En profundidad La Península Coreana en una época de cambios
Momento presente de las relaciones Japón-Corea del Sur
Hacia un avance que permita superar las fricciones

Kimiya Tadashi [Perfil]

[11.12.2012] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

Japón y Corea del Sur chocan una y otra vez en los problemas de Takeshima y las llamadas “mujeres de confort” del antiguo Ejército Imperial japonés. En este artículo se examinan las opciones de que disponen estos dos países, en esta época de cambios estructurales, para avanzar hacia unas relaciones que sean beneficiosas para ambos.

Fricciones cíclicas en las relaciones nipo-surcoreanas

Durante el último año, las relaciones nipo-surcoreanas se han vuelto enormemente conflictivas. Tras el buen momento experimentado por las mismas en octubre de 1998, cuando el primer ministro Obuchi Keizō y el presidente surcoreano Kim Dae-jung suscribieron la declaración conjunta “Una nueva asociación nipo-surcoreana de cara al siglo XXI”, las relaciones bilaterales no solo no han evolucionado: todo indica que se ha producido una involución. En ese sentido, podría hablarse de los “14 años perdidos”.

El problema territorial hizo ocasión para que el sucesor de Kim, Roh Moo-hyun (2003-2008), diera a mitad de mandato un brusco giro hacia un endurecimiento de la postura ante Japón, asumiendo los riesgos de una guerra diplomática, pero durante el mandato del actual ocupante de la silla presidencial, Lee Myung-bak, se alimentaron las expectativas de estabilizar las buenas relaciones bilaterales, pues al pragmatismo diplomático demostrado por la parte surcoreana se sumó en Japón la llegada al gobierno del Partido Democrático de Japón, liderado por Hatoyama Yukio, un político que sostenía una visión de la historia comparativamente liberal.

Sin embargo, estas expectativas han resultado completamente ilusorias. Aparte del acuerdo para el swap (permuta) de divisas, desde que se formó el gobierno de Lee ambos países no han obtenido ningún resultado destacable y las negociaciones para la firma de un acuerdo de libre comercio están prácticamente estancadas. Además, se han sucedido periódicamente las fricciones a raíz de la postura expresada por el gobierno de Japón de que Takeshima es una parte integral del territorio japonés.

Sentencias judiciales y resurgimiento del problema histórico

Estas periódicas fricciones entraron en una fase crítica, por sorprendente que pueda parecer, debido a una sentencia emitida en agosto de 2011 por el Tribunal Constitucional de Corea del Sur. Existe una discordancia entre las posturas mantenidas por Japón y Corea del Sur en torno a un acuerdo para resolver reclamaciones firmado por ambos países en 1965. Mientras el gobierno de Japón defiende que con tal acuerdo todos los problemas habían quedado resueltos, Corea del Sur argumenta que el problema de las llamadas “mujeres de confort” que trabajaron para el ejército de Japón y otros temas no estaban incluidos en el mismo. La sentencia calificaba de inconstitucional la “inacción” del gobierno surcoreano al posponer indefinidamente la resolución de estos temas y no negociarlos con la contraparte japonesa, y le instaba a afrontar esas negociaciones.

En septiembre de 2011, la Asociación Coreana de las Mujeres Reclutadas como Esclavas Sexuales Militares, que cada miércoles convoca una manifestación ante la Embajada de Japón en Corea del Sur, erigió frente al edificio una estatua de una joven como monumento a las mujeres que sufrieron ese trato. Las protestas de Tokio ante este hecho han sido desoídas por Seúl. De esta forma, el problema de las “mujeres de confort” ha vuelto a cobrar protagonismo. En la cumbre bilateral celebrada en Kioto en diciembre de 2011, ante la petición del primer ministro japonés Noda Yoshihiko de que el momumento fuese retirado, Lee respondió pidiendo a su vez acciones más decididas para solucionar el problema de dichas mujeres, lo cual sumió la reunión en un ambiente de gran tensión.

En mayo de 2012 el Tribunal Supremo de Corea del Sur emitió una sentencia histórica, en la que establecía que la interpretación de que con el acuerdo de 1965 el problema había quedado resuelto choca con la concepción de la historia defendida oficialmente por Corea del Sur, según la cual la anexión de Corea por parte de Japón en 1910 fue ilegal e inválida, y que por consiguiente los coreanos reclutados forzosamente conservaban individualmente su derecho de reclamación, lo cual significa que las empresas japonesas que los emplearon tienen el deber de satisfacerles los salarios no pagados. Desde una perspectiva judicial, el tribunal entró a juzgar las diferencias entre las concepciones históricas de ambos países y, sobre ese fundamento, urgió a hacer un cuestionamiento de hecho de la solución política que se le había dado al problema mediante la normalización de las relaciones diplomáticas. Llevada a sus últimas consecuencias, esta lógica conduciría a tener que renunciar al Tratado sobre las Relaciones Básicas entre Japón y la República de Corea, firmado en 1965, y reiniciar las negociaciones.

