Enfoques Datos de Japón
Declaraciones de los primeros ministros japoneses en sucesivos aniversarios de la guerra
[17.04.2015] Leer en otro idioma : 日本語 | 简体字 | 繁體字 | Русский |

Las declaraciones de los primeros ministros japoneses con ocasión del aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial se han convertido en una cuestión de carácter diplomático. Estas declaraciones son una piedra de toque para conocer la visión de la historia sostenida por el Gobierno de Japón en cada época, y países como China y Corea del Sur ponen un gran interés hacia lo que los primeros ministros japoneses afirman cada aniversario. ¿Por qué las declaraciones sobre temas históricos emitidas por el Gobierno de Japón se han convertido en un problema de resonancia internacional? El presente artículo presenta las anteriores declaraciones y las circunstancias en que se emitieron.

Prolegómenos: libros de texto y declaraciones del portavoz Miyazawa Kiichi

Todo comenzó en 1982, cuando los principales medios informativos difundieron a coro que, en la inspección de libros de texto de historia para los institutos de bachillerato, el Ministerio de Educación había hecho cambiar la expresión “invasión del norte de China” por “avance hacia el norte de China”. Fue una información errónea originada en un malentendido de un periodista de una cadena televisiva que había cubierto la noticia junto a otros medios. China mostró su rechazo y se dio lugar a un incidente diplomático.

Sobre la premisa de que el ministerio había forzado el citado cambio, el Gobierno de Japón, comandado entonces por el primer ministro Suzuki Zenkō, hizo pública una declaración del portavoz, Miyazawa Kiichi. Además, Suzuki visitó China para presentar sus excusas. Entre los criterios de inspección para los libros de texto se incluyó la llamada “cláusula de vecindad”, que establecía que, para pasar la inspección, los libros deberían “hacer las consideraciones necesarias, al tratar las cuestiones de la historia moderna y contemporánea que implicasen a los países asiáticos vecinos, desde el punto de vista del entendimiento y la concordia internacionales”.

La consecuencia de esta serie de hechos fue que el Gobierno recibió una lluvia de críticas en Japón: no solo se habían presentado excusas sobre informaciones erróneas, sin hacer las comprobaciones del caso, y se había resucitado el problema de las disculpas internacionales, del que se suponía que estaba ya solucionado desde el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Corea del Sur en 1965 y con China en 1972, sino que se había reconocido públicamente que los libros de texto habían sido modificados en respuesta a las críticas recibidas de otros países, abriendo así las puertas a nuevos cuestionamientos diplomáticos sobre la visión de la historia expresada en tales libros.

Declaración del secretario del Gabinete (ministro portavoz) Miyazawa Kiichi sobre los libros escolares de historia (26 de agosto de 1982)

1.- El Gobierno y el pueblo de Japón son profundamente conscientes de los sufrimientos y daños ocasionados a los pueblos de Corea del Sur, China y otros países asiáticos por actos llevados a cabo en el pasado por nuestro país, y ha seguido como Estado la senda de la paz sobre la base del arrepentimiento y la determinación de no repetir nunca más esos actos.

En cuanto a Corea del Sur, en el comunicado conjunto Japón-Corea del Sur de 1965, nuestro país expresó su “profundo arrepentimiento por el deplorable pasado de la relación entre nuestros países”; por lo que respecta a China, en la declaración emitida conjuntamente por ambos países manifestó “sentir vivamente su responsabilidad y un profundo arrepentimiento por los grandes daños causados en el pasado por Japón al pueblo de China con ocasión de la guerra. Ambas manifestaciones confirman el arrepentimiento y la determinación a los que me he referido antes, reconocimiento que se mantiene sin cambios hasta el día de hoy.

2.- Lógicamente, el espíritu expresado en el comunicado conjunto Japón-Corea del Sur y en la declaración conjunta Japón-China debería ser respetado en la educación escolar y en el sistema de autorización de los libros de texto de Japón. Sin embargo, hoy en día, se reciben críticas de parte de Corea del Sur, China y otros países sobre los contenidos de los libros de texto japoneses en lo referente a estos puntos. En aras de la amistad y relaciones de buena voluntad con los países vecinos de Asia, Japón escuchará atentamente estas críticas y hará correcciones bajo responsabilidad gubernamental.

3.- A este fin, por lo que atañe a futuras autorizaciones de libros de texto, el Gobierno revisará las Directrices de Autorización de Libros de Texto tras discutirlas en el Consejo de Autorización e Investigación de Libros de Texto, y cuidará de que las citadas provisiones se lleven a efecto. En lo referente a los libros ya autorizados, el Gobierno procederá en breve en el mismo sentido. Como medida hasta que esto se lleve a efecto, el ministro de Educación, Ciencia y Cultura expresará sus puntos de vista y se asegurará de que la idea mencionada en el punto 2 se lleva a la práctica correctamente en los centros educativos.

4.- Japón se propone seguir esforzándose por promover el mutuo entendimiento y el desarrollo de relaciones de amistad y cooperación con los pueblos de los países vecinos, así como por contribuir a la paz y estabilidad en Asia y en el mundo.

