En profundidad ¿Superará la democracia la crisis financiera?
La enfermedad de la democracia perturba la economía

Inoki Takenori [Perfil]

[24.01.2012] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

El mecanismo que empuja a las democracias a una ampliación del gasto público opera por igual en todos los países desarrollados. ¿Serán capaces las democracias de terminar con los déficits presupuestarios? Reflexiones del economista Inoki Takenori.

Política y economía van de la mano

Observando la política japonesa y su actual coyuntura, uno acaba cayendo en el masoquismo de pensar si no será Japón el único país que da esta deplorable imagen. Convendrá saber, sin embargo, que en Estados Unidos y en algunos de los miembros de la Unión Europea se dan situaciones iguales o muy parecidas. Puede decirse que casi todos los países desarrollados se hallan inmersos en una confusión similar, que se encuentran en un atolladero al ser incapaces sus políticos de encontrar una estrategia que permita solucionar el problema de las finanzas públicas (un déficit presupuestario y una deuda soberana colosales) y, al mismo tiempo, posibilitar un crecimiento a medio y largo plazo. No habrá muchos países, además de Rusia, China y Corea del Sur, en los que el déficit presupuestario no sea motivo de enfrentamiento político.  

Debió de intrigar a muchos que, justo después del gran terremoto con tsunami que afectó en marzo de 2011 al este de Japón, cuando se cernían sobre el país las más negras previsiones, el yen experimentara un alza en los mercados cambiarios. Al principio se buscó la causa en la necesidad de las compañías de seguros generales de hacer acopio de yenes para responder a sus obligaciones. Pero estas variaciones en los mercados de divisas se presentan siempre en relación con algo. Hoy en día hay una cierta unanimidad en cuanto a que el yen subió en términos relativos porque la situación de impotencia política en Estados Unidos y en la Unión Europea proyectaba sobre esas economías previsiones todavía más oscuras que las que existían sobre Japón. Probablemente esa interpretación sea correcta. Las democracias parlamentarias de Estados Unidos y la Unión Europea han caído en una situación en la que no son capaces de tomar resoluciones políticas acertadas, basadas en una perspectiva de largo plazo.

En economía los diagnósticos deben basarse en las cifras, pero si solo se atiende a las cifras se acaba exagerando la importancia de una supuesta causa única, o considerando que unas cifras parecidas son siempre síntomas de una misma enfermedad. Lo cierto es que la naturaleza del problema varía ligeramente de un país a otro. Aunque se use la misma expresión, “crisis financiera”, para Grecia y para Italia, son dos casos diferentes. En el caso de Grecia, el problema no es solo a corto plazo. Tras haberse hecho emisiones desmedidas de deuda, el diferencial de riesgo se amplió y el valor de la deuda se desplomó, siendo entonces muy difícil refinanciarla, lo que significaba la imposibilidad de elaborar los presupuestos al haberse agotado la liquidez del Estado. Pero además la propia capacidad recaudatoria del Estado se ha debilitado en cuanto a la captación de las rentas más altas. No solo la expansión del gasto público, también la falta de ingresos contribuye a inflar el déficit presupuestario. Uno no da crédito a sus ojos al contemplar el declive de Grecia, un país que hasta hace apenas cuatro o cinco años se consideraba, en el seno de la UE, un alumno aventajado por su índice de crecimiento económico y por la larga duración de su jornada laboral. Italia, por su parte, tiene un problema a medio plazo, pues arrastra un stock de deuda pública que equivale al 120% de su PIB (producto interno bruto) y en la UE se teme cada vez más un impago de su deuda. Sin perder de vista estas diferencias, trataré a continuación de exponer cómo los actuales sistemas políticos engendran “economías enfermas”, centrándome en los puntos que considero más importantes.