Además, el resurgimiento de este problema histórico ha significado un brusco frenazo en la cooperación nipo-surcoreana en materia de seguridad. Con motivo de la modificación de la Ley Básica de la Energía Nuclear en Japón, los medios de comunicación surcoreanos han publicado con grandes titulares que Japón se propone armarse nuclearmente: han propagado también la idea de que Noda ha tomado una decidida posición a favor de modificar la actual interpretación de la Constitución, de forma que se le reconozca a Japón el derecho a la “defensa colectiva” (que comprometería a Japón en acciones bélicas en caso de ser atacado su aliado Estados Unidos). Esto acentuó entre los coreanos un sentimiento de alarma ante un Japón que pretendía convertirse en “potencia militar”. Así, incluso la firma del Acuerdo General sobre Seguridad de Información Militar (GSOMIA, por sus siglas en inglés) entre Japón y Corea del Sur, que en un principio se esperaba cerrar sin mayor dificultad, ha sido cancelado a última hora en consideración a la renuente opinión pública del país. Una renuencia que viene causada por la creencia de que, en vista de las agresiones japonesas de que Corea ha sido víctima a lo largo de la historia, conviene pensárselo dos veces antes de colaborar en materia de seguridad con un país que “no se arrepiente de esa historia” y aspira a ser “potencia militar”.

Una visita a Takeshima precedida de conflictos

La consecuencia de todos estos conflictos ha sido un endurecimiento de la postura surcoreana hacia Japón en lo referente a estos problemas históricos, como se ha visto en la visita del presidente Lee a Takeshima en agosto de 2012, o sus afirmaciones de que si el emperador de Japón quería visitar Corea del Sur, debería disculparse ante los coreanos que lucharon por su independencia, actitudes que, proviniendo del máximo líder político de un país, causan cuando menos extrañeza. Quizás debamos pensar que, desde el punto de vista del gobierno de Lee, lo que ha pretendido al usar el “recurso prohibido” de la visita a Takeshima es aplicar una terapia de shock a Japón, “harto” de su pasividad ante el problema de las “mujeres de confort” y el resto de los problemas históricos que enfrentan a ambos países.

Sin embargo, mientras que en Corea del Sur, desde la época de Roh Moo-hyun, el problema territorial se ha convertido en uno de los problemas históricos, ya que la anexión de Takeshima por parte de Japón en 1905 es vista como parte de la agresión japonesa sobre la Península de Corea, en Japón este problema territorial y los problemas históricos se entienden como asuntos distintos. Por ello, es muy dudoso que la visita de Lee a Takeshima tenga como efecto una mejor disposición de Japón a solucionar el problema de las “mujeres de confort”. Más bien, se considera que lo que está consiguiendo Corea del Sur es reforzar la arraigada idea existente entre los japoneses de que ese país utiliza los problemas históricos para obtener ventajas en cualquier otro campo, lo cual tendrá un efecto negativo en la resolución de tales problemas.

Modificaciones estructurales en las relaciones bilaterales

Los sucesivos gobernantes surcoreanos han comenzado siempre mostrando una postura conciliadora, pero si no obtienen los resultados esperados se desengañan de Japón y cuando su mandato se acerca a su fin, incapaces de contener las corrientes más duras de opinión pública y, al mismo tampoco, para tratar de reflotar sus gobiernos, tratan de servirse de las posturas duras ante Japón. Tal es el mecanismo por el que va agudizándose la fricción entre Japón y Corea del Sur a lo largo de los sucesivos gobiernos surcoreanos. Es innegable que este ha sido también el ciclo seguido por las relaciones entre ambos países a lo largo de los mandatos de Roh Moo-hyun y Lee Myung-bak.

