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La generación de ‘Sailor Moon’: la evolución de los dibujos animados japoneses sobre chicas con superpoderes

Sugawa Akiko [Perfil]

[12.03.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Los dibujos animados japoneses protagonizados por chicas con superpoderes como Sailor Moon o Pretty Cure gozan de popularidad en todo el mundo. Estas heroínas, basadas en las brujas de películas y series occidentales, han evolucionado de forma singular, y a través de ellas podemos ver la lucha de las mujeres japonesas en torno a las cuestiones de igualdad de género.

Sally y Akko-chan, las primeras brujas de la televisión japonesa

El perfil de las protagonistas de los dibujos animados sobre chicas con superpoderes suele ser siempre el mismo: son patosas, no les gusta estudiar y, para colmo, los deportes se les dan mal. Sin embargo, la magia les permite transformarse, casi de repente, en unas heroínas bellas y fuertes que se enfrentan a sus enemigos con gallardía.

El gran éxito cosechado en todo el mundo durante la década de 1990 por la serie Sailor Moon sirvió para que se reconociera, tanto en Japón como en el extranjero, la existencia en el mundo de la animación de las chicas con superpoderes, unos personajes que cambiaban de apariencia gracias a la magia –esto incluía maquillaje y una indumentaria más elegante– y se enfrentaban con valentía a sus enemigos sirviéndose de objetos mágicos como varitas y bastones. Sin embargo, cuando este tipo de dibujos animados apareció por primera vez en la televisión japonesa en la década de 1960, el aspecto de las protagonistas distaba de la imagen actual de las heroínas mágicas.

Para empezar, expliquemos fácilmente la historia de las series de dibujos animados protagonizadas por chicas con superpoderes. La primera heroína que empleaba magia llegó a la pequeña pantalla en 1966: en Sally la bruja (conocida también como Sally la maga), la princesa Sally, procedente del país de la magia, llega al mundo de los mortales, donde vive bajo el nombre de Sally Yumeno y siempre se mete en líos. La serie es famosa, además, por ser la primera de producción nacional orientada al público femenino.

En aquel entonces, la comedia estadounidense Embrujada (conocida también como Hechizada o Me casé con una bruja), que se emitía doblada al japonés, gozaba de popularidad en Japón. Suele decirse que las aventuras de su protagonista sirvieron de inspiración a la hora de crear a Sally: Samantha es una bruja guapa y joven que contrae matrimonio con un mortal y que, por culpa de sus poderes, causa un sinfín de situaciones extrañas y divertidas en el día a día de su familia. Hay quienes creen que Mary Poppins (1965) es otra fuente de inspiración de Sally la bruja; en este caso, el largometraje narra la historia de una bruja caída del cielo que realiza las tareas domésticas empleando magia. Así pues, el personaje de Sally tendría su base en las brujas de las películas y series occidentales.

Por norma general, los episodios de Embrujada y de Sally la bruja terminaban de forma cómica y se regían por la imagen de bruja en el sentido tradicional cristiano, la de una mujer que emplea la magia recitando hechizos. La adaptación de Sally, procedente de un mundo mágico, al mundo de los mortales, que va transformando y en el que va haciendo amigos, simboliza metafóricamente la modernización del Japón del crecimiento económico acelerado y el asentamiento del estilo de vida occidental en el país.

La siguiente serie protagonizada por una chica con superpoderes fue El secreto de Akkochan, emitida entre 1969 y 1970. En este caso, la magia era un premio por la buena conducta de la protagonista; Kagami Atsuko puede transformarse en otras personas o en animales gracias a los poderes mágicos de su polvorera, regalo que le hace el espíritu de un espejo por apreciar y tratar con cariño su espejo favorito incluso después de que este se rompa. Se presentan, pues, dos prototipos de personaje: las chicas que poseen magia de forma legítima y causan cambios en el mundo de los mortales como Sally, y las que, como Atsuko, sacan partido del privilegio que tienen tras pasar de persona normal y corriente a chica maga.

