Enfoques La yakuza hoy
Los nueve cadáveres de Zama y las tinieblas de Kabuki-chō
[08.03.2018] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Las nueve cabezas humanas seccionadas que aparecieron en un apartamento de Zama pertenecían a personas que habían sucumbido al poder de persuasión de su verdugo. El detenido se dedicaba a captar mujeres para los locales de prostitución del barrio tokiota de Kabuki-chō. En estos ambientes nocturnos fue madurando sus técnicas para penetrar, valiéndose de Twitter y otras aplicaciones gratuitas, en la psicología de jovencitas con supuestas tendencias suicidas. Una aproximación a la realidad de los reclutadores de chicas que pululan en el barrio del placer de Kabuki-chō.

“Era una persona tan dulce y amable que casi daba miedo”. De esta forma lo describen varias mujeres que conocieron a Shiraishi Takahiro (27 años), el detenido en relación con la aparición de los restos mortales de nueve personas en su apartamento de Zama (prefectura de Kanagawa). En los medios de comunicación fueron apareciendo los testimonios de personas relacionadas con los locales, reclutadores de chicas y otros “habitantes de la noche”, a los que se sumaron los de las mujeres que en algún momento habían tratado a Shiraishi e incluso habían compartido con él un mismo techo. Pero entre las descripciones de Shiraishi servidas por estas mujeres y los hechos desvelados en este aberrante y cruel caso criminal hay un abismo nada fácil de explicar.

“Mujeres que lo conocieron lo describen como una persona muy amable y yo creo que todo encaja a la perfección”, dice, sin embargo, uno de los responsables de una empresa que se dedica a captar mujeres para los locales nocturnos.

“La función de los reclutadores”, continúa, “no termina cuando conducen a una chica a uno de estos locales. Negocian también las condiciones de contratación y les aconsejan sobre cómo conseguir que los clientes las mantengan económicamente, así que actúan también como managers y asesores, y están al lado de las chicas atendiéndolas durante toda su carrera profesional. Últimamente, las chicas mantienen una relación muy aséptica con los locales y están dispuestas a pasar de uno a otro en cualquier momento, en busca de las mejores condiciones, así que estos reclutadores les infunden más confianza que el propio staff de cada local, y con ellos acaban intimando, lo que a veces deriva en una relación sentimental”.

Conociendo cómo funciona el negocio, no es de extrañar que los reclutadores se muestren muy amables en el trato con estas “gallinas de los huevos de oro”.

Dos sistemas de colocación de las chicas

El descubrimiento de los restos amputados de nueve personas de ambos sexos, de entre 15 y 26 años, en el apartamento de Zama se realizó el 30 de octubre de 2017. Un día después, la Policía Metropolitana detuvo a Shiraishi, su inquilino, por abandono de cadáver. Luego se emitieron contra él nuevas órdenes de detención por asesinato, que sumaron siete el 13 de febrero, con la correspondiente a la muerte de una universitaria de Tokorozawa (prefectura de Saitama). Hasta el momento se han formulado cargos por seis asesinatos y la policía continúa investigando los casos de las otras tres personas.

El sospechoso Shiraishi Takahiro es conducido a las dependencias en Tachikawa de la Fiscalía de Tokio por el caso de los nueve cadáveres hallados en el apartamento de Zama (1 de noviembre de 2017, comisaría de Takao, ciudad de Hachiōji, prefectura de Tokio). (Jiji Press).

Cuando tenía unos 25 años, Shiraishi vivía en Ikebukuro (Tokio) y captaba chicas principalmente en el barrio de Kabuki-chō. Sobre su valía como reclutador hay diversas opiniones. Mientras que unos afirman que se acercaba hábilmente a las chicas y era muy convincente, otros dicen que tenía fama de informal. En febrero de 2017, ocho meses antes de revelarse el caso, fue detenido por haber presentado chicas a un local de la prefectura de Ibaraki a sabiendas de que en él se las prostituía. En mayo fue declarado culpable y recibió sentencia de un año y dos meses de prisión, suspendida durante tres años. Con ocasión de su procesamiento, Shiraishi regresó a Zama, de donde era originario y en agosto alquiló el apartamento que sería escenario de estos macabros crímenes que estremecieron a la sociedad.

Los reclutadores pueden clasificarse en tres grupos: 1) quienes actúan por libre; 2) los contratados para ese fin por los kyabakura y otros locales de alterne, y 3) los que pertenecen a empresas (agencias) de servicios especializados. Los que operan en la llamada “Avenida del abordaje”, que une la estación de Shinjuku de Japan Railways con Kabuki-chō, son en su mayoría del tercer grupo, como lo era Shiraishi. Las empresas se han repartido minuciosamente el espacio utilizando buzones, postes del tendido eléctrico y otros elementos del mobiliario urbano como mojones, y se espera de los reclutadores que no rebasen dichos límites. Trabajan sin sueldo básico, a comisión, y las tarifas que cobran por presentar chicas varían según el tipo de local (kyabakura, sōpurando, fasshon-herusu, etc). Por ejemplo, en el caso de los kyabakura, estos fichan a la chica y entregan por ella una determinada cantidad una sola vez. A la chica se le otorga una calificación (S, A, B o C) según su aspecto físico, experiencia y popularidad, y esto sirve para fijar la tarifa que el establecimiento paga a la agencia, que suele oscilar entre los 50.000 y los 200.000 yenes. De estas cantidades, el reclutador se lleva alrededor del 60 % o 70 %, haciéndose efectivo el pago cuando la chica ha trabajado según lo convenido durante 10 días.

Por el contrario, en el caso de los locales que prestan servicios propiamente sexuales, por las mujeres presentadas las agencias siguen cobrando una tarifa del 10 % o 15 % de su salario mientras continúen trabajando. Este es también el sistema que se aplica a las actrices de cine pornográfico, aunque en este caso las agencias perciben de las productoras entre el 40 % y el 50 % del salario. Eventualmente, la mujer presentada podría convertirse en una estrella del cine porno y esto será una gran noticia también para su reclutador, que obtendría pingües ganancias y podría tal vez resarcirse así de largos periodos de escasos ingresos.

Pero en los tiempos que corren la mayor parte de los reclutadores no pueden aspirar a tanto. Se estima que solo algunos de ellos alcanzan los 300.000 yenes mensuales y que los demás pueden darse por satisfechos si consiguen 200.000. Además, todos los gastos en que incurren invitando a las chicas a cafeterías o restaurantes para convencerlas deben pagarlos ellos mismos, y como su propia indumentaria depende al final de sus ingresos, “los que ganan bien van ganando cada vez mejor, y los que no ganan van hundiéndose cada vez más”, según explica un responsable de una de estas agencias.

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  • [08.03.2018]
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