Las hortensias, “rosas de oriente”, dan color a la temporada de lluvias
Guíade Japón
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Una flor de mal agüero en el periodo Edo
Las hortensias (ajisai), cubiertas de gotas de lluvia, poseen una belleza delicada. Se trata de una especie autóctona de Japón; de hecho, en el Man’yōshū, la antología poética más antigua del país, hay dos poemas dedicados a ellas, lo que demuestra que crecían de forma silvestre en las montañas y campos japoneses desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, parece ser que durante mucho tiempo las hortensias fueron una flor poco apreciada en Japón.
En el periodo Edo (1603-1868), tras el fin de una serie de conflictos bélicos, y ya en plena época de paz, comenzó en Japón una gran moda por la jardinería. Las plantas silvestres que crecían en los campos y las montañas se convirtieron en variedades a cultivar, y se puso de moda tener en el jardín lirios, camelias, crisantemos, omoto (Rohdea japonica) y campanillas. Se publicaron más de cien libros de jardinería, desde guías ilustradas con variedades de flores y consejos para su cultivo hasta manuales sobre cómo crear nuevas variedades. No obstante, en ellos apenas quedan referencias a las hortensias.
Kawarada Kunihiko, el “doctor de las hortensias” propietario del vivero Kakujitsu-en con cien años de historia en la ciudad de Ushiku, en la prefectura de Ibaraki, habla de los motivos para ello: “Las hortensias tienen cuatro sépalos que parecen pétalos. Como la palabra ‘cuatro’ en japonés se pronuncia igual que ‘muerte’ (shi), se considera un número de mala suerte y tabú, por lo que quizá a la gente de antaño esta flor le pareciera un mal presagio. Además, el hecho de que cambien de color se asocia con un cambio de opinión, por lo que parece que no eran muy apreciadas en la época de los samuráis, en la que se daba mucha importancia a la lealtad hacia el señor feudal”.

La hortensia no era muy popular por tener cuatro sépalos; el cuatro se consideraba número de mala suerte. (PhotoAC)
La “hortensia occidental”, originaria de Japón
La popularidad de las hortensias se disparó en el Occidente a finales del periodo Edo, pero no ocurrió lo mismo en Japón.
Philipp Siebold, un médico alemán destinado en la misión comercial holandesa de Dejima, en Nagasaki, durante la última etapa del periodo Edo, era un gran experto en botánica; cada vez que salía a pasear recogía flores exóticas, y fue creando un jardín botánico en la isla. Le gustaban especialmente las hortensias que florecían en los campos y las montañas, por lo que, al regresar a su país, se llevó consigo unas diez variedades de esta flor.
Esas hortensias se convirtieron en un auténtico fenómeno en Europa, donde se las apreciaba como las “rosas de Oriente”, y posteriormente se difundieron por Estados Unidos, donde se intensificó su mejora genética. Se dice que, al llegar la era Meiji (1868-1912), se reimportaron a Japón, donde pasaron a denominarse “hortensias occidentales”. Quizá fueron los occidentales quienes, a la postre, enseñaron a los japoneses la belleza de las flores de su propio país.
La Flora Japonica (“Flora de Japón”), obra en la que Siebold recopiló el resultado de sus investigaciones botánicas en el país, incluye numerosas ilustraciones minuciosas de hortensias realizadas por pintores japoneses. El hecho de que Siebold bautizara a una elegante hortensia de color malva con el nombre de Hydrangea otaksa, en honor a su esposa japonesa, Kusumoto Otaki, pone de manifiesto el cariño que sentía por ella.

Hydrangea azisai (izquierda) e Hydrangea otaksa, como aparecen en Flora Japonica, de Siebold. (Colección de la Biblioteca de Ciencias Biológicas de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Kioto)
“Allá por 1985, cuando empecé a trabajar en jardinería, las hortensias se plantaban en templos y santuarios y florecían discretamente, pero no gozaban de mucha popularidad como plantas de jardín. Tampoco se conocían muy bien sus variedades ni la clasificación de las especies originales”, afirma Kawarada.
“Hay una variedad llamada Thomas Hogg que al principio florece blanca, pero que, conforme se acerca el final de la floración, cambia a tonos azules y rosados. Como tiene un nombre extranjero se suele pensar que es una variedad de origen extranjero, pero en realidad se trata de una especie autóctona japonesa, y muy antigua. En Japón no tenía nombre propio; simplemente se conocía como ‘flor blanca’ u ‘hortensia blanca’, por lo que parece que se le acabó dando un nombre extranjero. Este es un claro ejemplo de lo poco que se prestaba atención a las hortensias en aquel entonces”.

