras organizaciones dialogan unas con otras, y quizás habría que prestar atención incluso al nivel de los individuos que hablan entre ellos. Por ejemplo, nippon.com está haciendo cosas muy positivas a este respecto.

¿Qué está ocurriendo en Washington DC?

Diré ahora un par de cosas sobre Washington y sobre algunos nuevos acercamientos a la diplomacia pública que están realizando otros países en esta ciudad. Explicaré también por qué creo que esto es importante, especialmente para Japón y para las actuales relaciones entre Estados Unidos y Japón.

Washington no solo es la sede del gobierno de Estados Unidos. Lo es también del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, de una gran cantidad de organizaciones regionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo y, por supuesto, de tres de los cinco principales think-tanks del mundo. Este conjunto de organizaciones lo llamo en mi libro “la penumbra del poder” y es, dentro de la gran ecuación del poder, una parte que está adquiriendo cada vez mayor importancia a nivel global.

Tenemos que recordar también que se están ahondando las diferencias de opinión entre los diversos intereses presentes en centros internacionales de desarrollo de políticas como Washington. Algunas de estas diferencias surgen de conflictos entre intereses nacionales. Algunas otras son simplemente percepciones erróneas, pero yo creo que con ellas el valor de la diplomacia pública se acrecienta. Hay cuestiones territoriales y de interpretación de la historia. Hay cuestiones como el problema de los ciudadanos japoneses secuestrados por Corea del Norte. Hay cuestiones financieras. Hay cuestiones energéticas, como el tema de la energía nuclear y lo que debería hacerse con ella.

Está la cuestión de cómo entender la Abenomics [política económica del primer ministro Abe Shinzō] y otros acercamientos a los problemas económicos de Japón. La cuestión de cómo conseguir que la economía japonesa se expanda una vez más. Hay muchas cuestiones fundamentales para Japón sobre las que hay diferentes puntos de vista. Resolver esta disparidad de visiones se está convirtiendo en algo muy importante internacionalmente. Así que las cuestiones del mundo, de Asia o de Japón tal como se abordan en Washington son asuntos de creciente importancia que considerar en esta era globalizada de la información, tan cambiante, cuyos albores estamos viviendo.

Expondré brevemente algunos ejemplos de las instituciones existentes hoy en día en Washington y de las funciones que están desarrollando algunas de las organizaciones de otros países allí implantadas. Podrían servir de algún modo a la hora de considerar las relaciones entre Estados Unidos y Japón.

Comenzaré por la idea de los foros para la fijación de agendas de “vía 2”. El Instituto Coreano de Economía [KEI, por sus siglas en inglés] de Washington está haciendo un trabajo especialmente efectivo a ese respecto. Cuenta con ciertos apoyos indirectos del gobierno surcoreano, así como con apoyos de intereses no gubernamentales. Su sede está en el 1800 de la K Street, en las oficinas que ocupaba el equipo de Henry Kissinger. Se imparten conferencias, se hacen reuniones de intercambio de información, podcasts… Es bastante avanzada tecnológicamente y se ha relevado bastante efectiva en la promoción de los intereses de Corea del Sur.

Como académico e investigador, creo que los foros de creación de ideas son otra de las creaciones importantes que han estado desarrollándose en Washington. Destacaría aquí especialmente la Transatlantic Academy, establecida por el German Marshall Fund. Trae a investigadores de Alemania y de otros países de Europa, generalmente, a Estados Unidos, para que charlen con analistas norteamericanos sobre inmigración y sobre una serie de problemas globales que interesan a ambas partes. Hay muchos otros ejemplos. Me alegra que nuestra universidad haya trabajado también en estos temas, mediante programas como los que se han establecido con Europa. Son empeños que realmente pueden aportar ideas para el futuro.

Los medios, por supuesto, constituyen otra área clave, y los innovadores en esta área que se proponen usar nuevas técnicas son otro importante elemento en Washington. NHK ha hecho algunas cosas realmente buenas. CCTV, la red de radiotelevisión nacional de China, se ha mostrado muy activa en Washington, como muchos de ustedes saben. Tienen unos 100 periodistas, 80 de ellos americanos, lo cual a mí me parece muy interesante. Están emitiendo profusamente desde Washington a todo el mundo. Es una técnica relativamente poco usual e innovadora, que merecería más atención.

El intercambio cultural y las reuniones para intercambiar información, especialmente por parte de los europeos, han hecho mucho en esta área. Está la Maison Française, el Goethe-Institut y otras muchas instituciones alrededor en la zona de Washington. El Centro de Información y Cultura de Japón de la Embajada Japonesa ha hecho muchas cosas, y ha preferido no hacer otras. Podría ser interesante hacer una comparación internacional.

Las ONG de apoyo a compatriotas también han sido muy importantes para muchos países. China tiene una “oficina de compatriotas” en su embajada en Washington que se centra principalmente en sus relaciones con los americanos de origen chino. Hay más de cuatro millones de americanos de origen chino viviendo actualmente en Estados Unidos. El Consejo Estados Unidos-Japón se ha mostrado igualmente activo, haciendo un gran trabajo de promoción de los intercambios culturales y del entendimiento acerca de temas transpacíficos. El embajador John Roos, quien acaba de dejar Tokio, ha participado intensamente en este trabajo.

