En profundidad Japón y Corea del Sur: ¿Condenados a no entenderse?
Causas por las que Tokio y Seúl no se reconcilian

Kimura Kan [Perfil]

[03.03.2014] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | Русский |

Siete años han transcurrido entre el primer y el segundo mandato de Abe Shinzō. Durante este lapso, se han producido algunos cambios estructurales en la posición de Corea del Sur que han afectado a su postura ante Japón. El experto en política surcoreana Kimura Kan analiza lo que se esconde tras el endurecimiento de la postura del gobierno de la presidenta Park.

“El ‘monstruo’ ha empezado a hacer de las suyas. En mayo de 2013, en Corea, un hombre de 30 o 40 años le quitó el bastón a un anciano de 95, que conoció la época colonial japonesa, y lo mató a golpes por decir algo así como que aquella época ‘estuvo bien”. Alguien que no ha conocido algo reprime por la fuerza las manifestaciones de alguien que sí lo ha conocido. Ya no hay nadie que pueda poner coto a los desmanes de este monstruo del antijaponesismo”.

Las manifestaciones contra Japón no aumentan: disminuyen

Desde que el anterior presidente surcoreano, Lee Myung-bak, visitó la isla de Takeshima en agosto de 2012, en Japón se siguen con creciente atención los movimientos antijaponeses que se dan en Corea del Sur. El párrafo que abre este escrito lo he tomado de la narración de un programa de noticias japonés (Jōhō 7 days Newscaster, de la cadana de televisión TBS), pero los medios de comunicación presentan a diario los más diversos hechos e informan de los extremos a los que se está llegando en estos movimientos.

Pero, ¿se corresponde todo esto con la realidad? Es un hecho que las posturas del gobierno surcoreano sobre los problemas que afectan a las relaciones bilaterales, como las cuestiones territoriales o de visión de la historia, son muy duras. Como es conocido, desde su llegada al cargo la actual presidenta, Park Geun-hye, se ha negado incluso a mantener una cumbre con Japón, con lo que resulta imposible comenzar siquiera a pensar en una solución para estos problemas. Los medios de comunicación surcoreanos, por su parte, muestran una tendencia parecida, prodigándose en severas expresiones sobre la “derechización” que muestra el gobierno de Abe Shinzō. Como queda de manifiesto en el Cuadro 1, la conflictividad de temas bilaterales como las concepciones históricas o la disputa territorial experimenta un alza sostenida.

Cuadro 1: Menciones a los problemas territorial e histórico en Chosun Ilbo (1945-2009)

  Libros de texto Mujeres de solaz (ianfu) Unidades de trabajo voluntario de mujeres (teishintai) Yasukuni Santuario sintoísta+visita
1945–49 0 0 0.001618123 0 0
1950–54 0 0 0 0 0
1955–59 0.0006427 0 0 0 0
1960–64 0 0 0 0 0
1965–69 0.0005992 0 0 0 0
1970–74 0.0003898 0 0 0.0011694 0.0001949
1975–79 0.0004597 0.0002298 0 0.0002298 0.0004597
1980–84 0.0276865 0 0.001173158 0.0002346 0.0023463
1985–89 0.0127208 0 0.000942285 0.0004711 0.0025913
1990–94 0.0068027 0.0986395 0.176870748 0.0034014 0.0181406
1995–99 0.0066994 0.1201429 0.016971862 0.0049129 0.0138455
2000–04 0.0114464 0.066077 0.010405827 0.0244537 0.0468262
2005–09 0.011236 0.0594569 0.005149813 0.0440075 0.0205993
  Dokdo (jap.: Takeshima) Movimiento independentista Facción projaponesa Japón+indemnización
1945–49 0 0 0.025080906 0.03802589
1950–54 0.0272277 0 0.001237624 0.01608911
1955–59 0.002892 0 0 0.00771208
1960–64 0.0070439 0 0.000454442 0.00499886
1965–69 0.0077891 0.0005992 0.000299581 0.0014979
1970–74 0.0009745 0 0 0.00116936
1975–79 0.0098828 0 0.000229832 0.00114916
1980–84 0.0030502 0.0004693 0 0.00093853
1985–89 0.0025913 0.0007067 0.000471143 0.00094229
1990–94 0.0022676 0 0.005668934 0.00793651
1995–99 0.0107191 0.0017865 0.004912908 0.00267977
2000–04 0.0083247 0.0005203 0.005723205 0.00156087
2005–09 0.042603 0.0014045 0.013576779 0.00327715

