Donde habitan los dioses: la roca gigante sobre la que se alza el antiguo santuario de Naminoue
Guíade Japón
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Un santuario costero que conecta con Nirai Kanai
Cerca del aeropuerto de Naha, en la costa, se alza extendiéndose desde la playa hacia el mar un enorme peñasco. Sobre este se encuentra el santuario de Naminoue, conocido cariñosamente entre los lugareños como Nanmin-san. Aunque se desconoce la fecha exacta de su fundación, sirvió como santuario oficial de mayor rango en la época del Reino de Ryūkyū (1429-1879).
El colosal peñasco era ya un lugar sacro antes de la construcción del santuario. Al acercarse a pie por la playa hasta la base del acantilado se aprecia la profunda erosión causada por años de fuerte oleaje; la roca expuesta se antoja austera a primera vista, pero una mirada más atenta revela lo que parece ser un altar, creando una atmósfera de solemnidad que infunde respeto. En Ryūkyū se ha creído desde la antigüedad que los dioses moran allende los mares en la paradisíaca tierra de Nirai Kanai, desde donde provienen la fertilidad, la felicidad y la vida. En un extremo de esta gran roca hay un lugar de rezo llamado Ryūgū —es decir, “palacio del dragón”—, que se dice que conecta con ese legendario Nirai Kanai. Aún a día de hoy, sigue habiendo rituales donde grupos de mujeres visitan Ryūgū como parte de un peregrinaje para orar por la seguridad del hogar, la salud o el desarrollo de su comunidad.
Durante la época del Reino de Ryūkyū, el puerto de Naha se desarrolló notablemente gracias al próspero comercio con las islas principales de Japón, así como con China, Corea y el sudeste asiático. El santuario de Naminoue era objeto de gran devoción en aquellos días, y los barcos que entraban y salían del puerto rezaban mirando al promontorio para pedir un viaje seguro. También se cuenta que los forasteros que vivían en Ryūkyū solían colocar incensarios para rezar en lo alto del acantilado, orientándolos en dirección a su tierra natal.
Hoy en día, el conocido como ‘puente de Naminoue’ pasa sobre el mar frente al acantilado. Apoyándose en su barandilla se puede observar la gigantesca masa rocosa que se extiende majestuosamente hacia el mar azul, coronada por el santuario como si de un torreón se tratase. El enorme peñasco era conocido durante la época del Reino de Ryūkyū como Hanagusuku o “castillo de las flores”: alzándose cual fortaleza frente al océano, símbolo del poderío del reino, no es de extrañar que este fuera el lugar sagrado más importante para rezar a Nirai Kanai.

El acantilado que da al mar es un antiguo lugar sagrado. (Fotografía: Ōsaka Hiroshi.)
Santuario de Naminoue
- Dirección: 1-25-11 Wakasa, Ciudad de Naha
- Deidades consagradas: Izanami, Hayatamao, Kotosakao
Antiguo santuario en el que se venera desde la época del Reino de Ryūkyū a deidades sintoístas de la tradición de Kumano, creencia procedente de las islas principales de Japón. Sus fieles rezan aquí por tener una larga y próspera descendencia, así como por la seguridad en el mar o la abundancia en las cosechas y la pesca. Sus pabellones de color rojo intenso y estatuas de leones shīsā guardando la entrada son arquetípicamente okinawenses, algo que junto a su ubicación frente a la única playa de la ciudad hace del lugar un popular destino turístico.
El acantilado de piedra caliza sobre el que se alza el pabellón principal era un lugar sagrado en el culto de Nirai Kanai desde antes de que se fundara el santuario. En la cueva de la roca se han encontrado restos humanos que datan del siglo XIV al XVI, lo que sugiere que también sirvió como tumba. Puede por tanto describirse como un lugar sagrado donde confluyen las creencias populares de Ryūkyū y el sintoísmo de las islas principales de Japón.

El lugar de rezo conocido como Ryūgū, considerado desde la antigüedad como un punto de acceso a Nirai Kanai. (Fotografía: Ōsaka Hiroshi.)

En la corte real de Ryūkyū había una gran devoción por el santuario de Naminoue. El rey en persona solía visitarlo cada Año Nuevo. (Fotografía: Ōsaka Hiroshi.)

Vista panorámica del santuario de Naminoue desde el puente de Naminoue. (Fotografía: Ōsaka Hiroshi.)
Reportaje, texto y edición: Kitazaki Jirō.
Imagen del encabezado: El gigantesco peñasco sobre el que se alza el santuario de Naminoue. Fotografía: Ōsaka Hiroshi.
(Traducido al español del original en japonés.)