(Fuente: Sitio web del Ministerio de Asuntos Exteriores)

A partir de ese momento, se ha hecho inevitable emitir una declaración gubernamental cada vez que surge una desavenencia en relación con la historia o cada vez que se cumple algún aniversario. Además, ya no es posible retroceder con respecto a la línea establecida por el de 1982. Estas declaraciones han tenido siempre por objeto poner fin a los problemas históricos, lo que ocurre es que cuando los problemas se resucitan cuando han pasado ya muchos años desde la posguerra más inmediata o desde que concluyeron las negociaciones conducentes a la normalización de las relaciones diplomáticas entre Japón y estos países, es lógico que exista un distanciamiento en las visiones y en las intenciones y que resulte imposible buscar soluciones cómodas mediante declaraciones en las que se manejan ideas abstractas.

¿De qué se disculpó Kōno en su declaración de 1992?

1982 trajo el revuelo causado por la “cláusula de vecindad”, pero fue también el año en el que saltó una chispa mucho más incendiaria que la de los libros de texto. Se trata del problema de las “mujeres de solaz” (ianfu). Y otra vez surgen informaciones erróneas de la prensa, aunque más que de errores deberíamos hablar aquí de falsedades.

Un personaje llamado Yoshida Seiji, quien, según decía, había trabajado durante la guerra colocando grupos de jornaleros en la prefectura de Yamaguchi, ofreció un testimonio según el cual había participado, en la isla coreana de Jeju (Jejudo), en cacerías de muchachas para abastecer los burdeles militares. El testimonio fue publicado por el periódico japonés Asahi Shimbun. Posteriormente se supo que el testimonio era una gran mentira, pero el Asahi Shimbun lo llevó a sus páginas en 16 ocasiones. El libro escrito por Yoshida fue luego traducido al coreano y fue tomando cuerpo en Corea del Sur un movimiento para exigir disculpas e indemnizaciones a Japón por el problema de las “mujeres de solaz”.

Las “mujeres de solaz” aparecen al llevarse a los frentes de guerra el negocio de la prostitución existente en Japón. Es cierto que en Indonesia, Filipinas y otros lugares se dieron casos en que el ejército forzó a mujeres residentes en las áreas ocupadas por Japón a convertirse en “mujeres de solaz” y estos actos fueron objeto de juicios por crímenes de guerra. Sin embargo, en aquella época, la actual Corea del Sur era territorio japonés y no campo de batalla.

Después, en Europa cayó el Muro de Berlín y en 1990 se produjo la reunificación alemana. Con ocasión de estos hechos, surgieron en todo el mundo iniciativas para sacar otra vez a la luz y liquidar definitivamente problemas derivados de la Segunda Guerra Mundial que habían quedado pendientes de resolución. Estas iniciativas significaron un nuevo impulso para el movimiento surcoreano. En 1991, el Asahi Shimbun publicó testimonios de las primeras mujeres que, habiendo sido “mujeres de solaz”, se atrevieron a mostrarse en público. Los medios de comunicación japoneses y surcoreanos se hicieron eco de ellos.

En enero de 1992, una semana antes de que Miyazawa, ya como primer ministro, visitase Corea del Sur, el Asahi Shimbun publicó informaciones sobre la implicación del ejército en las instalaciones donde se encontraban las “mujeres de solaz”, que vinieron seguidas por un artículo editorial sobre tema histórico. Después, los medios japoneses y surcoreanos publicaron gran cantidad de artículos sobre ellas. Todos estos artículos no solo se basaban en el mendaz testimonio de Yoshida, sino que, demostrando un gran descuido, en ellos se mezclaban dos conceptos diferentes (las ianfu o “mujeres de solaz” y las mujeres que fueron miembros de los cuerpos llamados teishintai), pese a lo cual Miyazawa se disculpó durante la cumbre bilateral.

El Gobierno investigó los materiales disponibles, principalmente los testimonios de Yoshida, y por su parte los diversos medios de comunicación y expertos en la materia hicieron las verificaciones del caso. Hacia el verano de ese año había quedado claro que al menos las declaraciones de Yoshida carecían de fundamento, pero los medios que habían vertido las acusaciones se limitaron a rebajar el tono informativo sin llegar a publicar ninguna rectificación. Lo único que siguió en pie fueron las disculpas del primer ministro de Japón. En agosto de ese año se normalizaron las relaciones diplomáticas entre China y Corea del Sur, encaminándose Asia Oriental hacia el fin de la guerra fría.

Un año después, en 1993, el Gobierno de Japón hizo públicos los resultados de un estudio relacionado con el problema de las “mujeres de solaz”. Fue entonces cuando el secretario general del Gabinete, Kōno Yōhei, hizo su declaración.

Resumiendo su contenido, Kōno expresó su visión sobre la inhumanidad del sistema de las ianfu, en cuanto fue una forma de tráfico de personas, la existencia de coacción por parte del ejército y el hecho de que, por lugar de origen, el mayor grupo de mujeres después del de las japonesas, fuera el de las coreanas, y se disculpó en nombre del Gobierno de Japón ante todas ellas, con independencia de su procedencia. La declaración reflejaba el estrecho margen de maniobra existente, pues si bien reconocía una vez más la responsabilidad de Japón en los hechos esclarecidos en los juicios por crímenes de guerra realizados hasta entonces, no hacía suya la tesis surcoreana de que en la península se realizaron cacerías de mujeres para destinarlas a los burdeles militares.

