En profundidad Reflexionando sobre el sistema de la Seguridad Social en Japón
¿Podrá Japón poner freno a la pobreza y las desigualdades?

Komamura Kōhei [Perfil]

[14.05.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Las cifras de personas que reciben ayudas oficiales para la subsistencia marcan cada año nuevos récords. El autor propone en este escrito posibles respuestas a los grandes retos que plantean cuestiones como la brecha económica o la propagación de la pobreza.

¿Crecimiento o redistribución? Oscilaciones de la opinión pública

El número de receptores de las ayudas a familias en situación de precariedad económica se situó en diciembre de 2014 en 2,17 millones de personas, alcanzando un año más un nuevo máximo desde la época de la posguerra. Cuatro de cada 10 familias receptoras están formadas solo por ancianos, pero si atendemos a las tasas de crecimiento por bandas de edad, veremos que también entre las generaciones jóvenes la tendencia es al alza.

Pese a la gravedad que está alcanzando el problema de la pobreza, al fijar las políticas económicas sigue existiendo una gran controversia sobre si debe priorizarse la redistribución de la renta o el crecimiento económico, y la valoración que la ciudadanía hace del problema sufre grandes oscilaciones en función de la coyuntura socioeconómica.

Cuando los medios de comunicación difunden noticias como las de los ancianos que murieron de hambre en 2007 y 2008 tras serles retiradas las ayudas, o la formación en el céntrico parque tokiota de Hibiya de un campamento de trabajadores temporales que habían perdido al mismo tiempo su trabajo y su vivienda tras la quiebra de la financiera Lehman Brothers, se renueva el interés hacia el problema de la pobreza y los desequilibrios económicos, y los ciudadanos apoyan las políticas de redistribución. Sin embargo, cuando se informa de que el número de receptores de ayudas está aumentando o de que algunas personas las están recibiendo de forma fraudulenta, como ocurre últimamente, el apoyo a las políticas redistributivas desciende. A diferencia del anterior Gobierno del Partido Democrático de Japón, que favoreció las políticas redistributivas, el actual Gobierno del Partido Liberal Democrático y su socio de coalición Kōmeitō ha dejado en claro que su prioridad son las políticas de crecimiento.

Japón, único país desarrollado donde los pobres se empobrecen más

Las llamadas políticas de trickle-down (efecto de filtración de la riqueza desde las capas sociales más altas hasta las más bajas) ya fueron aplicadas en Japón durante la primera mitad del decenio de 2000, cuando el Gobierno de Koizumi Jun’ichirō promovió la desregulación (flexibilidad) laboral y otras políticas del mismo signo y, posteriormente, con el primer gabinete formado por Abe Shinzō, con su política de crecimiento que recibió el nombre de “marea creciente” (ageshio). Sin embargo, no se ha analizado suficientemente cuál fue el impacto de estas políticas sobre los hogares de bajos ingresos. La evolución durante los últimos 20 o 30 años de la brecha económica entre ricos y pobres ha sido un tema preferencial también en otros países avanzados. Sobre este particular, el documento “Divided We Stand: Why Inequality Keeps Rising” (Estamos divididos: por qué sigue aumentando la desigualdad), publicado en 2011 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), estudia cómo  evolucionó entre mediados de los 80 y la segunda mitad de los 2000 la relación entre los ingresos reales medios del 10 % más rico y los del 10 % más pobre de cada país, haciendo las necesarias correcciones para evitar que las diferencias en la composición familiar y el coste de vida de cada país desvirtúen la comparación (gráfica 1).    

Los países como Francia, donde el índice de crecimiento de las rentas más bajas supera al de las más altas, constituyen la excepción. En la mayoría, se constata que los ingresos crecen mucho más entre los ricos que entre los pobres y que, por tanto, la brecha económica se abre. Aun así, en todos los países, menos en Japón, el promedio de crecimiento de las rentas más bajas es ligeramente positivo. Japón es el único país en el que los ingresos reales de los sectores más pobres de la sociedad dismunuyen, y lo han hecho a un ritmo anual del 0,5 %.

El 5 % más rico acapara una parte cada vez mayor de la riqueza

Analicemos ahora de forma más detallada la evolución de la brecha económica y de la pobreza en Japón. A ese fin, es necesario combinar una serie de indicativos.

