En profundidad Japón en la era posterior al 11 de marzo
Terremotos y economía
Perspectivas históricas

Takemori Shunpei [Perfil]

[03.10.2011] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

El presente artículo analiza el impacto económico de los grandes terremotos que afectaron al país en 1923 y 1995, valorando asimismo el impacto de esas catástrofes anteriores sobre la economía japonesa.


El templo budista Murōji en las montañas de la prefectura de Nara, famoso por su hermosa pagoda de cinco pisos. Su estructura quedó dañada por un tifón en 1998, pero fue reparada en 2000.

Comenzaré este artículo con la presentación de un lugar maravilloso de Japón. Los adeptos del budismo esotérico (mikkyō) que surgió en Japón hará unos 1.200 años, durante la era Heian (794-1185), se retiraron a las montañas en busca de lo divino. Los templos que construyeron se encuentran en la profundidad de las colinas, muy apartados de las zonas residenciales. Para visitarlos hay que poner rumbo a las colinas, tal y como ocurre con las iglesias románicas de Europa.

El más bonito de los templos del budismo esotérico es el de Murōji, situado en las montañas de Uda, a una considerable distancia del sur de Nara. Después de andar cerca de dos horas por colinas boscosas desde la estación de tren más cercana, se abre, de pronto, un panorama y el templo aparece a nuestra vista, ocupando su terreno toda la montaña. Es una vista tan espléndida que se podría pensar que el templo fue construido en el interior de la montaña para impresionar al visitante con su aparición. Este templo alberga una estatua de buda que fue declarada patrimonio nacional en 1951. Las estatuas de buda construidas durante la era Nara (710-794) se modelaban estratificando capas de laca, pero ésta fue tallada de una sola pieza de madera. Es una obra de arte suprema por su elegancia, tamaño y majestuosidad; la talla exhibe la textura llena de vitalidad de la madera, y la estatua, en su conjunto, con un centro de gravedad bajo, da la sensación de solidez y dignidad.

El gran tsunami Jōgan

Cuando me puse a escribir sobre el gran terremoto ocurrido en el este de Japón el 11 de marzo, mis pensamientos se dirigieron hacia la estatua de buda que hay en Murōji. Vine a recordar que el periodo durante el cual fue construida transcurrió bajo el período Jōgan (859-877). Después del terremoto del 11 de marzo, que sacudió la costa oriental del norte de Honshū, en la prensa se publicaron muchas referencias a esa era porque fue cuando un terremoto de escala similar, al menos de 8,3 puntos de magnitud, sacudió la misma área del Pacífico y, del mismo modo, causó un enorme tsunami. Estos datos se conocieron en 1990. El periódico Asahi Shimbun publicó un interesante artículo sobre los antecedentes de este descubrimiento y su subsiguiente impacto en la edición vespertina del 22 de junio:


La central nuclear de Onagawa se salvó del tsunami del 11 de marzo por ochenta centímetros.

“Los campos y las carreteras se volvieron todos un mar azul, […] un millar de personas se ahogaron”. Así está escrito en Nihon sandai jitsuroku (Anales verdaderos de tres generaciones de emperadores de Japón) con respecto al tsunami Jōgan del año 869, que se convirtió en el centro de atención a raíz del reciente tsunami. Las huellas físicas de la anterior catástrofe fueron confirmadas en un estudio geológico de 1990, que reveló que la llanura de Sendai fue inundada en una extensión de tres a cuatro kilómetros hacia el interior, confirmando que los datos incluidos en el documento citado parecían objetivos. Los resultados fueron publicados en un diario por el equipo de la oficina de construcción de la central nuclear de Onagawa explotada por Tōhoku Electric Power Co. en Onagawa, prefectura de Miyagi. Según un miembro de este equipo, Chigama Akira, subdirector del departamento de planificación, estos resultados formaban parte de un estudio realizado con el propósito de solicitar el permiso de instalación de una segunda unidad en la planta de Onagawa.

En virtud de un estudio de documentos históricos llevado a cabo en 1970, cuando Tōhoku Electric solicitó el permiso para construir la primera unidad, se llegó a la conclusión de que un tsunami podía alcanzar una altura máxima de tres metros. Después de esto, según Chigama, gracias a los avances en las técnicas para estudiar terremotos antiguos, realizaron nuevos estudios e investigaciones, incluyendo la excavación para buscar huellas del tsunami Jōgan. De acuerdo con los resultados, se elevó la hipotética altura del tsunami a 9,1 metros. Desde la época de la construcción de la primera unidad, aunque se había supuesto una altura de tres metros, la planta se construyó en una elevación de 14,8 metros en virtud de un “juicio global”, y el acierto de esta decisión se confirmó este año. El terreno donde se levanta la planta de Onagawa está hundido un metro a consecuencia del terremoto del 11 de marzo, y el tsunami que llegó hasta allí alcanzó una altura de trece metros. La planta evitó un impacto directo por un margen de ochenta centímetros.