Nota: El cuadro, elaborado a partir de la base de datos de artículos del periódico surcoreano Chosun Ilbo (a fecha de 4 de febrero de 2011) indica la frecuencia de aparición de términos relacionados con temas como la disputa sobre las concepciones históricas o los conflictos territoriales sobre el conjunto de los artículos que contienen la palabra “Japón” (100%=1.00). En amarillo, los periodos de máxima frecuencia de aparición; en azul, los siguientes cuatro periodos en  el orden de frecuencia de aparición. (Fuente: Kimura Kan, “Discovery of Disputes: Collective Memories on Textbooks and Japanese-South Korean Relations,” Journal of Korean Studies, Volume 17, No.1, Spring 2012)

Sin embargo, no es del todo cierto que esto sea reflejo de una exacerbación del movimiento antijaponés en Corea del Sur. Los hechos nos dicen que la participación popular en manifestaciones callejeras antijaponesas muestra una sostenida tendencia a la baja. A diferencia de China, donde a veces se organizan grandes manifestaciones de ese signo, actualmente en Corea del Sur ya no se ven aquellas multitudes que llenaban las avenidas. No hay más que compararlo con lo que ocurría hasta el decenio de 1980, cuando decenas de miles de personas se echaban a las calles. Hoy en día, incluso en una fecha como el 15 de agosto, que para los coreanos significa el fin la liberación del yugo japonés, apenas se logra reunir a un millar de manifestantes. La situación es tal que no pocas veces se oye a los organizadores lamentar su escaso poder de convocatoria.

La pequeña escala de las manifestaciones antijaponesas es igualmente patente si establecemos una comparación con otro tipo de protestas. Por ejemplo, las movilizaciones en contra de la importación de carne de vacuno norteamericana ocurridas en 2008, durante el mandato de Lee Myung-bak, llegaron a congregar en su punto crítico a algunos cientos de miles de personas. Las convocadas para protestar contra una supuesta intromisión de los servicios de inteligencia en la elección presidencial de 2012, un asunto destapado en 2013 este año, tuvieron varias decenas de miles de participantes.

Comparativamente, podría decirse incluso que el “antijaponesismo”, como móvil para manifestarse, no es demasiado popular. Siguiendo con las comparaciones, las manifestaciones que se produjeron en Japón en 2011 con motivo de la supuesta predilección de la cadena Fuji TV por las producciones y artistas coreanos atrajeron a algo más de 3.000 personas. Pues bien, las concentraciones antijaponesas en Corea del Sur son todavía más modestas. Es peligroso sobredimensionar el sentimiento antijaponés en Corea del Sur, pasando por alto todos estos hechos.

Cambio de actitud de Corea entre los dos mandatos de Abe

¿Qué está ocurriendo, entonces, en Corea del Sur? Abe ya ejerció como primer ministro de Japón en 2006, pero la postura que mostraron entonces y la que muestran ahora el gobierno y los medios de comunicación de Corea del Sur son muy diferentes. Cuando se formó el primer gabinete de Abe, los medios coreanos lo saludaron expresando sus esperanzas de que trajera una mejoría a las relaciones bilaterales, que se habían deteriorado durante el mandato de su predecesor, Koizumi Jun´ichirō. Por supuesto, no se trata de que durante estos siete años las posturas de Abe sobre los problemas territoriales o las concepciones históricas hayan cambiado. Como es de sobra conocido, desde antes de acceder al cargo por primera vez, Abe tomó por eslogan la necesidad de hacer un “balance general de la política de la posguerra”, expresando una y otra vez sus dudas sobre las manifestaciones hechas durante sus respectivos mandatos por los ex primeros ministros Kōno Yōhei y Murayama Tomiichi, en las que se disculparon por los sufrimiento infligidos a otras naciones en el pasado. Y lo mismo ocurre con su postura ante el problema territorial, pues no puede decirse que Abe sostuviera, durante su primer mandato, una postura precisamente conciliatoria respecto al problema de Takeshima.   

