En profundidad La mujer en el Japón actual
Vida laboral y matrimonio: expectativas versus realidad entre las mujeres japonesas

Kawaguchi Akira [Perfil]

[08.09.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

El Gobierno nipón ha incluido entre sus políticas el fomento de una mayor participación de las mujeres en el mercado laboral. Sin embargo, las japonesas cada vez se encuentran con más obstáculos en ámbitos de la vida diaria como el trabajo, el matrimonio y la crianza de los hijos. En este artículo, analizamos la realidad actual de las mujeres en Japón.

Japón, el peor país desarrollado en términos de igualdad entre hombres y mujeres

Según el Informe sobre la Brecha de Género Mundial presentado en el encuentro del Foro Económico Mundial de 2014, Japón ocupa el puesto 102 de 142 países en lo referente a la igualdad entre hombres y mujeres en el ámbito económico, y el 104 en la clasificación general. En cuanto a los puestos de gestión, la proporción de mujeres frente a la de hombres se sitúa en un 0,12, lo que coloca a Japón en el puesto 112. Respecto a la proporción de mujeres niponas en la tasa de población activa, esta representa el 75 % de la de los hombres, motivo por el cual Japón aparece en el puesto 83. La proporción de mujeres que ocupan puestos de especialización o técnicos es de 0,87 frente a la de los hombres, de ahí que Japón aparezca en el puesto 78. En lo relativo a los ingresos percibidos por su actividad laboral, los de las mujeres representan el 60 % de las ganancias de los hombres, dato que deja a Japón en el puesto 74. El país asiático se coloca en el puesto 53 en el apartado dedicado a los sueldos, ya que los de las mujeres representan el 68 % de los salarios de los hombres. Todos estos datos ponen de relieve que Japón es la nación que sale peor parada entre los principales países desarrollados. Para colmo, si comparamos todas estas cifras con las correspondientes a 2006, no se aprecia mejora alguna.

En 2015 se cumplieron tres décadas de la aprobación de la Ley de Igualdad de Oportunidades Laborales. No puede negarse que la posición económica de las mujeres ha mejorado en estos treinta años, pero hay que decir que en el resto de países desarrollados los cambios encaminados a reducir la brecha entre los hombres y las mujeres se están materializando a un mayor ritmo que en Japón.

Separación de roles en función del sexo y discriminación sistemática hacia las mujeres por parte de las empresas

Dos son las principales razones que explican que la brecha de género en términos económicos sea tan grande en Japón. En primer lugar, la clara separación de roles en función del sexo en torno a la idea de “Los hombres, al trabajo. Las mujeres, en casa”. Así, nos encontramos con que en Japón la proporción de mujeres que tienen hijos menores de 3 años y trabajan se sitúa en un escaso 30 %, un dato muy bajo si se compara con el promedio del 52 % correspondiente a los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que aparece en sus Perspectivas del Empleo 2014. En Japón, el peso que representan las tareas domésticas y la crianza y la educación de los hijos recae sobre las mujeres, algo que dificulta que estas perfilen su carrera profesional.

En segundo lugar, tenemos la discriminación que sufren las mujeres por parte de las empresas. Muchas grandes firmas japonesas siguen teniendo un sistema de contratación según el cual se encargan de formar a los nuevos empleados bajo la premisa de que estos se quedarán en la empresa hasta su jubilación. De este modo, las compañías contratan a estudiantes recién salidos de la universidad e invierten tiempo en entrenarlos; con el paso de los años, comienzan los cambios y los traslados en la empresa con la consecuente mudanza de toda la familia, una práctica generalizada entre las empresas que desarrollan sus actividades por todo el archipiélago nipón. En este contexto, son muchas las mujeres que dejan sus puestos de trabajo por motivos familiares; se trata de un sistema lleno de inconvenientes para las trabajadoras a las que trasladarse les resulte difícil. Por este motivo, las mujeres sufren discriminación a la hora de la contratación. Incluso cuando las empresas deciden contratarlas, estas se encuentran en una posición desfavorable respecto de los hombres en aspectos como la colocación, la formación y los ascensos.

Se cree que el prototipo de discriminación hacia las mujeres viene representado por el sistema de contratación que emplea aproximadamente la mitad de las grandes empresas japonesas, cuyo pilar es la gestión de los recursos humanos en función de la trayectoria profesional de los trabajadores. Según esto, se les contrata estableciendo dos categorías diferentes, a saber: la carrera integral, centrada en las labores principales, y la general, dedicada al trabajo rutinario. En el primero de los casos, es normal que los trabajadores sean trasladados y en el futuro se les podría presentar la oportunidad de acceder a puestos de gestión, mientras que en el segundo no suele haber traslados ni posibilidad de un ascenso.