Dado que en Indonesia, Filipinas, Holanda y otros países había mujeres que efectivamente habían sido forzadas a servir como “mujeres de solaz”, no podía emitirse una declaración que ignorase este hecho. Sin embargo, no podía esperarse que Japón se disculpase públicamente como país por reclamaciones de daños carentes de fundamento. En Japón se entendió que frente a los ataques basados en hechos inexistentes contenidos en los testimonios de Yoshida el Gobierno estaba respondiendo con disculpas, y en Corea del Sur creció el descontento, pues se entendió que Japón, al no reconocer la coacción ejercida por el ejército sobre el pueblo coreano, se estaba desdiciendo de las disculpas ofrecidas por Miyazawa con ocasión de su visita.

Declaración del secretario general del Gabinete, Kōno Yōhei, en relación con la publicación de los resultados del estudio relativo a las “mujeres de solaz” (4 de agosto de 1993)

El Gobierno de Japón venía realizando, desde diciembre de hace dos años, un estudio sobre el problema de las llamadas “mujeres de solaz” que trabajaron para el ejército. Tenemos ya las conclusiones de dicho estudio, que paso a exponer a continuación.

El estudio permite confirmar que se crearon “instalaciones de solaz” en una amplia área geográfica y a lo largo de un prolongado periodo de tiempo, y que existió un gran número de “mujeres de solaz”. Las “instalaciones de solaz” fueron construidas a requerimiento de las autoridades militares de la época y el antiguo Ejército de Japón se implicó directa e indirectamente en su organización y control, así como en los traslados de las “mujeres de solaz”.

Por lo que respecta al reclutamiento de estas mujeres, lo realizaron, principalmente, empresas privadas que actuaban a requerimiento del ejército. Cuando así era, se produjeron muchos casos en que estas mujeres eran reclutadas en contra de su voluntad mediante persuasión, coacción y otros métodos. Se ha sabido también que, a veces, personal administrativo o militar tomó parte directamente en el reclutamiento. En cuanto al día a día de estas mujeres en los “lugares de solaz”, se desarrollaba en un clima de coacción y en condiciones lamentables.

En cuanto a la procedencia de las “mujeres de solaz” trasladadas a los campos de batalla, dejando a un lado Japón, la península de Corea representa una importante proporción. Entonces, la península de Corea se encontraba bajo dominio japonés y acciones como el reclutamiento, el traslado, o el control al que se sometía a estas mujeres se realizaron mediante persuasión, coacción y otros métodos y, en general, en contra de su voluntad.

En todo caso, estos actos, realizados con la participación del ejército de la época, mancillaron gravemente el honor y la dignidad de muchas mujeres. En esta ocasión, una vez más, el Gobierno de Japón desea hacer llegar sus más sinceras disculpas y su arrepentimiento a todas aquellas mujeres que, con independencia de su lugar de procedencia, experimentaron, como “mujeres de solaz”, innumerables padecimientos y sufrieron incurables heridas físicas y psíquicas. Creemos que, en lo sucesivo, deberá ser objeto de cuidadosa consideración la forma en que Japón, como país, expresará este sentimiento, para lo que se recabará la opinión de los entendidos.

En adelante queremos mirar cara a cara a estas realidades históricas sin soslayarlas, antes bien, aprendiendo de ellas. Grabando en nuestras memorias a perpetuidad estos hechos a través de la investigación de la historia y su enseñanza, reiteramos nuestra firme determinación de no volver a cometer tales errores.

Igualmente, dado que en Japón este asunto ha sido llevado a los tribunales y dado, también, que se ha concentrado en él la atención internacional, nuestro Gobierno continuará dedicando atención a estos asuntos, incluyendo las investigaciones de entidades privadas.

(Fuente: Sitio web del Ministerio de Asuntos Exteriores)

La declaración del primer ministro Murayama Tomiichi de 1995

Las declaraciones gubernamentales sobre temas históricos fueron haciéndose un asunto cada vez más espinoso desde que el problema de las “mujeres de solaz” irrumpió en la agenda diplomática entre Japón y Corea del Sur. Y es que, desde la perspectiva del Gobierno de Japón, si bien debía seguir haciendo público el arrepentimiento y las disculpas tal y como se había hecho continuamente después de la guerra, no podía hacer más que eso, es decir, no podía aceptar que se reavivasen temas que estaban cerrados ni podía reconocer públicamente asuntos inexistentes.