Pero tampoco acertaríamos si dijéramos de que la diferencia entre 2006 y 2013 estriba en que durante el primer mandato de Abe el gobierno o los medios surcoreanos propugnasen un arreglo sobre el tema histórico o sobre el problema territorial. Roh Moo-hyun, presidente surcoreano en 2006, fue el mismo que incluyó en su programa electoral una “revisión de las concepciones históricas” y ordenó “impedir por todos los medios, aunque tenga que ser embistiéndolo con otro barco y mandándolo a pique” que un buque de mediciones enviado a aguas de Takeshima por el gobierno de Koizumi cumpliera su misión. Roh tenía ideas políticas progresistas y, si lo comparamos con la presidenta Park, conservadora, sus diferencias ideológicas con Abe eran mayores, por lo que el diálogo entre ellos no debió de ser fácil.

Pese a todo ello, la actitud del gobierno y de los medios de comunicación surcoreanos frente al primer gabinete de Abe fue suave. Y la razón es obvia: en aquel periodo Corea del Sur tenía una clara conciencia sobre la necesidad de armonizar posturas con Japón tanto en el campo económico como en el de la seguridad nacional.

El temor a una nueva crisis monetaria, tras la actitud conciliadora

Por lo que respecta al campo económico, está bastante claro. El Cuadro 1 representa la proporción ostentada por Japón, Estados Unidos y China en el comercio exterior surcoreano. Como queda de manifiesto, la cuota correspondiente a Japón ha mantenido una sostenida tendencia a la baja desde la segunda mitad de los años 70, lo cual significa que, para Corea del Sur, la importancia económica de Japón es cada vez menor.

Convendrá decir aquí que esta pérdida de importancia relativa no se debe a la mala marcha de la economía japonesa durante los años 90, pues la cuota japonesa había descendido también durante el decenio anterior, de gran auge económico, algo que ocurrió también paralelamente con la cuota correspondiente a Estados Unidos.

Dicho de otro modo, la pérdida de peso relativo de Japón en el comercio exterior surcoreano no se debe a circunstancias del lado japonés, sino del surcoreano. Por así decirlo, el país pobre, fruto de una división, que era la Corea del Sur de tiempos de la Guerra Fría, no hallaba otros socios económicos de importancia que Estados Unidos y Japón. Sin embargo, con el fin de la Guerra Fría, se hizo posible comerciar con los países del extinto bloque del Este, entre ellos China, y, como consecuencia del desarrollo comercial de la propia Corea del Sur y de la globalización de la economía mundial, el número de socios económicos de Corea del Sur aumentó enormemente, a consecuencia de lo cual este país ha aminorado considerablemente su dependencia con respecto a Japón y a Estados Unidos.

Pero el aspecto económico no explica suficientemente lo ocurrido entre 2006 y 2013, pues para la primera de estas fechas la importancia económica de Japón se había reducido ya mucho, y no parece que Corea del Sur tuviera especiales razones para mostrar consideración hacia Japón. Aquí parece que lo que sí debió de tener alguna importancia es el hecho de que en 2006 solo habían transcurrido 10 años desde la gran crisis monetaria que golpeó a Asia en 1997. En 2006 Corea del Sur temía que la crisis golpease de nuevo y es precisamente esto lo que explica que el gobierno de Roh eligiese una política económica de corte neoliberal en aparente contradicción con las tendencias ideológicas del presidente. Ante la posibilidad de una recaída en la crisis, Corea se vería obligada a sostener relaciones cordiales con Japón, potencia económica de Asia.

