En profundidad La cuestión de Okinawa
El problema de Okinawa y la seguridad en Asia Oriental

Okamoto Yukio [Perfil]

[20.10.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

El traslado de la base militar norteamericana de Futenma se presenta cada vez más problemático. Contemplando a vista de pájaro el entorno de seguridad de Asia Oriental, el autor nos presenta una panorámica del presente de Okinawa y de sus perspectivas de futuro a largo plazo.

El problema del traslado de Futenma, en punto muerto

Las perspectivas de encontrar un nuevo emplazamiento para la base aérea de la Marina norteamericana en Futenma (ciudad de Ginowan, prefectura de Okinawa) no son nada claras. Habrá que preguntarse qué va a ocurrir con este asunto.

Hasta ahora me he declarado favorable al traslado de sus funciones a Henoko (ciudad de Nago, en la misma prefectura). La idea es llevarse al mar los ruidos y el peligro de accidentes que acechan a una zona tan densamente poblada, para lo que habría que construir sobre el mar una pista cuya área equivaldría a un tercio de la actual base de Futenma. Desde el punto de vista de la seguridad de los vecinos de la base, es una solución mil veces mejor que dejar las cosas como están. Sin embargo, cuando mi opinión al respecto fue requerida por la Comisión de Presupuestos de la Cámara Baja (2011) y después por la de la Cámara Alta (2012) de la Dieta, declaré que ya no debería seguir insistiéndose en hacer el traslado a Henoko por la fuerza. Me explico.

Ha ocurrido lo siguiente: hasta hace algún tiempo, en Okinawa, las opiniones favorables al traslado a Henoko representaban un tercio del total, frente a otro tercio de quienes estaban en contra. El restante tercio mantenía una posición intermedia. Sin embargo, desde que en 2009 el entonces primer ministro Hatoyama Yukio manifestó públicamente que, en caso de que no fuera posible sacarla de Japón, la base de Futenma debería ser trasladada como mínimo a otra prefectura, la práctica totalidad de los okinawenses se posicionaron en contra de la opción Henoko.

Fue un acto irresponsable por parte del Partido Democrático de Japón (PDJ). Es extremadamente difícil encontrar fuera de Okinawa una alternativa a la base de Futenma. Los helicópteros y aviones Bell-Boeing V-22 Osprey estacionados en Futenma son los que aseguran la movilidad de los marines y no tendría sentido colocarlos en un lugar distanciado de ellos. Si se trasladan las aeronaves, todas las unidades del Cuerpo de Marines deberían ser trasladadas junto a ellas. Lo mismo ocurriría con las funciones del cuartel general de Zukeran, y con las del campo de maniobras y otras instalaciones de las bases militares de Camp Hansen y Camp Schwab.

Para tratar de paliar el mal que se había hecho, el Gobierno de Hatoyama tanteó en 40 localidades que podrían ser candidatas a servir de alternativa a Futenma. Pero la búsqueda fracasó. En mayo de 2010 Hatoyama se excusó ante los okinawenses y les pidió humildemente que aceptaran recolocar Futenma dentro de la prefectura.

La temida repetición del movimiento popular antibases

Pero era demasiado tarde. Los okinawenses no van a volver a su anterior postura. ¿Qué es lo que ha ocurrido? Imaginemos la siguiente situación: la gente se dispone a almorzar, a regañadientes, en un determinado restaurante. Con gran estrépito entran en escena los hombre del PDJ, quienes aseguran que la comida que allí se sirve es mala e insisten en que salgan todos a la calle, donde encontrarán muchos otros restaurantes. La gente les hace caso y sale fuera, pero ocurre lo que tenía que ocurrir: fuera no hay nada. La única opción es volver al restaurante, pero ahí se encuentran con que la comida está pasada y nadie quiere llevársela a la boca.

Personalmente, he sido testigo de que muchos activistas procedentes de otras partes de Japón se han sumado a la lucha antibases en Okinawa. Sus aspiraciones no se limitan a la devolución completa de los terrenos ocupados por la base de Futenma. Pretenden recrudecer la lucha antibases y producir desórdenes hasta obtener el desmantelamiento de todas las bases militares norteamericanas existentes en Okinawa, muy especialmente la base de Kadena, que es la mayor base de las Fuerzas Aéreas estadounidense en todo el hemisferio oriental.