Sin embargo, el clima internacional era adverso a este posicionamiento. En el escenario europeo, Alemania, que había hecho realidad su reunificación, avanzaba en la liquidación de los problemas que habían quedado pendientes con el antiguo bloque soviético, mientras con sus aliados occidentales entraba también en la fase definitiva de reconciliación tras la guerra. El contexto en el que se inscribía Japón no permitía ni mucho menos una cosa así, pero para la sociedad internacional, que no entra en consideraciones regionales, simplemente Japón se estaba retrasando con respecto a Alemania. Por otra parte, con el fin de la guerra fría, la relación de Japón con Estados Unidos, hasta entonces su valedor ante la sociedad internacional, entró en una fase de distanciamiento, hasta el punto de llegar a hablarse de que la alianza iba a la deriva. Entró en juego también la evolución seguida por China. El Partido Comunista Chino, que desde las protestas de la plaza Tiananmen de 1989 sentía peligrar su dominio, desde 1994 había comenzado a utilizar la educación antijaponesa como forma de cerrar filas en torno a su autoridad. Estas eran las circunstancias en las que, en 1995, Japón afrontaba el 50 aniversario del fin de la guerra.

En junio de 1995, el Gobierno de coalición formado por los partidos Liberal Democrático (PLD), Socialista y Sakigake entregó a la Cámara Baja de la Dieta (legislativo nacional) una resolución en la que se hacía una apuesta por la paz aprendiendo de la historia, y que fue aprobada por la mayoría de la cámara. Sin embargo, algunos de los parlamentarios del PLD se ausentaron durante la votación y de ciertas declaraciones que se hicieron sobre las responsabilidades de la guerra se deducía que en las filas conservadoras había todavía un resentimiento latente. Por eso, el 15 de agosto (aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial), el entonces primer ministro Murayama Tomiichi emitió una declaración basada en la resolución previa del Consejo de Ministros.

En esencia, se declaraba el arrepentimiento y se presentaban disculpas, reconociéndose la responsabilidad de Japón por las erradas políticas nacionales que condujeron a la guerra, y los daños y sufrimientos ocasionados a los países asiáticos durante el dominio colonial y la invasión (agresión). Era la primera vez, después del surgimiento del problema de los libros escolares de historia, que el Gobierno de Japón reconocía públicamente y se excusaba explícitamente por el dominio colonial y la invasión (agresión). Fue una forma de dejar en claro que el Gobierno no compartía las posturas de justificación de la guerra que continuaban arraigadas incluso en una parte de la clase política.

Además, en una rueda de prensa posterior a la difusión de su declaración, Murayama dijo sobre la cuestión de las indemnizaciones que esta había quedado cerrada judicialmente mediante el Tratado de Paz de San Francisco, los tratados de paz bilaterales y otros textos. Así pues, no se contempla ninguna de las actuales pretensiones de Corea del Sur, que suponen una negación del tratado básico existente entre ambos países, sobre el problema de las “mujeres de solaz” y otros temas. No es sino una forma de reconocer y apoyar las reparaciones por responsabilidades de guerra que venía realizando Japón desde el final del conflicto y su pacifismo.

Con ocasión del 50 aniversario del fin de la guerra (declaración de Murayama)

Han pasado 50 años desde la terminación de la última gran guerra. Ahora, al pensar en el gran número de personas que fueron víctimas de la guerra dentro y fuera de nuestras fronteras, nos sentimos desbordados por innúmeros sentimientos.

Tras la derrota bélica, superando muchas dificultades, Japón se ha levantado de sus escombros y ha construido la paz y prosperidad de que ahora disfruta, lo cual es para nosotros motivo de orgullo. Sirvan estas palabras de sincero homenaje a todos y cada uno de los ciudadanos que han aportado su sabiduría y su constante esfuerzo en pos de esa meta.

Quisiera expresar una vez más nuestra profunda gratitud por la ayuda y cooperación que nos han brindado hasta hoy Estados Unidos y el resto de los países del mundo. Además, representa para nosotros una gran alegría haber podido construir una relación de amistad como la que actualmente mantenemos con los países vecinos del área Asia-Pacífico, con Estados Unidos y con los países europeos.

En el Japón pacífico y rico de hoy en día corremos el peligro de terminar olvidando lo inestimable y lo impagable de la paz. Para no repetir nunca más los errores del pasado, debemos ir transmitiendo los horrores de la guerra a las generaciones más jóvenes. Y para afianzar la paz en la región de Asia-Pacífico y, con ella, en todo el mundo, uniendo fuerzas especialmente con los pueblos de los países vecinos, ante todo es imprescindible ir creando con estos países una relación basada en un profundo entendimiento y en la confianza.

Inspirado por este pensamiento, y con el fin, por una parte, de apoyar la investigación histórica, en especial la que atañe a las relaciones entre Japón y sus vecinos de Asia en las edades moderna y contemporánea, y por otra de posibilitar un salto adelante en la ampliación de los intercambios con estos países, el Gobierno de Japón ha puesto en marcha el programa Iniciativa por la Paz, la Amistad y el Intercambio, que se sustenta en esos dos pilares.

Por otra parte, en lo concerniente a los problemas causados por la guerra en cuya liquidación se está trabajando actualmente, estoy decidido a seguir adelante con ese trabajo con la mayor lealtad para fortalecer así aún más la relación de confianza entre Japón y dichos países.

Lo que deberíamos grabar en nuestras mentes ahora, en este hito histórico del 50 aniversario del fin de la guerra, es que tenemos que volver la vista al pasado para aprender la lección de la historia, y mirar hacia el futuro para no desviarnos de la senda de la paz y la prosperidad de la sociedad humana.