China: de enemigo virtual a país amigo de primer rango

Otro punto importante a la hora de exponer las diferencias entre el gobierno de Roh y el actual de Park son los cambios experimentados en el plano de la seguridad nacional. Por ejemplo, una de las estrategias de seguridad más célebres seguidas durante el mandato de Roh fue la idea de Corea del Sur como factor de equilibrio o contrapeso en Asia. En un contexto de antagonismo chino-norteamericano, Corea del Sur pretendía bascular hacia un lado y hacia otro, evitando así las crisis de seguridad en el Asia Nororiental.

Hay aquí dos cuestiones importantes. La idea de Corea del Sur como contrapeso parecía denotar una neutralidad del país ante las pretensiones de chinos y norteamericanos, pero al mismo tiempo daba por supuesto la existencia de un antagonismo entre ambos países. Por otra parte, hay que considerar también el deterioro de las relaciones entre Corea del Sur y Estados Unidos durante el mandato de Roh. En 2003, además, Estados Unidos retiró una parte de sus efectivos de infantería del Ejército de Tierra de sus puestos de vanguardia en la frontera con Corea del Norte para trasladarlos al frente iraquí, durante la Guerra de Irak. En 2006 Pyongyang efectuó su primer experimento nuclear, las relaciones Norte-Sur empeoraron y la situación de Corea del Sur, desde el punto de vista de la defensa nacional, atravesó malos momentos.

Como es lógico, las crisis de seguridad han influido en la fijación, por parte de Corea del Sur, de una política conciliatoria hacia Japón. En Japón se asientan muchas bases militares norteamericanas y, si estallase en la Península Coreana una grave crisis de seguridad, Japón pasaría a tener un importante papel. Por eso los medios de comunicación surcoreanos, especialmente los conservadores, que suelen estar más interesados en las cuestiones de seguridad, trataron de aprovechar la llegada al poder de Abe, a quien en principio se le suponía una tendencia derechista más acentuada que la de Koizumi, considerándola una oportunidad para mejorar las relaciones bilaterales.

Pero esta situación ha variado mucho durante estos últimos años. La actual presidenta Park es considerada en Corea del Sur una simpatizante de China y desde que asumió el cargo ha tomado varias medidas que priorizan a ese país. A consecuencia de ello el trato que Corea del Sur otorga a China no solo es más favorable que el que recibe Japón. Puede compararse, incluso, al que otorga a su aliado norteamericano. China, por su parte, está apoyando activamente a este gobierno que le es tan favorable, y durante su última visita a China la presidenta Park ha recibido un recibimiento incomparablemente más considerado que el que recibieron sus predecesores.

Por decirlo claramente, el gobierno de Park ya no ve a China como su virtual enemigo, sino como un país amigo del rango más alto. Y las relaciones chino-norteamericanas ya no son para Seúl tanto unas relaciones de antagonismo como de coexistencia.

Un Japón enfrentado a China es un estorbo para Corea del Sur

El endulzamiento de las relaciones chino-surcoreanas tiene su reflejo también en las relaciones entre las dos Coreas. La política de Seúl frente a Pyongyang, que durante los mandatos de Kim Tae-jung (1998-2003) y del referido Roh (2003-2008) había sido de decidida contemporización, se endureció con la llegada de Lee, que buscó una armonización con Washington y Tokio. Pero entre estas dos actitudes básicas, aparentemente opuestas, hay una importante coincidencia: el escaso papel que se condecía a China. Tanto para Corea del Sur como para Estados Unidos, China era un factor perturbador en la política de unificación de Corea del Sur, y un rival con el que debían competir a la hora de tratar de influir sobre el Norte.