La serie de accidentes ocurridos en la planta nuclear de Fukushima Daiichi, gestionada por Tokyo Electric Power Co. (TEPCO), después del gran tsunami, derivaron en un desastre de una magnitud comparable al accidente de Chernóbil, el peor desastre de la historia en una planta nuclear. En el citado artículo se indica qué se echa en falta en el plan de seguridad de TEPCO. El desastre se habría podido evitar si, al igual que Tōhoku Electric, TEPCO se hubiese tomado la molestia de realizar detallados estudios arqueológicos, suponer el peor escenario en el caso de producirse terremotos y tsunamis y prepararse para ello.


Olas del inesperado gran tsunami del 11 de marzo golpean el muro de contención que protege la central nuclear de Fukushima Daiichi. (Foto: TEPCO)

Supuestos problemáticos

A raíz del desastre del 11 de marzo, el término sōtei-gai, que significa “imprevisto” o “más allá de lo que se supone posible”, ha pasado a ser de uso frecuente. Personas en puestos de responsabilidad lo han utilizado reiteradamente con el fin de evitar la censura por lo ocurrido. Con todo, el problema real radica en la naturaleza de los supuestos empleados. Según un informe del Gobierno de 2007, Japón, que ocupa el 0,25% de la superficie total del planeta, sufrió el 21% de los terremotos de magnitud seis o superior durante los diez años anteriores a esa fecha. Todo el mundo sabe que puede ocurrir un terremoto. El problema es su escala. Para prevenir la intensidad de un terremoto, es necesario mirar atrás en el tiempo y examinar las evidencias históricas tal y como hizo el personal de Tōhoku Electric.

¿Hasta cuándo es necesario remontarse? Veamos un ejemplo. Hará unos 640.000 años, un volcán situado en lo que hoy es el Parque Nacional de Yellowstone, en Estados Unidos de América (EE.UU.), entró en erupción y arrojó un volumen de humo unas mil veces superior al de la erupción de 1980 del Monte Santa Elena, la mayor erupción volcánica de los últimos años. Los geólogos creen que una erupción similar podría ocurrir incluso ahora, arrojando detritos y cenizas de un metro de altura en la mitad de la superficie de Norteamérica. En el caso de las previsiones económicas, los datos de los últimos cien años no son muy útiles, ya que la estructura de la economía cambia rápidamente con el tiempo. En cambio, en lo que a las previsiones de fenómenos naturales se refiere, los datos no solo de hace cien años, sino incluso de un millón de años pueden ser de gran utilidad.

El período Jōgan fue una época de muchas calamidades en Japón. Además de terromotos y tsunamis, varias epidemias hicieron estragos y hubo erupciones en el Monte Fuji. Fue durante esa era cuando floreció la cultura del budismo esotérico y se talló la estatua de sublime belleza del buda de Murōji. Los japoneses son una gente interesante.

  • [03.10.2011]

Profesor en la Universidad de Keiō. Nació en Tokio en 1956. Se licenció en esa misma Universidad en 1981. Una vez terminados los estudios de doctorado en Keiō en 1986, recibió el título de doctor en Económicas por la Universidad de Rochester en 1989. Ha sido profesor adjunto en Keiō. Es autor, entre otras obras, de Keizai kiki wa kokonotsu no kao o motsu (Las nueve caras de la criísis económica), Sekai o kaeta kin’yū kiki (La crisis financiera que cambió el mundo), y Keizai ronsen wa yomigaeru (El renacimiento del debate económico); ganador del Premio Yomiuri-Yoshino Sakuzō.

Artículos relacionados
Otros artículos de esta serie
  • Un territorio sumido en la desesperaciónCuatro meses después del 11 de marzo, el periodista Kikuchi Masanori visitó zonas de Tōhoku devastadas por el terremoto y el tsunami ocurridos ese día. En su trato con residentes y líderes locales, Kikuchi es testigo de la desesperación de estas personas por superar esta tragedia y reconstruir sus vidas.
  • “Destrucción emergente” y la reactivación de JapónJapón se enfrenta en estos momentos al reto de recuperarse de la peor catástrofe natural sufrida desde la Segunda Guerra Mundial, pero como argumenta el profesor Yonekura Seiichirō, el país debe ir más allá de una simple reconstrucción de las áreas más afectadas por el terremoto y el tsunami del 11 de marzo. En este artículo, Yonekura critica el status quo actual y traza una propuesta de un nuevo Japón libre de centrales nucleares y con menos emisiones de carbono.

Últimos vídeos

Últimas series

バナーエリア2
  • Opinión
  • Detrás de la noticia