En profundidad La mujer en el Japón actual
Actrices porno en Japón: construyendo un personaje

Suzuki Suzumi [Perfil]

[15.10.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية |

Las actrices porno japonesas crean en torno a sí mismas una figura que les sirva para sacar provecho de su valor como producto, y lo hacen de forma hábil. Sin embargo, al mismo tiempo, albergan el deseo de trazar una línea que les permita conservar su imagen como mujeres 'normales y corrientes'. Esta actitud es un reflejo de que este colectivo se ha adaptado a las exigencias de una sociedad japonesa en la que dominan los hombres de mediana edad.

Un profundo interés en la figura que representan las actrices de películas porno

Durante mis años de estudiante de secundaria y, posteriormente, de universitaria y oficinista, me familiaricé mucho con Shibuya, pero me daba la impresión de que en este barrio el sexo se comercializaba a mi alrededor; allí existía todo un entramado que permitía convertirse en cómplice de ese negocio sin apartarse del día a día de estudiantes, familias, universidades y empresas.

En esta industria se cotizan, en particular, las estudiantes de secundaria. Por ejemplo, hay quienes comen y beben y van al karaoke con asalariados a expensas de estos, o quienes se ganan algún dinerillo vendiendo la ropa interior que previamente se han quitado, entre risas, en un local habilitado a tal fin; las jóvenes no ven ni conocen a los que las están observando al otro lado de un espejo de visión unilateral. Aunque son conscientes de su valor como producto y se aprovechan de ello, trazan una línea para que no las tachen de cómplices absolutas.

Años después, elegí realizar un trabajo de campo acerca de las actrices de películas porno cuyas conclusiones recopilé en mi libro AV joyū no shakaigaku (Sociología de las actrices porno), publicado en 2013. Lo hice porque, por una parte, tenía la impresión de que la comercialización sexual de estas chicas se realizaba a mi alrededor, y, por la otra, me atraía su presencia, tan obvia que no dejaba lugar alguno a la ambigüedad.

Profesionales orgullosas y libres

Las actrices porno japonesas son muy locuaces; derrochan soltura a la hora de contar su historia en las películas en las que aparecen, y que constituyen su principal forma de ganarse la vida, o cuando responden las preguntas de alguna publicación. Su trabajo es ponerse delante de las cámaras y realizar prácticas sexuales con el objetivo de excitar a quienes vean esas imágenes. Sin embargo, su labor no se limita a esto: además de aparecer en revistas y asistir a actos promocionales, algo lógico en su profesión, negocian con las productoras, participan en todo tipo de reuniones de la industria y se entrevistan con los directores.

En el libro, cuento que las entrevistas que realizan como parte de su trabajo y la experiencia que van adquiriendo hasta alcanzar la condición de veteranas son los aspectos que más contribuyen a afianzar su carrera. En este tipo de reuniones tienen que responder preguntas acerca de su personalidad y sus gustos, o sobre la razón que las llevó a dedicarse a esta industria cinematográfica. Ahí es donde aprenden a ser elocuentes, van creando su personaje e inician su carrera como actrices porno con el orgullo y la libertad como valores.

Es normal escuchar a actrices dedicadas al cine para adultos decir que su profesión les gusta. Este proceso de formación de las actrices no ocurre porque ellas fueran así desde el principio ni se debe únicamente a la intención de alguien, sino que el cambio se produce de forma accidental debido al funcionamiento de la industria.

‘Devoción por las vírgenes’, el estándar de la industria

No debemos olvidar que el sistema que rige esta industria y empuja a las actrices a adoptar esa posición refleja en gran medida nuestra sociedad. Por ejemplo, a excepción de unos pocos casos de actrices que posteriormente se hicieron populares, su caché es más alto en la primera película en la que aparecen; la cotización va bajando moderadamente en las sucesivas cintas. Esto repercute de forma significativa en el sueldo de las protagonistas. Aquí desempeña un papel importante el valor que otorgan los espectadores a la juventud, la falta de experiencia y la novedad de estas; existe una ‘devoción por las vírgenes’.

Los sueldos no suelen aumentar proporcionalmente a las mejoras en las dotes interpretativas de las actrices. Con esto se hace alusión, por ejemplo, a aspectos como tener en cuenta el ángulo de la cámara a la hora de practicar una felación; la disposición a realizar escenas con otra mujer; la habilidad para decir obscenidades; o la capacidad de captar inmediatamente qué quiere el director y materializarlo. Por el contrario, tras la primera película, lo que se cobra suele bajar en muchos casos, y lo que se exige hacer a las protagonistas aumenta de forma excesiva. El público general masculino no valora la calidad técnica ni la experiencia, sino los nervios derivados de la primera aparición en una película, la juventud y la candidez.

En el cine japonés para adultos parece que la jerarquía coloca a las actrices novatas en la cúspide de la pirámide. Por este motivo, las veteranas se adaptan a las circunstancias y buscan otros estándares diferentes de los del público en general. De este modo, pasan de firmar contratos de exclusividad y cobrar mucho por hacer películas solas –este subgénero se conoce como tantai en japonés– a trabajar en diversos proyectos sin contrato fijo y por un sueldo relativamente bajo. No obstante, estas actrices van adquiriendo un valor nuevo a medida que se consagran como veteranas, algo que ocurre cuando dejan de disfrutar de las mieles del éxito de su debut y los directores y otros profesionales de la industria aprecian sus cualidades; ellas, por su parte, piden los papeles que no pueden interpretar sus compañeras sin experiencia.