Actualmente, por el contrario, China ya no es un rival en la política surcoreana hacia el Norte, sino un colaborador. Y esta política surcoreana de seguridad está influyendo sobre el papel que Seúl atribuye a Tokio. Descartado ya el antagonismo con el gigante asiático, se trata ahora de resguardarse principalmente frente a Corea del Norte, país al que aventaja ampliamente en cuanto a armamento convencional. Por supuesto, las provisiones que hayan de tomarse en cuanto a las armas nucleares en manos de Pyongyang forma un capítulo aparte, pero para eso está el “paraguas nuclear” norteamericano. Si no se contempla la posibilidad de una guerra convencional a toda escala, tampoco es necesario mostrar una especial consideración hacia Japón, con sus bases militares norteamericanas. 

A esta situación viene a sumarse el hecho de que Japón sea visto como un estorbo, por el conflicto que mantiene con China en torno a las Islas Senkaku. La razón es que la propia política de seguridad surcoreana, que presupone sostener estrechas relaciones con Pekín y con Washington, se iría al traste en el caso, improbable pero no imposible, de que el problema de las Senkaku se enconara y Estados Unidos se viera envuelto en él. Si aceptamos que esto es así, se aceptará también que separar a Japón de Estados Unidos sea visto por Corea del Sur como algo favorable a sus intereses. Esta es la razón por la que el gobierno de Park no vacila a la hora de criticar a Japón sacando a colación las disensiones sobre temas históricos durante sus conversaciones con Washington.

Por su parte, los medios de comunicación conservadores de Corea del Sur están respaldando esta política del gobierno de Park. Actualmente, el 25% del comercio exterior surcoreano se realiza con China, un porcentaje superior al de la suma de las cuotas japonesa y estadounidense. Corea del Sur es altamente dependiente del comercio exterior, de modo que ese 25% equivale también a una cuarta parte del PIB. Esta dependencia económica con respecto a China está conduciendo también al mundo empresarial a priorizar las buenas relaciones con China, lo cual a su vez transforma el tono editorial de los medios de comunicación conservadores, estrechamente unidos al mundo de los negocios.

Las voces de alarma frente a China, tan comunes anteriormente en los medios de comunicación conservadores de Corea del Sur, se han extinguido casi por completo y dado paso a un discurso que enfatiza la importancia de mantener buenas relaciones con ese país. Y que un gobierno conservador como el de Park se vea influido por las tendencias de los medios de su mismo talante político no es algo que deba sorprendernos.

El mecanismo contemporizador por parte coreana ha dejado de operar

Lo importante es, pues, los grandes cambios que se han producido durante el periodo de apenas siete años que media entre el primer y el segundo mandato de Abe en la situación que se vive en Corea del Sur, en el transcurso de los cuales la importancia relativa de Japón, desde el punto de vista surcoreano, se ha aminorado notablemente. Es una situación que favorece una alta incidencia de los problemas bilaterales, sean de carácter territorial o histórico. El Cuadro 2 es una representación del modelo o patrón que siguen estas disputas. Con el paso del tiempo, el problema de la visión de la historia y la disputa territorial van perdiendo importancia en Corea del Sur, a medida que va desapareciendo la generación que conoció la época colonial y que los intereses de una sociedad cada vez más madura van diversificándose. Y por eso mismo, el número de personas que se congrega para secundar alguna de las variadas movilizaciones antijaponesas no solo no aumenta, sino que incluso disminuye.

Sin embargo, en Corea del Sur Japón pierde importancia a una velocidad mucho mayor. 

Por ejemplo, para la Corea del Sur de los años 70, Japón revestía una gran importancia en el plano económico y en el de seguridad. Por eso, aunque pudiera ocurrir en un momento dado una gran movilización antijaponesa, la gente enseguida buscaba una forma de restaurar las relaciones. Y es que había intereses concretos suficientes de por sí para actuar incluso en contra del sentimiento nacionalista. Pero en un momento con el actual, en el que la importancia de las relaciones bilaterales se ha reducido tanto, este mecanismo ya no opera.

