Un millón de yenes por noche: alojarse en el templo Ninna-ji de Kioto

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El anuncio de que el templo Ninna-ji de Kioto, Patrimonio de la Humanidad, iba a ofrecer alojamiento por un millón de yenes la noche (sin incluir comidas) causó revuelo en Japón. ¿Por qué un templo budista famoso se propone ofrecer servicios de lujo?

La noticia de que un templo budista de Kioto iba a ofrecer alojamiento por un millón de yenes la noche vio la luz en primavera de 2018. La iniciativa va dirigida principalmente a extranjeros con alto poder adquisitivo y el aforo es de solo un grupo de hasta cinco personas por noche. Las comidas y otros servicios se cobran aparte.

El templo que se ha lanzado a facilitar alojamiento en sus instalaciones es el Ninna-ji de Kioto. Erigido por el emperador Uda en el año 888, es el templo principal de la escuela Omuro del budismo Shingon. Se lo conoce también con el nombre de Omuro Gosho (Palacio Omuro) porque el emperador Uda construyó su residencia dentro del recinto sagrado después de ordenarse sacerdote. En tiempos posteriores, los miembros de la familia imperial se fueron sucediendo como sacerdotes principales del templo, por lo que este adquirió el estatus más elevado entre los templos monzeki, estrechamente relacionados con la casa imperial y la nobleza. En 1994 el Ninna-ji se incluyó en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, bajo la categoría de Patrimonio Cultural del Antiguo Kioto.

La puerta niōmon, en la entrada principal del Ninna-ji, mide unos impresionantes 18,7 metros de altura y es patrimonio cultural de Japón.
La puerta niōmon, en la entrada principal del Ninna-ji, mide unos impresionantes 18,7 metros de altura y es patrimonio cultural de Japón.

El Pabellón Dorado está dedicado al buda Amida Nyorai, deidad principal del templo, y fue en sus orígenes el edificio principal y el salón de ceremonias del palacio. Se trasladó a su ubicación actual en la era Kan'ei (1624-1643) y ahora está designado como tesoro nacional.
El Pabellón Dorado está dedicado al buda Amida Nyorai, deidad principal del templo, y fue en sus orígenes el edificio principal y el salón de ceremonias del palacio. Se trasladó a su ubicación actual en la era Kan'ei (1624-1643) y ahora está designado como tesoro nacional.

Kanazaki Gishin, jefe de la Sección de Gestión de Propiedad y Visitas del Departamento Financiero del Ninna-ji, explica así la iniciativa del templo de facilitar alojamiento de lujo: “El millón de yenes no es solo la tarifa de alojamiento. En el Ninna-ji ofrecemos una experiencia cultural japonesa. Hemos restaurando el Shōrin’an para deleitar a los visitantes con alto poder adquisitivo, que pueden disfrutar a su antojo de las instalaciones del templo fuera del horario de apertura ordinario, desde última hora de la tarde hasta la mañana del día siguiente”.

Por tanto, lo que los huéspedes reciben por ese millón de yenes la noche es la oportunidad de empaparse profundamente de la cultura japonesa, reservando en exclusiva las instalaciones de un recinto que es patrimonio de la humanidad.

El Ninna-ji totalmente desierto, después de cerrar el acceso de la puerta niōmon. Los huéspedes pueden contemplar en soledad la puesta de sol dentro del recinto.
El Ninna-ji totalmente desierto, después de cerrar el acceso de la puerta niōmon. Los huéspedes pueden contemplar en soledad la puesta de sol dentro del recinto.

Observar de cerca la iluminación nocturna del Pabellón Dorado es un auténtico privilegio.
Observar de cerca la iluminación nocturna del Pabellón Dorado es un auténtico privilegio.

Los templos budistas, cuna de la cultura japonesa y centros de su difusión

El vasto recinto del Ninna-ji está repleto de edificios históricos —empezando por el Pabellón Dorado, tesoro nacional—, imágenes budistas, pinturas y una colección de tesoros que incluye artículos relacionados con la familia imperial. El templo cuenta también con bellos jardines de exuberante vegetación, entre la que destacan los cerezos Omuro, de floración tardía.

Los cerezos Omuro cierran la temporada de la floración de los cerezos en Kioto. Sus flores rosadas crean un contraste hermoso con la pagoda del templo, designada como patrimonio cultural.
Los cerezos Omuro cierran la temporada de la floración de los cerezos en Kioto. Sus flores rosadas crean un contraste hermoso con la pagoda del templo, designada como patrimonio cultural.

El Ninna-ji también ofrece vistas espectaculares en otoño, durante el cambio de hoja.
El Ninna-ji también ofrece vistas espectaculares en otoño, durante el cambio de hoja.

