En profundidad Siete décadas de posguerra en Japón
¿Cuándo terminará la posguerra en Japón?: los jóvenes japoneses 70 años después del conflicto

Furuichi Noritoshi [Perfil]

[20.02.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

La holgura económica de Japón, sustentada por la paz que reina en el país, hace que los jóvenes japoneses se sientan muy felices en la sociedad en la que viven. Sin embargo, los desequilibrios causados por las medidas políticas que se han venido tomando desde la década de 1990, y que suponen una prolongación de la posguerra, minan las perspectivas de futuro de la juventud nipona.

Japón se aleja de ‘aquella guerra’ y pierde la memoria

En 2015 se cumplen 70 años del final de la Segunda Guerra Mundial y del consecuente comienzo de la posguerra en Japón. Esta frase la he escrito sin dudar ni un segundo, pero, a decir verdad, 7 décadas es mucho tiempo; es una cifra equiparable a la duración de la vida de un ser humano. No obstante, los medios de costumbre siguen utilizando el término ‘posguerra’ como siempre, y en Nippon.com también hemos dedicado una serie a este periodo histórico bajo el título Siete décadas de posguerra en Japón.

La Guerra del Pacífico, que se cobró la vida de más de 3 millones de personas solo en Japón, es indudablemente uno de los peores episodios de la historia del país; sin embargo, ya han pasado 70 años y el número de personas que vivieron el conflicto continúa disminuyendo. La población nacida después del mismo supera los cien millones y llegó a representar aproximadamente el 80 % de la cifra total de habitantes. Entiendo que la gente quiera hacer referencia a las siete décadas que han transcurrido desde el final de la contienda bélica por tratarse de un punto de inflexión, pero es evidente que nos estamos alejando de esa época.

“¿Qué día atacó Japón Pearl Harbour, dando inicio a la Guerra del Pacífico?” Esta pregunta forma parte de una encuesta llevada a cabo en 2013 por el Instituto NHK de Investigación de Cultura Radiotelevisiva. La cifra de personas que sabían la respuesta fue un escaso 20,0 %. Por edades, el porcentaje de contestaciones acertadas fue del 6,9 entre quienes se encontraban entre los 20 y los 39 años, mientras que subió hasta el 16,5 en aquellos que tenían edades comprendidas entre los 40 y los 59 años; un 24,8 % fue la proporción de respuestas correctas entre las personas mayores de 60. Aunque estos resultados ponen de relieve que son menos los jóvenes capaces de contestar correctamente, también revelan que solo 1 de cada 4 personas de la tercera edad, una generación más cercana a la guerra, sabía la respuesta.

Otros estudios permiten observar una tendencia semejante. Según un sondeo realizado también por la NHK en 2010, solo un 27 % de los encuestados pudo responder correctamente a la pregunta de qué día se había lanzado la bomba atómica de Hiroshima; en el caso de Nagasaki, un escaso 23 %.

Si observamos estos resultados también por edades, la proporción de aciertos fue de un 25 % entre quienes se encontraban entre los 20 y los 39 años, mientras que en aquellos mayores de 60 años la cifra se situó en un 19 %; en otras palabras, se constató un índice de respuestas correctas mayor entre los jóvenes. Lo grato de este estudio es que critica la frase cliché “los jóvenes no saben de la guerra”. Esta afirmación es cierta, como lo es también el hecho de que las personas de la tercera edad tampoco saben de ella.

La idea de un país pacífico, sustentada por la holgura económica

Todo esto da la impresión de que se está perdiendo la memoria relacionada con ‘aquella guerra'; sin embargo, la posguerra no termina. Quizás uno de los motivos de esto es que, afortunadamente, Japón no se ha visto envuelto en ninguna catástrofe de magnitud semejante tras la Guerra del Pacífico.

El país ofreció asistencia en la Guerra del Golfo y en la de Irak, pero no se vio involucrado en el conflicto en su totalidad; Japón ha sufrido varios desastres naturales de gran magnitud y horribles atentados terroristas, si bien ninguno de estos acontecimientos iguala en escala y número de víctimas a la Guerra del Pacífico.

Según la Encuesta de la Oficina del Gabinete sobre Conciencia Social, son muchos los japoneses que consideran su país “una nación pacífica”. En este mismo estudio, se pide a los encuestados que elijan entre varias opciones a la hora de expresar su percepción de la sociedad en la que viven; la proporción de personas que escogen “nación pacífica” es sumamente alta: hasta aproximadamente 1990, rondaba el 70 %; en 2014, el 60 %.

Además, Japón suele situarse cada año entre los diez primeros países en el Índice de Paz Global, elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz, una organización de carácter privado con sede en Sídney. En 2014, cayó hasta el octavo puesto, pero en 2008 había alcanzado el tercero.

