El Museo de Seiko en Ginza: un viaje en el tiempo de la mano de maestros artesanos
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Ginza, tierra de Seiko
Ginza, uno de los barrios más animados de Japón, es también un lugar turístico muy frecuentado por los turistas extranjeros. Si bien cuenta con una gran variedad de elegantes tiendas de marcas internacionales de lujo, alberga también el teatro Kabukiza, así como numerosas tiendas de antigüedades y restaurantes tradicionales, algo que le confiere un encanto especial gracias a esa mezcla única de últimas tendencias y tradición.

La Seiko House, conocida popularmente como el Edificio Wakō. A su lado oeste (a la izquierda) se encuentra el Salón de Té Ginza Wakō Annex, y junto a este, la sala de exposición de relojes Seiko Dream Square.
Uno de los puntos de referencia imprescindibles en Ginza es sin duda Seiko House Ginza; la torre del reloj, símbolo del edificio en sí, domina el cruce de Ginza 4-chōme. Hattori Kintarō, fundador del Grupo Seiko, lo construyó en 1894 como sede central de la antigua relojería Hattori. El edificio actual es la segunda versión, terminada en 1932, y desde la posguerra es conocido como la sede central de Wakō, la división minorista de la empresa.
En los alrededores, además, se hallan dispersos varios locales relacionados, entre ellos la tienda insignia de la marca de relojes de lujo Grand Seiko. Ginza, sin duda, es un auténtica meca para los aficionados a Seiko.

La tienda Grand Seiko Flagship Boutique Ginza Namiki-dōri.
En este mismo barrio vio la luz en 2020, tras una larga espera, el Museo Seiko de Ginza. Este museo, que trasciende los límites de un simple museo empresarial, expone 650 piezas, entre las que se incluyen relojes extranjeros y otros del periodo Edo (1603-1868), así como material relacionado, y goza de gran popularidad por su invitación a reflexionar sobre la relación entre el ser humano y el tiempo. Su fama se ha extendido de boca en boca, y en el año fiscal 2025 recibió a más de 63.000 visitantes, de los cuales más de la mitad eran extranjeros.

La entrada del Museo Seiko de Ginza.
Su antecesor fue un museo creado en 1981 en un rincón de la fábrica Seikōsha, situada en el distrito tokiota de Sumida. La empresa se trasladó a Ginza porque era donde se había fundado originalmente, así como el lugar de nacimiento del fundador. Era el sitio ideal para convertirse en el centro de difusión de la historia del Grupo Seiko; así nos lo explica Nakahara Yūki, responsable del museo. Añade que se ha creado un ciclo muy positivo con el que “los aficionados a Grand Seiko se acercan al museo mientras hacen sus compras, o quienes se animan a comprar tras ver las exposiciones también visitan las tiendas”.

Nakahara nos guía a través de la sala de exposiciones de Grand Seiko.
Relojes japoneses del periodo Edo
La calle Namiki-dōri, frente al Museo Seiko, también recibe el apodo de Tokei-dōri (“calle de los relojes”), ya que en ella se concentran tiendas especializadas en relojes de lujo de todo el mundo. El punto de referencia es el gran reloj de péndulo de 5,8 metros de altura que se encuentra a la entrada.
Aunque se puede entrar gratis en cualquier momento, durante el horario del museo, se recomienda hacer reserva por internet, ya que se suele limitar el aforo en horas de mayor afluencia. En la primera planta, además de la recepción, hay un espacio donde se proyecta un vídeo sobre la vida de Hattori Kintarō y se pueden comprar artículos exclusivos, algo que el aficionado no querrá perderse.
Las salas de exposición, situadas entre la segunda y la sexta planta (correspondientes a los pisos 1 a 5 en otros países), así como en el primer sótano, presentan cada una temáticas diferentes. A continuación recorremos la exposición en orden cronológico y presentamos los puntos más destacados.