Si, en una situación de estancamiento en que el enfrentamiento entre el Gobierno de Japón y Okinawa se alargue indefinidamente, se diera el caso de que, por pequeña que pueda ser la probabilidad, un avión Osprey produjera un grave accidente, ¿qué ocurriría? La situación en Okinawa se haría insostenible. Se produciría una repetición de aquel movimiento de resistencia popular llamado “Toda la isla en lucha” (Shimagurumi tōsō(*1)) surgido en 1956.

Visión a largo plazo del poder disuasivo de Okinawa

¿Existe realmente alguna alternativa? Cuando fue requerida mi opinión por la Dieta yo no lo manifesté de forma clara, pero dije que debería recurrirse a un plan B. Sin entrar en prolijas explicaciones, el objetivo de dicho plan sería hacer innecesario el traslado a Henoko de las funciones de Futenma. Esto llevaría algún tiempo, pero podría conseguirse reestructurando el despliegue de los marines norteamericanos en Okinawa y en la zona geográfica en la que se encuadra (el Pacífico Occidental) y modificando las funciones desempeñadas por las Fuerzas de Autodefensa de Japón.

Lógicamente, se requeriría una cuidadosa negociación con Estados Unidos y también habría que posponer la devolución de los terrenos ocupados por la base de Futenma. Costaría mucho tiempo. Pero si pensamos en que son ya 19 los años que han pasado desde que se decidió trasladar las funciones de esa base a Henoko, creo que merece la pena probar a implementar ese plan B.

Pero el Gobierno no ha cambiado sus planes. En diciembre de 2013 el gobernador de Okinawa dio su visto bueno a las obras sobre el mar en Henoko y estas han comenzado ya. Pretender que, a estas alturas, se implemente otro plan solo serviría para entorpecer el proceso. Desgraciadamente, he tenido que darle carpetazo al plan B y volver a manifestar mi apoyo a los planes gubernamentales, pues creo en la actual situación no hay alternativa a Henoko.

Me gustaría exponer aquí mi visión del problema a largo plazo, partiendo de una posición favorable a las operaciones de traslado a Henoko como medida de evacuación de urgencia. Me pregunto cómo sería posible reducir significativamente la presencia de los marines en Okinawa sin que ello afecte al poder disuasivo de Japón.

Pensemos un poco. Japón no sostiene su poder disuasivo en el hecho de que los marines estacionados en Okinawa puedan responder rápidamente a un ataque dirigido desde Corea del Norte o China. El poder disuasivo procede del sistema de seguridad nipo-estadounidense como un todo.

El portaaviones Georges Washington, símbolo del poder disuasivo

Un ejemplo típico lo encontramos en la Séptima Flota de los Estados Unidos. Si incluimos las aeronaves que llevan a bordo sus buques, esta gran flota, encabezada por el portaaviones de propulsión nuclear George Washington, representa un coste gigantesco, de varios billones de yenes, solo en hardware. Mantener la Séptima Flota en Yokosuka, a las puertas de Tokio, es la forma que tiene Estados Unidos de decirles a los países vecinos que está determinado a defender Japón. Este férreo compromiso de Estados Unidos con el sistema de seguridad nipo-estadounidense es la esencia del poder disuasivo.

El poder disuasivo depende de la percepción que los países vecinos tengan sobre si el sistema de seguridad nipo-norteamericano se activará sin falta o no lo hará. Si otros países no creen que este sistema vaya a activarse, todo el tratado de seguridad entre Japón y Estados Unidos es papel mojado. Lo que vertebra el poder disuasivo de Japón es una relación de alianza militar sostenida día a día, tan estrecha que a los países vecinos no les quepa la menor duda sobre su efectividad.

Ahora bien, en caso de que se produjera una retirada de Okinawa que resultase irracional militarmente, esto supondría un grave quebranto del poder disuasivo. Los países vecinos sentirían ese vacío de fuerza. Hasta el momento, China ha arrebatado militarmente a Vietnam y a Filipinas varias islas e islotes. Tras la retirada estadounidense de Vietnam, China se quedó con las islas Paracelso (Paracel). Hizo lo propio cuando Rusia dejó el arrecife Johnson del Sur. Cuando Estados Unidos se retiró de Filipinas, China hizo suyo el arrecife Mischief.

