14 años sin visado: la historia de un refugiado kurdo en Japón
[27.08.2018]

Un refugiado kurdo con pasaporte turco nos narra sus experiencias tras ser retenido en la Oficina de Inmigración de Tokio. Vino a Japón por primera vez en 2004; le han denegado el asilo una vez tras otra, y en 14 años no ha podido trabajar. La tasa de aceptación de peticiones de asilo en Japón es tan solo de un 0,2%.

La historia de un kurdo retenido en la Oficina de Inmigración

“Esto es una violación de mis derechos humanos. Me separaron de mi familia, y cuando voy al hospital me llevan esposado”.

Me entrevisté con el señor Çolak, de 38 años, que desde enero de 2018 permanece retenido en la Oficina de Inmigración del distrito tokiota de Shinagawa. Çolak es un kurdo con pasaporte turco. Como es de sobra sabido, los kurdos son un pueblo sin nación; residen en una zona muy amplia que comprende países como Turquía, Irak o Siria, y aún siguen siendo perseguidos.

El hermano de Çolak participó en el pasado en actividades del movimiento independentista kurdo y, sintiendo él mismo que su vida peligraba huyó a Japón, dejando a su esposa embarazada, para reunirse con su hermano mayor, que vivía en Saitama. Posteriormente su esposa lo siguió hasta Japón, y vive en el país con sus hijos; el mayor, nacido en Turquía, que ya está en segundo curso de secundaria, y los dos menores, nacidos en Japón.

Se dice que el mayor número de kurdos en Japón se concentra en la prefectura de Saitama, con más de 2.000. Sin embargo, ninguno de ellos ha recibido el estatus de refugiado.

“No he podido conseguir un trabajo en 14 años”

Durante la entrevista, realizada en la Oficina de Inmigración, estaba prohibido grabar vídeo y sonido, y un funcionario debía estar presente en todo momento.

“Una semana después de llegar a Japón, en 2004, vine a esta oficina y solicité por primera vez asilo como refugiado. En esa ocasión no lo conseguí, pero me dieron un permiso provisional (con el que podía vivir en el país, pero no trabajar). Posteriormente solicité asilo dos veces más, pero me lo denegaron de nuevo; la cuarta vez, en enero de este año, cuando pregunté por la renovación del permiso provisional, me dijeron que no me lo iban a dar, me separaron de mi familia y me trajeron aquí”.

La habitación en la que Çolak se encuentra retenido es un espacio compartido por ocho personas, con suelo de tatami de nailon. Cada uno posee una nacionalidad diferente, de modo que usan el japonés como idioma común. Se levantan a las siete de la mañana y se acuestan a las diez de la noche; tienen tres comidas diarias. El resto del tiempo lo utilizan libremente para asearse, atender a visitas o hacer ejercicio.

La familia de Çolak sobrevive gracias a su hermano mayor, que posee visado de cónyuge por estar casado con una japonesa y puede trabajar.

“No he podido trabajar en catorce años. Mi hijo mayor tiene nacionalidad turca, pero mis otros dos hijos nacieron en Japón, y a pesar de ello no les dan la nacionalidad japonesa”.

En Japón los niños pueden asistir a la escuela aunque no tengan nacionalidad. No obstante, para ellos la escuela primaria y secundaria no son parte de la educación obligatoria, como para los niños japoneses, y por ello hay quienes no asisten a clase.

Japón acepta a menos del 0,2 % de los refugiados

En mayo de 2018 el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, introdujo su política de tolerancia cero hacia la inmigración ilegal, y como consecuencia más de 2.000 niños han quedado separados de sus padres, hecho que ha provocado fuertes críticas por todo el mundo. Muchos japoneses también han criticado la política de Trump, pero muchos no saben que dentro de su propio país también hay niños que se ven separados de sus padres de forma similar.

“Hablo con mi familia por teléfono, pero no sé cuándo podré salir de aquí. Mi mujer tiene ahora una enfermedad mental. Esto es una violación de mis derechos humanos. ¿Dónde está escrito en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (que se le pueda retener a uno indefinidamente)? ¿Cuál es el motivo de esta retención? ¿Es que quieren que vuelva a Turquía?

La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados establece la salvaguarda de los derechos humanos fundamentales de los refugiados, prohíbe su deportación a países en los que puedan sufrir persecución y dicta las normas según las cuales pueden lograr residencia en el país de acogida.

