La naturaleza de Hokkaidō captada por Mizukoshi Takeshi
Las cuatro estaciones en los colores del norte
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En el estrecho de Tsugaru, que separa Honshū de Hokkaidō, existe una línea de distribución biológica conocida como “línea de Blakiston” que propuso el naturalista Thomas Blakiston, quien vivió en Hakodate desde la época del Bakumatsu (1853-1867) hasta principios del periodo Meiji (1868-1912). Sin embargo, se trata de una línea de distribución de animales, como el oso pardo o el búho de Blakiston, y no se aplica a las plantas.

El verdor de junio.
El haya, muy común en la región de Tōhoku, es un árbol representativo de los bosques caducifolios de frondosas de clima templado frío, pero su distribución se extiende más allá del estrecho de Tsugaru, hasta el sur de Hokkaidō. El bosque de hayas de Utasai, en la localidad de Kuromatsunai, situada a medio camino entre Hakodate y Sapporo, fue declarado Monumento Natural Nacional en 1928 por ser el límite norte de la distribución natural de esta especie. Posteriormente se descubrió que a 8 kilómetros al norte de este lugar, en la cuenca alta del río Shirai, también se extiende un magnífico bosque primitivo de hayas. Además, la komakusa, conocida como la “reina de las plantas de montaña”, se extiende desde los Alpes del Norte hacia el norte, hasta las montañas de Daisetsuzan y Shiretoko. Existen diversos factores que influyen en la distribución de las plantas, entre los que se incluyen la temperatura media mensual, la geología y las precipitaciones; esta distribución también está estrechamente relacionada con la historia geológica del lugar.
Un bosque en el que se entremezclan coníferas y latifoliadas
Los bosques de Hokkaidō han evolucionado a lo largo del tiempo a través de una historia geológica marcada por intensas fluctuaciones y repetidas oleadas de grandes cambios climáticos. Se cree que en la antigüedad la zona estuvo cubierta por frondosos bosques subtropicales, algo que se ha podido dilucidar gracias al estudio de fósiles y polen. Tras la última de una serie de glaciaciones el clima se calentó rápidamente y, hace unos 6.000 años, los bosques adoptaron la forma que hoy conocemos: bosques mixtos de coníferas y latifoliadas.
Esos bosques son zonas en las que se entremezclan la taiga, áreas de vegetación de la franja de bosques de coníferas del norte de Siberia, y la franja de bosques de latifoliadas que se extiende al sur de Honshū. Si se analizan las especies en detalle se observa que entre las especies de hoja ancha, como el mizunara (roble japonés), el katsura (Cercidiphyllum japonicum), el shinanoki (tilo japonés), el harunire (álamo japonés) y el yachidamo (Fraxinus mandschurica), crecen mezcladas especies de hoja perenne como el abeto de Sajalín, el ezomatsu (Picea jezoensis) y el akaezomatsu (Picea glehnii). El hecho de que estos bosques se extiendan por una zona tan amplia es una característica propia de la vegetación de Hokkaidō.

Bosque mixto de coníferas y latifoliadas de Higashi-Daisetsu.
Una vegetación variada y rica en diversidad
Otra característica a destacar de los bosques de Hokkaidō es que el suelo está cubierto por densas matas de bambú Chishima (Sasa kurilensis). Los bosques profundos no solo son zonas tenebrosas, ya que apenas les llega luz, sino que además el bambú crece de forma muy densa. Por ello, en el caso del ezomatsu, por ejemplo, las plántulas solo pueden crecer en bosques donde los árboles han desaparecido debido a su avanzada edad, y no es posible cultivar árboles jóvenes de la siguiente generación salvo por medio de una “renovación por árboles caídos”, método que permite el relevo generacional. Debido a estos diversos factores, en Hokkaidō se han formado bosques variados y muy ricos en diversidad.

Las flores de la col de mofeta (Lysichiton camtschatcensis) comienzan a florecer, como si hubieran estado esperando a que se derritiera la nieve.

Los lirios de día (Hemerocallis fulva) que florecen en el Jardín Botánico de Koshimizu, situado en el Parque Nacional de Abashiri. A partir de mediados de junio, todo Hokkaidō entra en la temporada de floración.

Flores de Anemone flaccida y Anemone nemoralis cubren el suelo de un bosque de frondosas caducifolias.
Cerca de los ríos y lagos hay, además, bosques de humedal donde se pueden observar arboledas de alisos y sauces. Por otra parte, en los cauces de los arroyos de las zonas montañosas se extienden bosques de árboles como el katsura, el yachidamo y el harunire. En Hokkaidō, tierra de abundantes volcanes, hay muchos robledales; sus árboles tienden a preferir terrenos de ceniza volcánica y lucen grandes hojas de un hermoso color amarillo incluso en invierno. Crecen sobre todo en las costas de Tokachi y Tomakomai, en número tal que su frondosidad llega a amortiguar el sonido de las olas. En los terrenos baldíos que forman a veces los incendios forestales o desprendimientos, por otro lado, lo primero que crece es el abedul blanco. Este árbol goza de gran popularidad en las mesetas y en las regiones septentrionales, en parte debido a la belleza de su corteza blanca.

Flor de chinguruma.

Semillas de chinguruma.

Cambio de color de las hojas de chinguruma.

Al llegar septiembre comienza la temporada de los hongos. Los tamogitake crecen en los troncos.

Una libélula atrapada en una Drosera longifolia, una planta carnívora.

El otoño en todo su esplendor en la cordillera de Daisetsuzan, con sus vivos colores: el serbal japonés, rojo, el abedul de Erman y el sauce, amarillos, y el pino enano siberiano, verde.
El verano, un paraíso; el invierno, un mundo plateado que rechaza la vida
Lo que más me ha cautivado de Hokkaidō es la vegetación de las zonas altas. A medida que se gana altura en los lugares más altos empiezan a aparecer ante tu vista los abedules y los serbales.

Abedules de Erman en el límite forestal.
Más arriba, tras superar el límite forestal, los árboles altos no pueden crecer más de cierto punto, y el pino enano verde cubre las laderas de las montañas. Este árbol alcanza una altura de cerca de un metro. Pese a ser un entorno natural muy frío y hostil, durante el breve verano crecen plantas alpinas en los cauces de los arroyos, donde aún persiste la nieve, y florecen con una gran variedad de colores. En la cordillera Daisetsuzan también se puede hallar la flor chōnosukesō, ampliamente distribuida en las regiones septentrionales, con el Ártico como centro. La presencia de esta planta es también una prueba de que los glaciares llegaron en otros tiempos hasta esta zona. La tundra alpina, salpicada de musgo, líquen y arbustos, se convierte en un paraíso solo durante el corto verano, pero en invierno se transforma en un mundo plateado que rechaza toda forma de vida. Quiero seguir adentrándome en el bosque y realizando mis fotografías, en busca de esos vivos contrastes y paisajes milagrosos que teje la vegetación de Hokkaidō.

En el paisaje monocromo de la nieve, el verde del equiseto de invierno llama la atención.

En las montañas del este de Hokkaidō la nieve suele quedar acumulada a mediados de noviembre.
Imágenes y texto: Mizukoshi Takeshi.
(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: fotografía de un doble arco iris blanco sobre una zona de pinos enanos siberianos en el límite del bosque.)
