En profundidad La sociedad japonesa ante la inmigración
La captación de trabajadores extranjeros, clave para la supervivencia de la agricultura japonesa

Aoyama Hiroko [Perfil]

[18.02.2019] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Para paliar la grave escasez de mano de obra que sufre la agricultura japonesa, el Gobierno ha ampliado el periodo de permanencia de los jóvenes extranjeros que hacen prácticas de formación y ha levantado la prohibición de contratar extranjeros para dichas labores en las denominadas Zonas Especiales de la Estrategia Nacional. Con estas nuevas directrices, la agricultura queda englobada dentro de las actividades industriales que se preparan para recibir la llegada de extranjeros. Ahora este sector afronta nuevos retos, como prepararse para recibir en buenas condiciones a estos trabajadores y aumentar la productividad laboral.

Rápida transformación estructural y grave escasez de mano de obra

Durante muchos años, las explotaciones agrarias japonesas han sido, en su inmensa mayoría, pequeñas y medianas empresas o microempresas, pero en los últimos tiempos la estructura del sector está cambiando muy rápidamente. Muchos agricultores de edad avanzada están retirándose y con ellos van extinguiéndose muchas de aquellas empresas de pequeño y mediano tamaño, y sus minúsculos lotes de tierra están siendo reunidos por un nuevo tipo de empresas más ambiciosas, que están dispuestas a trabajar a una escala mayor y no se conforman con lo que ya han conseguido, pues siguen contratando a más trabajadores y haciéndose con nuevos terrenos de cultivo.

En datos de 2017, había en Japón cerca de 1,51 millones de propietarios agrícolas dedicados principalmente a dicha actividad. Dado que 10 años antes su número superaba los dos millones, la disminución ha sido próxima al 25 %. Al mismo tiempo, vemos que entre 2000 y 2017 la proporción de parcelas agrícolas en uso que se han concentrado en torno a estos nuevos intereses industriales creados en las diversas prefecturas o regiones del país ha pasado del 28 % al 55 %, lo que nos da una buena idea de su avance.

Las explotaciones agrícolas venían siendo en su mayoría empresas familiares, pero con la ampliación de las superficies están dejando de serlo para convertirse en corporaciones. Si en 2011 había unas 14.000 corporaciones agrícolas en el país, en 2017 su número llegaba ya a las 23.000, un 60 % más. El Gobierno está fomentando esta conversión y para 2023 ha establecido como meta las 50.000.

Conforme va creciendo el tamaño de estas explotaciones, crece también el número de los trabajadores que emplean. En 2017 el número de empleados agrícolas, que en 2011 era aproximadamente de 180.000, pasó a ser de 240.000. Y aun así sigue sin ser suficiente. En abril de 2016 la Asociación de Corporaciones Agrícolas de Japón estableció, con el apoyo del Banco Nōrinchūkin (perteneciente al mayor grupo cooperativo del país) y otras instituciones, la Conferencia de Apoyo a la Fuerza Laboral Agrícola, cuya principal finalidad es discutir y estudiar posibles medidas que den solución a la escasez de mano de obra que sufre el sector. Según esta conferencia, las corporaciones son cada vez más y mayores, y este crecimiento se ha dado a un ritmo que no puede ser seguido por el de las contrataciones. El resultado es que actualmente harían falta otras 70.000 personas para cubrir todos los puestos de trabajo ofertados por el sector. La brecha entre oferta y demanda laboral no hace más que ampliarse y, de no corregirse la situación, se estima que dentro de cinco años sean ya 130.000 los puestos no cubiertos.

No puede decirse que el sector haya estado de brazos cruzados ante esta carencia de mano de mano. De hecho, para paliarla ha promovido activamente la contratación de personas mayores, mujeres, personas con discapacidad y otros colectivos sociales. No pocas explotaciones están haciendo uso de robots, drones y otros mecanismos provistos por las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, con los que han conseguido aligerar muchas labores y suplir en parte la mano de obra. Sin embargo, para sacar al mercado productos agropecuarios de alta calidad, que son los que pueden dar competitividad a la agricultura japonesa, es imprescindible disponer de trabajadores que sepan realizar un trabajo esmerado. Por otra parte, aunque existen cultivos, como el arroz, que han experimentado un gran avance en su mecanización, otros, como los frutales, siguen exigiendo labor manual en casi todas las operaciones.

Ampliación del periodo de permanencia de los extranjeros en prácticas

La incapacidad de la fuerza laboral japonesa para sustentar la agricultura del país no es un problema nuevo. Desde la década de los noventa, muchas explotaciones agrícolas forman y dan trabajo a extranjeros llegados a Japón bajo el Programa de Prácticas de Aprendizaje de Habilidades (Ginō Jisshū Seido). Actualmente, el sector agrícola emplea a cerca de 25.000 de estos aprendices. Ya no es raro oír decir que sin ellos no sería posible sacar adelante muchas empresas.

Pero se trata de un programa de prácticas y, como tal, tiene sus limitaciones. El periodo solo puede extenderse hasta un máximo de tres años y el número de aprendices por empresa está limitado. También lo están los tipos de trabajo y operaciones que pueden ser realizadas por estas personas, pues los trabajos más simples y repetitivos, de los que puede aprenderse poco, quedan excluidos. Entre quienes conocen a fondo el trabajo que se realiza en el campo se están elevando voces hacia el Gobierno para conseguir una reforma del programa, pues entienden que la limitación temporal a tres años significa tener que prescindir de los operarios justo cuando empezaban a aprender su trabajo y tener que dedicar otra vez mucho tiempo a la formación de las nuevas hornadas.

Ante esta situación, a lo largo de los últimos años el Gobierno ha lanzado una serie de medidas tendentes a facilitar la llegada de más extranjeros a Japón. Una de ellas es ampliar a un máximo de cinco años el periodo de permanencia de estos trabajadores en formación, limitando esta posibilidad a empresas de acreditada calidad bajo la mira de organizaciones de supervisión. Esta idea ha quedado plasmada en una nueva ley aprobada en noviembre de 2017 que regula la correcta implementación del programa y pretende proteger los derechos de los trabajadores extranjeros en formación.

  • [18.02.2019]

Periodista especializada en temas agrícolas. Nacida en la prefectura de Aichi, se graduó por el Departamento de Inglés de la Universidad de Estudios Extranjeros de Kioto en 1986. Después de trabajar en la agencia de viajes Japan Travel Bureau siguió estudios durante un año en la Universidad de Yonsei (Corea del Sur). A su regreso a Japón trabajó en la comercializadora coreana Hanwha Q Cells Japan y en la consultora japonesa Funai Sōken Holdings Inc. En 1999 comenzó a trabajar como periodista especializada en temas agrícolas. Pasa la mitad del año recogiendo información en el agro. Desde abril de 2010 escribe artículos regularmente para la columna Keizai Kansoku de la empresa periodística Mainichi Shimbun y desde 2011 para el sitio WEBRONZA de la Asahi Shimbun. Entre sus principales obras podríamos citar Nō ga kaeru shokubijinesu (“Una agricultura que transforma los negocios alimentarios”, 2004) y Tsuyoi nōgyō wo tsukuru (“Hacia una agricultura fuerte”, 2009) publicadas ambas por Nikkei Publishing.

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