Jóvenes poderosas y coquetas en la época del movimiento de liberación de la mujer

En la década de 1970, fueron muy populares Chappie, la bruja (1972) y Maggie la brujita (1974-1975), con protagonistas que respondían al prototipo de Sally. La segunda de estas dos series narra la historia de Maggie, candidata al trono en el mundo de la magia. Junto a su rival Non, viaja al mundo de los mortales, donde ambas vivirán por separado, cada una con la familia de una bruja casada con un hombre sin poderes; allí Maggie se esforzará en aprender a usar sus poderes de forma equilibrada. La peculiaridad de esta serie reside en la presencia de varias protagonistas (Maggie y su rival) y de cierta coquetería –con un grado sutil de sensualidad–, y en la ausencia de una nacionalidad determinada. Maggie y Non, dos jóvenes con personalidades diferentes, hacen su vida en un entorno de aspecto occidental y van forjando su amistad; a veces se enfrentan, pero a veces también luchan juntas.

Maggie la brujita marcó un hito en la animación orientada al público femenino. Esto se debe a que, a diferencia de los dibujos animados para una audiencia masculina, el tema de la amistad entre chicas era casi inexistente, excepto en las series de animación sobre deportes y el espíritu de lucha y en los seriales televisivos. Además, la coquetería de las protagonistas no era un atractivo sexual que tuviera en cuenta a los hombres, sino una muestra de los encantos –el poder– de las mujeres; esta imagen de las heroínas se engranaba con el movimiento de liberación de la mujer de la década de 1970 y recibió aceptación.

La transformación de los personajes en su yo adulto

Hasta la década de 1980, el actual estudio de animación Toei era el principal creador de este tipo de series protagonizadas por personajes femeninos con poderes mágicos, pero a partir de esa época otros estudios comenzaron también a embarcarse en tales producciones. Las aventuras de Gigi (1982) no solo contaba con fans entre el público femenino, sino que también conquistó a la audiencia masculina; lo mismo ocurrió con Creamy Mami, The Magic Angel (1983-1984). La protagonista de Las aventuras de Gigi seguía el prototipo de Sally, mientras que la heroína de Creamy Mami, The Magic Angel se adaptaba al de Atsuko. Sin embargo, ambas compartían la capacidad de transformarse en su yo adulta. Gigi es una princesa de 12 años que vive en el reino mágico de Finalinarsa y se transforma en adulta para solucionar los problemas a los que no puede enfrentarse como niña, con el objetivo de hacer que los mortales recuerden sus sueños y esperanzas. Al final, pierde sus poderes y muere en un accidente de tráfico. En realidad, toda la historia no es más que un sueño de la protagonista, que al despertarse comienza una nueva vida como mortal.  

En Creamy Mami, The Magic Angel, la protagonista es Yū, una niña de 9 años a la que le otorgan la capacidad de usar magia, pero solo durante un año. Un día, mientras muestra su apariencia de adulta tras haberse transformado, le ofrecen de repente la oportunidad de debutar como idol y se hace famosa bajo el nombre de Creamy Mami. Sin embargo, su amigo Toshio, por quien ella siente algo más que amistad, se enamora de Creamy Mami, y Yū termina envuelta en un extraño triángulo amoroso. La protagonista se mueve entre dos mundos, el de su vida como estudiante de primaria y el de su carrera como idol; hacer de idol es una forma de expresar su individualidad, pero al final afirma su verdadera personalidad al perder la magia.

El yo maduro o la personalidad de uno tal cual es. Para las chicas, el mundo de los adultos está lleno de atractivos, pero ser adulto todo el tiempo también tiene sus complicaciones. Para ellas, la magia es una forma de afirmar su personalidad y expresarse, algo que consiguen al experimentar que pueden hacerse mayores, más que el hecho en sí de convertirse en adultas.

La época de estas series, la década de 1980, pasó a conocerse como “la edad de las mujeres” por la labor de algunas japonesas en ámbitos diversos: en política destacó, entre otras, Doi Takako; en cultura, la cantante Matsuda Seiko y el grupo musical Princess Princess. Además, en 1985, entró en vigor la Ley de Igualdad de Oportunidades en el Empleo, y con ella se abrió camino una edad de leyes igualitarias. El discurso sobre la mujer iba asociado a la esperanza. En este contexto, las chicas con superpoderes comenzaron a enfrentarse afirmativamente al modelo de “sexualidad” y “belleza”, debido a la magia que va más allá de la separación entre su personalidad verdadera y la mujer joven en la que ansían convertirse.