Sin embargo, convendría pensar si el actual momento de las relaciones bilaterales puede explicarse simplemente como una fase de ese ciclo. Al hablar de los cambios estructurales que han sufrido estas relaciones a lo largo de los últimos 25 años, suelen señalarse los siguientes cinco puntos: 1) tendencia al equilibrio relativo en el balance de fuerzas; 2) convergencia en los valores relativos al sistema político y socioeconómico; 3) diversificación en formas y niveles de las relaciones bilterales; 4) tendencia al equilibrio del interés mutuo, tanto cualitativa como cuantitativamente, y 5) posibilidad de una nueva identidad como consecuencia de la acumulación de experiencias de cooperación. Explicaré brevemente estos puntos.

1) No solo se está reduciendo a gran velocidad la diferencia entre el poderío económico de ambos países. Es patente el aumento de la presencia de Corea del Sur en la comunidad internacional. También en lo que respecta a la capacidad diplomática, ambos países están emparejándose.

2) La inclusión de Corea del Sur entre los países avanzados, gracias a su sostenido desarrollo económico (capitalismo, economía de mercado), y su democratización, está dando mayor realce a los puntos en común que unen a ambos países en el marco de Asia Oriental.

3) Se está estableciendo una gran variedad de relaciones a todos los niveles, desde los contactos intergubernamentales o económicos, hasta los contactos entre las respectivas sociedades civiles, y en áreas tan diversas como la política, la economía o la cultura.

4) Hasta ahora, el gran interés mostrado hacia Japón por la sociedad surcoreana no se veía correspondido en igual medida por un interés japonés hacia lo surcoreano, pero la globalización que ha experimentado la sociedad surcoreana ha traído consigo un descenso relativo del interés hacia Japón. Si a ello sumamos el hecho de que en Japón ha aumentado el interés hacia Corea del Sur, vemos que se está llegando a un equilibrio en el interés mutuo. La visión que los coreanos tienen de Japón se está “curtiendo” dentro de este ambiente de globalización, y en aquel país se tiende cada vez más a pensar sobre Japón no en términos absolutos de bien y de mal, sino desde una perspectiva comparativa, dentro del conjunto de relaciones bilaterales con otros países.

5) Ambos pueblos ven cada vez con mayor claridad que dentro de un marco de entendimiento multinacional los intereses de Japón y de Corea se aproximan, algo que se ha podido ver en formas de colaboración como la organización conjunta de la Copa Mundial de la FIFA y otros acontecimientos internacionales, así como en proyectos de ayuda a otros países. De esta forma, está despertando la conciencia de que, mediante la cooperación nipo-surcoreana, es posible ofrecer bienes públicos internacionales.

¿Cómo podríamos explicar, pues, dentro de estas modificaciones estructurales, este momento de creciente fricción que viven las relaciones entre estos dos países?

Crecientes fricciones sobre el fondo de unas relaciones más equilibradas

Como hemos visto, las relaciones nipo-surcoreanas son cada vez más equilibradas, más igualitarias y más estrechas. Japón y Corea del Sur se están convirtiendo en dos vecinos que ocupan una posición similar en la política internacional y que disponen de parecido poder. Tienden, por tanto, a compartir intereses en lo que se refiere al ambiente internacional que consideran deseable. Comparten una alianza con Estados Unidos y necesitan cooperar para maximizar los beneficios y minimizar los costes que de esta alianza se derivan.

También en lo que respecta a las posturas que sostienen frente a Corea del Norte y frente a China, las políticas que deben adoptar Japón y Corea del Sur son relativamente parecidas, al menos si las comparamos con las que adoptan otros países. Desde la perspectiva japonesa, que Corea del Norte avance hacia una unificación de la península liderada por Corea del Sur es más deseable que una continuación de su proyecto de desarrollo nuclear orientado a sostener su propio régimen, aumentando su dependencia respecto a China. La normalización de las relaciones nipo-norcoreanas podría ser utilizada para fortalecer la presencia de la diplomacia japonesa. Si esta normalización y la cooperación económica entre Corea del Sur y del Norte se desarrollasen dentro de una estrecha colaboración, podría ser deseable también desde el punto de vista surcoreano.

En su relación con China, Corea del Sur está en una fase de fortalecimiento de sus lazos económicos, por lo que debe esperar, inevitablemente, que la potencia asiática ejerza una gran influencia sobre sus propias relaciones con Corea del Norte, y en consideración a China esto supone poner ciertos límites a la profundización de la cooperación entre Seúl y Tokio. Por otra parte, para construir un orden internacional en Asia Oriental que sea beneficioso por igual para Japón y para Corea del Sur, es necesario pedir a China que actúe con responsabilidad como potencia, y solo con una activa cooperación nipo-surcoreana podrán estos dos países ganar suficiente influencia sobre el gigante asiático. Los avances en la diversificación de las relaciones bilaterales y la evolución experimentada por la cooperación nipo-surcoreana reforzarán sin duda el incentivo a la colaboración entre Japón y Corea del Sur.