A propósito de la función cultural del Ninna-ji, Kanazaki comenta lo siguiente: “Los templos fueron históricamente los lugares desde donde se creaba y se difundía la cultura. Es nuestra responsabilidad seguir legando a las generaciones venideras esa cultura que se ha venido forjando durante siglos. En estos últimos años ha aumentado el número de turistas extranjeros, por lo que creo que nuestro papel actual es el de difundir la cultura no solo dentro de Japón, sino también al resto del mundo”.

Construir nuevas instalaciones para difundir la cultura, como por ejemplo museos, requiere inversiones titánicas. Por eso se decidió aprovechar el Ninna-ji para dicha difusión, pero con la precaución de no deteriorar la conservación de los edificios y los tesoros que contienen.

En los templos, los carpinteros emplearon las técnicas más sofisticadas para construir los edificios, los escultores tallaron las imágenes budistas y los pintores plasmaron sus obras en los paneles correderos y las paredes. En ellos tuvieron lugar acontecimientos como la ceremonia del té, la contemplación de los cerezos en flor o la observación de la luna, y se compusieron poemas waka y haiku. Gestionado por monjes monzeki, principalmente procedentes de la familia imperial, en la era Heian el Ninna-ji, en especial, se convirtió en un gran salón de reunión de nobles y personalidades de la cultura, mientras que en el periodo Edo muchos artistas e intelectuales se instalaron en sus aledaños. Tampoco debemos olvidar su función primordial como entidad religiosa. Se trata, por tanto, de un lugar sin parangón para experimentar la cultura japonesa.

La imagen del buda Amida Nyorai preside el altar del Pabellón Dorado. A ambos lados tiene a las deidades Kannon y Seishi.
La imagen del buda Amida Nyorai preside el altar del Pabellón Dorado. A ambos lados tiene a las deidades Kannon y Seishi.

Los huéspedes pueden contemplar el interior de la pagoda, normalmente cerrado al público, que contiene una imagen del buda Dainichi Nyorai.
Los huéspedes pueden contemplar el interior de la pagoda, normalmente cerrado al público, que contiene una imagen del buda Dainichi Nyorai.

El Pabellón de Kannon acaba de ver terminadas unas obras de restauración que duraron seis años. Este edificio también suele estar cerrado al público.
El Pabellón de Kannon acaba de ver terminadas unas obras de restauración que duraron seis años. Este edificio también suele estar cerrado al público.

Vivir intensamente la cultura de Japón en un templo Patrimonio de la Humanidad

Los huéspedes pasean por el Ninna-ji guiados por un monje. Se trata de un recorrido muy especial en que se pueden contemplar edificios y tesoros habitualmente cerrados al público. El recinto se halla desierto porque la visita tiene lugar fuera del horario de apertura general.

Recorrido especial, con un ambiente místico gracias a la iluminación nocturna.
Recorrido especial, con un ambiente místico gracias a la iluminación nocturna.

La cena suele servirse en el salón de ceremonias del Palacio de Ninna-ji, mientras que el desayuno se saborea en un salón de té. El monje Segawa Taishū nos explica que las comidas constituyen también una vivencia especial en el templo: “Nuestros huéspedes comen en edificios importantes, donde normalmente se celebran ceremonias y ritos”. El templo cuenta con dos salones de té, ambos patrimonio cultural de Japón: el Hitōtei, en cuyo diseño participó el emperador Kōkaku (1771-1840), y el Ryōkakutei, que el pintor Ōgata Kōrin (1658 -1716) supuestamente hizo trasladar desde la residencia de su hermano menor, Kenzan.

La experiencia gastronómica y cultural está disponible para aquellos que desean apreciar artes tradicionales como el ikebana y la música gagaku mientras saborean la cocina budista auténtica. También se ofrece la escenificación del contexto y el lugar de episodios históricos registrados en los documentos antiguos del templo y otras fuentes. Todos estos servicios se cobran aparte del alojamiento, pero vale la pena disfrutarlos al máximo aprovechando la visita a una ciudad tan importante en la creación de la cultura nipona como es Kioto.

El monje Segawa dirige unas palabras a los comensales antes de empezar la cena en el salón de ceremonias.
El monje Segawa dirige unas palabras a los comensales antes de empezar la cena en el salón de ceremonias.

Los huéspedes comen en el salón de ceremonias, decorado con ikebana, mientras disfrutan de la música gagaku o de la flauta shakuhachi.
Los huéspedes comen en el salón de ceremonias, decorado con ikebana, mientras disfrutan de la música gagaku o de la flauta shakuhachi.

El salón de té Hitōtei, frente a la pagoda, es donde se toman el té y el desayuno.
El salón de té Hitōtei, frente a la pagoda, es donde se toman el té y el desayuno.

