Enfoques La yakuza hoy
Mafias extranjeras exprimen el negocio del contrabando de oro en Japón
[19.02.2018] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | العربية | Русский |

Japón es terreno abonado para el contrabando de lingotes de oro. El caso del robo de 758 millones de yenes en lingotes en Hakata (Fukuoka), se saldó con la detención en mayo de 2017 de 10 personas, la mayoría de ellas miembros de uno de los grupos de maleantes llamados hangure. Una vez obtenida la información sobre una compraventa que iba a realizarse, los delincuentes simularon ser policías haciendo un control para conseguir que la víctima detuviera su vehículo y perpetraron el atraco a plena luz del día. ¿Cómo pasó a sus manos esa información tan supuestamente secreta? Un seguimiento de los numerosos casos que se están registrando en Japón en relación con los lingotes de oro pone de relieve la existencia de mafias extranjeras que una y otra vez introducen ilegalmente el metal precioso en nuestro país.

Con toda la información necesaria para un golpe perfecto

La serie de delitos ocurridos en Fukuoka (isla de Kyūshū) en relación con lingotes de oro ha expuesto a la luz pública el comercio que se realiza clandestinamente con estos objetos. En el primer caso, de julio de 2016, hombres que se hacían pasar por policías detuvieron un vehículo en plena calle, en las cercanías de la estación de ferrocarril de Hakata (Japan Railways), y se llevaron 160 kilogramos de oro, con un valor de 758 millones de yenes. El segundo ocurrió en abril de 2017, cuando, en un aparcamiento de la zona de Tenjin, centro comercial de la ciudad de Fukuoka, atracadores se llevaron 380 millones de yenes que acababan de ser extraídos del banco para la adquisición de lingotes de oro.

Por lo que respecta al primer caso, al cabo de unos 10 meses, en mayo de 2017, fueron detenidos 10 miembros de un grupo de maleantes con base en Nagoya. En cuanto al segundo, a partir de finales del mes de octubre se efectuó un total de 11 detenciones entre individuos de varios grupos similares radicados en la región de Kantō, en Osaka y en otros lugares. Llama la atención que delitos de semejante calibre fueran cometidos por grupos poco cohesionados, cuyos miembros apenas tienen en común su condición de malhechores. Pero también hay que fijarse en el hecho de que ambos se hayan cebado en la compraventa de lingotes de oro, una actividad que resulta muy poco familiar a la mayoría de la gente, y en que, en los dos casos, los grupos criminales tuvieran de antemano información sobre las operaciones que iban a realizarse, gracias a la cual pudieron actuar con la máxima precisión y economía de medios.

“En la cárcel”, dijo uno de los detenidos, “conocí a una persona que me propuso cometer un atraco convenido previamente con la víctima para una cuestión de impuestos y llevarle luego el botín, unos lingotes de oro”. Estas declaraciones, que explican cómo se fraguó la acción, fueron hechas por Nakagaki Ryūichirō (41 años), miembro de un grupo de Nagoya y detenido por el atraco de Hakata.

Creían que todo estaba pactado de antemano

Según la versión ofrecida por personas cercanas a los investigadores de la policía prefectural de Fukuoka, si bien Nakagaki declaró que la información la había obtenido de un compañero de celda, para diciembre de 2016, cinco meses después del golpe, cuando el caso recibió amplia cobertura mediática, Nakagaki había perdido ya el contacto con dicha fuente. “Creemos que hay que remontarse algo más para saber de dónde procede todo, pero todavía no disponemos del diagrama completo. Parece ser que en los dos casos la parte que ofreció la información aseguró que todo estaba pactado con las víctimas y es posible que en los dos casos la fuente original sea la misma”.

La información recogida por Nakagaki llegó a los hermanos Noguchi Naoki (43 años) y Kazuki (42) líderes del grupo y responsables de la acción. Estos quisieron saber si el pacto con la víctima garantizaba que la policía no intervendría, y también les preocupaba que el dinero pudiera pertenecer a la yakuza. Pero la fuente les tranquilizó asegurándoles que la yakuza no estaba metida en el asunto y que la víctima no denunciaría el hecho al tratarse de lingotes introducidos en Japón ilegalmente.

Según las mismas fuentes policiales, cuando los Noguchi fueron a inspeccionar el lugar en el que se les proponía dar el golpe, quedaron sorprendidos al comprobar que era una calle muy concurrida, situada frente a la estación de ferrocarril. No les pareció factible hacer un atraco en un lugar así y en pleno día, por lo que decidieron vestirse de policías y simular estar realizando un control. Así fue como se perpetró este audaz atraco, que viene a ser una “versión era Heisei” de aquel famoso “atraco de los 300 millones de yenes” ocurrido en Tokio en 1968, que prescribió sin haberse hallado al culpable. Se cree que, del total sustraído, 90 kilogramos (valorados en unos 430 millones de yenes) fueron convertidos en dinero y repartidos entre los miembros del grupo de los Noguchi, siendo entregados los 70 kilogramos restantes a quien aportó la información. Hasta ahí las cosas fueron según lo planeado. Cuando, algunos meses después, afloró el delito gracias a la publicación de ciertas informaciones, debió de cundir el pánico en el grupo de los Noguchi, que confiaban en que la víctima no denunciara el hecho.

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  • [19.02.2018]
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