Sin embargo, una buena relación de cooperación entre Japón y Corea del Sur no es algo que pueda conseguirse automáticamente. Los intereses comunes son limitados y hay casos en que se entabla una relación de suma cero, en la que el disfrute de beneficios por una parte supone la pérdida de beneficios para la otra. Además, cuando se incide en el carácter competitivo de la relación, aunque se produzca un beneficio mutuo, siempre habrá casos en los que se tenga en cuenta el punto de vista de cuál de las dos partes ha salido relativamente más beneficiada y se concluya que no es deseable que esa diferencia se ensanche. En esos casos, las partes podrían negarse a cooperar. Por esta razón, resulta más fácil elegir la opción de la cooperación cuando mediante ella es posible incrementar de forma eficiente los beneficios y cuando, no siendo el goce de los mismos exclusivo de una sola parte, la parte situada en mejor posición se resigne a que la distancia mutua se acorte.

Imprescindible construir relaciones de confianza

Lo que resulta entonces de vital importancia es que exista un mínimo de confianza mutua. En un clima de desconfianza, de temor a que la contraparte tome la delantera, es muy difícil decidirse a cooperar. El citado acuerdo militar GSOMIA, o el Acuerdo de Adquisición y Servicios Cruzados (ACSA, por sus siglas en inglés, suscrito independientemente por Japón y Corea del Sur con Estados Unidos) tienen por finalidad promover el beneficio derivado de la cooperación nipo-surcoreana en temas como la alianza con Estados Unidos, o el trato político que se da a Corea del Norte y China. Pese a esto, a ojos de Corea del Sur el daño resultante de la intención japonesa de convertirse en una “potencia militar” es mayor que el beneficio previsible.

Por otra parte, un buen exponente del fenómeno de diversificación que experimentan las relaciones nipo-surcoreanas es el fenómeno conocido como “ola coreana” (afluencia de programas televisivos y espectáculos de ese origen). Se aprecia aquí una gran diferencia entre los dos países. Es posible que desde Japón este fenómeno se vea como una ganancia de peso relativo de la cultura coreana dentro de la sociedad japonesa y, por ende, como una forma de acortar distancias entre los dos países, pero desde la posición surcoreana el éxito de las creaciones coreanas en Japón no es más que una parte de un fenómeno global y difícilmente puede decir que gracias a él se hayan acortado esas distancias. Por lo tanto, no puede decirse que un aumento en la intensidad del intercambio cultural nipo-surcoreano equivalga automáticamente a un aumento de la confianza mutua.

Así pues, si bien las modificaciones estructurales de estas relaciones, que son patentes, no nos permiten afirmar que el actual momento de fricción sea consecuencia únicamente del ciclo político nacional surcoreano, tampoco es cierto que sean propiamente esas modificaciones las causantes de la fricción, pues en gran medida intervienen las opciones que se toman en las esferas políticas. Si esto es así, entonces es importante considerar qué tipo de opciones políticas hay que tomar. A continuación ofrezco una reflexión sobre cuáles son y cómo pueden tomarse esas opciones que abren la puerta a nuevas posibilidades en las relaciones bilaterales que se han creado dentro de estas modificaciones estructurales.

Cómo liberarse del ciclo de fricciones

Sobre el contexto en que se han desarrollado las fricciones entre japoneses y surcoreanos, puede decirse lo siguiente.

Corea del Sur ha experimentado un cierto desconcierto al tener que enfrentarse al cambio en las condiciones que suponen la progresiva igualación y el creciente equilibrio de las relaciones bilaterales. Por una parte ha sobreestimado las intenciones y capacidades de Japón como potencia; por otra, ha subestimado a ese Japón que no respondía a sus expectativas. El discurso de que Japón está permanentemente aspirando a convertirse en una potencia militar se acepta como algo evidente en Corea del Sur. Se ha llegado a un nivel en el que esto se considera ya “la eterna premisa”. Por otra parte, Japón está dejando de ser una meta o un modelo para la sociedad surcoreana. La imagen dominante es muy extrema: no es necesario fijar la atención en Japón, bien porque de él ya no hay nada que aprender, bien porque de Japón no puede esperarse nada que sea beneficioso para Corea del Sur. Especialmente entre las generaciones más jóvenes, más que gusto o disgusto hacia Japón, lo que está creciendo es la indiferencia. Cuando nos preguntamos por qué sigue poniéndose en primer plano la historia, pese a haber otros muchos e importantes problemas, debemos pensar en todas estas circunstancias.