El Ninna-ji ofrece una experiencia cultural única, que solo puede obtenerse en dicho templo. La contemplación de la luna tiene lugar en el Palacio de Ninna-ji, donde antaño la observó el emperador Uda. Se planta un altar con ramas de susuki, dulces de arroz (dango) y velas, y los invitados miran la luna sobre la arena blanca del jardín meridional mientras escuchan los cantos religiosos de los monjes. También pueden admirar las pinturas murales (con explicaciones de referencia) y saborear un té en un salón que el emperador Kōkaku adoraba.

Además de la laboriosa preparación que se requiere para facilitar un contacto tan intenso con la cultura nipona, el uso del patrimonio cultural y los tesoros del templo eleva el coste del servicio. Ante la dificultad de ofrecer esta experiencia de forma más ligera y a un público más amplio, se decidió dirigirla a personas con un alto poder adquisitivo, que son quienes tienen más capacidad de difusión e influencia, con el objetivo de darla a conocer.

Contemplar la luna mientras se escuchan los cantos religiosos de los monjes es una actividad exclusiva que solo puede realizarse en un templo budista.
Contemplar la luna mientras se escuchan los cantos religiosos de los monjes es una actividad exclusiva que solo puede realizarse en un templo budista.

Estas pinturas del Pabellón de Kannon, que datan del periodo Edo, solo se muestran al público en ocasiones especiales.
Estas pinturas del Pabellón de Kannon, que datan del periodo Edo, solo se muestran al público en ocasiones especiales.

El Shōrin’an permite reservar una noche en exclusiva

El impulsor de la audaz iniciativa para la difusión de la cultura japonesa del Ninna-ji es el proyecto Iroha Nihon, de la Fundación Nippon. Con un programa destinado principalmente a visitantes extranjeros interesados por la cultura japonesa, Iroha Nihon ofrece una aventura cultural más profunda mediante estancias en edificios históricos como, por ejemplo, los templos. El proyecto financia obras para habilitar como alojamiento ciertas construcciones cerradas al público, como serían edificios de templos dedicados a altos sacerdotes budistas, apoya la gestión y la promoción de las instalaciones, y dedica parte de las ganancias a la conservación y el legado del patrimonio cultural y la artesanía tradicional.

El Shōrin’an, edificio en que se ofrece alojamiento en el Ninna-ji, era la residencia de la familia Hisatomi, médicos y samuráis que servían al templo. La construcción se donó al Ninna-ji y se trasladó a su recinto. Ante su deterioro progresivo, el personal joven del templo elaboró un plan y se lo presentó a Iroha Nihon. Las obras de restauración del edificio y la creación del jardín japonés costaron 157 millones de yenes, el 80 % de los cuales los cubrió la Fundación Nippon.

La entrada del Shōrin’an.
La entrada del Shōrin’an.

El edificio del Shōrin’an tiene dos pisos y está rodeado de un bello jardín japonés.
El edificio del Shōrin’an tiene dos pisos y está rodeado de un bello jardín japonés.

En el Shōrin’an, los huéspedes pueden disfrutar de un baño en una bañera de estilo japonés y dormir en futón sobre el suelo de tatami. Las estancias están equipadas con mobiliario y vajilla fabricados en Japón, y decoradas con objetos relacionados con la familia imperial.

“Los huéspedes son principalmente extranjeros de clase acomodada y también conocidos magnates japoneses. Hay quien nos ha pedido que construyamos otro edificio junto al Shōrin’an para futuras visitas. Algunos incluso se traen a cuidadores para los niños”, explica Kanazaki.

Todo el mobiliario es de fabricación japonesa y se duerme con futón sobre suelo de tatami.
Todo el mobiliario es de fabricación japonesa y se duerme con futón sobre suelo de tatami.

Desde el primer piso (segundo en Japón), se contempla el refinado jardín japonés.
Desde el primer piso (segundo en Japón), se contempla el refinado jardín japonés.

El Shōrin’an solo puede alojar a un máximo de cinco huéspedes, pero estos pueden invitar a amigos y conocidos a cenar o a tomar el té. Levantarse de madrugada para recitar sutras con los monjes es otra de las actividades recomendadas en el templo.

Evidentemente, los japoneses también pueden hacer uso de los servicios de alojamiento y comida del Ninna-ji. “Tuvimos a unos clientes japoneses que vinieron acompañados de una madre muy anciana. Querían vivir una experiencia especial en familia y quedaron muy satisfechos. Nuestras estancias pueden ofrecerse como regalo de compromiso, para pasar un día que deje un magnífico recuerdo a las familias de ambos novios”, comenta Kanazaki.

La sala de baño, de auténtico estilo japonés, rebosa de naturaleza por dentro y por fuera.
La sala de baño, de auténtico estilo japonés, rebosa de naturaleza por dentro y por fuera.