Durante un periodo de un pasado no tan lejano, siguiendo una política nacional equivocada y tomando la senda de la guerra, nuestro país no solo puso en peligro la propia pervivencia de nuestro pueblo sino que, mediante el dominio colonial y la invasión (agresión), ocasionó tremendos daños y sufrimientos a los pueblos de muchos países, en especial a los pueblos de los países vecinos de Asia. Con la esperanza de que no se incurra en tales errores en el futuro, reconozco con humildad estos innegables hechos históricos y declaro aquí una vez más mis sentimientos de profundo arrepentimiento y mis más sinceras disculpas. Permítaseme también expresar mi sentido pésame a todas las víctimas que ha producido esta historia dentro y fuera de Japón.

Hoy, cincuenta años después del día de la derrota, a partir de ese profundo arrepentimiento, nuestro país debe desechar el nacionalismo autosuficiente, promover la concordia entre los países como miembro responsable de la comunidad internacional y, de esta forma, ir extendiendo el ideal de la paz y la democracia. Al mismo tiempo es vital que Japón, en su condición de único país en haber sufrido bombardeos atómicos, vaya promoviendo activamente el desarme internacional por medios como el fortalecimiento del régimen de no proliferación de armas nucleares, con los ojos puestos en la eliminación total de estas armas. Estoy convencido de que es el único camino para expiar los errores del pasado y para asegurar el eterno descanso de las almas de las víctimas.

Reza el viejo dicho que la buena fe es la cosa más fiable en esta vida. En este memorable momento, declaro ante el pueblo de Japón y ante todo el mundo que deseo hacer de la buena fe el fundamento de mi gobierno. Este es mi compromiso.

(Fuente: Sitio web del Ministerio de Asuntos Exteriores)

Declaración de Koizumi de 2005, heredera de la de Murayama

La declaración de Murayama fue heredada por los sucesivos gabinetes como postura oficial del Gobierno de Japón sobre cuestiones históricas relacionadas con la guerra. Todos los primeros ministros posteriores han hecho pública su postura de asumir las palabras de Murayama, comenzando por su inmediato sucesor en el cargo, Hashimoto Ryūtarō, quien respondiendo a una pregunta que se le formuló en la Dieta aseguró que se basaría en la declaración de Murayama a la hora de desarrollar su política exterior en Asia.

En 2005, cuando se cumplió el 60 aniversario del fin de la guerra, estaba al frente del gabinete Koizumi Jun´ichirō. Koizumi había causado ya un problema diplomático con China visitando el santuario sintoísta de Yasukuni. Sin embargo, su declaración del 60 aniversario resultó ser heredera de la de Murayama.

Declaración del primer ministro Koizumi por el 60 aniversario del fin de la guerra

Con ocasión de los 60 años transcurridos desde el fin de la guerra, no puedo sino pensar, una vez más, en que la paz y la prosperidad de que disfrutamos hoy en día se elevan sobre el sacrificio de muchas personas que, sin desearlo, perdieron su vida en la guerra, y renuevo mi determinación de que nunca más nuestro país vuelva a encaminarse hacia la guerra.

En la última gran guerra, más de tres millones de compatriotas perdieron la vida. Con su país en el corazón, sufriendo por la suerte corrida por sus familiares, unos cayeron en los campos de batalla, otros fueron víctimas de los desastres desencadenados por la contienda. Finalmente, otros fallecieron en lejanos países, una vez terminado el conflicto.

Además, en el pasado, a través del dominio colonial y de la invasión (agresión), nuestro país ocasionó grandes daños y sufrimientos a los pueblos de muchos países, especialmente de los de Asia. Reconociendo con humildad estos innegables hechos históricos, declaro una vez más mis sentimientos de profundo arrepentimiento y mis más sinceras disculpas, al tiempo que expreso mi más sentido pésame por todos los que fueron víctimas de la guerra dentro y fuera del país.

Estoy determinado a no permitir que se erosione la lección que nos ha dejado aquella trágica guerra, y a contribuir a la paz y prosperidad del mundo sin recurrir a la guerra nunca más.

Tras la guerra nuestro país, gracias al constante esfuerzo de nuestro pueblo y a la ayuda de muchos países, se levantó de sus cenizas y dio el primer paso hacia su reintegración a la comunidad internacional aceptando el Tratado de Paz de San Francisco. Manteniendo en todo momento su actitud de solucionar pacíficamente cualquier tipo de problema sin recurrir a la violencia, Japón ha venido contribuyendo activamente, con sus recursos materiales y humanos, a la paz y prosperidad del mundo, a través de la Ayuda Oficial al Desarrollo, de las actividades de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas y por otros medios.

La historia de nuestro país tras la guerra es una historia de 60 años de paz a lo largo de los cuales nuestro arrepentimiento ha quedado demostrado con los hechos.