En 2012, el 72 % de las empresas en las que existe el concepto de la carrera integral, según el cual es posible que los trabajadores sean trasladados, reconoció que más del 80 % de los empleados de esta categoría son hombres. Por otro lado, el 52 % de las empresas en las que existe el concepto de la carrera general declaró que más del 80 % de los empleados eran mujeres, todo esto según datos recabados ese año en la Encuesta Básica sobre la Igualdad de Género en la Gestión del Empleo, elaborada por el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar Social. En otras palabras, cuando la gestión de los recursos humanos se realiza en función de la trayectoria profesional de los trabajadores la distribución de estos se basa prácticamente en el sexo. Japón es el único país desarrollado que permite semejante sistema para esquivar la ley.

Aumento de la tasa de empleo entre las mujeres = Incremento de los trabajadores con empleos temporales

La tasa de empleo entre las mujeres está aumentando poco a poco. Si comparamos los datos actuales con los de 1990, última etapa de la burbuja, veremos que en 1990 la tasa de empleo para las mujeres con edades comprendidas entre los 15 y los 65 años era del 56 %, mientras que en 2014 la cifra se situaba en un 64 %, ocho puntos porcentuales más. En lo que respecta a los hombres, apenas se han producido cambios.

No obstante, conviene puntualizar que el aumento de la tasa de empleo entre las mujeres no siempre es sinónimo de una mayor participación de este colectivo en el mercado laboral, ya que en estos años se ha producido un descenso en el número de mujeres que trabajan a tiempo completo. Según datos del Ministerio del Interior y de Comunicaciones, 10.500.000 mujeres tenían un empleo regular en 1990, mientras que en 2015 la cifra se redujo en 350.000 ­–un 3,3 %–, hasta alcanzar las 10.150.000. Por el contrario, el número de mujeres cuyo empleo es temporal o por horas ha aumentado un 108 %, de 6.460.000 mujeres en 1990 a 13.430.000 en 2015, esto es, 6.970.000 mujeres más. El aumento de la tasa de empleo entre las mujeres se ha producido en su totalidad por un incremento del número de trabajadoras cuya situación laboral no es regular; esta tendencia es la primera causa en obstaculizar que se reduzca la brecha salarial entre los hombres y las mujeres.

La bajada salarial entre los trabajadores masculinos desencadena un aumento en el número de amas de casa que trabajan fuera del hogar

El aumento del número de mujeres que trabajan tiene su explicación también en una bajada de los salarios entre los hombres. Tras el estallido de la burbuja en los primeros años de la década de 1990, no solo dejaron de subir los sueldos entre los trabajadores con un empleo regular, sino que también se produjo un incremento en el número de hombres cuya situación laboral no era regular. En los años transcurridos desde 1990 hasta 2014, la cantidad de hombres que trabajan de forma temporal ha aumentado en 2.350.000, esto es, un 171 %. La caída de los sueldos entre los trabajadores masculinos es otra de las razones por las cuales se ha producido una subida en la tasa de empleo entre las mujeres por dos motivos.

En primer lugar, debido al aumento del número de hombres que no pueden casarse por no disponer de muchos ingresos, son cada vez más los hombres y mujeres que pasan por el altar a una edad avanzada o incluso no lo hacen nunca. Por este motivo, ahora hay también más mujeres que no contraen matrimonio y continúan trabajando. En segundo lugar, se ha producido un aumento en el número de amas de casa que trabajan fuera del hogar debido a que los ingresos de sus maridos no son suficientes para cubrir todos los gastos. Muchas de estas amas de casa, que dejaron sus puestos tras dar a luz, deciden volver a trabajar en algún empleo por horas tras haberse dedicado al cuidado de los hijos; esto explica que haya aumentado la cantidad de trabajadores cuya situación laboral no es regular.