Si China recibe el mensaje de que Estados Unidos se ha retirado de Okinawa, aumentarán considerablemente las probabilidades de que se apropie militarmente de las islas Senkaku. Una vez haya puesto su bota sobre esas islas, será muy difícil echar a un ejército invasor. Hay que mentalizarse de que un combate así con China le acarrearía a Japón las primeras bajas militares desde la Segunda Guerra Mundial. ¿Está dispuesto Japón a afrontar algo semejante? Seguramente, Japón adoptaría su típica actitud de “negociar con perseverancia”, y acabaría consolidándose el dominio efectivo de China sobre las islas, igual que ocurrió con Takeshima a manos de Corea del Sur.

Okinawa, discriminada

En las islas principales de Japón no se entienden bien las penalidades que han pasado los okinawenses ni la sensación que tienen de estar siendo discriminados. Cuando se oye decir que el 74 % de la extensión total ocupada por las bases militares norteamericanas en Japón se encuentra en Okinawa, todo el mundo reacciona diciendo que es injusto, pero nadie hace nada por remediarlo. Si se ha llegado a un desequilibrio tal, es porque, tras la devolución de Okinawa a Japón, la extensión de las bases fue reducida en las islas principales, pero no en Okinawa. Entonces, en 1972, la presencia norteamericana se concentraba en el área de Kantō (Tokio y prefecturas cercanas). Pero todas las instalaciones (Tachikawa, Chōfu, Nerima, Hikarigaoka, Yoyogi, Yokohama-Honmoku, Negishi) fueron desmanteladas. De esta forma, el área ocupada por las bases en las islas principales se redujo en un 65 %. En Okinawa, la reducción solo fue del 20 %.

No es fácil reducir este 74 %. Cualquier reducción de área que se haga en Okinawa afectaría también al total, de forma que el porcentaje no bajaría en la proporción deseada. Para rebajar el porcentaje es necesario reducir área en Okinawa y aumentarla en otra parte de Japón. Solo mediante ese doble efecto es posible obtener una reducción significativa. Pero, si exceptuamos el caso de Iwakuni, en las islas principales de Japón ningún otro lugar ha ido más allá de las meras palabras ni ha hecho nada por echarse al hombro una parte de la carga que soporta Okinawa. Entre todos los gobernadores prefecturales del país, solo Hashimoto Tōru, durante su mandato como gobernador de Osaka, se mostró favorable a acoger bases que pudieran sustituir a las de Okinawa.

Hay un fuerte componente emocional en este problema entre Okinawa y las islas principales de Japón. Durante la Guerra del Pacífico, Japón sacrificó a Okinawa en aras de su defensa. Sus pobladores fueron convertidos en escudos humanos y esto ha alimentado una gran desconfianza.

Panorama estratégico de Asia Oriental

Si pensamos en que China va a continuar en el futuro con su estrategia expansiva, la necesidad de una pronta resolución del problema de Okinawa es más que evidente. En la estrategia marítima China se aprecian dos etapas. En la primera, hasta 2010, el objetivo era controlar militarmente el área de la llamada Primera Línea Insular, formada por Okinawa, Taiwán, Filipinas y Borneo, es decir, el Mar de la China Meridional y el Mar de la China Oriental. La segunda fase, que abarca aproximadamente hasta 2020, el objetivo es dotarse de capacidades para rechazar a la flota americana (capacidad de denegación de acercamiento) en una Segunda Línea Insular, que va desde las japonesas islas Izu (inmediatamente al sur de Tokio) hasta Papúa Nueva Guinea, pasando por las islas Ogasawara, también japonesas, Saipán, Guam y Micronesia.

Es, pues, una estrategia orientada a asegurarse la mayor parte del sector asiático del Océano Pacífico. A este fin, la armada china ha hecho grandes ejercicios militares en zonas más exteriores del Pacífico, atravesando innumerables veces las aguas del archipiélago de Okinawa.