El Japón de la posguerra no solo era un país en el que reinaba la paz, sino que se caracterizaba también por su holgura económica. La economía de la posguerra, que comenzó con la restauración tras perder la contienda, se vio beneficiada por una serie de casualidades y creció de forma extraordinaria; la economía continúa estancada después del estallido de la burbuja en 1991, pero el país conserva una holgura sorprendente derivada de la herencia recibida de anteriores generaciones y de una deuda nacional que no tiene en cuenta a las venideras.

Según un estudio realizado por el Centro de Investigación Pew, Japón es un país en el que la proporción de personas que no han podido comprar alguna vez artículos de primera necesidad por encontrarse en una situación de pobreza es muy baja.

En 2013, esta institución estadounidense concluyó que la proporción de personas que durante el año anterior no habían podido comprar alimentos por encontrarse en una situación de pobreza era del 53 % en México, del 26 % en Corea del Sur, del 24 % en Estados Unidos y del 15 % en el Reino Unido; en Japón no superaba el 2 %. También era muy baja la proporción de personas que no habían podido adquirir prendas de vestir o recibir tratamiento médico, en comparación con el resto de países.

Jóvenes que se sienten felices y satisfechos

Veamos qué valores tienen y qué vida llevan los jóvenes y niños de Japón; ellos son el fruto de este país pacífico y holgado.

Tal y como explico en mi libro Zetsubō no kuni no kōfuku na wakamonotachi (La juventud feliz de un país desesperado), nunca antes se habían registrado cifras tan altas en lo relativo a los sentimientos de felicidad y satisfacción con su vida que albergan los jóvenes japoneses. Según la Encuesta de la Oficina del Gabinete sobre la Vida Diaria, un 79,1 % de veinteañeros afirma “estar satisfecho con su vida”. Este porcentaje es el mayor desde 1967, año al que se remonta el estudio. El grado de satisfacción de los jóvenes japoneses es mucho mayor incluso si se compara con el periodo de crecimiento.

Esta tendencia destaca especialmente en los jóvenes con edades comprendidas entre los 10 y los 19 años. En la Encuesta de 2012 sobre la Vida y las Actitudes de los Estudiantes de Enseñanza Secundaria Media y Superior, elaborada por el Instituto NHK de Investigación de Cultura Radiotelevisiva, más de un 90 % de los estudiantes encuestados respondió que “se siente feliz”. Entre los estudiantes de enseñanza secundaria media, un 94 % afirmó “estar feliz”, mientras que un 55 % dijo “estar muy feliz”. En la encuesta, que se realiza de forma regular, puede verse una tendencia al alza en la proporción de estudiantes de enseñanza secundaria media que afirman sentirse muy felices.

Este alto grado de felicidad puede interpretarse también de forma negativa: los jóvenes se ven obligados a sentirse satisfechos con el presente porque no pueden imaginar un futuro más feliz que el ahora. De hecho, es frecuente que la representación del grado de felicidad en los gráficos tenga forma de u, y que sea alto en el caso de las personas de la tercera edad, cuyo futuro se presume corto. Independientemente de esto, quizás puede decirse que ese grado de felicidad no sería concebible sin el apoyo de la holgura económica de Japón.

Una generación heredera de los desequilibrios de la sociedad

A partir de la década de 1990, la economía japonesa entró en un período de deflación que resultó en una mayor competencia en los mercados en lo relativo al precio y la calidad de los productos; en comparación con los gastos, los estándares de vida se hicieron altos. En los últimos años, el coste de la vida tiende a aumentar más si cabe, pero en los núcleos urbanos del país se puede tomar una comida caliente por tan solo 300 o 400 yenes.

Además, si se tiene acceso a Internet y un teléfono inteligente, es posible matar el tiempo de forma prácticamente ilimitada. El emprendedor en el sector de las tecnologías de la información Kawakami Nobuo opina que las ‘personas ociosas’ han creado la cultura de Internet en Japón; en la red se puede encontrar un sinfín de contenidos elaborados por estos individuos, y uno mismo puede dedicarse a la creación de este tipo de producto en calidad de ‘persona ociosa’. 

De este modo, en Japón pueden llevar una vida relativamente agradable hasta los jóvenes que tienen un trabajo temporal cuyo sueldo por hora no llega a los 1.000 yenes. Podríamos decir que al menos el nivel de vida está aumentando respecto del que tenían los jóvenes de otro tiempo; sin embargo, esto no significa que las condiciones laborales sean maravillosas. El sociólogo Yamada Masahiro dice que Japón es un paraíso para los consumidores, pero un infierno para los trabajadores.  

El porvenir de los jóvenes japoneses no es para nada alentador. El país acumula una gran cantidad de problemas para el futuro: la baja natalidad en una sociedad envejecida y la consecuente brecha generacional, el peor déficit de los países desarrollados y el desmantelamiento de la central nuclear Fukushima Uno, que no se está llevando a cabo de una forma muy deseable, son algunos de ellos. A todo eso se suma el que los jóvenes van envejeciendo.

