Enfoques Luces y sombras de Nagasaki
La huella del cristianismo en Hirado
[13.08.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | العربية | Русский |

Hirado, al noroeste de la ciudad de Nagasaki, quedó ligada a la historia del cristianismo en Japón desde 1550 con la llegada de San Francisco Javier. Hoy en esta isla existen numerosas iglesias, algunas con más de un siglo de historia, que recuerdan la herencia dejada por los misioneros portugueses y españoles antes de su expulsión. En el siguiente artículo analizamos la influencia de Francisco Javier en el lugar y visitamos algunas de las iglesias más importantes de Hirado.

San Francisco Javier predicó en Japón durante dos años y tres meses

La historia de Hirado (o Firando, como era conocida por los portugueses y españoles), la montañosa isla al noroeste de Nagasaki, daría un giro en el verano de 1550 con el desembarco del jesuíta San Francisco Javier (1506 – 1552), que había llegado a Kagoshima en 1549. El religioso español obtuvo un permiso con restricciones para predicar su fe en el país, donde pasaría dos años y tres meses en total.

Se cuenta que antes del verano de 1550 Francisco Javier había logrado convertir a un centenar de japoneses al cristianismo, e incluso había descubierto que algunas de las enseñanzas de su religión coincidían con el pensamiento budista. Francisco Javier decidió trasladarse a Hirado por primera vez en julio de 1550 junto al padre Cosme de Torres y al también misionero Juan Fernández después de oír la noticia de la llegada de un barco portugués a la isla un mes antes.

La misión en Kagoshima quedaría en manos de Anjirō, el primer cristiano converso japonés de la historia (también conocido como Yajirō y posteriormente como Paulo de Santa Fé), al que Francisco Javier había conocido en Malaca (Malasia), una de las ciudades fortificadas más importantes del comercio internacional de la época junto a Goa, en la India, y a Ceilán (Sri Lanka). Aunque no se tienen datos fidedignos sobre la vida de Anjirō, se cuenta que había partido de Satsuma tras cometer un asesinato, huyendo del castigo en un barco de misioneros portugueses. Regresaría a Japón tras un encuentro con San Francisco Javier en 1549.

San Francisco Javier logró convertir al cristianismo a más de 500 personas en Yamaguchi

Las crónicas de los jesuítas cuentan que en apenas 20 días de misión evangelizadora en Hirado Francisco Javier logró reunir a más fieles de los que obtuvo en Kagoshima durante todo un año. Se cree que la misión debió tener éxito, ya que Francisco Javier decidió poco después partir a Kioto para pedir una audiencia ante el emperador de Japón, en busca de un permiso más amplio para predicar el cristianismo en todo el territorio japonés.

En octubre de 1550 Francisco Javier partió a la antigua capital japonesa. Poco después de su marcha, en enero de 1551, se construyó la primera iglesia de Japón en Hirado, cuyos restos hoy descansan en el parque Sakigata, cerca del edificio histórico del puesto de comercio holandés.

Una imagen de San Francisco Javier en el interior de la Iglesia Memorial de San Francisco Javier en Hirado.

La misión evangelizadora en Hirado quedaría a cargo del padre Cosme de Torres a la partida de Francisco Javier junto a los misioneros Fernández y Bernardo, que estarían durante un corto periodo de tiempo en Yamaguchi antes de llegar a Kioto. En la antigua capital, sin embargo, quedarían decepcionados por la falta de poder real del emperador, por lo que volverían a Yamaguchi.

Allí se les permitió utilizar un templo budista abandonado para vivir y predicar su fe en el lugar durante varios meses. La historia dice que lograron convertir al cristianismo a más de 500 japoneses entre marzo y septiembre de 1551, aunque San Francisco Javier también tendría tiempo para regresar por tercera y última vez a Hirado en abril de 1551, una visita que probablemente tuvo relación con la construcción de la primera iglesia en territorio japonés.

Regreso a la India y partida hacia China, donde fallecería

En septiembre de ese mismo año el religioso viajaría a la provincia de Bungo, en Kyūshū, para recibir noticias sobre las misiones de la India de un barco portugués que había atracado allí. Francisco Javier partiría a la India en ese mismo barco tras concluir que su presencia era más importante allí que en Japón. En la India descubrió la influencia que la cultura de China seguía teniendo en Japón, y con este pensamiento volvió a subir a un barco, esta vez con destino al “imperio del centro”, para tratar de introducir allí el cristianismo.