En primer lugar, consideremos la mediana y el promedio. Según el Estudio Básico de las Condiciones de Vida de los Ciudadanos, publicado en 2013 por el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón, el promedio de ingresos de los hogares fue en 2012 de 5,37 millones de yenes. Sin embargo, la mediana (valor de la variable en posición central en un conjunto de datos ordenados) fue de 4,32 millones. La causa de que el promedio se sitúe considerablemente por encima de la mediana es que las que tiran hacia arriba del promedio son solo las rentas superiores. Y si atendemos a la evolución de la mediana durante los últimos dos decenios, aunque aquí habría que tener en cuenta también hechos como el descenso en el número de integrantes de los hogares o el envejecimiento social, vemos que los datos para 1995, 2000, 2005 y 2012 son, respectivamente 5,5, 5,0, 4,58 y 4,32 millones, es decir, que durante este periodo la mediana de ingresos ha perdido 1,20 millones de yenes.

Seguidamente, echemos una ojeada a la distribución de los hogares por bandas de ingresos en 2012. Los hogares con ingresos de entre 0 y 2,00 millones de yenes representan aproximadamente una quinta parte del total (19,4 %). El valor que marca la línea de la pobreza relativa, concepto que tratamos más adelante, se establece dividiendo entre dos la mediana. Hemos dicho que esta se sitúa en los 4,32 millones de yenes, así que la línea de la pobreza relativa está en los 2,16 millones de yenes. En el extremo opuesto, las familias con ingresos superiores a los 13,00 millones de yenes representan el 4,8 % del total, y las que disponen de más de 10,00 millones, el 11,3 %. Por tanto, redondeando estas cifras, podemos decir que ese año en Japón el 10 % de los hogares se situaba en la banda superior de ingresos (más de 10,00 millones de yenes anuales), el 70 % en la banda intermedia (de 2,01 a 9,99 millones) y el restante 20 % en la banda inferior (menos de 2,01 millones).

Seguidamente para dejar clara la concentración de riqueza en las capas de ingresos superiores, es necesario atender al índice de participación (grado de acaparamiento). En la base de datos de la OCDE puede consultarse en qué proporción las clases con mayores ingresos acaparan la riqueza (ingresos brutos, antes de impuestos) de cada país. Si nos fijamos en qué parte de la riqueza del país está en manos del 5 % más rico de la población, veremos que en Japón este acaparamiento ha crecido rápidamente a partir de los años 90 y que, si bien no alcanza los porcentajes de Estados Unidos y Reino Unido (35 % y 30 %, respectivamente), se les acerca, con un 25 %. Dado que países como Francia (21 %) o Suecia (17 %) presentan porcentajes inferiores, no hay razón para seguir diciendo que Japón es un país donde no existe la brecha social o donde la concentración de la riqueza es moderada.  

Pobreza relativa y criterio de concesión de ayudas

Si la distribución de la población por capas de ingresos nos muestra las diferencias económicas en términos absolutos, hay otro indicativo que refleja bien el grado de pobreza de una sociedad, y es el índice de pobreza relativa, al que nos hemos referido brevemente más arriba. Técnicamente, la línea de la pobreza relativa se obtiene dividiendo entre dos los ingresos correspondientes a la mediana de los hogares del país, haciendo el ajuste necesario según el número de integrantes de cada unidad familiar. El índice de pobreza relativa señalaría, pues, la proporción de hogares que están bajo esta línea.

Pero en Japón disponemos de otra línea de pobreza: la que marca el nivel de ingresos por debajo del cual se pueden recibir las ayudas a las familias sin recursos a las que nos referíamos en el primer párrafo (en adelante, techo de ingresos para la concesión de ayudas). Mientras que para hallar la línea de la pobreza relativa solo se hace un ajuste en función del número de integrantes de la unidad familiar, en el caso del techo de ingresos para la concesión de ayudas se tiene en cuenta también la edad de esos integrantes y el lugar de residencia, entre otros aspectos, y esto hace imposible establecer una relación directa entre ambos criterios. Sin embargo, se ha comprobado(*1) que existe una coincidencia del 86 % entre las familias que se sitúan por debajo de la línea de la pobreza relativa y las que están bajo el techo de ingresos para la concesión de ayudas, por lo que puede decirse que el índice de pobreza relativa sigue una evolución similar al marcado por este sistema de ayudas.