Sailor Moon y el “girl power

En la década de 1990 hace su aparición Sailor Moon (1992-1997), una serie representativa de los dibujos animados protagonizados por chicas con superpoderes que dio al mundo la imagen típica de las heroínas que se transforman en la lucha: se cambian a un disfraz mono, se ponen algunos accesorios y se sirven de algún utensilio –por ejemplo, un bastón o una varita– para liberar la energía mágica con la que derrotar a sus enemigos. Al principio de la historia, la protagonista, Bunny Tsukino (conocida también como Serena Tsukino), responde al prototipo de Atsuko, pero más tarde se descubre que en realidad es como Sally, ya que resulta ser la princesa de la Luna renacida. Sailor Moon, que combina los prototipos de Sally y Atsuko, incorporaba elementos como la presencia de varios protagonistas (un equipo de cinco), transformaciones con cambios de vestuario, combates y el tema de la maternidad. Además, Sailor Moon introducía el formato de dos famosas series de efectos especiales del estudio Toei, Space Cop y Super Sentai.

En la industria discográfica en Europa y Norteamérica, la década de 1990, época en la que Sailor Moon se convirtió en todo un éxito, es sinónimo del popular fenómeno del “girl power“; en aquel entonces, varias intérpretes jóvenes cantaban canciones en las que se hacía énfasis en el poder de las mujeres de forma semejante al movimiento feminista. Las protagonistas de Sailor Moon, que luchaban por sí mismas sin recurrir a la fuerza de los hombres (Tuxedo Mask, conocido también como el Señor del Antifaz, las ayuda, pero su presencia se va reduciendo gradualmente) representaban el “girl power” de Japón. Además, estas heroínas se cambian a un uniforme escolar de marinero, se ponen accesorios, se pintan las uñas y les crece el pelo; el aspecto de su transformación no es apropiado para la batalla. En este sentido, difiere de personajes de series como Kamen Rider o Super Sentai, que por norma general se transforman para acentuar su personalidad. Ellas lo hacen para subrayar características propias de su condición de mujeres como la belleza y la sexualidad. La belleza y la sexualidad simbolizan el poder de la mujer, por lo que se elimina la dicotomía entre ser mona y ser fuerte. Esto supuso un cambio de paradigmas realmente significativo.

No obstante, no debemos olvidar que en Sailor Moon surge el amor entre Armando (Darien) y Bunny Tsukino (Serena Tsukino), y se presenta, junto al poder, la metáfora de la maternidad –Chibiusa, también conocida como Rini, es hija de ambos–. Este es un factor que marca la diferencia entre las series japonesas protagonizadas por chicas con superpoderes y las de Europa y Norteamérica, pero hablaremos de ello más adelante.

Las heroínas con superpoderes en la época de la igualdad de género

Little Witch Academia se desarrolla en una escuela de magia de Europa y narra las aventuras de la protagonista, Akko, y sus amigas. Estuvo disponible por un tiempo limitado en YouTube con subtítulos en inglés y atrajo mucha atención en todo el mundo. Su continuación ha sido posible gracias al micromecenazgo (crowdfunding) y está previsto que se estrene en salas de cine. ©Y.YOSHINARI/TRIGGER

Después de Sailor Moon, fueron apareciendo sucesivamente otras series que seguían el mismo formato o lo parodiaban. Pretty Cure, que en 2014 cumplió una década, narra las aventuras de varias estudiantes de secundaria que luchan contra las fuerzas del mal. Otros ejemplos de esta corriente son Magical Girl Lyrical Nanoha (2004-2007), Puella Magi Madoka Magica (2011), Day Break Illusion (2013) y Fate/kaleid liner PrismaIllya (2013); todas ellas se emiten a altas horas de la noche e incorporan elementos que antes eran difíciles de abordar en los dibujos animados orientados al público femenino: el precio de la magia, la vida y la muerte y lo absurdo de las chicas con superpoderes que se transforman para luchar.

Por otra parte, se emiten también series que se basan en el concepto tradicional de los dibujos animados protagonizados por heroínas que emplean magia, como The Adventures of Tweeny Witches y Little Witch Academia (2013). Esta última se proyectó como parte del programa Anime Mirai 2013 y adquirió gran popularidad mundial posteriormente en Internet; en ellas aparecen también historias de jóvenes mortales rezagadas que explican a las brujas del mundo mágico, que poseen una fuerza especial, el valor de la esperanza y los sueños, y les propician algún cambio interno.