Sin embargo, el 3 de diciembre de 1552 Francisco Javier murió al caer enfermo en la isla de Shangchuan después de pasar el otoño allí esperando el permiso para entrar en China. Algunos de los misioneros que llegaron a Japón con Francisco Javier mantendrían las misiones en Japón, aunque pocos años después comenzaría la persecución y el asesinato de portugueses, españoles y japoneses convertidos al cristianismo.

Sebastián Kimura, el primer cura japonés y mártir de Hirado

El cristianismo, no obstante, comenzaría a enfrentarse al monopolio de los budistas en Japón, y pronto sería perseguido como enemigo de la nación. La primera mártir cristiana de Japón es, de hecho, una mujer de Hirado conocida como María Osen. Se cuenta que esta mártir japonesa murió asesinada en 1559 tras desobedecer el mandato de su marido de no adorar la cruz.

El mártir de Hirado sobre el que se tiene más conocimiento, no obstante, es el japonés que se convirtió en el primer cura cristiano del país, Sebastián Kimura, nacido en la isla en 1565.

La familia Kimura fue la encargada de acoger a Francisco Javier en su hogar a su llegada a Hirado en 1550, por mandato del daimyo Matsura Takanobu. El religioso jesuíta causó una honda impresión en el cabeza de familia de los Kimura gracias a la traducción de una selección de las sagradas escrituras que había podido realizar durante su periodo en Kagoshima. Él y su familia serían los primeros del centenar de habitantes del lugar bautizados por Francisco Javier en Hirado, y recibiría el nombre cristiano de Antonio.

Los descendientes de Antonio Kimura quedaron a partir de entonces ligados directamente con la historia del cristianismo en Nagasaki. Sebastián Kimura, nieto de Antonio Kimura, fue bautizado a temprana edad. A los 12 años se convirtió en dōjuku, un ayudante de los religiosos católicos cuyas labores son parecidas a las de los estudiantes budistas o kozō.

A pesar de las reticencias de los jesuítas de nombrar curas y sacerdotes japoneses al comienzo de sus misiones, a partir de 1580 comprendieron la importancia de contar con los nativos en la misión evangelizadora. Sebastián Kimura entraría en la Compañía de Jesús en 1585, a la edad de 19 años. No obstante las misiones cristianas comenzarían a encontrar dificultades para expandirse por Japón después de que Toyotomi Hideyoshi dictara el Bateren tsuihō rei, el Edicto de Prohibición del Cristianismo, el 24 de julio de 1587.

Monumento a los mártires de Hirado en la Iglesia Memorial de San Francisco Javier.

Muchos de los jesuítas que estaban en Kioto y otras regiones fueron trasladados a Hirado o en algunos casos a la India. Allí lograron retrasar el cumplimiento de la directriz de expulsión de los jesuítas durante algunos años. Sebastián Kimura continuó sus estudios en varios lugares donde los religiosos habían logrado refugiarse, como Shimabara o Amakusa. En 1595 fue elegido para ser el primer japonés que completase sus estudios filosóficos y teológicos junto a la Compañía de Jesús en Macao.

En el año 1600 la paz volvió a instalarse en Japón tras la batalla de Sekigahara, y esto animó a los jesuítas a impulsar la instrucción de más japoneses dentro de la compañía. Ese año Sebastián Kimura volvería a Japón, donde un año después, en septiembre de 1601, sería ordenado cura a los 36 años de edad.

El arresto de Sebastián Kimura tras la traición de una mujer

Su primera misión como cura sería precisamente en Hirado, en Kawachi-no-ura en 1603. No obstante, en 1614 la persecución de los cristianos volvió a recrudecerse, y muchos religiosos europeos fueron expulsados del país. Las misiones continuaron expandiéndose en secreto fundamentalmente gracias al trabajo de los fieles japoneses.

El 29 de junio de 1621, sin embargo, Sebastián Kimura sería traicionado por una sirviente coreana que había sido llevada a Japón como esclava. Pensando que así recobraría la libertad, la mujer coreana denunció a Sebastián Kimura ante las autoridades. Él y muchos otros religiosos fueron encarcelados y trasladados en septiembre de 1622 a la colina de Nishisaka, donde murieron como mártires, decapitados o quemados en la hoguera.

Los cristianos japoneses vivirían ocultos hasta su descubrimiento por el religioso francés Bernard Petitjean en marzo de 1865, aunque no sería hasta 1871 que el cristianismo pudo volver a florecer en Japón.

  • [13.08.2015]
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