Enfoques Culturas foráneas a la vuelta de la esquina: los barrios étnicos en Japón
El Barrio Coreano de Shin-Ōkubo
[18.08.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | العربية | Русский |

El auge de Shin-Ōkubo comenzó en 2002, año en el que Japón y Corea del Sur organizaron conjuntamente la Copa Mundial de Fútbol; los hinchas surcoreanos lo eligieron como lugar de reunión para animar a su equipo. Con el tiempo, esta zona ha conseguido afianzar su popularidad entre los nuevos barrios étnicos que van surgiendo en Japón.

La proliferación y transformación de los barrios étnicos

En un mundo globalizado como el actual, en Japón están surgiendo diferentes barrios étnicos en los que se congregan personas de diversos países y razas. Algunos de los más representativos son el Barrio Coreano, en las inmediaciones de la estación de Shin-Ōkubo, en el distrito de Shinjuku, que en los últimos tiempos se conoce también como Barrio Asiático; el Nuevo Barrio Chino, en Kita-Ikebukuro; la Pequeña Manila, en Takenotsuka, en el distrito de Adachi; la Pequeña Tailandia, en torno a la estación de Kinshichō, en el distrito de Sumida; y el Barrio Indio, en Nishi-Kasai, en el distrito de Edo-gawa.

Existen, además de los barrios étnicos anteriormente mencionados, enclaves populares entre los emigrantes de otras nacionalidades. Por ejemplo, los vietnamitas se reúnen en Kamata, en el distrito de Ōta; los birmanos, en Takadanobaba, en el distrito de Shinjuku; los indonesios, en el distrito de Meguro; los bangladesíes, en Ōyama, en el distrito de Itabashi; y los nepaleses, en la zona de Hyakuninchō, en Ōkubo, en el distrito de Shinjuku. En cuanto a los lugares preferidos por otras comunidades extranjeras, los turcos y los residentes originarios de naciones árabes se congregan en Yoyogi-Uehara, en el distrito de Shibuya, mientras que los refugiados procedentes de Etiopía prefieren el distrito de Katsushika. Aunque se encuentren lejos de su patria, llevan a cabo sus actividades por la democratización de su país.

Estos barrios étnicos surgidos en la periferia de las grandes ciudades están proliferando y transformándose; han logrado superar las restricciones en materia de inmigración que imperan en Japón, un país donde la baja natalidad y el envejecimiento de la población continúan siendo un problema. Uno se pregunta acerca de la situación actual de estos barrios y si se trata realmente de lugares donde conviven diversas culturas.

Diversos problemas escondidos tras los atractivos de la diversidad

Si excluimos el Barrio Coreano de Shin-Ōkubo, que alberga unos 500 establecimientos, en Tokio son muchos los barrios de extranjeros en los que los restaurantes étnicos comparten espacio con verdulerías y tiendas de recuerdos, entre otros comercios, como parte del trazado urbano tradicional. El Nuevo Barrio Chino de Ikebukuro es un claro ejemplo de este tipo de enclaves en los que se respira una atmósfera marcada por culturas diferentes a la local. Sin embargo, sorprende que los japoneses no sepan nada sobre los extranjeros que residen en Japón ni hagan esfuerzos para aprender sobre ellos; desconocen las razones que les han empujado a venir al país ni qué clase de vida llevan. Convivir en armonía con los residentes extranjeros no es fácil.

Entre los barrios étnicos de todo el mundo destaca el de la ciudad de Toronto, en Canadá, una nación multicultural. Se dice que en él residen personas de más de un centenar de países; las distintas culturas coexistentes allí se preservan principalmente en las comunidades formadas por los emigrantes que más años llevan en territorio canadiense. Sin embargo, Japón no es un lugar tan diverso como Toronto ni tiene una larga historia en este aspecto. Los barrios étnicos de Tokio, que se encuentran esparcidos por la ciudad, cambian a diario. Además, es difícil comprender la realidad que los rodea.