Desde el punto de vista de Japón, por una parte, en respuesta a la modificación estructural de las relaciones bilaterales, se está concediendo cada vez más importancia estratégica a Corea del Sur. Al mismo tiempo, Japón se enfrenta a una actitud muy poco constructiva por parte de Corea del Sur en materia de cooperación bilateral y está cundiendo algo parecido a la resignación ante el hecho de que Corea del Sur no cambia y que, por tanto, no es posible esperar mucho de esa cooperación. Dicho de otro modo, uno recibe la impresión de que no se parte de la intención de hacer realidad las posibilidades latentes de cooperación, sino de la premisa de que eso es muy difícil y, que, en tanto lo sea, Japón está resignado a la inevitabilidad de una escalada en el antagonismo acerca de los puntos en litigio.

Sin embargo, ¿existirá para ambos países otra opción efectiva que pueda sustituir a la de hacer avances en la cooperación bilateral? En la actual situación, para sostener y ampliar la presencia diplomática japonesa en Asia Oriental, no será fácil encontrar una opción más efectiva que el estrechamiento de las relaciones nipo-surcoreanas. Lo mismo puede decirse desde la perspectiva de Corea del Sur.

Sentido de la cooperación frente a Corea del Norte

Pero, ¿hasta qué punto es esto difícil de llevar a la práctica? Ciertamente, la sensación que se recibe ante el reciente agravamiento de las fricciones entre los dos países es que avanzar en la cooperación bilateral no es una opción sencilla. Pese a ello, debe de haber todavía algún margen de elección. Hablábamos de resignación, pero a la vez queda la duda de si, ante una sociedad surcoreana en la que al mismo tiempo se sobreestima y se subestima a Japón, Japón ha implementado suficientemente una política exterior que obligue a Corea del Sur a reconocer el valor que para ese país tiene Japón.

Por supuesto, hay aspectos que son inaceptables, como el hecho de que problemas territoriales, sobre los que es posible hacer concesiones, sean considerados como parte de un problema histórico sobre el que no cabe hacerlas. Sin embargo, en cuanto al problema de las “mujeres de confort” del ejército y al resto de los problemas relacionados con la percepción de la historia, ¿no habrá, todavía, margen para alguna osada propuesta que consiga convencer a la sociedad surcoreana de que Japón ha cambiado y ha reflexionado sobre su pasado? La sociedad surcoreana, por su parte, debería sustituir sus reacciones extremas de sobreestimación o subestimación por una valoración un poco más razonable de Japón. Que Corea del Sur no sea capaz de evaluar correctamente el “valor de uso” que puede tener Japón es una desgracia no tanto para este país como para aquel.

Especialmente en el tema de la actitud ante Corea del Norte, Japón y Corea del Sur se enfrentan a una agudización de la dependencia de Pyongyang con respecto a Pekín y una estrategia de priorizar la relación Pyongyang-Washington. Hay una tendencia a relegar a un segundo plano a Japón y a Corea del Sur en las reuniones a seis bandas que se han mantenido hasta ahora entre las dos Coreas, Japón, Estados Unidos, China y Rusia. Para los dos referidos países, hemos de pensar que sigue abierta la posibilidad de reforzar su presencia en el tratamiento del caso norcoreano coordinando cuidadosamente la normalización de relaciones entre Tokio y Pyongyang, y la cooperación económica Seúl-Pyongyang.

Un inicio “bajo cero” para el nuevo gobierno surcoreano

El 19 de diciembre Corea del Sur elegirá presidente para los próximos cinco años. Se ha decidido que la candidata del gobernante Partido Saenuri será la parlamentaria Park Geun-hye, hija primogénita del fallecido presidente Park Chung-hee, que ocupó el cargo entre 1963 y 1979. Pero en la oposición sigue sin saberse quién será el candidato: podría ser el parlamentario Moon Jae-in, presidente de la Fundación Roh Moo-hyun, o Sohn Hakk-kyu, exparlamentario y ex gobernador de la provincia de Gyeonggi. El tercer posible candidato es Kim Doo-kwan, ex gobernador de la provincia de Gyeongnam, pero hay otros. La principal variable es la que representa la posible coordinación de fuerzas entre el candidato designado por el Partido Democrático Unido, principal fuerza de la oposición, y el profesor de la Universidad de Seúl Ahn Cheol-soo, otro importante candidato que no pertenece a ningún partido, pero que tiene gran popularidad entre los jóvenes.(*1)