El museo cuenta con relojes de sol (la pieza de la imagen data del siglo XVIII) y algunos de los primeros modelos de reloj de torre con péndulo, entre otros.
Primero nos dirigimos a la tercera planta, que reúne diversos relojes de todo el mundo, empezando por los relojes de sol, que aparecieron hace unos 7.000 años. Lo más destacado son los relojes japoneses (wadokei), creados en el siglo XVI e inspirados en relojes mecánicos llegados de Europa, y que cuentan con una de las colecciones más importantes del mundo.
En Europa, los relojes mecánicos aparecieron a principios del siglo XIV y, a medida que se iban generalizando, se pasó a un sistema de horas fijas. En Japón, sin embargo, se mantuvo el sistema de horas variables hasta principios de la era Meiji (1868-1912). Dada la complejidad de este sistema horario (en el que se dividía tanto el día como la noche en seis partes iguales, cada una de las cuales se denominaba ikkoku, y cuya duración variaba de un día a otro), se siguieron utilizando los relojes japoneses, dotados de un mecanismo propio adaptado a este sistema.
Entre los objetos expuestos se encuentran un reloj de sobremesa que, según se dice, estaba instalado en el torreón del castillo de Inuyama, declarado Tesoro Nacional; un reloj de varilla con las marcas dispuestas verticalmente; y un reloj de pared cuyas agujas se alargan y acortan automáticamente para indicar la hora según la estación del año.

Reloj japonés del periodo Edo. Indicaba la hora mediante una esfera y el sonido de una campana.

Izquierda: reloj de mesa de 2,18 metros. Derecha: reloj de varilla con pesas a modo de agujas.
El “rey de los relojes”, por calidad y confianza
La segunda planta presenta los inicios de la empresa, protagonizados por Hattori Kintarō. Hattori, nacido en Ginza en 1860, vio una oportunidad de negocio en los cambios sociales que se produjeron con la Restauración Meiji (1868), como la adopción del calendario gregoriano y la introducción de la hora oficial, y decidió dedicarse al comercio de relojes. Tras trabajar como aprendiz en un taller de reparación de relojes, se estableció por su cuenta y, en 1881, abrió la relojería Hattori en Ginza. Se ganó la confianza de las representaciones comerciales extranjeras y amplió el alcance de su negocio, centrándose sobre todo en relojes occidentales.

La segunda planta, donde se presenta la vida de Hattori.
Once años después de la fundación se creó la fábrica de relojes Seikōsha, y se inició la producción de relojes de pared y despertadores. Posteriormente, la empresa siguió buscando una mayor miniaturización y precisión, desarrollando, entre otros, el primer reloj de bolsillo y el primer reloj de pulsera fabricados en Japón. En particular, los despertadores gozaron de gran prestigio en el extranjero por su bajo precio y su buena calidad, por lo que se exportaron en grandes cantidades.
La exposición, además de mostrar los primeros productos de Hattori, recorre, a través de grabados ukiyo-e y fotografías antiguas, la trayectoria que llevó al relojero a ser conocido como el “rey de los relojes de Oriente”. Asimismo, permite vislumbrar los motivos que llevaron a los japoneses, a quienes Occidente tachaba de poco puntuales, a cambiar su mentalidad.

Izquierda: en sus inicios, la empresa se consolidó gracias a la venta de relojes de bolsillo importados. Derecha: el “Laurel”, el primer reloj de pulsera fabricado en Japón, en 1913.
Una búsqueda incansable de la precisión que cambió la historia de la relojería
En la cuarta planta se recorre la trayectoria de Seiko hacia una mayor mejora de la precisión en sus productos. En 1968, en el Concurso del Observatorio de Ginebra (Suiza), donde se compite por la precisión de los relojes presentados, Seiko acaparó los puestos 4 a 10 en la categoría de relojes mecánicos. Esta alta valoración, solo superada por los relojes de cuarzo suizos, supuso el momento en que la tecnología de Seiko se situaba a la altura de la mejor del mundo.