No obstante, en los últimos años la proliferación de los barrios étnicos destaca la diversidad de Tokio como ciudad cosmopolita y hace que aumenten los atractivos de la capital nipona antes de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2020. Por otro lado, la metrópoli se enfrenta a nuevos problemas como el empeoramiento de la seguridad pública y el medioambiente, y los conflictos entre vecinos. Puede decirse que el aumento de los barrios étnicos refleja una parte de lo que le espera a Japón en el futuro.

El Barrio Coreano de Shin-Ōkubo, 20 años de historia

Los barrios étnicos varían en su composición, pero la mayoría de ellos comparte el hecho de haberse formado a partir de ‘una senda espinosa’. Esta senda es la que han recorrido emigrantes como los de Myanmar o Etiopía, que han tenido que huir a Japón por la persecución política de la que eran víctimas en sus países. En el caso de la comunidad que se ha formado en las inmediaciones de la salida norte de la estación de Ikebukuro, son los estudiantes de intercambio quienes la iniciaron al quedarse a vivir en Japón y convertirse en empresarios, los ‘nuevos mercaderes chinos’. Otro ejemplo lo representan los más de 2.000 ingenieros informáticos de la India que constituyen el núcleo de la emigración procedente de este país.

En la calle Ōkubo, que conecta las estaciones de Ōkubo y Shin-Ōkubo de las líneas de JR, es frecuente oír a más personas hablando idiomas extranjeros que japonés. Los barrios frecuentados por un gran número de emigrantes están llenos de vida. Aunque en la mayoría de los casos es fácil discernir quiénes son japoneses y quiénes no a juzgar por sus andares, los jóvenes chinos y surcoreanos visten de la misma forma que los nipones, por lo que la tarea de distinguirlos se vuelve difícil. En el área de Ōkubo la mayoría de los dependientes que trabajan en las tiendas de 24 horas son extranjeros, sobre todo chicas procedentes de China; lo mismo ocurre con el personal de los bares y restaurantes. Da la impresión de que los negocios de la zona no se pueden sostener sin la mano de obra foránea. 

El Barrio Coreano de Shin-Ōkubo tiene unas dos décadas de historia. Tradicionalmente, se extendía a lo largo de la acera izquierda del camino que va desde la Oficina de la Administración Tributaria de Shinjuku, después de pasar por debajo de las vías del tren de las líneas Sōbu, Chūō y Yamanote de JR. Durante el Mundial de Fútbol de 2002, los hinchas de la selección surcoreana se congregaban en el restaurante Ambassador. En la actualidad, este establecimiento se encuentra cerrado, y el núcleo del Barrio Coreano se ha trasladado, al parecer, a una calle conocida como Ikemen-dori –calle de los Chicos Guapos–, perpendicular con la calle Shokuan, en dirección a la calle Ōkubo.

Plano abreviado del Barrio Coreano de Shin-Ōkubo.

Los residentes del Barrio Coreano, apenados por el empeoramiento de las relaciones niposurcoreanas

Hablamos con el gerente de uno de los restaurantes de esta calle, que se encarga, además, de publicar un mapa del Barrio Coreano. Tras especializarse en Ciencias Políticas en una universidad de Corea del Sur, cursó estudios de posgrado en un centro privado de la capital japonesa hace cinco años, antes de comenzar a trabajar en Shin- Ōkubo. Nos pidió que no mencionáramos su nombre, ya que le preocupa que la Asociación de Ciudadanos Contra los Privilegios de los Residentes Coreanos en Japón ­–Zainichi Tokken wo Yurusanai Shimin no Kai, conocida también por su nombre abreviado, Zaitokukai– haya venido organizando manifestaciones en la zona con frecuencia.

En cuanto a las manifestaciones, el gerente denunció su impotencia y manifestó estar contento de que la situación se hubiera calmado recientemente. Respecto al empeoramiento de las relaciones entre Japón y Corea del Sur, afirmó que esto no influye directamente en las ventas, pero se mostró apenado por la situación. En este contexto, quiso hacer hincapié en su contribución, por pequeña que sea, a ampliar la diversidad de la sociedad japonesa introduciendo una cultura diferente en el país.