En las actuales circunstancias, Park Geun-hye sigue siendo la favorita, pero es difícil hacer pronósticos. Aunque se entiende que el partido gobernante representa el conservadurismo y la oposición al progresismo, el equipo de Park ha expresado claramente que la candidata se desmarca de la política seguida por el actual presidente Lee, seguirá una política económica sobre los ejes del bienestar social y la democratización de la economía, y en lo relativo a Corea del Norte se propone seguir una política de acercamiento. Debido a ello, resulta difícil apreciar las diferencias en cuanto a medidas políticas entre la oposición y ella.

Este es el contexto en el que se están agravando las fricciones entre Japón y Corea del Sur. Se considera improbable que estas fricciones se conviertan en una de las claves de las presentes elecciones, pero no cabe duda de que marcarán fuertemente la posición que el nuevo gobierno tome hacia Japón, y es posible que, a diferencia del actual gobierno, el nuevo se vea obligado a tomar una postura dura frente a Japón desde el principio. Sin embargo, en cierto sentido, este inicio “bajo cero” puede significar un ensanchamiento de las opciones que podrá tomar el nuevo gobierno. Por otra parte parece ser que también en Japón las elecciones generales están próximas, y las posibilidades de que de ellas nazca un gobierno estable son bajas. No puede excluirse la posibilidad de que el tratamiento otorgado al problema territorial se convierta en una de las claves de la campaña y que, ante la imposibilidad de encontrar ningúna solución efectiva, se produzca un corrimiento del apoyo popular hacia las opciones que favorecen una postura dura.

Ante el momento que atraviesan las relaciones nipo-surcoreanas, cuando ni siquiera en temas como el del acuerdo GSOMIA puede conseguirse cooperación, no podemos sino decir que la situación es preocupante. De la parte japonesa se necesita una osada propuesta sobre el problema de la visión de la historia, que favorezca en Corea del Sur una valoración adecuada de Japón. Solo entonces será posible establecer unas relaciones estratégicas en las que ambos países puedan hacer un uso efectivo de sus lazos.

  Proceso de recrudecimiento de las fricciones entre Japón y Corea del Sur
2011
Agost En una sentencia, el Tribunal Constitucional de Corea del Sur afirma, en referencia al acuerdo de 1965 entre este país y Japón sobre derechos de reclamación, que el gobierno surcoreano no está esforzándose por solucionar el problema de las “mujeres de confort” del Ejército Imperial japonés, y que la inacción gubernamental es inconstitucional.
Septiembre Una asociación erige en Seúl, frente a la Embajada de Japón, una estatua en recuerdo de las “mujeres de confort” del ejército japonés.
Diciembre Cumbre nipo-surcoreana en Kioto. El primer ministro Noda Yoshihiko reclama la retirada de la estatua. El presidente Lee Myung-bak pide a Japón acciones claras en la resolución del problema de las “mujeres de confort”.
2012
Mayo Cumbre nipo-surcoreana en Pekín. Lee vuelve a reclamar un esfuerzo por parte de Japón, pidiéndole que aborde constructivamente la propuesta que hizo en Kioto.
Junio Repentinamente Corea del Sur pospone la firma del Acuerdo General sobre Información de Seguridad Militar (GSOMIA) entre ambos países, que estaba programada para el día 29.
Agosto Día 10: Lee se convierte en el primer presidente surcoreano que visita Takeshima durante su mandato.
Día 14: Lee hace público que obtener una “sincera disculpa” del emperador de Japón sería un requisito para su visita a Corea del Sur.
Día 15: Lee pronuncia un discurso con motivo del Guangbokjeol (día de la liberación del colonialismo japonés). En él, dice que pide a Japón una respuesta responsable al problema de las “mujeres de confort”.
Día 17: Japón hace público que propone a Corea del Sur llevar ante la Corte Internacional de Justicia el problema de Takeshima.
Día 30: En respuesta a la negativa surcoreana a recurrir conjuntamente a dicho tribunal, el gobierno de Japón decide iniciar por su cuenta la tramitación.