La locuacidad a la hora de revelar sus inicios en la industria

En mi opinión, la locuacidad de la que hacen gala estas actrices en las entrevistas es un reflejo de la resistencia que muestran tras haber asumido lo que el público espera de ellas. En diferentes situaciones se les suele preguntar por qué decidieron hacer cine para adultos, algo a lo que ellas responden con verdadera maña sin importar el medio del que se trate. Esa fluidez convence al público de que la razón por la cual decidieron dedicarse a esta industria es firme; que son diferentes a las mujeres ‘normales y corrientes’, esto es, las que no hacen películas porno; que aparecen en estos filmes para salir de una situación difícil o para lograr con decisión algo que les guste.

Este tema es recurrente también en las entrevistas con directores y productores, de ahí que las actrices sepan lo que tienen que decir si quieren mostrar los atractivos de su personalidad para causar una buena impresión o hacer que el entrevistador comience a pensar en qué tipo de proyecto podría trabajar la entrevistada. En otras palabras, las actrices desarrollan esa locuacidad de forma natural por las circunstancias que rodean la industria, y esta habilidad es también lo que les permite mostrar que la razón por la cual se dedican al cine para adultos es de peso.

En cierto sentido, esta postura concuerda con los deseos de la audiencia masculina, que desea trazar una línea que separe a las actrices porno del resto de mujeres. El público general puede estar tranquilo de los motivos por los cuales ellas han elegido su profesión y, al mismo tiempo, agruparlas en una categoría aparte.

Los hombres disfrutan de estos iconos sexuales, pero si se enteraran de que alguna mujer de su entorno ha aparecido en una película porno, lo criticarían enérgicamente. Esto es un reflejo de su deseo de albergar la ilusión de que las mujeres con las que trabajan o forman parte de otros aspectos de su vida cotidiana ‘son distintas’ a las protagonistas de estos contenidos sexuales.

Personalidades diferentes que se adapten a los deseos de los hombres

Las propias actrices no se muestran indiferentes ni ignorantes en lo que respecta a la imagen que se tiene de ellas aunque hayan conseguido transmitir una sensación de seguridad por la manera en que funciona la industria en la que trabajan. Son conscientes de que gozan del cariño del público pero al mismo tiempo se las mira con extrañeza. Se convierten en el centro de atención si en las entrevistas hablan de experiencias violentas. Además, se las elogia si decidieron dedicarse al cine para adultos por alguna razón especial, y se exige en numerosas ocasiones que haya alguna historia sobre sus inicios aun cuando al principio se trataba de personas ‘normales y corrientes’.

Sin embargo, esto no es lo único. Muchas actrices desempeñan su profesión a escondidas de sus familiares y amigos. Además, han formado parte de la sociedad antes de ser actrices de este género, de ahí que también sepan, en calidad de mujeres ‘normales y corrientes’, con qué ojos miran a estas actrices los hombres que no saben que se dedican a ello. De hecho, son capaces de mostrar personalidades diferentes que se adapten a los deseos de los hombres, siendo una de ellas la que se asocia al personaje que han ido creando a lo largo de su carrera. Saben, por su propia experiencia, que los hombres de mediana edad esperan de ellas que sean objetos sexuales y tengan un carácter alegre, mientras que no desean que las mujeres que no se dedican a esta profesión muestren una conducta parecida.

Interpretar el personaje de actriz porno sin perder el yo ‘normal y corriente’

Aquí entran en juego los deseos de las actrices, que quieren gozar de popularidad y hacerse un nombre en la profesión para percibir sueldos más altos y participar en muchos proyectos. Por otra parte, les gustaría que la parte de su vida ‘normal y corriente’ no se viera afectada por el trabajo que han elegido. Darse cuenta de ambas exigencias hace que lo que tienen que decir en calidad de actrices porno se vuelva más extremo, interesante y fluido. De este modo, pueden disfrutar también de la popularidad adquirida como actrices de cine para adultos que han creado un personaje y del hecho de cambiar de carácter y forma de expresarse, de mostrar una faceta diferente de su yo ‘habitual’, al tiempo que se acostumbran a interpretar su papel.

Son muy pocas las mujeres que tienen una estrategia más precisa y van inventándose a sí mismas como actrices de cine para adultos. Sin embargo, las que van empapándose de forma natural de la atmósfera propia de una sociedad de hombres de mediana edad son expertas en subirse al carro al tiempo que disfrutan de todo ese mundo que las rodea. Si interpretar el personaje que se les exige conlleva que aumente el valor que tienen como actrices porno, lo harán contentas. El motivo por el que pueden llevar a la práctica esta conducta sin aplastar su personalidad es que viven otra vida ‘normal y corriente’ en la que las personas de su entorno desconocen a qué se dedican. Cuando están en la oficina con sus compañeros, o en casa cocinando para sus maridos mientras esperan su regreso, esconden ese personaje que han creado como actrices porno y se ríen por dentro del hecho de que los hombres no sean capaces de establecer una conexión entre ambos aspectos.

Imagen de la cabecera: interior de una tienda de Tsutaya en Shinjuku. Fotografía de Dick Thomas Johnson.

(Traducción al español del original en japonés escrito el 1 de agosto de 2015.)

  • [15.10.2015]

Nace en Tokio en 1983. Se gradúa de la Facultad de Estudios Medioambientales y de la Información de la Universidad Keiō. En 2009, finaliza un máster de la Escuela de Posgrado de Estudios Interdisciplinarios de la Información de la Universidad de Tokio; se especializa en Sociología.  Entre sus obras, destacan AV joyū no shakaigaku (Sociología de las actrices porno; editorial Seidosha, 2013) y Karada wo uttara sayōnara (Despídete del mundo si vendes tu cuerpo; editorial Gentōsha, 2014)

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