Para finalizar, mencionaré los institutos dependientes de los partidos políticos. Tengo que empezar por el Friedrich-Ebert-Stiftung, que hoy es uno de nuestros copatrocinadores. Pertenece al Partido Socialdemócrata de Alemania y ha tenido un importante papel en la formación de una cantera de jóvenes y líderes. Existen también otros muchos institutos fundados por partidos políticos de Alemania, con programas que reciben el apoyo del gobierno alemán siguiendo un método no partidista para ayudar a ensanchar el diálogo entre Alemania y el mundo.

Hacia una mayor presencia de Japón

Hay, pues, una gran variedad de instituciones en Washington. Es de gran utilidad fijarse en ellas y preguntarse qué es válido para Japón y para su política exterior y qué no lo es. Eso es lo que he tratado de hacer en mi nuevo libro, Asia in Washington. Con lo que he dicho, implícitamente, estoy diciendo que en este campo hay áreas en las que se puede innovar. Cosas que mantienen una cierta distancia con el gobierno, pero que comparten un interés nacional, pueden ser útiles.

¿Qué tipo de representación podría tener el mundo de los negocios? El Keizai Koho Center, dependiente de la [organización patronal japonesa] Keidanren, tuvo durante mucho tiempo una sucursal en Washington, pero esta ya no existe. ¿Qué es lo más apropiado para el área de los negocios? ¿Qué tipo de presencia independiente sería la óptima? Son asuntos que hay que considerar.

Japón podría tratar de concentrar sus esfuerzos en la capital. Seúl y Pekín son ambas ciudades hermanas de Washington DC, pero Tokio no lo es, pese al Festival de la Flor del Cerezo. Tokio está hermanada con Nueva York, y esto no es ningún problema desde el punto de vista de los negocios, pero en cuanto a los temas a los que me refiero, yo creo que podría plantearse el asunto. Hay ciudades que mantienen relación de hermandad con varias otras ciudades. ¿Por qué no es Tokio una de las ciudades hermanas de Washington, dada la importancia de la relación entre ambos países?

Las nuevas tendencias y los ciclos que siguen los medios merecen también una mayor atención. He dicho ya que muchas redes de radiotelevisión están implicándose en esta área. ¿Hay alguna forma de dar un uso más efectivo a los nuevos medios? Como he dicho, el KEI ha demostrado eficiencia en el uso del podcasting, como herramienta de interconexión para reunir a personas que podrían ser útiles para Corea, y como forma de presentar ideas.

El papel que puede tener el personal local debe ser igualmente examinado. He mencionado la CCTV. Cerca del 80% de su personal es americano. Este acercamiento puede servir también aquí. En Japón, ¿deberían ser los americanos quienes se representen siempre a sí mismos, o habría alguna fórmula para sacar partido del personal japonés? ¿Cómo podrían trabajar juntas personas de diversas nacionalidades para hacer presentaciones de forma más efectiva?

Asuntos que habría que examinar

Creo que, en lo que concierne a la diplomacia pública, pueden seguirse varias vías de pensamiento. La primera es la de su importancia como herramienta de entendimiento. No podemos salir a presentar nuestras propias ideas sin saber de qué situaciones se parte en el otro país. La comprensión y el seguimiento son cosas importantes. En segundo lugar, la diplomacia pública va haciéndose cada vez más importante conforme la sociedad civil va surgiendo y haciéndose más imprevisible, y conforme las tendencias diplomáticas se hacen más inciertas. En tercer lugar, los métodos mediante los cuales tratamos de alcanzar estos objetivos son importantísimos, pero una misma talla no se adapta a todas las necesidades, y las exigencias son cada vez más variadas. En cuarto lugar, la rapidez y la sensibilidad son cada vez más importantes. Cuando estaba en la embajada, tuvimos que afrontar el asunto del Ehime Maru, el trágico caso del barco pesquero japonés que fue embestido por un submarino norteamericano. El mundo estaba cambiando tan rápidamente, que tuvimos que responder con presteza y sinceridad. En ese aspecto, tiene pleno sentido prestar atención a lo que ocurre y ser sensible a la rápida evolución de los hechos. En ese sentido, una fuerte presencia local en el país de implantación puede revelarse de gran importancia, y lo mismo puede decirse del papel de los nacionales del país de implantación.

En conclusión, creo que los Juegos Olímpicos van a darle a Japón una gran oportunidad para innovar, para difundir y para presentar su mensaje al mundo. Dicho eso, Japón tendrá también que entender qué es lo que importa al mundo exterior. Hoy vamos a oír expresar muchos de esos intereses. Estoy deseoso de que comiencen las intervenciones.

Muchas gracias.

(Traducción al español del original en inglés)

  • [07.02.2014]

Kent Calder es director del Centro Reischauer de Estudios de Asia Oriental, y del Programa de Estudios de Japón en la universidad Johns Hopkins. Tras obtener su doctorado en estudios de gobierno en la universidad de Harvard, ha sido profesor en la universidad de Princeton y director del departamento de Japón en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, entre otras responsabilidades. Ha sido también consejero especial del embajador de EE. UU. en Japón. Entre sus publicaciones recientes se encuentran Pacific Alliance: Reviving U.S.-Japan Relations (La alianza del Pacífico: resucitando las relaciones EE.UU. - Japón, 2009) y The New Continentalism: Energy and Twenty-First Century Eurasian Geopolitics (El nuevo continentalismo: la energía y la geopolítica euroasiática en el siglo XXI, 2012).

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