(Publicado en japonés el 10 de septiembre de 2012; traducido al español del original en japonés) 

(*1) ^ El día 16 de septiembre, Moon Jae-in fue elegido candidato del principal partido de oposición y tres días más tarde Ahn Cheol-soo hizo público que se presentaría como candidato independiente. (Nota de la Redacción)

 

Antecedentes de la disputa territorial nipo-surcoreana:
Watanabe Hirotaka

Las disputas territoriales que comprometen a Japón están agravándose. En julio de 2012 el primer ministro ruso Dmitri Medvédev visitó la isla de Kunashiri, en los Territorios del Norte (el sector más meridional de las islas Kuriles) reclamados por Japón, causando un gran revuelo. El 10 de agosto de este mismo año el presidente surcoreano, Lee Myung-bak, visitó la isla de Takeshima (Dokdo o Tokto en coreano), que forma parte de la prefectura de Shimane, lo cual provocó una fuerte repulsa entre los japoneses. Japón reaccionó rápidamente con su decisión de llevar el problema de la soberanía de Takeshima a la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Por otra parte, en septiembre de 2012, el gobierno de Japón anunció la estatalización de las islas Senkaku (prefectura de Okinawa), reclamadas por China.

El gobierno de Japón ha mantenido inalterada su posición de que Takeshima es un territorio japonés. Sin embargo, Corea del sur ejerce sobre ella un dominio de facto y su gobierno niega la existencia de cualquier problema territorial al respecto.

El entorno de Takeshima era conocido en Japón desde el periodo Edo como un lugar abundante en productos marinos como las orejas de mar, así como en lobos marinos y otros mamíferos. A principios del siglo XVII, el shogunato (bakufu) otorgó a dos vecinos del feudo de Tottori autorización para navegar hasta la isla de Utsuryōtō (en coreano, Ulleung-do), situada más cerca de la Península Coreana que Takeshima. Antiguamente se llamaba Takeshima a esta isla, denominándose Matsushima la actual Takeshima. De esta forma, comenzó la recolección de orejas marinas bajo autorización japonesa. Basándose en el hecho de que la actual Takeshima también era parte de esa zona pesquera, el gobierno de Japón sostiene que “estableció su soberanía sobre ella a mediados del siglo XVII”. Ni siquiera tras el tercer edicto de cierre de fronteras (1635), que prohibió a los japoneses navegar a ultramar, el shogunato prohibió la navegación a aquellas islas.

Por su parte, Corea del Sur afirma que el dominio coreano sobre Takeshima se remonta al siglo VI, época en que se había establecido, en la zona más próxima de la Península Coreana, el reino de Silla. Según el documento coreano titulado Samguk Sagi (Historia de los Tres Reinos, 1145), existió un país llamado Usan que pertenecía en 512 a dicho reino. Corea del Sur afirma que el país de Usan tenía su centro en la citada isla de Ulleung-do. En otros documentos, como en el Dongguk Munheon Bigo (1770), se dice que “Ulleung y Usan son ambos territorio del país de Usan”, y Corea del Sur mantiene que ese “Usan” es la actual Takeshima.

A finales del siglo XVII se realizaron algunas negociaciones entre el shogunato y Corea acerca de la pertenencia de la isla de Ulleung-do. El shogunato reconoció que Ulleung-do era una isla coreana, pero defendió al mismo tiempo que Takeshima era territorio japonés. Sin embargo, Corea del Sur mantiene que fue en este momento histórico cuando quedó reafirmado el hecho de que esa isla es coreana. En 1905 el gobierno japonés estableció, mediante una decisión del Consejo de Ministros, que Takeshima quedaba integrada en la prefectura de Shimane. Al hacerlo, partió de la posición de que el dominio efectivo coreano no se había extendido a la isla. Pero Corea del Sur sostiene que esa decisión del Consejo de Ministros formaba parte “del proceso para despojar a Corea de su soberanía” y que era “nula desde el punto de vista del derecho internacional”.

El problema de la posesión de la isla resurgió tras la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial. Durante la redacción del Tratado de Paz de San Francisco, en 1951, Corea exigió que el tratado especificara claramente que Takeshima era uno de los territorios a los que Japón debía renunciar. Estados Unidos rechazó esta pretensión argumentando que “esa isla nunca ha sido tratada como parte de Corea y su posesión no ha sido reclamada nunca por Corea”. Para Japón, eso significaba afirmar a las claras que Takeshima era un territorio japonés, pero Corea de Sur niega este punto, y sostiene que el hecho de que no se especificara claramente no quiere decir que la isla no quedase dentro del territorio coreano, tras lo cual comenzó a echar mano de medidas de fuerza. En enero de 1952 el presidente Yi Seungman (también conocido en Occidente como Syngman Rhee) trazó de forma unilateral sobre el espacio marítimo (incluyendo el japonés) la llamada Línea Syngman Rhee, que hacía de Takeshima territorio coreano. En 1954, envió guardias para custodiar la isla y estableció una guarnición militar en Takeshima, que continúa hoy en día.