En Japón, los nacidos después del fin de la guerra representan ya más del 70 % de la población. Todos los japoneses por igual, a través de su propia experiencia o gracias a la educación orientada hacia la paz que han recibido, desean profundamente la paz internacional. Hoy en día muchos japoneses participan activamente en actividades de paz y ayuda humanitaria, como las realizadas por los Japan Overseas Cooperation Volunteers, y se han ganado la confianza y una alta valoración de parte de las poblaciones locales. Además, los intercambios con los países asiáticos en una gran diversidad de áreas, entre ellas la económica y la cultural, son hoy más activos que nunca. Creo que es necesario trabajar en cooperación con los países asiáticos, especialmente con China y Corea del Sur, de los que nos separa una estrecha franja de mar, para sustentar la paz en la región y conseguir su desarrollo. Sin cerrar los ojos al pasado y con una correcta visión de la historia, es mi deseo ir construyendo con los países de Asia una relación de cooperación con vocación de futuro basada en el mutuo entendimiento y en la confianza.

Hoy en día la comunidad internacional se enfrenta a retos más complejos y difíciles de lo que se había podido imaginar hasta ahora: el progreso de los países en desarrollo, la lucha contra la pobreza, la conservación del medio ambiente de la Tierra, la no proliferación de las armas de destrucción masiva, o la prevención y erradicación del terrorismo.

Para contribuir a la paz mundial, nuestro país se propone cumplir activamente su papel como miembro responsable de la comunidad internacional, reafirmándose en su juramento de renunciar a la guerra desde la posición que le confiere el hecho de ser el único país en haber sufrido un bombardeo nuclear, así como su trayectoria a lo largo de estos 60 años posteriores a la guerra.

En este hito histórico que representan los 60 años desde el fin de la guerra, nuestro país, amante de la paz, declara aquí que, junto al resto de las naciones con las que comparte esta aspiración, utilizará todos sus recursos para trabajar por la paz y la prosperidad de toda la humanidad.

(Fuente: Sitio web del Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón)

La declaración del Primer ministro Abe Shinzō en 2015

Aunque las declaraciones emitidas por Murayama y sus sucesores se convirtieron en el posicionamiento oficial del Gobierno de Japón, la declaración anunciada por Abe Shinzō para el 70 aniversario de la guerra creó gran expectación a causa de la polémica que envuelve la figura del primer ministro desde que inició su segundo mandato.

Cuando, en 2007, durante su primer mandato, Abe afirmó sobre el problema de las “mujeres de solaz” coreanas que trabajaron para el ejército de Japón que, si bien hubo coacción sobre ellas en el sentido amplio de la palabra, en tanto víctimas del tráfico de personas, no la había habido en el sentido estricto de la misma, al no existir coacción directa del ejército, sus palabras provocaron acerbas críticas, procedentes sobre todo de la prensa occidental. Si existieron o no existieron en la península coreana las cacerías de muchachas para ser convertidas en ianfu tal como declaró Yoshida, no es objeto de atención fuera de Japón y Corea. Lo que se ve como un problema es que en Japón existió un sistema de burdeles militares que era al mismo tiempo un sistema de tráfico de personas y que en las zonas ocupadas militarmente hubo casos en que el ejército forzó a mujeres a realizar esa función, y las declaraciones de Abe se entendieron como una negación de esto. Especialmente en Estados Unidos, causaron un fuerte repulsa entre las políticas, tanto en las filas republicanas como en las demócratas.

Es este un asunto histórico sobre el que en Japón se ha llegado ya a una conclusión, pero para la comunidad internacional es un problema de derechos humanos de la mujer, que conecta directamente con la actualidad. Por culpa de esta imprevisible metedura de pata, internacionalmente a Abe se le ha colgado el letrero de “revisionista” de la historia. Además, un problema tan específico como es el de las “mujeres de solaz” se ha difundido en el ámbito internacional como si fuese un indicador para juzgar la postura hacia el pasado de Japón.

La declaración para el 70 aniversario del fin de la guerra tampoco estuvo exenta de polémica.

Declaración del primer ministro Abe por el 70 aniversario del fin de la guerra

En el septuagésimo aniversario del fin de la Guerra, debemos reflexionar fríamente sobre el camino que nos llevó a esta confrontación, el camino que hemos tomado desde que esta terminó, y la era del siglo XX. Debemos aprender de las lecciones de la historia para nuestro futuro.

Hace más de 100 años, amplias colonias, principalmente en manos de las potencias Occidentales, se extendían a lo largo del mundo. Con su abrumadora superioridad tecnológica, las olas del dominio colonial llegaron hasta Asia en el siglo XIX. No hay duda de que un consecuente sentido de crisis condujo a Japón a alcanzar su modernización. Japón creó un Gobierno constitucional mucho antes que otras naciones asiáticas. El país conservó su independencia a lo largo de esos años. La guerra ruso-japonesa fue un estímulo para muchas personas bajo el dominio colonial en Asia y África.

Después de la Primera Guerra Mundial, que enfrentó al mundo, los movimientos para la autodeterminación tomaron fuerza y pusieron freno a las colonizaciones que estaban en marcha. Fue una guerra terrible que acabó con 10 millones de vidas. Con un profundo deseo de paz, la humanidad creó la Sociedad de Naciones y desarrolló el Tratado General de Renuncia a la Guerra. Allí surgió entre la comunidad internacional una nueva idea para proscribir la guerra misma.

