Enfoques Fragmentos de Japón
La cerámica japonesa
[05.12.2018]

El barro presente en las distintas regiones de Japón se utiliza como materia prima de diversos estilos de cerámica que existen desde la antigüedad. La historia y las peculiaridades de todos ellos guardan relación con la forma de vida de los habitantes de los lugares donde se producen; transmiten su manera de vivir.

Los orígenes de la cerámica japonesa se remontan a hace 13.000 años, concretamente, al período Jōmon, época en la que nació el homónimo estilo. Las peculiares formas que lo caracterizan, así como el misterio que lo rodea y el vigor que transmiten sus piezas, han motivado que se vuelva a reflexionar sobre su significado.

Piezas de cerámica Jōmon originarias de la prefectura de Nagano. A la izquierda, Venus de Jōmon; a la derecha, Diosa enmascarada. La celebración en 2018 de una exposición dedicada a este tipo de cerámica ha suscitado un gran interés en ella.

Cerámica y porcelana

La cerámica japonesa, cuya elaboración consiste en darle forma a la arcilla o a piedras que contienen cristales, se puede dividir en dos grandes categorías: la cerámica y la porcelana. En la primera de ellas, las principales materias primas son el barro y la arcilla, y de su cocción se obtiene un producto suave y grueso. En la segunda, sin embargo, se emplean materiales como el cuarzo y el feldespato, que se mezclan con la arcilla, de ahí que el resultado sea más sólido, detallado y delgado. Las distintas formas de decorar las piezas determinan el estilo: con dibujos, esmaltada, pincelada, peinada, cepillada…

Rokkoyō, los seis hornos antiguos, Patrimonio de Japón

Se considera que el período más prolífico de la cerámica en Japón fue entre los siglos XII y XV, esto es, desde finales de la era Heian hasta el período Muromachi; se abrieron entonces hornos en distintos puntos del país. Destacan seis, conocidos en japonés como Rokkoyō (los seis hornos antiguos): Bizen, en la prefectura de Okayama; Tanba, en la de Hyōgo; Shigaraki, en la de Shiga; Tokoname y Seto, en la de Aichi, y Echizen, en la de Fukui. Son Patrimonio de Japón desde 2017.

Tokkuri, un tipo de jarrita para sake, de Bizen. La cerámica de este lugar destaca por la técnica yakishime, que consiste en no esmaltar las piezas.
Kamagaki no Komichi, callejón de la ciudad de Seto, en la prefectura de Aichi, decorado con cerámica local. En este caso, las piezas sí están esmaltadas.

La cerámica de Shigaraki, que tiene su origen en la fabricación de tejas, es famosa por los tanuki (mapaches japoneses o perros mapache). Estas figuras deben su popularidad al emperador Shōwa, que las incluyó en uno de sus poemas.

La ceremonia del té y el progreso de la cerámica japonesa

En el período Muromachi (siglos XIV y XV), el maestro Sen no Rikyū llevó la ceremonia del té al máximo nivel. Esto motivó la elaboración de piezas de cerámica únicas de Japón que utilizar durante este tipo de celebración y como elemento decorativo —floreros—; destacan, entre otras, las de la casa Raku y las de cerámica de Oribe. Los generales de Kyūshū que formaban parte de las tropas enviadas a Corea por Toyotomi Hideyoshi entre 1592 y 1598, regresaron a Japón con alfareros coreanos que construyeran hornos donde hacer más cerámica para el té. En aquel entonces, Arita (prefectura de Saga) era la cuna de la porcelana homónima, entre cuyas variedades sobresalía, por su alto valor como antigüedad, la de Koimari. A día de hoy, los coleccionistas de todo el mundo les tienen un gran aprecio a estas piezas. Uno de los estilos de porcelana más famosos dentro de la cerámica de Ariake —o Imari, como también se la conoce—, que en 2016 cumplió 400 años de historia, es el Kakiemon; se caracteriza por su color blanco y sus motivos decorativos en rojo, una combinación armoniosa.

Desde la segunda mitad del período Azuchi-Momoyama (1568-1603) hasta la primera del período Edo (siglo XVII), se fabricaron muchas piezas de cerámica con las que los artistas buscaban explorar todo su potencial en aras de la belleza, además de las relacionadas con el té. Posteriormente, hubo un auge de la porcelana con decoración detallada.

Ceremonia del té.

Plato de porcelana de Arita en cuya reparación se ha utilizado oro, una técnica conocida como kintsugi.

En el siglo XVIII, las técnicas propias de la porcelana de Arita se propagaron por diversos lugares de Japón y se fabricaron piezas en Kioto, Kutani y Seto, entre otros. Además, a comienzos de la era Meiji (1868-1912), la cultura japonesa, en particular todo lo relacionado con el té, gozaba del mecenazgo de maestros de esta disciplina pertenecientes a las clases adineradas como Nezu Kaichirō, cuya colección de arte sirvió de base para la fundación del Museo Nezu (Tokio), y Hara Sankei, creador del jardín Sankei (Yokohama).

La cerámica y la artesanía popular

A principios de la era Shōwa, en torno a 1925, se propagó por Japón un movimiento de apreciación de la artesanía popular (mingei); en concreto, de los objetos de uso diario de autor desconocido y de lo que se denominaba “la belleza del uso”. Sus precursores fueron el filósofo Yanagi Muneyoshi (1889-1961) y los alfareros Hamada Shōji (1894-1978), Kawai Kanjirō (1890-1966) y Bernard Leach, este último de nacionalidad británica.

Cerámica de Onta, en la prefectura de Ōita, decorada mediante la técnica del cepillado.Cerámica de Onta, en la prefectura de Ōita, decorada mediante la técnica del cepillado.

Dentro de este movimiento, llama especialmente la atención en todo el país la cerámica de Onta, en la prefectura de Ōita. Trescientos años después de su creación, siguen produciéndola solamente diez familias de alfareros, que transmiten la técnica de padres a hijos únicos. Desde 1995, es Patrimonio Cultural Intangible de Importancia de Japón.

La popularidad de la cerámica de uso diario tras el estallido de la burbuja

El período de crecimiento económico posterior a la Segunda Guerra Mundial se tradujo en mejoras en la calidad de vida de los japoneses, que podían disfrutar de una mayor holgura. En esa época, la cerámica se asociaba con el arte. Sin embargo, el estallido de la burbuja, en la primera mitad de la década de 1990, produjo un cambio en la tendencia: se comenzaron a fabricar piezas que pudieran utilizarse en el día a día. En la actualidad, los productores de cerámica son diversos, al igual que los compradores. Por ejemplo, a los jóvenes les gustan las piezas de uso diario.

A la caza de las gangas en los lugares de producción

En mayo y en octubre de cada año, coincidiendo con la primavera y el otoño, respectivamente, se organizan en los lugares de producción mercadillos de cerámica, una buena oportunidad para encontrar gangas e incluso conocer a los artesanos. Los tres más importantes de Japón son el de cerámica de Mino, en la prefectura de Gifu; el de Imari —porcelana de Arita—, en la de Saga, y el de cerámica de Seto. Se organizan viajes allí que permiten disfrutar de la historia, la artesanía y la gastronomía locales.

Mercadillo de cerámica de Kasama, en la homónima ciudad de la prefectura de Ibaraki. Dos veces al año (primavera y otoño), los artesanos instalan sus puestos y venden directamente sus obras.

Imagen del encabezado: Exposición individual de Yokoyama Takuya en la galería Tohkyo, en Tokio. De izquierda a derecha, cuencos de té y cuenco con boca.

(Traducción al español del original en japonés)

  • [05.12.2018]
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