Ese mismo año el gobierno Japón envió a Corea del Sur una nota verbal en la que proponía someter el problema de Takeshima a la CIJ. Japón argumentó que “como hecho histórico y a la luz del derecho internacional, Takeshima es un territorio propio de Japón”, lo que negó Corea del Sur alegando que la isla era “la primera víctima de la agresión japonesa sobre Corea. Corea tiene derechos sobre ella y no hay ninguna razón para que tal derecho sea probado por medio de la CIJ”.

Posteriormente, a lo largo del proceso de negociación para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países, en la reunión bilateral de ministros de Relaciones Exteriores celebrada en marzo de 1962, Japón propuso de nuevo llevar el problema de Takeshima a la JIC, encontrándose una vez más con la oposición de Corea del Sur. Por otra parte, en noviembre de 1962, Kim Jong-pil, entonces jefe de la Agencia Central de Inteligencia de Corea del Sur, propuso la idea de someter el conflicto al arbitraje de un tercer país. Desde Japón, Ōno Banboku, que ocupaba la vicepresidencia del entonces gobernante Partido Liberal Democrático, propuso a título personal que ambos países compartieran la soberanía de la isla. Estos intentos por llegar a una solución de compromiso por parte de ambos países no fueron oficialmente reconocidos hasta que en 2005 se desclasificaron documentos diplomáticos bilaterales.

Hasta el presente, Corea del sur ha rechazado todas las propuestas japonesas de recurrir a la CIJ. En esta ocasión se considera igualmente improbable que la acepte, a pesar de lo cual el gobierno de Japón se ha decidido a hacerlo “a fin de hacer patente la protesta japonesa” y para “dar a conocer a la comunidad internacional la existencia del problema territorial de Takeshima”. El ministro de Relaciones Exteriores de Japón, Genba Kōichirō, ha adoptado una postura firme, al sostener que “Corea tiene el deber de aceptar” la iniciativa japonesa.

Tras el acceso al poder del Partido Democrático de Japón, el presidente surcoreano Lee Myung-bak se abstuvo de hacer declaraciones acerca de los problemas históricos, lo que permitió que las relaciones amistosas entre ambos países continuaran durante algún tiempo. Sin embargo, Lee Myung-bak no ha podido mantener esta postura conciliadora desde que, en agosto de 2011, el Tribunal Constitucional de su país sentenció que “el escaso esfuerzo que realizaba el gobierno surcoreano por solucionar el problema de las mujeres de confort coreanas del Ejército Imperial japonés constituye una violación de los derechos humanos” de estas mujeres y era por lo tanto “inconstitucional”. Presionado por las circunstancias internas surcoreanas, la actitud del ejecutivo encabezado por Lee Myung-bak ha ido haciéndose más dura. En la cumbre nipo-surcoreana de diciembre de 2011 se produjo un fuerte enfrentamiento verbal acerca de este punto, del que se derivó un enfriamiento de las relaciones bilaterales. Japón mantiene que, jurídicamente, este problema ha sido ya resuelto.

Takeshima no es para Corea del Sur un simple problema territorial, sino un problema histórico que simboliza el dominio colonial que Japón ejerció sobre el país y que lleva fácilmente a los coreanos a pensar que la justicia está de su parte. No obstante, es indudable que la visita realizada por Lee Myung-bak a Takeshima en este año estuvo animada por motivos electoralistas, ya que el país celebrará elecciones presidenciales en diciembre.

(Traducido al español del original en japonés)

  • [11.12.2012]

Profesor del instituto de investigación Iniciativa Interfacultades para Estudios de la Información (III, por sus siglas en inglés), de la Universidad de Tokio. Nacido en 1960 en Shizuoka, se graduó en Derecho en 1983 por dicha universidad. En 1992 concluyó un doctorado en el Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de Corea. En 1993 completó sus estudios de doctorado en la escuela de Derecho y Política de la Universidad de Tokio. Es subdirector del Centro de Estudios Coreanos Contemporáneos de la III y director de la delegación del mismo en Komaba. Observando desde el punto de vista geopolítico la Península Coreana, que se encuentra en el margen del marco de Asia Oriental, y que fue uno de los primeros frentes de la Guerra Fría, ha publicado numerosos trabajos que promueven una reinterpretación empírica de la evolución histórica de la política y la economía en la Asia Oriental de la posguerra.

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