Al comienzo también Japón caminó junto a otras naciones. No obstante, con la llegada de la Gran Depresión y la creación de los bloques económicos de las naciones Occidentales con sus economías coloniales, la economía de Japón sufrió un duro golpe. En estas circunstancias, la sensación de aislamiento de Japón se profundizó y el país trató de superar su estancamiento diplomático y económico mediante el uso de la fuerza. Su sistema político nacional no sirvió de freno para detener dichos intentos. De esta manera, Japón perdió la perspectiva de las tendencias generales en el mundo.

Con el incidente de Manchuria, seguido por su retirada de la Sociedad de Naciones, Japón se transformó paulatinamente en un país que desafiaba el nuevo orden mundial que la comunidad internacional quiso establecer después de grandes sacrificios. Japón tomó el camino equivocado y avanzó por la senda de la guerra.

Y hace 70 años, Japón fue derrotado.

En el septuagésimo aniversario del fin de la Guerra, me inclino profundamente ante las almas de todos aquellos que murieron tanto aquí como en el extranjero. Quiero expresar mi más sentido pesar y mis eternas y sinceras condolencias.

Más de tres millones de nuestros compatriotas perdieron sus vidas durante la guerra: en el campo de batalla preocupados por el futuro de su patria y deseando la felicidad de sus familias; en países remotos después de la guerra, en el calor o el frío extremos, sufriendo el hambre y la enfermedad. Los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, los ataques aéreos sobre Tokio y otras ciudades, y las batallas en tierra en Okinawa, entre otros eventos, se cobraron sin compasión muchas vidas entre los ciudadanos corrientes.

También entre los países que lucharon contra Japón se perdieron innumerables vidas de personas jóvenes con un futuro prometedor. En China, en el sudeste asiático, en las islas del Pacífico y en otros lugares que se convirtieron en campos de batalla, numerosos ciudadanos inocentes sufrieron y cayeron víctimas de las batallas así como de las dificultades tales como la seria escasez de alimentos. No debemos olvidar que hubo mujeres tras los campos de batalla cuyo honor y dignidad fueron seriamente dañados.

Nuestro país causó un daño y un sufrimiento inconmensurable en personas inocentes. La historia es dura. Lo que se hizo no puede ser deshecho. Todas y cada una de estas personas tenían una vida, un sueño y una familia a la que querían. Cuando miro directamente esta evidente realidad, incluso ahora, me quedo sin palabras y la más grande de las penas invade mi corazón.

La paz que disfrutamos hoy existe sobre estos grandes sacrificios. Y ahí se asienta el origen del Japón después de la guerra.

No debemos repetir jamás la devastación de la guerra.

Incidentes, agresiones, guerra—no debemos recurrir jamás a ninguna forma de amenaza o uso de la fuerza como medio para resolver conflictos internacionales. Debemos abandonar la dominación colonial por siempre y respetar el derecho a la autodeterminación de todas las personas alrededor del mundo.

Japón hizo esta promesa arrepentido profundamente por la guerra. Con ella hemos creado un país libre y democrático, acogido al imperio de la ley, y reiterando la promesa de no recurrir a la guerra nunca más. Al tiempo que en silencio nos enorgullecemos del camino que hemos tomado como una nación pacifista durante setenta largos años, nos mantenemos decididos a no desviarnos jamás de este firme recorrido.

Japón ha expresado en repetidas ocasiones sus sentimientos de profundo arrepentimiento y sus sinceras disculpas por sus actos durante la Guerra. Para manifestar estos sentimientos a través de acciones concretas, hemos grabado en nuestros corazones las historias de sufrimiento de nuestros vecinos de Asia: aquellos en los países del sudeste asiático como Indonesia o Filipinas, y Taiwán, la República de Corea y China, entre otros; y nos hemos dedicado insistentemente a la paz y a la prosperidad de la región desde el final de la Guerra.

Esta postura, manifestada por anteriores Gobiernos, se mantendrá inamovible en el futuro.

No obstante, por más esfuerzos que hagamos, el dolor de aquellos que perdieron a miembros de su familia y los dolorosos recuerdos de aquellos que se vieron sometidos a un inmenso sufrimiento por la destrucción de la guerra nunca sanará.

Por tanto, debemos tener en cuenta lo siguiente.

El hecho de que más de 6 millones de japoneses repatriados consiguieran llegar a casa a salvo después de la Guerra desde varias partes de Asia y el Pacífico, y se convirtieran en la fuerza motriz de la reconstrucción en el Japón de posguerra; el hecho de que cerca de 3.000 niños japoneses abandonados en China fueran capaces de crecer allí y pisar de nuevo el suelo de su país de nacimiento; y el hecho de que antiguos prisioneros de guerra de los Estados Unidos, el Reino Unido, los Países Bajos, Australia y otras naciones hayan visitado Japón durante muchos años para seguir rezando por las almas de los fallecidos en la guerra en ambos bandos.

¿Cuántas emociones encontradas han debido tener y qué grandes esfuerzos han sido necesarios por parte de las personas de China que se vieron sometidas a todos los sufrimientos de la guerra y entre los exprisioneros de guerra que experimentaron sufrimientos indescriptibles causados por el ejército japonés para ser, en cambio, tan tolerantes?

Debemos dedicar nuestros pensamientos a reflexionar sobre esto.