En la gráfica 2, donde se muestra la evolución del índice de pobreza relativa, vemos que el índice del conjunto de la población japonesa tiende a subir, pero que la subida es mucho más rápida en las generaciones más jóvenes. Suele decirse que la subida de este índice es debida principalmente al aumento de la proporción de ancianos, que disponen de menos ingresos, pero el gráfico pone de manifiesto que los factores relacionados con las tendencias demográficas no son los únicos.   

Pobreza en familias monoparentales japonesas: 50 %

Hemos visto la forma en que han evolucionado la brecha económica entre los hogares y los índices de pobreza, pero hemos de fijarnos también en este otro problema, el de la pobreza por bandas o grupos de edad. La brecha económica y el problema de la pobreza afectan crecientemente a los niños, igual que lo hacen a los adultos. El índice de pobreza infantil en Japón es del 16 %, uno de los mayores entre los países desarrollados. Especialmente elevado es el índice de pobreza en los hogares monoparentales, donde alcanza el 50 %. También en este apartado Japón se encuentra entre los países desarrollados más afectados. Y los efectos que esta situación está teniendo en la educación y en la salud de la población infantil están a la vista(*2).

En el aspecto educativo se está viendo que los niños criados en hogares con pocos medios económicos rinden menos en las asignaturas troncales y acceden en menor proporción a la universidad y en general a los ciclos educativos superiores, lo que evidencia la relación entre las desigualdades económicas y las desigualdades en el nivel académico y en las oportunidades educativas. Por otra parte, analizando diversos datos, se ha establecido también una relación entre la pobreza infantil y el fenómeno de la cadena intergeneracional de la pobreza. Se ha comprobado, por ejemplo, que una alta proporción de los jóvenes que están en los reformatorios proceden de hogares pobres, que muchos de los niños cuyas familias reciben ayudas vuelven a necesitar esas ayudas cuando son mayores, y que los niños que han sido criados en hospicios también tienden a necesitar esas ayudas al llegar a la edad adulta.

Veamos ahora las desigualdades económicas y el problema de la pobreza entre los jóvenes y entre las generaciones en edad laboral. Desde mediados de los años 90 se ha constatado un gran incremento de la proporción de trabajadores no incluidos en plantilla (temporales, a tiempo parcial, etc), siendo muchos los jóvenes que, en contra de sus deseos, se ven obligados a conformarse con trabajos de esas características, lo cual se ha convertido en un importante factor en el aumento de las desigualdades y en la elevación de los índices de pobreza y soltería. Además, existe el problema adicional de los jóvenes, cada vez más numerosos, que no pueden afrontar la vida social y se recluyen en su habitación (hikikomori), normalmente con motivo de un fracaso escolar, o de ver frustrados sus planes de pasar a un ciclo educativo superior, encontrar un primer empleo o reubicarse laboralmente.

En cuanto a las desigualdades y la pobreza entre los ancianos, suelen ser consecuencia de la carencia de una pensión o de la baja cuantía de la misma. En Japón, donde existen planes de pensiones separados para los trabajadores por cuenta ajena (que participan en los planes de pensiones corporativos o kōsei nenkin) y los autónomos (autoempleados, sin ocupación o trabajadores no incluidos en plantilla, que pagan el seguro nacional de pensiones o kokumin nenkin), se calcula que son unos 8,5 millones los ancianos que solo reciben la pensión del sistema nacional, con una cuantía media mensual de 55.000 yenes, ingresos claramente por debajo del techo que establece el sistema de ayudas oficiales a familias en situación precaria. Además,  a partir del presente año fiscal (2015) la cuantía de las pensiones del sistema público comenzará a calcularse según un nuevo sistema de ajuste automático que la hará depender de la coyuntura socioeconómica atendiendo a factores como la disminución de la población activa o la esperanza de vida, y que según algunos estudios(*3) se traducirá en un descenso cercano al 30 % durante los próximos 30 años. Dado el previsible aumento de la población anciana, es probable que asistamos a un crecimiento explosivo de las cifras de ancianos que viven en la pobreza. 

