Enfoques La cara oscura de internet en Japón
La cara oscura de internet en Japón: los asesinatos a través de la red
[14.03.2019] Leer en otro idioma : 日本語 | العربية |

En 2017, el caso de los nueve asesinatos de Zama sacudió a la sociedad nipona. En aquella ocasión, el asesino captó a sus víctimas contactando por internet con personas que deseaban terminar con su vida, un modus operandi que ya se había dado en casos anteriores. Analizamos la evolución de los homicidios a través de internet, cuya crueldad no hace más que aumentar con la intensificación del uso de la red.

“Parece que sufres mucho. ¿Quieres morir?”

El 30 de octubre de 2017, los cuerpos descuartizados de nueve personas fueron hallados en un apartamento de la ciudad de Zama, en la prefectura de Kanagawa. Shiraishi Takahiro, acusado de delitos de hurto, violación y asesinato, se dedicaba a contactar por redes sociales como Twitter con mujeres que publicaban mensajes de tendencias suicidas y las invitaba a su casa con la falsa promesa de quitarse la vida con ellas.

La pérfida red de Shiraishi no solo se extendía hacia las nueve víctimas a las que arrebató la vida; otras personas debieron de librarse por azar de correr la misma suerte. Esta fue una conversación que el asesino mantuvo con una estudiante de bachillerato de la prefectura de Kanagawa:

Conversación de Shiraishi Takahiro con una estudiante de bachillerato por la aplicación de mensajería Line.

Shiraishi: Parece que sufres mucho. ¿Quieres morir?

Chica: He intentado ahorcarme dos veces, pero no lo he logrado. Estoy muy angustiada.

Shiraishi: Si te informas bien de cómo atar la cuerda, cómo colocar la amortiguación, desde qué altura hacerlo y qué medicamentos tomar, lo lograrás. (…) Los que dicen que es un método doloroso en el que se sufre y que puede fallar, no han investigado sobre cómo morir sin sufrir. (…) Inténtalo y, si ves que es doloroso, paras y ya está. ¿Lo probamos?

Cuando Shiraishi habla con la prensa desde la cárcel de Tachikawa, ni siquiera intenta ocultar su interior egocéntrico y emite declaraciones como “Lo hice para satisfacer mi avaricia y mi lujuria”, “Los maté para deshacerme de las pruebas” o “No me arrepiento en absoluto de lo que hice”.

Del “caso del doctor Kiriko” a los contactos que terminan en asesinato

Los casos de homicidio mediante la red llevan años sucediéndose. El más antiguo es el conocido como “caso del doctor Kiriko”, ocurrido en diciembre de 1998. La víctima era una mujer de 24 años con tendencias suicidas que se quitó la vida con una dosis de cianuro que le enviaron a casa.

El suceso se desarrolló como sigue. En un sitio web dedicado a la eutanasia, había un tablón de anuncios titulado El consultorio del doctor Kiriko. El hombre que atendía las consultas de personas que pensaban en suicidarse mandó a unas cuantas personas —entre ellas, la víctima— un paquete de cianuro con la consigna de que se lo guardasen. El hombre se refería al paquete como “la cápsula de emergencia” y lo enviaba con la condición de que se lo devolvieran a los cinco años. Al parecer, la idea era que, mientras los afectados tuvieran una herramienta con que suicidarse, no llegarían a dar el paso; es decir que el envío no se efectuaba para ayudar a los afectados a morir, sino para evitar que se suicidasen. La víctima, sin embargo, decidió ingerir la cápsula. Las investigaciones posteriores de la policía revelaron que el hombre también se había suicidado con cianuro. Tras conocer la muerte del sospechoso, la Policía Metropolitana envió el caso a la fiscalía y lo dio por cerrado.

Se considera que el año de implantación de internet en Japón fue 1995, cuando Windows 95 salió al mercado y la red empezó a difundirse ampliamente. En 1998, cuando tuvo lugar el caso arriba mencionado, el porcentaje de uso de internet entre la población superó el 10 %, alcanzando un 13,4 % (datos del Ministerio de Asuntos Internos). Por otro lado, aquel año se registró una cifra de 32.863 suicidios, rebasando los 30.000 también por primera vez.

Aquel fue el primer caso en que una persona con tendencias suicidas utilizó internet como herramienta para quitarse la vida. Posteriormente, no obstante, la naturaleza de los sucesos relacionados con internet empezó a mudar, dando paso a los homicidios en que asesino y víctima se conocen a través de plataformas de contactos virtuales.

En enero de 2001 se produjo un intento de homicidio con lesiones graves en que un estudiante de bachillerato de 18 años, residente de la ciudad de Utsunomiya, Tochigi, acuchilló a una ama de casa de 32 años de la ciudad de Iwatsuki (actualmente, un distrito del municipio de Saitama), en la prefectura de Saitama. El agresor y la víctima se habían conocido en un sitio web de contactos anónimos al que la mujer se había suscrito como vía de escape del estrés derivado de cuidar de su madre dependiente.

El día del incidente la mujer mandó un correo electrónico al chico en que le decía “quiero que me mates”. El joven intentó disuadirla, sin éxito. Cinco días antes de los exámenes oficiales de acceso a la universidad, el chico faltó al colegio alegando un resfriado y fue a casa de la mujer. Incapaz de hacerla cambiar de opinión, terminó por “apiadarse” de ella y la hirió con un cuchillo de cocina.

En abril del mismo año se perpetró otro homicidio conocido como “el asesinato del amigo virtual de Kioto”. La víctima fue una estudiante universitaria de 19 años que, antes de salir de casa por última vez, dejó un mensaje que rezaba “Me voy a ver a un amigo que he conocido por internet”. La joven conoció, a través de un sitio web de contactos, a un obrero de 25 años que luego sería arrestado como sospechoso de asesinato, entre otros actos criminales. Se determinó que el móvil del crimen había sido un problema relacionado con préstamos monetarios. Posteriormente el obrero mató también a una oficinista de 28 años a la que había conocido mediante el mismo sitio web y empeñó su bolso.

La epidemia de suicidios por internet

Incidentes como los que hemos descrito motivaron el refuerzo de la legislación que regula los sitios web de contactos en septiembre de 2003, para prohibir a los menores de 18 años el acceso a plataformas de contactos amorosos. También se emprendieron iniciativas locales para el filtraje de los usuarios de este tipo de sitios, como la imposición de ordenanzas de protección de menores. Con todo, surgió otra nueva corriente cibernética: los contactos con intenciones homicidas.

En septiembre de 2003 un empresario de 46 años fue acuchillado en el distrito tokiota de Chūō; un joven de 19 años, residente en Kawagoe (Saitama), fue arrestado como sospechoso. Ambos sujetos se conocieron mediante una plataforma de mensajes virtual en que la víctima pidió al agresor que acabase con su vida. Se trató, por tanto, de un intento de homicidio por petición de la víctima. Al parecer, el empresario pretendía saldar las deudas del negocio con el dinero de su seguro de vida. El joven cobró algunos cientos de miles de yenes por adelantado y recibió un pagaré por valor de un millón de yenes, a cobrar cuando cumpliera su parte del trato.

Aquel año Japón alcanzó el pico histórico de suicidios, con 34.427 casos. El país sufrió una recesión económica entre 2001 y 2003, y la tasa de desempleo llegó a superar el 5 %. Los “suicidios por internet”, entre personas que se conocían en la red, se encadenaban uno tras otro.

  • [14.03.2019]
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