Gracias a esta manifestación de tolerancia, Japón pudo volver a la comunidad internacional durante la posguerra. Aprovechando la oportunidad que nos brinda el septuagésimo aniversario del final de la Guerra, Japón desea expresar su sincera gratitud a todas las naciones y a todas las personas que llevaron a cabo cada esfuerzo para la reconciliación.

En Japón, las generaciones nacidas después de la guerra componen ahora más del 80 % de la población. No debemos permitir que nuestros hijos, nietos e incluso las futuras generaciones que llegarán, que no tienen nada que ver con la guerra, estén predestinadas a disculparse. No obstante, nosotros, los japoneses, a través de las generaciones debemos mirar cara a cara a lo ocurrido en el pasado. Tenemos la responsabilidad de heredar el pasado con toda humildad y transmitirlo en el futuro.

Las generaciones de nuestros padres y abuelos fueron capaces de sobrevivir en una tierra devastada en la más absoluta de las pobrezas después de la guerra. El futuro que nos trajeron es el que ha heredado la generación actual y el que pasaremos a la siguiente generación. Junto a los incansables esfuerzos de nuestros predecesores, esto ha sido solo posible a través de la buena voluntad y la ayuda que nos han prestado superando el odio un amplio número de países como los Estados Unidos, Australia, y las naciones europeas contra los que Japón luchó fieramente como enemigos.

Debemos transmitir esto de generación en generación en el futuro. Tenemos la gran responsabilidad de albergar las lecciones de la historia en el fondo de nuestros corazones para crear un futuro mejor, y de esforzarnos todo lo posible por la paz y la prosperidad de Asia y el mundo. Grabaremos el pasado en nuestros corazones, cuando Japón trató de romper su estancamiento mediante la fuerza. Con esta reflexión en mente, Japón continuará sosteniendo firmemente el principio de que cualquier disputa debe ser resuelta de manera pacífica y basada en la diplomacia del respeto por el imperio de la ley y no en el uso de la fuerza, y tratará de lograr que otros países en el mundo hagan lo mismo. Siendo el único país que ha sufrido la devastación de las bombas atómicas durante la guerra, Japón cumplirá con su responsabilidad en la comunidad internacional, con el objetivo de alcanzar la no proliferación y finalmente la abolición de las armas nucleares.

Grabaremos el pasado en nuestros corazones, cuando la dignidad y el honor de muchas mujeres fueron seriamente dañados durante las guerras del siglo XX. Con esta reflexión, Japón desea ser un país que esté siempre junto a esas mujeres con el corazón herido. Japón liderará al mundo en la creación de una era del siglo XXI en la que los derechos humanos de las mujeres no sean vulnerados.

Grabaremos el pasado en nuestros corazones, cuando la formación de bloques económicos hizo que las semillas del conflicto germinasen. Con esta reflexión, Japón continuará desarrollando un sistema económico internacional libre, justo y abierto que no será influido por las intenciones arbitrarias de ninguna nación. Ampliaremos la ayuda a los países en vías de desarrollo, y conduciremos al mundo hacia una mayor prosperidad. La prosperidad es la principal base de la paz. Japón hará esfuerzos aún mayores para luchar contra la pobreza, que también es un caldo de cultivo de la violencia, y ofrecerá oportunidades para que todas las personas del mundo tengan servicios médicos, educación e independencia.

Grabaremos el pasado en nuestros corazones, cuando Japón terminó desafiando el orden internacional. Con esta reflexión, Japón mantendrá firmemente ideas esenciales como la libertad, la democracia y los derechos humanos como valores inflexibles y, trabajando codo con codo con los países que comparten estos mismos valores, ondeará la bandera de la “Contribución Proactiva a la Paz”, contribuyendo a la paz y la prosperidad en el mundo más que nunca.

Con el octogésimo y nonagésimo aniversario y el centenario del final de la guerra por delante, estamos decididos a crear este Japón junto al pueblo japonés.

(Fuente: Sitio web del Ministerio de Asuntos Exteriores)

El problema de las diversas visiones de la historia de la Segunda Guerra Mundial sigue siendo un asunto que exige un manejo muy cuidadoso para los países. El esquema habitual es que el país que está en posición de atacar las posturas mostradas por otros países se envalentone fácilmente. No quiere esto decir que Japón pueda hacer oídos sordos y mostrar una actitud cínica. La declaración de Murayama fue una expresión de la postura japonesa ante el problema de la historia en términos generales, pero el Gobierno de Japón como tal sigue la directriz de considerar cerrados cada uno de los temas. Queda por verse si Japón será capaz de adoptar un discurso general que le permita superar con éxito los ataques que se le dirigen por estos temas concretos, sin entrar a revisarlos uno a uno. La labor que espera a Japón se presenta, pues, bastante complicada.

Fotografía del titular: Ceremonia de firma de la rendición de Japón a bordo del acorazado Missouri el 2 de septiembre de 1945. (Fotografía: Cortesía de Jiji Press)

  • [17.04.2015]
Artículos relacionados
Otros artículos de esta serie

Últimos vídeos

Últimas series

バナーエリア2
  • Opinión
  • Detrás de la noticia