El auge del Barrio Coreano de Shin-Ōkubo tiene sus inicios en 2002, año en el que Japón y Corea del Sur organizaron conjuntamente la Copa Mundial de Fútbol. Fue entonces cuando aumentó el número de establecimientos surcoreanos en la zona. Además, en 2004 la televisión nipona emitiría la serie surcoreana Sonata de invierno, cuyo éxito resultó en un boom de la cultura popular surcoreana en Japón y en la consecuente expansión del Barrio Coreano. Sin embargo, la visita del entonces presidente surcoreano Lee Myung-bak a las islas Takeshima–Corea del Sur las denomina Dokdo y reclama su soberanía–, en el verano de 2012 cayó como un jarro de agua fría. Una consecuencia de ello fue el aumento de las manifestaciones de corte xenófobo en Japón. Según la Asociación de Comerciantes Surcoreanos de Shinjuku, la mayoría de los establecimientos vieron sus ventas reducidas a la mitad en comparación con el período de mayor auge; decenas de comercios, bares y restaurantes tuvieron que echar el cierre. Además, en los alrededores de Shin-Ōkubo comenzaron a proliferar los establecimientos chinos y de otros países asiáticos, que hicieron que los comercios surcoreanos quedaran relegados a un segundo plano. 

La inmigración en Japón, un problema sin consenso

Resulta difícil saber el número de inmigrantes que residen en Japón, dado que no existen datos oficiales sobre la cantidad de extranjeros que permanecen en el país de forma ilegal. No obstante, se estima que en la actualidad más de dos millones de extranjeros viven en el archipiélago nipón; de ellos, más de 400.000 lo hacen en Tokio. Tras la caída de Lehman Brothers en 2008, el número se redujo, pero se cree que la tendencia ha vuelto a invertirse en los últimos tiempos.

En cuanto a los países de procedencia de los residentes extranjeros en Japón, China, Corea del Sur, Filipinas y Brasil ocupan los primeros puestos en este orden; los oriundos de estas cuatro naciones representan aproximadamente el 70 % del total. Entre los chinos y los surcoreanos, no son pocos los que han nacido y se han criado en el archipiélago nipón debido a que sus padres viven en el país desde antes de la Segunda Guerra Mundial. En cuanto a los brasileños, la mayoría son descendientes de los japoneses que emigraron a esta nación sudamericana; gracias a un trato preferencial por parte del Gobierno nipón llegan a Japón para trabajar en empresas del país. Un ejemplo de este tipo de inmigración lo podemos encontrar en la comunidad brasileña que se ha formado en la localidad de Ōizumi, en la prefectura de Gunma.

Salvando unas pocas excepciones, la inmigración siempre ha estado muy controlada en Japón. Sin embargo, el país se enfrenta a la caída de la natalidad y el envejecimiento de la población, dos fenómenos que avanzan a un ritmo acelerado. Prueba de ello es el descenso de la población en edad de trabajar –desde los 15 hasta los 65 años–. En este contexto, para garantizar la existencia de mano de obra, quizás sea cuestión de tiempo que Japón relaje las restricciones a la inmigración; recurrir a una mayor presencia de las mujeres y la tercera edad en el mercado laboral presenta sus limitaciones.

No obstante, en Japón no existe un consenso en lo referente al tema de la inmigración. Hay quienes exigen que los inmigrantes se adapten a la sociedad japonesa, quienes toleran que se constituya una ‘sociedad paralela’ basada en el respeto de la multiculturalidad y quienes consideran en tratarlos como mano de obra temporal. En cualquier caso, no cabe duda alguna de que continuarán creándose más barrios étnicos en Tokio.

Imagen de la cabecera: El Barrio Coreano, en los alrededores de la estación de Shin-Ōkubo, en el distrito tokiota de Shinjuku (cortesía de Natsuki Sakai/Aflo)

(Traducción al español del original en japonés redactado por Murakami Naohisa, de la redacción de Nippon.com)

  • [18.08.2015]
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