Diferencias con las heroínas de Europa y Norteamérica: poder, belleza y maternidad

Al hacer este análisis general de la historia de la animación japonesa, el argumento de las estudiantes de primaria y secundaria que maduran gracias a la magia es consistente, a pesar de las grandes diferencias que existen en la percepción del mundo, desde la resolución de problemas de la vida diaria hasta las luchas de las que depende el destino del mundo. En Europa y Norteamérica existen, por supuesto, ejemplos de series protagonizadas por personajes que siguen el prototipo de Sally, como Sabrina, la bruja adolescente (Sabrina, cosas de brujas), y del estilo de Sailor Moon, como Buffy, cazavampiros; en el campo de la animación tenemos W.I.T.C.H., en la que las influencias de Sailor Moon son claras.

Sin embargo, existen ejemplos del pasado en los que la magia en las adolescentes se negaba y se trataba junto con las inseguridades de la pubertad; por ejemplo, en las películas El exorcista y Carrie. El reconocimiento de las mujeres poderosas no se produjo con las adolescentes, sino con las adultas. La serie La Mujer Maravilla, basada en el homónimo cómic estadounidense, Xena: la princesa guerrera y el filme basado en el videojuego Lara Croft: Tomb Raider son claros ejemplos de heroínas fuertes, una cualidad asociada normalmente a los hombres, que son, al mismo tiempo, sensuales y pueden despertar el interés sexual masculino.

En las series y dibujos animados de Europa y Norteamérica sobre brujas y magia, la representación de la maternidad, recurrente en Japón tras Sailor Moon, es prácticamente inexistente.

Aunque es tabú que las adolescentes se conviertan en madres, en las series japonesas de dibujos animados protagonizadas por chicas con superpoderes, existe una relación entre el poder, lo mono y el cuidado de los hijos (una manera de cuidar a los niños propia de las mujeres). Además, se asegura la separación tradicional de tareas por sexos en calidad de factor que no supone una amenaza para los hombres.

El regreso de las “ansias de princesas” y la oposición a las historias de amor

De este modo, los dibujos animados sobre chicas con superpoderes, originarios de Japón, se desarrollaron al absorber la imagen de las brujas occidentales, y la incorporación de factores híbridos como la monería, la fuerza y la maternidad hizo que naciera un tipo de bruja diferente al de Europa y Norteamérica. Cuando los mercados europeos y norteamericanos lo importan de vuelta, surgen nuevas obras de este género inspiradas en heroínas como las de Sailor Moon.

Happiness Charge Pretty Cure, undécima obra de la serie Pretty Cure, que en 2014 cumplió una década. En la actualidad se emite la decimosegunda, Go! Princess Pretty Cure. ©ABC/Toei

¿Qué le depara el futuro a este tipo de dibujos animados? Una de las tendencias vendría marcada por la nostalgia. En series como Happiness Charge Pretty Cure, puede verse el regreso de las “ansias de princesas”; posiblemente se haya vuelto a la nostálgica norma de que las chicas no solo son fuertes y monas, sino que también deben ser princesas únicas y especiales. Otra corriente la tenemos en series como Puella Magi Madoka Magica; las protagonistas son jóvenes que han escapado de las relaciones sentimentales con hombres, luchan unidas y se sirven del vínculo amoroso que existe entre ellas como mecanismo para oponerse a las normas. En este contexto, están apareciendo también cómics en los que chicos se convierten en magas, aunque son parodias y comedias.

Estos dibujos animados protagonizados por chicas con superpoderes se presentan idóneos para investigar sobre la lucha de las jóvenes japonesas por la igualdad de género.

(Traducción al español del original en japonés, publicado el 5 de enero de 2015)

Imagen de la cabecera: Little Witch Academia ©Y.YOSHINARI/TRIGGER

  • [12.03.2015]

Profesora asociada de la universidad de Yokohama especializada en medios de comunicación (anime) y en cuestiones de género. En abril de 2012, obtiene el doctorado tras finalizar los cursos correspondientes en Estudios de Cine y Televisión en la Universidad de Warwick. Antes de acceder a su puesto actual en 2014, imparte clases en la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de Estudios Extranjeros de Kansai como profesora a tiempo completo. Entre sus obras, destacan Shōjo to mahō: Gāru hīrō wa ikani juyō sareta no ka (Chicas y magia: representaciones de las chicas con superpoderes y aceptación por parte del público femenino en Japón; editorial NTT, 2013) y Japanese Animation: East Asian Perspectives (Animación japonesa: perspectivas del este de Asia; University Press of Mississippi, 2013).

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