En la cuarta planta se puede recorrer la historia del desarrollo de los relojes Seiko.

Izquierda: el Grand Seiko de primera generación, lanzado en 1960. Fue el primer reloj de pulsera fabricado en Japón que alcanzó una precisión equivalente a la categoría “excelente” de los criterios de certificación de cronómetros suizos. Derecha: el Quartz Astron, de 1969.
Por otra parte, la empresa también se dedicó al desarrollo de relojes de cuarzo, modelos que aprovechan las vibraciones de dicho cristal provocadas por una cierta cantidad de tensión eléctrica, y en 1969 presentó el Quartz Astron, el primer reloj de pulsera de este tipo del mundo. Su precisión era más de cien veces superior a la de los relojes mecánicos.
Tras lograr integrar en un reloj de pulsera, tras más de diez años de trabajo, un mecanismo que en un principio tenía el tamaño de una puerta, Seiko hizo pública su tecnología patentada. Gracias a ello, los relojes de pulsera de cuarzo se extendieron por todo el mundo.

En 1982, pioneros a nivel mundial, lanzaron al mercado un reloj con televisión (arriba), y en 1984, uno con ordenador.

En el centro, el despertador que apareció en el primer anuncio de televisión de Japón, en 1953.
En la quinta planta se presentan los productos más diversos de los últimos años, como relojes de moda y modelos con señal de satélite. Destaca especialmente el Spring Drive, un reloj mecánico que no necesita pilas pero que ofrece la precisión de un reloj de cuarzo. Su mecanismo único puede considerarse la culminación de la búsqueda de la precisión.
En la sexta planta se exhiben en fila todos los modelos históricos de Grand Seiko. Al parecer son muchos los aficionados que visitan el museo con este lugar como destino principal.

La serie 9R de Grand Seiko, con mecanismo Spring Drive.
Seiko contribuye con su tecnología en eventos deportivos internacionales
En la planta sótano se exponen relojes especiales diseñados para entornos extremos, como las profundidades marinas o el espacio, así como equipos de cronometraje deportivo. La primera vez que Seiko se encargó del cronometraje de un evento deportivo internacional fue en los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964. En grandes eventos como los Juegos Olímpicos o el Campeonato Mundial de Atletismo, además de los equipos de cronometraje y medición específicos para cada disciplina, es imprescindible contar con sistemas de análisis de imágenes y equipos operativos. Solo unas pocas empresas en todo el mundo, según se dice, pueden ofrecer todos esos elementos de forma integral.

El bloque de salida de la esquina inferior izquierda es el que utilizó Usain Bolt, atleta que estableció el récord mundial de los 100 metros lisos con un tiempo de 9,58 segundos en el Campeonato Mundial de Atletismo de 2009.
Nakahara destaca la importancia de esta iniciativa: “Aunque Seiko goza de gran reconocimiento en el extranjero, no todo el mundo conoce la historia de cómo perfeccionamos nuestra tecnología con la mirada puesta en el mundo entero. Cuando los visitantes dicen que han comprendido los antecedentes que han permitido a nuestra marca convertirse en símbolo de confianza, siento una gran satisfacción”. Recomendamos al lector acercarse a conocer este gran ejemplo del espíritu japonés de fabricación, que contribuye al desarrollo de la sociedad sin renunciar nunca a la calidad.

Estos relojes han alcanzado el máximo nivel de estanqueidad y resistencia, y son muy apreciados por buceadores, alpinistas y astronautas.
Museo de Seiko en Ginza
- Dirección: Tokio-to, Chūō-ku, Ginza 4-chōme 3-13
- Horario: de 10:30 de la mañana a 6 de la tarde
- Cerrado los lunes y el fin de año
- Entrada gratuita
- Para más detalles, consulte la página web oficial (en japonés, inglés y chino)
Texto: Katō Madomi (escritora sobre tecnología / editora)
Imágenes: comité editorial de nippon.com
(Artículo traducido al español del original en japonés.)