¿Las mujeres japonesas quieren trabajar? Según una encuesta realizada en 2010 por el Instituto Nacional de Investigación sobre Población y Seguridad Social entre hombres y mujeres solteros, lo ideal para la mayoría de las mujeres sería dejar de trabajar temporalmente tras casarse y tener hijos, y retomar la actividad laboral una vez concluido el tiempo de crianza; un 35 % eligió esta opción. Continuar trabajando después de contraer matrimonio o tener hijos fue la segunda respuesta más elegida, con un 31 %. En tercer lugar, con un 20 % aparece la dedicación exclusiva a las tareas domésticas, esto es, abandonar el puesto de trabajo tras casarse o tener hijos y no volver a trabajar fuera del hogar. Entre las últimas opciones que las mujeres solteras consideran deseables figuran no casarse y continuar trabajando, con un 5 %, y casarse pero no tener hijos y seguir trabajando, con un 3 %.

Diferencias entre lo ideal y la realidad

En la encuesta arriba mencionada, se preguntaba, además, acerca de las expectativas de vida. La diferencia entre lo ideal y lo que muchas personas esperaban que ocurriría resulta interesante. Excepto en el caso de aquellas que habían respondido que querrían volver a trabajar tras criar a los hijos y las que habían contestado que desearían casarse pero no tener hijos, la diferencia entre lo ideal y las expectativas es bastante marcada. Como hemos mencionado, un 20 % de mujeres solteras consideraba ideal dedicarse exclusivamente a las tareas domésticas; sin embargo, un escaso 9 % esperaba que esto ocurriera. Un 31 % respondió que desearía casarse y seguir trabajando, pero solo un 25 % creía que así sería.

Por el contrario, en el caso de las mujeres que respondieron “no casarse y continuar trabajando”, fue mayor la proporción de las que veían esto como algo factible y no como un ideal, con un 18 % frente a un escaso 5 %. En otras palabras, son muchas las mujeres que piensan que no podrán contraer matrimonio aunque lo deseen.

Tiempos difíciles para casarse

Por último, analicemos los cambios que se han producido en lo relativo a la visión sobre el matrimonio y el trabajo. Si comparamos los datos de 2010 con los de 1987, observaremos que la perspectiva de los hombres ha cambiado notablemente en comparación con la de las mujeres. Así, en 1987, el 38 % de los hombres solteros deseaba que su pareja se dedicara exclusivamente a las tareas domésticas, mientras que la cifra descendió hasta el 11 % en 2010. Por el contrario, el número de hombres solteros que quieren que las mujeres continúen trabajando después de casarse ha pasado del 11 % al 33 %. Antiguamente, eran muchos los hombres que querían que las mujeres se quedaran en casa después de contraer matrimonio, pero este tipo de hombre escasea en la actualidad.

Si observamos los datos relativos a las mujeres, en 1987 el 34 % quería dedicarse exclusivamente a las tareas domésticas, una cifra que en 2010 descendió hasta el 20 %. Por el contrario, la proporción de mujeres que desea continuar trabajando después de casarse ha pasado del 19 % al 31 %. En cuanto a lo que esperan que ocurra, en 1987 un 24 % imaginaba que sería ama de casa, un dato que en 2010 disminuyó hasta el 9 %. En 1987 el 15 % pensaba que continuaría trabajando después de casarse; un 25 % en 2010. El mayor aumento se ha producido en el caso de aquellas que esperaban no casarse y continuar trabajando, del 7 % al 18 %. Ser ama de casa es difícil, pero compaginar el trabajo con las tareas domésticas y la crianza de los hijos no es que sea precisamente una labor fácil. En cualquier caso, la realidad actual en Japón es que a la gente cada vez le cuesta más casarse.

Imagen de la cabecera: cortesía de Jiji Press

(Artículo traducido al español del original en japonés, escrito el 21 de julio de 2015)

  • [08.09.2015]

Profesor de la Facultad de Estudios de Política de la Universidad Dōshisha especializado en Economía Laboral y Estudios de Género, nacido en la prefectura de Kagawa en 1958. En 1982, se gradúa de la Facultad de Economía de la Universidad de Kioto. Ocho años más tarde, termina sus estudios de doctorado en Economía en la Escuela de Posgrado de la Universidad Nacional de Australia. Posteriormente, imparte clases en la Facultad de Economía y Comercio de la Universidad de Melbourne y en la Facultad de Economía de la Universidad Otemon Gakuin hasta 2004, año en que accede a su puesto actual. Entre sus obras destacan Nihon no gender wo kangaeru (Reflexionando sobre cuestiones de género en Japón; editorial Yūhikaku, 2013) y Gender keizaikakusa (Diferencias de género en la economía; editorial Keisōshobō, 2008).

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