Bienvenidos a Tokio: el barrio de pescadores y Anamori Inari junto a Haneda
Guíade Japón
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Dedicar tiempo a fotografiar paisajes familiares
Empecé a fotografiar Tokio como proyecto artístico a mediados de 2019, y poco después llegó la pandemia del coronavirus. Pese a las peticiones de limitar voluntariamente las salidas, sin un confinamiento verdaderamente impuesto por el Gobierno, fotografié a personas que deambulaban por la ciudad según su propio criterio o, más bien, pendientes de cómo las miraban los demás. Tras la pandemia he seguido recorriendo y fotografiando Tokio. La ciudad es tan extensa que he descubierto muchas facetas que desconocía, pese a haberme criado en ella. Cuanto más la conozco, más percibo su profundidad y menos puedo dejar de fotografiarla.
Antes de comenzar a fotografiar Tokio viajé siete veces a Corea del Norte, viví un año y medio en Okinawa y fotografié las zonas afectadas por el Gran Terremoto del Este de Japón, trabajos que reuní en sendos libros de fotografía. Fueron diez años recorriendo los márgenes de Japón, pero la imagen de Tokio que se veía desde cada uno de aquellos lugares era la de una ciudad marcada por una enorme concentración de poder político, económico y mediático, lo que me hizo comprender que mi propia mirada, formada allí, también había adoptado sin darme cuenta una perspectiva tokiota.
Todavía viajo una vez al año a Okinawa para ver los entrenamientos de pretemporada de los equipos profesionales de béisbol, pero, cuando tomo una copa con mis conocidos de allí, siempre me preguntan si ya no pienso fotografiar Okinawa, y me siento culpable. En algún momento empecé a pensar que quizá debía dedicar tiempo a fotografiar un lugar al que pudiera seguir volviendo con mi cámara toda la vida. Para mí, ese lugar solo podía ser Tokio.
Tiene que haber una diferencia entre el Tokio que fotografía un viajero y el que fotografía un vecino. ¿No es una tarea importante para cualquier fotógrafo, sea del país que sea, retratar la ciudad en la que ha vivido durante tantos años, desde su infancia? A diferencia de lo que ocurre al fotografiar un destino de viaje, al principio no sentía ganas de hacer fotos precisamente porque aquellas escenas me resultaban tan familiares, pero, con los años, he ido disfrutando cada vez más.
La ciudad de Tokio se halla actualmente inmersa en una remodelación urbana de las que, según se dice, solo se producen una vez cada cien años.
Los edificios construidos en la posguerra se derriban uno tras otro y dan paso a rascacielos impersonales. Tengo la intención de seguir recorriendo y fotografiando este Tokio en plena transformación mientras profundizo en el conocimiento de sus barrios.
En esta primera entrega, bajo el lema “Bienvenidos a Tokio”, presento los alrededores del aeropuerto de Haneda, la puerta aérea de entrada a la capital. Justo al lado del aeropuerto hay un puerto, y todavía se conservan calles antiguas y fiestas tradicionales. La mayoría de los viajeros se dirige al centro en tren, autobús o taxi, pero yo invito a que nos fijemos en el pequeño barrio que se halla situado a apenas un kilómetro del aeropuerto.
En Haneda 6-chōme, en el distrito de Ōta, hay un pequeño puerto pesquero. Al fondo se ve la terminal internacional del aeropuerto de Haneda. (Fotografía de Hatsuzawa Ari)
Gran Festival de Verano del Santuario de Haneda, celebrado anualmente. Los aviones surcan el cielo sobre las banderas de buena pesca que ondean al viento. (Fotografía de Hatsuzawa Ari)
Puente móvil de la línea de Haneda de la autopista metropolitana. Se instaló en 1990 para permitir el paso de grandes embarcaciones por debajo, pero no se utiliza desde 1998. (Fotografía de Hatsuzawa Ari)
El enorme letrero de neón de zumo de naranja que se ve a la izquierda al subir al monorraíl desde el aeropuerto de Haneda. Se instaló en 1975. (Fotografía de Hatsuzawa Ari)
Los “mil torii” del santuario Anamori Inari. (Fotografía de Hatsuzawa Ari)
El “montículo de los zorros” del santuario Anamori Inari. Alberga numerosas estatuas de zorros, animales que se consideran mensajeros de la divinidad en los santuarios Inari. (Fotografía de Hatsuzawa Ari)
Pequeño oratorio Gojukkenbana Muenbotokedō. Honra las almas de las numerosas víctimas cuyos cuerpos llegaron arrastrados por el agua a las inmediaciones de Haneda, entre ellas las de ahogamientos en el río Tama, del Gran Terremoto de 1923 y del gran bombardeo de Tokio de 1945. (Fotografía de Hatsuzawa Ari)
(Traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: vista del aeropuerto de Haneda desde la bahía de Tokio - fotografía de Hatsuzawa Ari.)