En las vitrinas de las estancias se exponen tesoros del templo y artículos relacionados con la familia imperial.
En las vitrinas de las estancias se exponen tesoros del templo y artículos relacionados con la familia imperial.

El Ninna-ji abre nuevos caminos como templo principal de su escuela

La noticia de que el alojamiento en el Ninna-ji costaba un millón de yenes la noche atrajo no pocas críticas por parte de personas que cuestionaban la ética de que una entidad exenta de impuestos como un templo ofreciera un servicio tan caro. Con todo, Kanazaki dice que es de agradecer que hubiera tanto revuelo. El Ninna-ji, además, sí paga impuestos por sus ingresos de actividades beneficiarias, al igual que otras entidades religiosas.

El Ninna-ji no solo dirige sus servicios a las clases privilegiadas. Desde otoño de 2018, empezó a ofrecer entrada gratuita a menores (hasta bachillerato) en algunas de sus instalaciones y prevé seguir eliminando el coste de la entrada al resto de los edificios. Aunque las visitas escolares son una importante fuente de ingresos para los templos más famosos de Kioto, en el Ninna-ji se prioriza la promoción de la cultura entre las nuevas generaciones.

Kanazaki explica del modo siguiente la decisión de ofrecer entrada gratis a los más jóvenes: “Recibimos muchas visitas escolares, pero la mayoría de los niños solo recorren la parte del recinto que puede verse de forma gratuita y se van sin ver las partes de pago, como el Reihōkan o los edificios y el patrimonio cultural de acceso limitado al público. Ya que vienen de tan lejos, queremos darles la oportunidad de beneficiarse de una visita más completa. Solo con que alguno de ellos sienta algo especial al entrar el contacto con la larga historia y la tradición del templo, habrá valido la pena dejarlos entrar gratis a todos. Los habrá que no se interesen mucho en su primera visita, pero que de mayores se acuerden del Ninna-ji y quieran volver a verlo”.

La puerta niōmon vista desde la entrada, de la que cuelga una tela estampada con el escudo del crisantemo, que representa a la casa imperial. El recinto del Ninna-ji puede recorrerse de forma gratuita, pero la entrada al Palacio, al Reihōkan y a las exposiciones especiales es de pago.
La puerta niōmon vista desde la entrada, de la que cuelga una tela estampada con el escudo del crisantemo, que representa a la casa imperial. El recinto del Ninna-ji puede recorrerse de forma gratuita, pero la entrada al Palacio, al Reihōkan y a las exposiciones especiales es de pago.

El jardín meridional del Palacio y la puerta para los enviados imperiales.
El jardín meridional del Palacio y la puerta para los enviados imperiales.

El templo está impulsando otras iniciativas para atraer a una clientela más amplia, como el lanzamiento de figuras del buda Amida Nyorai —deidad principal del templo—, mediante una colaboración con el fabricante de figuras mundialmente famoso Kaiyōdō, o la iluminación del recinto por parte del Tokyo Camera Club, que gestiona un popular portal de fotografía.

“Actualmente todos los templos atraviesan grandes dificultades en la gestión del mantenimiento del patrimonio cultural y de sus instalaciones. El Ninna-ji cuenta con muchas construcciones de valor histórico aparte de las de su recinto, además de vastas fincas como el terreno sagrado de Hachijūhakkasho Reijō. Solo un 20 % de las construcciones son patrimonio cultural, por lo que debemos cubrir los gastos de gestión y mantenimiento del 80 % restante con los ingresos de las visitas. El Ninna-ji es el templo principal de la escuela Omuro, y como tal debe convertirse en un ejemplo para el resto. En adelante seguiremos impulsando medidas audaces para abrirnos nuevos caminos”, declara Kanazaki.

Iluminación nocturna del recinto del Ninna-ji.
Iluminación nocturna del recinto del Ninna-ji.

Ninna-ji

  • Dirección: Omuro-ōuchi 3, Ukyō-ku, Kioto
  • Horario de visitas: 9:00-17:00 (entrada hasta 30 minutos antes del cierre). *De diciembre a febrero, la hora de cierre es a las 16:30.

Precio: Visita al recinto, gratis. Palacio: Adultos y estudiantes de bachillerato, 500 yenes; estudiantes de primaria y secundaria, 300 yenes. Reihōkan (apertura según temporada): Adultos, 500 yenes; Niños hasta bachillerato, gratis. *Hay descuentos para grupos.

  • Acceso: Junto a la parada de autobús Omuro-Ninnaji (40 minutos con el autobús urbano 26 desde la estación de JR Kioto). A tres minutos a pie desde la estación Omuro-Ninnaji de la línea Kitano de Randen.
  • Iroha Nihon: sitio web oficial

Fotografías: Kuroiwa Masakazu (96BOX)
Reportaje y texto: Editorial de Nippon.com

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