Los déficits presupuestarios desestabilizan todavía más los mercados financieros

Con la crisis financiera del verano de 2008 y la subsiguiente recesión, se contrajeron la producción y el empleo, y en Estados Unidos los ingresos procedentes de los impuestos sufrieron una gran merma, lo cual obligó a emitir más deuda para financiar el déficit. La causa de la crisis no fue solo la falta de liquidez. Fue la propagación al conjunto del sistema financiero de la insolvencia de los bancos comerciales, causada por la imposibilidad de recuperar muchos de los créditos para adquisición de vivienda concedidos sin garantías a personas de rentas bajas. Ante esta situación, en julio de 2010, el presidente Obama firmó, a modo de marco legal para la reconstrucción de un mercado financiero saneado, la ley conocida como Dodd-Frank, de kilométrico texto, que viene a ser una versión actualizada de la Ley Glass-Steagall de 80 años atrás. Sin embargo, se han expresado serias dudas sobre el grado de efectividad práctica que pueda tener esta ley, que dispone una re-regulación de las transacciones financieras. Obama ha sido criticado por haber perdido la oportunidad de reformar de un modo efectivo el sistema financiero a cambio de un pacto con la oposición para hacer realidad la reforma del sistema de la sanidad pública. Pero aun en el caso de que esta ley de regulación de las transacciones financieras sea capaz de hacer que los bancos actúen de forma más reflexiva en Estados Unidos, en tanto el Reino Unido y la Unión Europea no hagan lo propio no se conseguirá terminar con la inestabilidad en los mercados financieros mundiales. Por lo tanto, no puede decirse que se haya resuelto el punto principal. Una crisis financiera podría volver a ocurrir en cualquier momento.

Los mercados financieros y los déficits presupuestarios ejercen un fuerte influjo mutuo. La inestabilidad de los primeros, tal como muestra el caso de Grecia al que me refería, puede sacudir el enorme mercado de la deuda pública creado por los déficits presupuestarios. Los mercados financieros están perfectamente vinculados unos a otros mediante los mercados de deuda, cuya actividad se centra en la deuda pública. Asímismo, al producirse una quiebra financiera no puede ignorarse el mecanismo por el que se contagia el riesgo a las finanzas del Estado. Ocurre frecuentemente que cuando los créditos incobrables representan un problema para los bancos, los bancos centrales o los gobiernos inyectan grandes cantidades de fondos para proteger a accionistas y acreedores. Porque dejar que un banco quiebre es tanto más difícil cuanto mayor sea su tamaño (en inglés suele decirse too big to fail, “demasiado grande para quebrar”). Pero esta costumbre implica una suerte de riesgo moral (moral hazard) y ha permitido que los bancos adopten actitudes cada vez más temerarias ante el riesgo. Si se diera el caso de una situación crítica, siempre habría una inyección de fondos públicos, y esto es una fuerza que empuja a los bancos a hacer inversiones de alto riesgo. La consecuencia es que crece el riesgo de caer en la llamada “espiral fatal” (doom loop). En el caso de Estados Unidos, debido a que el presidente Obama no muestra una actitud firme en lo concerniente a la regulación de los mercados financieros, sigue inalterado el riesgo que supone para las finanzas públicas tener que rescatar a un gran banco. Y el coste más grave para el conjunto de la economía, más que ninguna otra cosa, es la pérdida de puestos de trabajo en la economía real, que se ve afectada por las crisis financieras. Las finanzas, que son un lubricante de la economía real, acaban tiranizándola. Ya no es el perro el que mueve la cola, sino la cola la que mueve al perro.

  • [24.01.2012]

Director del Kokusai Nihon Bunka Kenkyū Center (Centro de Investigación Internacional de Estudios Japoneses). Nació en 1945 en la prefectura de Shiga. En 1968 se licenció en Economía por la Universidad de Kioto. En 1974 se doctoró en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Fue profesor en la Facultad de Economía de la Universidad de Osaka y rector de esa misma facultad. En 2002 continuó su labor docente en el Centro Internacional, que pasó a dirigir en 2008. Ha escrito Demokurashī to shijō no ronri (La lógica de la democracia y del mercado; Tōyō Keizai Shinpōsha, 1997), Jiyū to chitsujo: kyōsō shakai no futatsu no kao (Libertad y orden: las dos caras de la sociedad competitiva; Chūō Kōron Shinsha, 2001), entre otros.

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