Thomas Hogg. (Cortesía del vivero Kakujitsu-en)
El “azul de Meigetsu-in” florecía rosa en Europa
Fue el investigador aficionado Yamamoto Takeomi quien puso el foco de la jardinería en las hortensias.
“Yamamoto fue quien descubrió que la flor que había llegado a Reino Unido desde Japón a finales del siglo XIX (y que en Europa se conocía con el nombre de ‘Rosea’ porque florecía con un tono rosa) era la misma que la hortensia de color azul intenso conocida en Japón como hime-ajisai. Aunque las hortensias suelen florecer en azul en suelos ácidos y en rojo en suelos alcalinos, era la primera vez que se identificaba como la misma variedad una especie que, tras cruzar el océano, presentaba una floración diferente”.

Las hortensias del templo Meigetsu-in, en Kamakura, prefectura de Kanagawa. (PhotoAC)
Al parecer, la hime-ajisai fue descubierta en las montañas de Togakushi, en la prefectura de Nagano, por el doctor Makino Tomitarō (1862-1957), considerado el padre de la botánica japonesa, durante uno de sus viajes de recolección; él la bautizó así (“hortensia princesa”) por su silueta elegante y femenina.
“El doctor Makino plantó y cuidó hortensias enanas (hime-ajisai) en el jardín de su casa, pero tras su muerte, estas desaparecieron. Fue Yamamoto quien descubrió que aún se conservaban en el Jardín Botánico Makino, en la prefectura de Kōchi”.
Floración en sépalo y en forma de bola
En Japón hay quince especies de hortensias autóctonas. La más representativa es la gaku ajisai (“hortensia de sépalos”), cuya flor se caracteriza básicamente por poseer un pequeño racimo redondeado y arrugado en el centro, rodeado por sépalos (flores decorativas) que parecen pétalos. A este tipo de floración se le denomina “floración en sépalos”.

Gaku ajisai del tipo Sumida no hanabi (“fuegos artificiales sobre el río Sumida”). El investigador especializado en hortensias Yamamoto Takeomi la descubrió en la casa de un conocido y le dio ese nombre. (PhotoAC)
En la actualidad, el tipo de hortensia que a mucha gente le viene a la mente al oír hablar de ellas, con sus flores redondas y abombadas, se conoce como temari-zaki (“floración en forma de bola”), y es una variedad mejorada de la gaku ajisai; su nombre común es hon ajisai (“hortensia verdadera”).

Hon ajisai. (Cortesía del vivero Kakujitsu-en)
La yama ajisai (“hortensia de montaña”), algo más pequeña que la gaku ajisai, crece de forma silvestre principalmente a lo largo de los arroyos de las montañas de la costa del Pacífico.
Muchas variedades de jardinería son híbridos entre la gaku ajisai y la yama ajisai. Las hortensias empiezan a florecer entre tres y cuatro años después de la siembra; como se trata de un plazo relativamente corto para un árbol de jardín, resulta fácil ir creando nuevas variedades. En Japón, el cultivo de variedades mejoradas cobró impulso a partir de los noventa.
Kawarada comenta: “Para cuando me di cuenta ya había una gran variedad de especies, y desde hace unos quince años se ha convertido en la flor por excelencia del Día de la Madre, llegando incluso antes que la temporada de lluvias”.
El color y la forma de las flores decorativas de la hortensia son muy variados. Se dice que hay unas 6.000 variedades de esta flor en todo el planeta, y que es el arbusto floral más vendido del mundo.
“Las hortensias son vistosas y fáciles de cultivar, y como sus flores duran casi un mes, son un regalo que hace ilusión tanto recibir como regalar. Al parecer, en Estados Unidos se venden hasta 200 millones de macetas al año”.
Aunque se suele pensar que las hortensias, planta que agradece la lluvia, son flores de sombra, al parecer esto es un error.
“No es que la hortensia prefiera la sombra, sino que florece aunque la exposición al sol sea un poco escasa. Si se cuida adecuadamente, florece durante muchos años. Algunas de las hortensias de mi jardín tienen más de 60 años”.
Según Kawarada, el secreto para que duren más es trasplantarlas a una tierra con buen drenaje nada más comprarlas. Si no se dejan las flores marchitas y se podan con unas tijeras cuando termina la floración, volverán a florecer al año siguiente.
Las hortensias en macetas pequeñas se pueden comprar por unos 2.000 yenes. Recomendamos alegrar la ventana con el color que al lector le resulte más agradable de la amplia variedad de esta flor.

Una hortensia de más de 60 años. Las flores decorativas (sépalos) presentan cortes dentados que les dan el aspecto de claveles. (Cortesía del vivero Kakujitsu-en).
Hortensias rebosantes de carácter – galería de fotos
“Izayoi” (decimosexta noche)
“Florencia”
“Primer verdor”
“Palomitas”
“Saisai” (colorido)
“Kurenai” (bermellón)

(Cortesía del vivero Kakujitsu-en)
La mariposa del estanque

(Cortesía del vivero Kakujitsu-en)
“Shichidanka” (en siete niveles)
Imágenes no acreditadas en el artículo realizadas por Ochiai Hoshifumi.
(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: macetas con hortensias de colores variados – imagen de Ochiai Hoshifumi realizada en el vivero Kakujitsu-en.)