Lo importante a la hora de pensar en el futuro de Japón es acabar de una vez por todas con la posguerra. En teoría, este período de la historia ya concluyó, pero lo han intentado prolongar con las medidas políticas que se han venido tomando desde la década de 1990, que producen, además, diversos desequilibrios en la sociedad japonesa. 

La década de 1990, una oportunidad

En términos económicos, la posguerra en Japón debería haber terminado, sin duda alguna, durante la década de 1990; en primer lugar, porque fue entonces cuando dio fin el crecimiento económico, que había llegado a su punto máximo durante el periodo de crecimiento acelerado. El detonante directo fue el estallido de la burbuja, pero se cree que la baja natalidad y el envejecimiento de la población fueron una gran causa en términos estructurales. En otras palabras, en el Japón de la posguerra, el origen del desarrollo económico se encontraba en la gran cantidad de trabajadores jóvenes, principalmente de la generación del baby boom, y en la mano de obra barata. Sin embargo, con el envejecimiento de la población a partir de la década de 1990, los gastos destinados a la seguridad social aumentaron paulatinamente.

Por otra parte, la posguerra en el resto del mundo terminó en esta década, con el final de la Guerra Fría tras la caída de la Unión Soviética. Suele decirse que la Guerra Fría fue un factor importante en que Japón se perfilara durante la posguerra como un país manufacturero. En esa época, China, que pertenecía al Bloque del Este, no había entrado todavía de forma real a los mercados; además, en Corea del Sur y los países del Sudeste Asiático la situación política era inestable por la existencia de regímenes dictatoriales, de modo que los niveles en educación eran bajos. En resumen, Japón era el único país al que podía considerarse como ‘la fábrica del mundo’.

Sin embargo, al terminar la Guerra Fría, este papel pasaron a desempeñarlo China y las naciones del Sudeste Asiático. Para Japón, esto supuso el final de una sociedad industrializada estable y el comienzo de una sociedad posindustrializada centrada en el sector de los servicios.

La posguerra, prolongada en un extraño formato

No puede decirse que Japón fue capaz de responder suficientemente a los cambios ocurridos en la década de 1990. No se pusieron en práctica medidas reales para paliar la baja natalidad, y las medidas destinadas a mantener la seguridad social para las generaciones trabajadoras llegaron tarde. Los jóvenes se sienten satisfechos con sus vidas, pero los estratos sociales en los que se pueden tener hijos sin preocuparse son limitados. 

La tasa total de fertilidad de Japón ronda el 1,4, pero es posible que la cifra disminuya más, tarde o temprano, ya que las mujeres cuyos padres pertenecen a la generación del baby boom empiezan a sobrepasar la edad ideal para tener hijos.

Japón debería haber realizado esfuerzos para frenar el descenso de la natalidad y afrontar el envejecimiento de la población en la década de 1990. Se podían haber hecho muchas cosas, tales como crear una red de protección en condiciones, no de la sociedad, sino del Estado, preparándose para las fluctuaciones laborales. Sin embargo, en los años noventa se prolongó la posguerra mediante medidas como el aumento de las obras públicas.

De este modo, la sociedad japonesa actual es un reflejo de la prolongación de la posguerra en un formato extraño. Aunque la oportunidad de que se produjera una reforma, propiciada por la paz y la holgura económica, cobrara fuerza momentáneamente, al final esta no fue muy profunda. Por supuesto, esta sociedad pacífica y holgada no perdurará eternamente. ¿Podrá Japón acabar con la posguerra de una vez por todas?

(Traducción al español del original en japonés publicado el 13 de enero de 2015)

Imagen de la cabecera: Participantes en un acto sobre moda en Takeshita-dōri, famosa calle de Harajuku, barrio del distrito tokiota de Shibuya conocido como la meca del estilo kawaii (Cortesía de Jiji Press).

  • [20.02.2015]

Especialista en Sociología nacido en Tokio en 1985. Actualmente cursa estudios de doctorado en la Escuela de Posgrado de Artes y Ciencias de la Universidad de Tokio y es investigador visitante sénior en el centro de investigación que la Universidad Keiō tiene en su Campus Shōnan Fujisawa. Además, pertenece a varios grupos de expertos del Gobierno japonés, como el Consejo de Promoción de la Iniciativa Cool Japan. Entre sus obras, destacan Zetsubō no kuni no kōfuku na wakamonotachi (La juventud feliz de un país desesperado) y Dare mo sensō wo oshiete kurenakatta (Nadie me enseñó sobre la guerra), publicadas ambas por la editorial Kōdansha en 2011 y 2013, respectivamente.

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