Aunque el interés popular hacia el problema histórico o hacia la disputa territorial vaya decreciendo con el tiempo, no es algo que vaya a desaparecer de la noche a la mañana. Si, en esta situación, la importancia de las relaciones bilaterales cae por debajo de un cierto nivel, quienes temen verse expuestos a esos sentimientos nacionalistas no buscan de forma tan activa el restablecimiento de esas relaciones. Porque el beneficio que puede dejarse de obtener como consecuencia de ello es mayor que el que podría derivarse de ello. El modelo que expongo aquí explica perfectamente que el gobierno de Park no ponga manos a la obra en la restauración de las relaciones bilaterales, por mucho que estas se deterioren y por muy pequeña que pueda llegar a ser la capacidad de convocatoria de las movilizaciones antijaponesas.

Usar la cabeza y aprovechar el potencial de influencia de Japón

Así las cosas, está claro lo que debe hacer Japón. En tanto esta situación no es fruto de circunstancias personales de un presidente ni de unos determinados medios, sino consecuencia de los cambios estructurales que afectan a la posición internacional de Corea del Sur, no tiene ningún sentido continuar con las mismas medidas que se han tomado hasta ahora. Esto quedó patente en los fracasos del gobierno de Abe al inicio de su segundo mandato. Lo que en aquel momento transmitió el gobierno de Abe a su contraparte surcoreana fue su coincidencia en torno a valores como la democracia liberal, es decir, se trató de hacer una “diplomacia de los valores”. Pero las posibilidades de que el gobierno de Park recibiera positivamente este mensaje eran, desde el principio, nulas. Por la sencilla razón de que ese mismo mensaje sugería forzosamente una oposición a China, país que no comparte esos valores. Para Corea del Sur, que en tanta estima tiene la relación con China, el mensaje de Abe llevaba implícita una dura disyuntiva que Corea del Sur no encontraba razones para aceptar.  

En resumen, las opciones son dos. La primera es avanzar hacia la resolución de los dos problemas referidos para rebajar así su importancia. La segunda es hacer que Corea del Sur perciba la importancia de Japón en algún otro campo. Si se diera el caso de que las circunstancias internas en Japón impidiesen lo primero, la única opción es la segunda. Pero lo que no debemos olvidar es que Japón continúa siendo una potencia económica, la tercera economía del mundo, y que las posibilidades de un país como este son muchas. Puede, por ejemplo, aprovechar el tamaño de su mercado promoviendo la firma de tratados de libre comercio, y puede también, aunque no sea más que una idea, influir sobre Estados Unidos para que el ejército surcoreano se implique más íntimamente en la alianza nipo-estadounidense, de forma que Corea del Sur pueda acceder a un marco de seguridad de nivel más alto. 

La pelota está ahora sobre el tejado de Japón. Mi impresión es que en este momento la clave está en que Japón demuestre inteligencia y sepa aprovechar todo su potencial de influencia.

(Escrito el 11 de diciembre de 2013 y traducido al español del original en japonés)

Fotografía del título: Un hombre difunde, frente a la embajada de Japón en Seúl, una declaración contraria a las pretensiones japonesas de soberanía sobre la isla de Takeshima. (30 de noviembre de 2013, Yonhap/Aflo)

  • [03.03.2014]

Profesor de la Escuela de Posgrado de Cooperación Internacional de la Universidad de Kōbe y presidente de la organización sin ánimo de lucro Pan-Pacific Forum. Nacido en Osaka en 1966. Cursó estudios de doctorado en la Universidad de Kyoto y obtuvo su doctorado en Derecho. Ha sido investigador en las universidades como la de Harvard, Corea, Washington y Australia National University, así como en el Instituto Sejong. Entre sus obras destacan Kankoku ni okeru ken´ishugiteki taisei no seiritsu (Establecimiento del régimen autoritario en Corea del Sur; Minerva Shobō, 2003, premiado con el Premio Suntory de Ciencias Sociales y Humanidades) y Kankoku gendaishi – Daitōryō tachi no eikō to satetsu (Historia Contemporánea de Corea del Sur – Gloria y tropiezos de sus presidentes; Chūkō Shinsho, 2008), etc.

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