Necesidad de ayudas específicas para cada edad o generación

Se precisa establecer una política para cada edad o generación. En primer lugar, especialmente en el caso de los hogares compuestos por una madre y su hijo o hijos, es importante asegurar unos ingresos y facilitar el acceso al trabajo. También es fundamental aliviar los gastos educativos que generan los niños en los hogares en condiciones de pobreza. En el caso de los jóvenes y personas en edad laboral, habrá que apoyar a los trabajadores no de plantilla. Muchos de estos trabajadores están cotizando en el sistema público de pensiones y pagan sus cuotas del seguro nacional de salud, pero las cantidades establecidas suelen ser cargas fijas, lo que significa que tienen un carácter regresivo con respecto a las rentas más bajas, lo cual es causa de que una parte de estos trabajadores no estén cumpliendo con sus obligaciones.

Por tanto, las medidas de redistribución de la renta que sería necesario implementar en adelante serían, en primer lugar, asegurar unas ciertas perspectivas vitales y un acceso a los servicios de salud también a los trabajadores no incluidos en plantilla, aplicándoles el mismo sistema de seguro social (kōsei nenkin y seguro nacional de salud) del que disfrutan los trabajadores de plantilla, y, en segundo lugar, potenciar los subsidios a la vivienda y a la crianza, así como los sistemas de becas de estudios, para que también esos trabajadores no de plantilla puedan planificar su vida y formar una familia. Además, para los ancianos con bajos ingresos, es importante introducir un sistema que garantice unos ingresos mínimos complementando el actual sistema de pensión básica y aligerar la carga económica que suponen las cuotas de los seguros de atención médica y cuidados a la ancianidad, y los pagos en ventanilla (parte de la atención que no paga el seguro).

Finalmente, con independencia del modelo familiar en el que se inserten, es importante apoyar a todas las personas que se encuentran en dificultades. Hay muchos casos para los que actualmente no existen ayudas públicas. Estas no existen, por ejemplo, para las personas que se encierran en casa tras fracasar en su búsqueda de un primer empleo o haber perdido el que tenían y no poder encontrar otro durante un largo periodo, o para las personas con grandes deudas. Estos problemas no pueden afrontarse solo con asignaciones de dinero. Hay que proveer también otros muchos tipos de ayudas para que estas personas rehagan su vida, apoyándolas en la búsqueda de trabajo y asesorándolas en asuntos de consumo, subsistencia y control de ingresos y gastos.

Este mes de abril se ha puesto en marcha un sistema de apoyo para personas en situaciones extremas que, por su carácter comprensivo y su vocación de llegar a todos estos grupos, representa una verdadera novedad. Esperemos que el sistema resulte exitoso, porque es mucho lo que Japón se juega en él.

(*1) ^ Yamada Atsuhiro, et al., “Hinkon kijun no kasanari–OECD sōtaiteki hinkon kijun to seikatsu hogo kijun no kasanari to tōka shakudo no mondai” (Coincidencia en los estándares de pobreza: El problema de la equivalencia entre el estándar de pobreza relativa de la OCDE y el estándar del sistema de ayuda a familias en situación precaria), en Hinkon Kenkyū, no. 4 (mayo de 2010), pág. 55-66.

(*2) ^ Véase el estudio de Abe Aya 2008,  Kodomo no Hinkon–Nihon no fukōhei wo kangaeru (Pobreza infantil: Desigualdades en la sociedad japonesa a examen) y 2014 Kodomo no hinkon II–Kaiketsusaku wo kangaeru (Pobreza infantil: Soluciones a examen).

(*3) ^ Véase Komamura Kōhei 2014, Nihon no nenkin (Las pensiones en Japón).

  • [14.05.2015]

Profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Keiō. Experto en políticas económicas y sociales. Nacido en 1964, trabajó en el Instituto Nacional de Investigaciones Demográficas y de la Seguridad Social, y enseñó en las facultades de Economía de las universidades de Surugadai y Tōyō antes de ocupar su actual puesto en 2007. Cuenta entre sus obras con títulos como Nihon no Nenkin (Iwanami Shoten, 2014) o Daihinkon shakai (Kadokawa SS Communications, 2009).

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