Japón también es país firmante de la Convención, pero cuenta con algunas de las reglas más estrictas del mundo para su implementación. En 2017 cerca de 20.000 refugiados pidieron asilo (aunque solo se ha procesado unas 11.000 peticiones hasta el momento). Sin embargo, de todos ellos solo 20 personas lograron la aprobación de la Oficina de Inmigración, lo cual representa apenas el 0,2 % del total.

Para tratar de frenar las consecuencias laborales del declive demográfico de la población, el Gobierno ha cambiado su política para aceptar de forma más proactiva a los trabajadores extranjeros. Pero en lo que a los refugiados y su carga de problemas políticos se refiere, la tendencia sigue siendo altamente pasiva.

Organizaciones sin ánimo de lucro para ayudar a los refugiados

WELgee es una organización sin ánimo de lucro que se dedica a prestar apoyo a los refugiados que piden asilo en Japón; Watanabe Sayaka, representante de WELgee, nos dijo: “Estas personas no se enfrentan a la deportación, pero sí a una situación insostenible en la que les aseguran que pueden quedarse, pero no pueden trabajar”.

“Sin embargo en la base de nuestra forma de pensar reside la idea de que por mucho que a un refugiado le denieguen el asilo, ahí no termina todo. Junto a ellos, tratamos de buscar una posición desde la que puedan lograr su residencia, aunque no se trate de la forma establecida que estipulan las regulaciones sobre el estatus de los refugiados”.

Watanabe Sayaka, representante de la organización sin ánimo de lucro WELgee. Además del apoyo burocrático a los refugiados, también tratan de crear en la prefectura de Chiba un nuevo tipo de comunidad de refugiados, que puedan convivir pese a no tener permiso de trabajo.

“Muchas personas que buscan asilo lo hacen con la esperanza de que Japón sea un país pacífico, que respeta los derechos humanos, por ser país firmante de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados; pero lo cierto es que el porcentaje de aprobación de esas solicitudes de asilo es muy bajo. Debemos pensar qué hacer sobre esos casos de retenciones indefinidas, y considerar si existen violaciones de derechos humanos cuando a algunas personas se les niega la atención médica que puedan necesitar”.

Los retenidos en la Oficina de Inmigración son “elementos no deseados”

En la Oficina de Inmigración existen en estos momentos unos 600 solicitantes de asilo político retenidos, y al parecer más de mil personas más en el Centro de Inmigración del Este de Japón en Ushiku, en la prefectura de Ibaraki; todos ellos viven sin saber a ciencia cierta cuándo podrán reunirse con sus familias.

La ministra de justicia, Kamikawa Yōko, declaró a este respecto: “Las personas que se hallan retenidas en las instalaciones de Inmigración por todo el país son aquellas que no reúnen los requisitos legales para obtener su permiso de residencia, o quienes se consideran elementos no deseados para residir en nuestro país, por haber cometido algún delito. Resulta imperativo que concluyamos el cautiverio de esas personas deportándolas a sus países de origen cuanto antes” (en rueda de prensa, el 29 de mayo de 2018).

Además mostró gran severidad hacia los crímenes cometidos por inmigrantes con permisos provisionales: “El año pasado se dieron tres casos de personas que habían logrado un visado provisional y después fueron arrestados por la policía debido a su posible implicación en un asesinato, un intento de asesinato y un robo; además se han dado otros casos de extranjeros con permisos provisionales que han sido detenidos bajo sospecha de haber cometido delitos relacionados con drogas, asaltos y robos. Considero natural que esta nación juzgue adecuadamente la importancia de conceder permisos provisionales de residencia en lo sucesivo”.

La ministra de justicia Kamikawa Yōko en rueda de prensa el 29 de mayo.

Cuando el funcionario nos informó de que la entrevista, de 30 minutos de duración, había terminado, Çolak añadió: “Quizá por haber concedido esta entrevista nunca consiga asilo. Pero quiero que los japoneses sepan que este tipo de cosas están sucediendo en su país”.

El Gobierno debería empezar a considerar más seriamente sus políticas de cara a los derechos humanos de los refugiados que solicitan asilo en su territorio.

Texto: Suzuki Makoto, analista de Fuji TV

(Publicado originalmente en japonés en FNN Prime Online el 10 de agosto de 2018. Traducido al español del original en japonés)

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  • [27.08.2018]
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