Al Japón de hoy en día le resulta imposible hacer frente a la situación. Durante la guerra fría, Japón siguió la estrategia de bloquear los estrechos marítimos de Sōya, Tsugaru y Tsushima para encerrar la flota de submarinos nucleares soviéticos en las aguas del Mar de Ojotsk. Para realizar esta labor, contaba con 16 submarinos. Sin embargo, ahora, a los tres estrechos citados hay que sumar los cuatro del archipiélago de Okinawa, todos los cuales son estrechos internacionales de libre tránsito. Para estar en condiciones de poder fiscalizar los movimientos de la armada china en aguas okinawenses, sería necesaria una flota de submarinos doble de esa, es decir, de más de 30 unidades. Por desgracia, no se alcanzan ni de lejos esos niveles. Mediante trucos como alargar algunos años la vida útil de los submarinos se ha logrado disponer simultáneamente de 22, pero esto no significa que el presupuesto asignado sea mayor. Durante los últimos 10 años el presupuesto militar chino se ha multiplicado por cinco, mientras que el gasto de defensa de Japón se ha mantenido a los mismos niveles.

No es el artículo 9, sino el tratado con Estados Unidos lo que protege a Japón

En esta región de Asia Nororiental se parte de una situación en la que están presentes nada menos que cuatro de los seis países con mayores efectivos militares del mundo: China, Rusia, Corea del Norte y Corea del Sur. Una acumulación semejante de fuerzas militares no la encontramos en ninguna otra región del mundo. El choque puede ocurrir en cualquier momento a consecuencia de un error de cálculo o de un suceso accidental.

Si, en una región tan explosiva, Japón no ha tenido que preocuparse hasta hoy por la posibilidad de una agresión militar de ningún país, ha sido gracias a la existencia del Tratado de Seguridad entre Japón y Estados Unidos. No ha sido el artículo 9 de la Constitución lo que ha defendido a Japón.

Así las cosas, debemos solucionar el problema de Okinawa y no abrigar dudas sobre cuál es la dirección a seguir si queremos obtener unas condiciones de seguridad en Asia Oriental. Aunque cueste tiempo, Japón tiene que elevar su propio poder disuasivo. Por ejemplo, convirtiendo el cuerpo de Tierra de las Fuerzas de Autodefensa en infantería de marina. De esta forma, la necesidad de mantener marines norteamericanos en Okinawa sería menor. El valor estratégico que se le quiera otorgar a Okinawa dependerá de si Japón es capaz de hacer un reparto de papeles como ese con su aliado norteamericano.

Fotografía del titular:
Un MV-22 Osprey, avión de transporte de despegue y aterrizaje verticales usado por los marines, aterriza en el aeródromo de la base militar norteamericana de Futenma (Okinawa), el 10 de junio de 2015. (Fotografía: Jiji Press)

(*1) ^ Gran movimiento de resistencia del pueblo de Okinawa ocurrido como reacción al llamado Informe Price, en el que la Cámara de Representantes del Congreso norteamericano reconocía como básicamente correctos tanto la política seguida hasta el momento en la utilización del suelo para uso militar, como el conjunto de las políticas de dominio norteamericano sobre las islas. A consecuencia del movimiento, Estados Unidos se vio obligado a pagar un alquiler razonable por los terrenos, abandonando su idea de hacerse con su uso mediante un pago único.

  • [20.10.2015]

Comentarista de política exterior y presidente de Okamoto Associates Inc. Nacido en 1945 en Kanagawa. Graduado por la Facultad de Economía de la Universidad de Hitotsubashi, ingresó en el Ministerio de Asuntos Exteriores en 1968, donde ocupó cargos como el de director de la Primera División de Norteamérica, hasta su retiro en 1991. Posteriormente ha ocupado diversos altos cargos en el Gobierno: en 1996 fue nombrado consejero personal del entonces primer ministro Hashimoto Ryūtarō (encargado de Okinawa), en 2001, asesor especial de Gabinete, durante el mandato de Koizumi Jun´ichirō, y desde 2003 consejero personal de Koizumi (para el problema de Irak). Es senior fellow del Centro de Estudios Internacionales del Instituto de Tecnología de Massachusetts desde 2012.

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